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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 9 de agosto de 2020

 Blog de Jorge Volpi

La baronesa y el actor

A Carlos Fuentes le encantaba contar esta anécdota: en la cena de gala posterior a la ceremonia en la cual se convirtió en presidente de Francia, a François Mitterrand, siempre orgulloso de sus devaneos literarios, se le ocurrió sentar lado al lado a Margaret Tatcher y Gabriel García Márquez. Con su peinado de escultura futurista, la primera ministra se acodó hacia su compañero de mesa y le preguntó con una cortesía tan fría como ensayada: "Disculpe, ¿y usted a qué se dedica?" A lo que el Premio Nobel respondió con su campechanería habitual: "Yo escribo. ¿Y usted?"

            Más allá del chascarrillo, la respuesta de la primera ministra bien podría haber sido: "A luchar contra el comunismo y a liberar a los mercados". Una actividad como cualquier otra, de no ser porque su tesón ideológico, sumado a su complicidad con Ronald Reagan -sumada a la del papa Juan Pablo II-, terminaría por sellar de manera indeleble el rumbo del planeta desde entonces. Durante más de una década estos paladines del conservadurismo, provenientes de entornos antitéticos -la baja burguesía británica, los entretelones de Hollywood-, sumaron sus energías en una batalla común: acabar con el Imperio Soviético y reducir el Estado a su mínima expresión.

            No hay más remedio que reconocer su triunfo en ambos casos. Si bien el desmembramiento de la URSS respondió más a una descomposición interna, acelerada por el reformismo de Mijaíl Gorbachov, resulta innegable que la alianza de la futura baronesa y el actor jubilado contribuyó a crear condiciones propicias para su debacle. Por otra parte, aún arrastramos las consecuencias de su vocación neoliberal. Inspirados en las ideas de Friedrich Hayek y Milton Friedman (bajo la consigna de que "el Estado no es la solución, es el problema"), Tatcher y Reagan no dudaron en emprender una auténtica cruzada, dentro y fuera de sus fronteras, para minar la legitimidad de cualquier intervención estatal en la economía. Si bien es cierto que durante los años setenta los gobiernos se habían convertido en entidades obesas y atrofiadas, ellos no sólo buscaron adelgazarlos, sino entregarle todo su poder a la iniciativa privada y en particular a los grandes conglomerados.

            A fuerza de privatizaciones y desregulación, en unos años Margareth Tatcher entregó a distintas empresas privadas el control de numerosos servicios públicos, al tiempo que desmantelaba el eficaz sistema sanitario británico, a la par que Reagan reducía aún más el de por sí ajustado presupuesto social de Estados Unidos, aumentaba exponencialmente el gasto militar y ponía en marcha el faraónico escudo antimisiles que en su opinión terminaría por conducir a la economía soviética a la ruina. Tras probar la estrategia en sus países -aplicando numerosas excepciones a su ortodoxia, como ha señalado Joseph Stiglitz-, Tatcher y Reagan no dudaron en imponer medidas aún más draconianas a las naciones periféricas, obligándolas a aceptar esos planes de choque cuya lógica Naomi Klein ha asociado con la de los golpes militares.

            Las consecuencias de su dogmatismo -y de sus relaciones con el gran capital- no tardaron en observarse: una drástica merma en la calidad de los servicios públicos, que en muchos casos tuvieron que regresar a manos del Estado ante la incapacidad de los particulares de volverlos rentables; el enriquecimiento súbito de unos cuantos hombres de negocios  -los "auténticos hombres libres" de Ayn Rand, otra gurú de la época- y el ensanchamiento nunca visto de los índices de desigualdad en todos los lugares en los que se aplicaron sus recetas.

            La insólita caída del Muro de Berlín en 1989 -acontecida ya durante la presidencia del primer George Bush- y la implosión de la Unión Soviética poco después, parecieron confirmar todos los presagios de estos dos líderes, elevados a figuras tutelares del capitalismo salvaje puesto en marcha a partir de los noventa. Aunque Tatcher pronto sería apartada del poder por los mismos líderes conservadores que antes la entronizaron, y el demócrata Clinton impediría la reelección de Bush, la influencia de la baronesa y el actor se mantendría a lo largo de los siguientes lustros, y en buena medida la vertiginosa desregulación financiera que propició la crisis de 2008 puede ser achacada a los principios que tanto defendieron.

