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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 13 de agosto de 2020

 Blog de Jorge Volpi

El soldado y el poveretto

Severamente herido por los franceses al defender Pamplona en 1521 -mientras, en el otro lado del mundo, otro soldado español, Hernán Cortés, conquistaba México-Tenochtitlan-, Ignacio de Loyola sufre una repentina conversión. Entregado en su convalecencia a la lectura de Ludolfo de Sajonia y Santiago de la Voragine, no decide dejar atrás su experiencia militar, como señalan sus hagiógrafos, sino ponerla al servicio de un nuevo señor mucho más poderoso que el rey de España. Más adelante insistirá en que su modelo fue san Francisco de Asís, aunque en realidad no podría haber dos próceres de la Iglesia más opuestos, tanto en sus propósitos religiosos como en sus estilos de vida.

            Mientras el poveretto apenas escapó de ser tachado de hereje en una época marcada por las condenas contra los mendigos errantes que no cesaban de cuestionar el boato y la corrupción de curas, obispos y papas, la cofradía de Ignacio, bautizada con el término bélico de Compañía de Jesús, apenas tardó en ser aprobada por el papa Paulo III, quien creyó descubrir en los nuevos y aguerridos soldados de Cristo a un cuerpo rigurosamente entrenado para frenar la expansión del protestantismo en Europa.

            Pocas órdenes religiosas resultan más contrastantes que franciscanos y jesuitas, por más que sus fundadores coincidiesen en su fervor místico. Si los ayunos del de Asís lo condujeron a experiencias de comunión directa con la divinidad -la neurociencia ha demostrado que la privación de alimento puede causar alucinaciones tan vívidas como los psicotrópicos-, las interminables jornadas de autoexamen puestas en marcha por el de Loyola eran capaces de provocar cambios neurológicos equivalentes en un proceso que apenas se aleja del lavado de cerebro. La mayor diferencia entre ambos se halla, como señaló Roland Barthes en su Sade, Fourier, Loyola (1971), en la manía clasificatoria del vasco. La obsesión por dirigir minuciosamente la vida interior de sus seguidores dio lugar a sus célebres Ejercicios espirituales (1548), esa suerte de psicoanálisis avant-la-lettre destinado a que cada uno de sus discípulos examinase sin tregua sus pecados y se entregase a esa obediencia castrense que habría de mantenerlo sujeto a los dictados de sus superiores.  

            Frente a la férrea disciplina que Ignacio exigía a sus soldados, las arengas hippies de Francisco suenan casi conmovedoras. Anhelar la pobreza o amar a cada una de las criaturas de la Tierra no se contaban entre las prioridades del primer general de los jesuitas. De allí que, a lo largo de su azarosa historia, su orden jamás haya escapado a la sospecha y a la inquina de infinitos adversarios. Responsable de reinstaurar el catolicismo en Polonia y Lituania tanto como de extender su misión evangelizadora hasta China, la India, Quebec, Paraguay o California, los jesuitas no tardaron en ser vistos como una iglesia dentro de la iglesia, una sociedad secreta cuya ambición por el poder competía con la de papas, reyes y ministros. De allí que, forzado por los ministros de España y Portugal, el papa Clemente XIV decidiese suprimir la orden en 1773, una providencia que duró hasta 1813, cuando Pío VII revirtió el decreto de su antecesor.

            Desde entonces, los jesuitas han gozado de una celebridad que sólo el Opus Dei o los Legionarios de Cristo lograron arrebatarle en las postrimerías del siglo XX: la de siniestros conspiradores y hábiles políticos, maestros en el arte de la manipulación y la dialéctica. No es casual, por ello, que su máxima autoridad sea conocida con el nombre de Papa Negro. Sin embargo, no fue sino hasta el año pasado, cuatro siglos y medio después de su fundación, que un jesuita por fin llegó a ocupar el Trono de San Pedro.

            Como insigne miembro de su orden, Jorge Bergoglio conoce esta historia a la perfección y su pontificado tiene que ser estudiado bajo la particular lógica jesuítica. Así se explica que, igual que san Ignacio, la primera decisión del purpurado argentino haya sido la de imitar a san Francisco, al menos en apariencia y nombre. Si a ello se suma su repentina vocación hacia los pobres (despojada del matiz izquierdista que numerosos jesuitas próximos a la Teología de la Liberación le concedieron en décadas pasadas) y su publicitada renuncia a los oropeles de su cargo, la conversión del jesuita en franciscano parecería completa. Sólo que lo que ésta revela en realidad es la argucia estratégica tradicionalmente asociada con los miembros de su orden. Frente al laicismo y los escándalos de pederastia -equivalentes a las amenazas de la Reforma-, la Iglesia requería un soldado. Un soldado dispuesto a disfrazarse de humilde pastor para emprender una nueva cruzada evangelizadora, en especial entre los pobres y los latinoamericanos, su último caldo de cultivo. Si la intención del colegio cardenalicio fue encontrar a un líder capaz de paliar el creciente desprestigio de la Iglesia, hasta el momento el astuto papa jesuita ha comenzado a cumplir con creces su objetivo.  

 

Twitter: @jvolpi

 

[Publicado el 09/6/2013 a las 15:35]

[Etiquetas: Papa Francisco]

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Biografía

(México, 1968). Es autor de las novelas La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y En busca de Klingsor (premios Biblioteca Breve y Deux Océans-Grinzane Cavour). Con ella inició una "Trilogía del siglo XX", cuya segunda parte es El fin de la locura y la tercera No será la Tierra. También ha escrito las novelas cortas reunidas en el volumen Días de ira, así como Sanar tu piel amarga, El jardín devastado y Oscuro bosque oscuro. Es autor de los ensayos La imaginación y el poder, La guerra y las palabras, Mentiras contagiosas (Premio Mazatán al mejor libro del año 2008), El insomnio de Bolívar (Premio Debate-Casa de América 2009) y Leer la mente. En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en las universidades de Emory, Cornell, Las Américas de  Puebla, Pau, Católica de Chile, Nacional Autónoma de México y Princeton. Ha sido becario de la Fundación Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores de México. Ha sido condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España. Fue director de Canal 22 entre 2007 y 2011. Es colaborador de los periódicos Reforma y El País. Sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas. En 2012 recibió el premio Planeta-Casa de América por su novela La tejedora de sombras. En 2014, publica su novela Memorial del engaño en América Latina y España y, para el año 2015, estará publicada en Brasil, Portugal, Italia y Francia. Actualmente es director general del Festival Internacional Cervantino. 
 

Bibliografía

Memorial del engaño (2014). Ediciones Alfaguara, España

Leer la mente (2011). Ediciones Alfaguara, España

No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España

Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España

Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España

Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España

La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España

El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España

Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España

En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España

El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España

Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España

 

 

 

 

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