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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 16 de junio de 2019

 Blog de Jorge Volpi

Llámenme Peligro

Convertida en un clásico americano, la escena regresa una y otra vez en las pantallas. Bajo los reflectores inclementes, la pareja comparece con las manos entrelazadas, los semblantes ruborizados o abatidos -ella, severa y elegante, casi mustia; él con la voz desfondada y los ojillos acuosos-, el peso de su convivencia reflejado en esa tensión con la que prometen sobrellevar el incidente mientras los dos se esfuerzan por mirarse o más bien se aseguran de que los demás contemplen ese guiño cómplice en el cual se cifra la posibilidad de una disculpa: ¿si ella aún puede verme a la cara por qué no habrían de hacerlo ustedes, conciudadanos y electores? Poco importa que la mujer esté harta o furiosa, no tanto por el engaño (otro de tantos) como por la afrenta, esa necesidad de exponerla como una buena samaritana que encaja de manera heroica, admirable, cada nueva revelación (cada nueva humillación) sin encogerse. Aunque lo maldiga y ya haya emprendido las primeras acciones para ajustar el umbral de la demanda, ella sabe que no le queda más que figurar a su lado, acompañarlo en esa ordalía de verdad y dolor que tanto complace a los fanáticos de los melodramas políticos, tragarse sus inútiles palabras, error, el gran error, el tremendo error que cometí, encajar su arrepentimiento -no por su conducta sino por su torpeza al disfrazarla- y soportar esos diez o quince minutos (o días o semanas) de vergüenza, esa confesión que se le exige aquí a todas las figuras públicas que son lo suficientemente imbéciles para permitir que sus infidelidades emborronen los tabloides.

Bill Clinton; el senador y precandidato demócrata a la presidencia John Edwards; el congresista Mark Souder, célebre por sus arrebatos a favor de la abstinencia; el defensor del nuevo conservadurismo Newt Gingrich; el congresista Thad Viers; el precandidato republicano a la presidencia Herman Cain; el admirado general David Petraeus; el congresista Eric Massa; el candidato a congresista Tom Ganley; el senador John Ensig, uno de los más implacables críticos de Clinton; el congresista Vito Fossella; el congresista Tim Mahoney; el senador David Vitter; el exgobernador demócrata de Nueva York Eliot Spitzer (el infame "cliente número 9") o el exgobernador de Carolina del Sur, Mark Sanford. Si este catálogo sólo reúne a quienes han sido descubiertos, en Estados Unidos deben esconderse decenas de políticos que llevan en santa paz una dulce -o apasionante- vida doble. Basta echarle un ojo a The Good Wife, donde Julianna Margulies parodia u homenajea a sus admirables esposas, para detectar el morbo que suscitan estos rituales de expiación.

            El último show en esta serie es una especie de engaño al cuadrado que evidencia la porfía de los políticos estadounidenses para convertirse en blancos del ridículo a causa de su hipocresía (y sus hormonas). El 16 de junio de 2011, el congresista Anthony Weiner renunció a su cargo cuando se hizo público que había enviado una imagen de sus calzoncillos -apenas disimulando una erección- a una joven de Seattle de 21 años. Luego de negarlo una y otra vez, Weiner confesó su afición a este tipo de mensajes (práctica conocida como sexting) antes y después de su matrimonio con Huma Abedin, cercana consejera de Hillary Clinton.

            Hasta aquí, el guión se mantuvo sin sorpresas. Weiner pidió excusas, fue blanco de la ira y el sarcasmo generalizados, y su esposa lo perdonó. Dos años después, Weiner consideró que su penitencia había concluido y decidió regresar a la política como candidato a la alcaldía de Nueva York. Ya avanzada la campaña, salió a la luz que Weiner había vuelto a las andadas, esta vez enviando fotos y mensajes a tres o cuatro mujeres distintas, valiéndose del sonoro apodo de "Carlos Danger". Desde entonces los medios y las redes no le han dado tregua: cientos de miles de chistes, críticas, parodias e insultos han llovido sobre su figura. ¿Qué hacer ahora? ¿Repetir su renuncia anterior? Resignado, Weiner mantiene su campaña, aunque sin muchas posibilidades frente a su compañera de partido Christine C. Quinn.

            Muy lejos de los especialistas que comparecen en los talk shows para abundar en torno a la perversión o a las patologías de Weiner, su caso confirma la relación cada vez más tortuosa que los estadounidense mantienen con su sentido de la intimidad. En el fondo, Weiner apenas se diferencia de millones de usuarios de Facebook -o de páginas de contactos y webcams de sexo- en donde los usuarios se convierten en exhibicionistas y voyeuristas de manera voluntaria. Mientras la NSA se empeña en escrutar todas las comunicaciones del planeta, el boom de las redes sociales y los sitios de cibersexo pone en evidencia a una sociedad cuyos individuos se saben vigilados sin tregua al tiempo que, desprovistos de cualquier prurito, se empeñan en revelar hasta los mínimos detalles de su vida privada -o de sus falsas vidas privadas- a cualquiera que esté dispuesto a contemplarlas. 

 

Twitter: @jvolpi

[Publicado el 04/8/2013 a las 16:18]

[Etiquetas: Weiner]

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Biografía

(México, 1968). Es autor de las novelas La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y En busca de Klingsor (premios Biblioteca Breve y Deux Océans-Grinzane Cavour). Con ella inició una "Trilogía del siglo XX", cuya segunda parte es El fin de la locura y la tercera No será la Tierra. También ha escrito las novelas cortas reunidas en el volumen Días de ira, así como Sanar tu piel amarga, El jardín devastado y Oscuro bosque oscuro. Es autor de los ensayos La imaginación y el poder, La guerra y las palabras, Mentiras contagiosas (Premio Mazatán al mejor libro del año 2008), El insomnio de Bolívar (Premio Debate-Casa de América 2009) y Leer la mente. En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en las universidades de Emory, Cornell, Las Américas de  Puebla, Pau, Católica de Chile, Nacional Autónoma de México y Princeton. Ha sido becario de la Fundación Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores de México. Ha sido condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España. Fue director de Canal 22 entre 2007 y 2011. Es colaborador de los periódicos Reforma y El País. Sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas. En 2012 recibió el premio Planeta-Casa de América por su novela La tejedora de sombras. En 2014, publica su novela Memorial del engaño en América Latina y España y, para el año 2015, estará publicada en Brasil, Portugal, Italia y Francia. Actualmente es director general del Festival Internacional Cervantino. 
 

Bibliografía

Memorial del engaño (2014). Ediciones Alfaguara, España

Leer la mente (2011). Ediciones Alfaguara, España

No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España

Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España

Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España

Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España

La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España

El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España

Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España

En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España

El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España

Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España

 

 

 

 

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