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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 9 de agosto de 2020

 Blog de Jorge Volpi

La guerra de los drones

Capturado en la frontera de Irak con Siria, el sargento Nicholas Brody pasa ocho años como prisionero de Al-Qaeda, sometido a toda suerte de torturas físicas y psicológicas. Un día, Abu Nazir, el feroz comandante de los terroristas, decide rescatarlo y convertirlo en profesor de inglés de su hijo. Brody no tarda en ganarse la confianza de su alumno y entre los dos se establece una relación de cariño al margen de la guerra. Hasta que, durante un bombardeo con aviones teledirigidos, el pequeño Issa pierde la vida. Devastado, Brody se transforma en agente de Abu Nazir, decidido a que el gobierno de Estados Unidos pague por sus crímenes.

            La incursión de los drones en Homeland -paradójicamente, Barack Obama ha declarado que se trata de su serie de televisión favorita- anticipó una de muchas escenas semejantes en la vida real. A mediados de 2012, Salem Ahmed bin Alí Jabed se atrevió a lanzar un severo discurso contra Al Qaeda en una mezquita de Jashamir, en el este de Yemen. Un par de días después, accedió a reunirse con dos miembros de la banda terrorista, quienes habían insistido en hablar con él; para protegerse, el clérigo acudió acompañado por su primo, un oficial de policía. Según el New York Times, un misil teledirigido incineró a los cinco mientras discutían bajo una palmera, así como a un camello que permanecía atado cerca de ellos.

            Durante su primera campaña, Obama prometió acabar con los abusos aprobados por su predecesor tras la caída de las Torres Gemelas: los interrogatorios mejorados -incluido el waterbording-, el envío clandestinos de prisioneros a terceros países, el limbo legal de Guantánamo y la falta absoluta de derechos de los llamados "combatientes ilegales". Cinco años después, el presidente en efecto terminó con las torturas y las entregas ilegales, pero en cambio no logró cerrar Guantánamo, donde quedan más de cien internos que no han sido sometidos a juicio y, arrogándose un poder mayor que el de cualquier otro líder democrático, determinó que él mismo, sin intervención de las cortes o del Congreso, podía ordenar la ejecución extrajudicial de miles de supuestos terroristas con la opacidad propia de una dictadura.

            No es ésta la primera traición de Obama hacia sus electores -durante su mandato se han llevado a cabo más expulsiones de mexicanos ilegales que durante todos los años de Bush Jr.-, pero sí la más grave: quien fuera celebrado por haber devuelto al mundo a la vía de la legalidad y el respeto a los derechos humanos, y fuera recompensado incluso con el Premio Nobel de la Paz, se comporta ahora como un tirano. El apelativo no resulta desmedido: ninguna democracia puede tolerar que un solo hombre pueda dictaminar la vida o la muerte de una persona sin que ésta sea sometida a un proceso judicial. Los asesinatos a sangre fría de Jabar y su primo, así como de decenas de civiles y cientos de supuestos terroristas en Yemen, Pakistán y Afganistán resultan indefendibles por más que el gobierno estadounidense se escude en la supuesta "amenaza inminente" que éstos representan. Según el Bureau of Investigative Journalism, entre 2500 y 3500 personas han muerto en ataques de drones, incluyendo entre 500 y 1000 civiles y entre 170 y 200 niños.

            Al parecer los "martes de terrorismo" el presidente Obama se reúne con John O. Brennan, su principal asesor en la materia -ahora elevado al rango de director de la CIA-, y otros oficiales, quienes le presentan las pruebas sobre cada sospechoso. A continuación él decide, en solitario, quienes deben ser objeto de esos "asesinatos selectivos" copiados de la política antiterrorista israelí. Como señaló el representante Rand Paul durante las arduas sesiones de confirmación de Brennan, todo ello sin informar al Congreso o a la opinión pública, como si se tratase de un antiguo monarca. En muchos casos, los ataques de los drones -un término designa a un tipo de abejorro- ni siquiera han ido dirigidos contra los combatientes, sino contra los clérigos que llaman a la yihad, como Anwar Al-Aulaqi, el imán estadounidense ultimado en Yemen en septiembre de 2011 (días más tarde, su hijo adolescente también fue asesinado "por error").

            Tras los atropellos cometidos por George W. Bush, jamás imaginamos que el paladín de los demócratas -acusado por los sectores más reaccionarios de su país de ser un socialista- sería capaz de comportarse de manera aún más atroz: empleando esas naves que carecen de piloto finge que sus manos no se encuentran manchadas de sangre. ¿Quién hubiese podido imaginar que Obama terminaría convertido en un halcón peor que Cheney o Rumsfeld? Hoy más que nunca, la democracia estadounidense reniega de sí misma: si incluso el presidente más progresista que ha tenido el país en décadas es capaz de semejantes despliegues de fuerza y arrogancia, ¿qué esperanzas nos quedan de que la legalidad internacional al fin se recupere?

 

Twitter: @jvolpi

 

 

[Publicado el 17/3/2013 a las 15:11]

[Etiquetas: Obama; drones]

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Comentarios (1)

  • Señor Volpi: Concuerdo con su señalamiento de las decepcionantes acciones del Presidente Obama, lider de esta esta republica imperial y fundamentalista. Por favor note que el nombre del controvertido representante es Paul Ryan, no Rand Paul. Igualmente, el tipo de tortura es waterboarding. Saludos desde el corazón del imperio. L

    Comentado por: Lorenzo Moreno el 17/3/2013 a las 17:24

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Biografía

(México, 1968). Es autor de las novelas La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y En busca de Klingsor (premios Biblioteca Breve y Deux Océans-Grinzane Cavour). Con ella inició una "Trilogía del siglo XX", cuya segunda parte es El fin de la locura y la tercera No será la Tierra. También ha escrito las novelas cortas reunidas en el volumen Días de ira, así como Sanar tu piel amarga, El jardín devastado y Oscuro bosque oscuro. Es autor de los ensayos La imaginación y el poder, La guerra y las palabras, Mentiras contagiosas (Premio Mazatán al mejor libro del año 2008), El insomnio de Bolívar (Premio Debate-Casa de América 2009) y Leer la mente. En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en las universidades de Emory, Cornell, Las Américas de  Puebla, Pau, Católica de Chile, Nacional Autónoma de México y Princeton. Ha sido becario de la Fundación Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores de México. Ha sido condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España. Fue director de Canal 22 entre 2007 y 2011. Es colaborador de los periódicos Reforma y El País. Sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas. En 2012 recibió el premio Planeta-Casa de América por su novela La tejedora de sombras. En 2014, publica su novela Memorial del engaño en América Latina y España y, para el año 2015, estará publicada en Brasil, Portugal, Italia y Francia. Actualmente es director general del Festival Internacional Cervantino. 
 

Bibliografía

Memorial del engaño (2014). Ediciones Alfaguara, España

Leer la mente (2011). Ediciones Alfaguara, España

No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España

Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España

Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España

Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España

La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España

El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España

Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España

En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España

El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España

Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España

 

 

 

 

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