            El reciente fallecimiento de la Dama de Hierro, sumada a la desaparición de Reagan y Wojtila, cierra de una vez por todas una era marcada a fuego por sus batallas ideológicas y sus odios ancestrales. En sus obituarios oficiales u oficiosos, sus admiradores no han dejado de aplaudir su "compromiso con la libertad", pero por desgracia la libertad que ellos persiguieron con denuedo, en la mayor parte de los casos, no fue otra que esa libertad económica sin trabas que, fundamentada en la codicia y despreciando la solidaridad, nos ha conducido a una de las mayores recesiones de la historia. 

             

Twitter: @jvolpi

 

[Publicado el 14/4/2013 a las 13:35]

[Etiquetas: Tatcher; Reagan]

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Comentarios (2)

  • Ante todo, gracias por la oportunidad. Quiero decir, y lo diré de forma más medida:
    - Que el artículo me parece lleno de tópicos y con una línea argumental muy anticuada, maniqueísta y algo ramplona.
    - Que quien se viste de centurión debe llevar la ropa interior limpia, evitando deslices como llamar Tatcher a quien en verdad se llama Thatcher.
    - Que crear un eje del mal Reagan-Thatcher-Juan Pablo II, no solo me parece propio de una imaginación pueril, sino ofensivo para quien, con todo derecho, puede sentirse agredido desde su condición cristiana.
    - Que no hace falta ser cristiano u homosexual para rechazar que alguien decida crear teorías conspiratorias coprotagonizadas por cierto líder religioso, para regalar el oído a quienes lo repudien, o utilice calificativos tan duros y peyorativos como maricón.
    - Que tampoco hace falta ser de derechas para criticar a quien enarbola con tan poca gracia la bandera de la izquierda. Es más, un intelectual de izquierdas debe sentirse incómodo con las veleidades de este artículo.
    - Que quien lanza su pensamiento a un blog debe ser respetuoso hacia sus potenciales lectores, como corresponde a una actitud civilizada.
    Muchas gracias y un cordial saludo.

    Comentado por: blas paredes el 15/4/2013 a las 20:48

  • Me ha sorprendido muy desagradablemente que un periódico reputado y de vocación democrática, como El Pais, haya procedido a una censura estaliniana porque un bloguero responda con cierta dureza a un texto en el que el autor no mide sus palabras.
    Si se dignan a respetar esta vez mi respuesta, me tomaría una segunda oportunidad para explicar y razonar mi postura. ¿Será posible que seamos todos democráticos?
    Entendería éticamente inadmisible que discrepar de un artículo no tenga cabida en un espacio creado para que unos escriban y otros opinen.

    Comentado por: blas paredes el 15/4/2013 a las 19:56

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Biografía

(México, 1968). Es autor de las novelas La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y En busca de Klingsor (premios Biblioteca Breve y Deux Océans-Grinzane Cavour). Con ella inició una "Trilogía del siglo XX", cuya segunda parte es El fin de la locura y la tercera No será la Tierra. También ha escrito las novelas cortas reunidas en el volumen Días de ira, así como Sanar tu piel amarga, El jardín devastado y Oscuro bosque oscuro. Es autor de los ensayos La imaginación y el poder, La guerra y las palabras, Mentiras contagiosas (Premio Mazatán al mejor libro del año 2008), El insomnio de Bolívar (Premio Debate-Casa de América 2009) y Leer la mente. En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en las universidades de Emory, Cornell, Las Américas de  Puebla, Pau, Católica de Chile, Nacional Autónoma de México y Princeton. Ha sido becario de la Fundación Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores de México. Ha sido condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España. Fue director de Canal 22 entre 2007 y 2011. Es colaborador de los periódicos Reforma y El País. Sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas. En 2012 recibió el premio Planeta-Casa de América por su novela La tejedora de sombras. En 2014, publica su novela Memorial del engaño en América Latina y España y, para el año 2015, estará publicada en Brasil, Portugal, Italia y Francia. Actualmente es director general del Festival Internacional Cervantino. 
 

Bibliografía

Memorial del engaño (2014). Ediciones Alfaguara, España

Leer la mente (2011). Ediciones Alfaguara, España

No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España

Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España

Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España

Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España

La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España

El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España

Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España

En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España

El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España

Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España

 

 

 

 

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