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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 18 de septiembre de 2019

 Blog de Jorge Volpi

Tres Obamas

El primer Obama es una anomalía, una quimera. Senador primerizo, de piel negra y familia desmembrada -padre nacionalista nigeriano; madre blanca, progresista y nómada-, educado entre Hawai e Indonesia, salta a la fama con un brioso discurso durante la convención demócrata que unge al malogrado John Kerry, su reverso: un liberal de alta cuna, estirado y, peor, afrancesado. Cuatro años después lo vemos transmutado en un joven líder tan lúcido como ambicioso, tan astuto como impredecible, decidido a trastocar todas las reglas del sistema y a vencer, en las primarias, ni más ni menos que a Hillary Clinton, otra rara avis.   

Consciente -a veces demasiado consciente- de su originalidad y su exotismo, el primer Obama enarbola un discurso de reconciliación y esperanza cuando Estados Unidos, y el mundo entero, se precipitan en la mayor catástrofe económica desde el crash del 29. Tras los ocho años de Bush Jr., marcados a fuego por el 11-S y las campañas de Irak y Afganistán, con su desprecio de la legalidad, sus mentiras y su aprobación de la tortura, el primer Obama, esa anomalía, promete un regreso a la normalidad democrática. Frente a la retórica de la venganza, el equilibrio; frente a la hubris de Wall Street, rendición de cuentas; frente a la interesada disminución del estado, orquestada por los ideólogos neoliberales en alianza con los republicanos, un estado que ofrezca apoyo a los más débiles y frene el riesgo desmedido y la avaricia.

El primer Obama es también un hombre de su tiempo y, enfrentado al cascado y tozudo John McCain -metáfora ideal de su partido-, conquista la blogosfera, seduce a los jóvenes y a las mujeres, a los profesionales y a los sectores más golpeados por la crisis, y cuenta de por sí con el apoyo de negros e hispanos, minorías que forman mayorías. Su victoria se lee histórica: el primer presidente negro, sí, pero también el único que podría conducir a Estados Unidos, y al mundo, a una nueva era de estabilidad y cooperación.

Sólo que, en cuanto se muda a la Casa Blanca, acompañado por su ejemplar familia, el primer Obama da paso al segundo. Aún es una anomalía, pero ser parte del sistema es distinto a confrontarlo. Coherente con sus promesas, se esfuerza (y agota) en buscar un entendimiento con los republicanos, quienes le responden con desdén y, a la postre, con la campaña de desprestigio más brutal que se recuerde. Camuflada en el Tea Party, la extrema derecha dibuja al presidente como socialista o de plano comunista, cuando no sugiere que se trata de un musulmán nacido en Asia. El segundo Obama responde con la templanza del primero, pero el tiempo corre y sus ideales se diluyen.

Contra las cuerdas, el segundo Obama se empecina en ganar una heroica batalla: su reforma del sistema sanitario. Para lograrlo, descuida los demás frentes -la regulación del sistema financiero, el problema migratorio, el cierre de Guantánamo, etc.- y, al autorizar las ejecuciones extrajudiciales y los ataques con aviones no tripulados, se revela casi tan indiferente a la legalidad internacional como su predecesor, pero es el precio a pagar para obtener, al menos, ese triunfo. El asesinato de Bin Laden lo hace ver como un líder firme e implacable, pero para entonces el primer Obama casi se ha desvanecido.

Mientras el primer Obama se caracterizaba por su apertura, el segundo se muestra enigmático y opaco; mientras el primero encarnaba el futuro, el segundo luce contradictorio e improvisado; mientras el primero parecía capaz de sobreponerse a cualquier obstáculo, el segundo es la triste víctima del bloqueo de sus rivales; mientras el primero prometía transformar Washington, el segundo parece haber sido transformado por Washington. Poco importa que, en el proceso, los republicanos queden exhibidos por su mezquindad y su falta de espíritu patriótico: conforme se acerca el final su mandato, el segundo Obama luce débil, alicaído.

Durante la campaña electoral de 2012, el segundo Obama cuanta con una sola ventaja: Romney. El candidato republicano es su contrario: blanco, rico, sin convicciones (ser mormón es su único rasgo propio y lo oculta cuanto puede). Para devenir candidato, Romney se presenta como un ultraconservador antediluviano; luego, abanderando ya a su partido, busca el centro con desesperación. Tenso y arrogante, el segundo Obama -el peor Obama- se deja apabullar en el primer debate. En una dolorosa inversión de los papeles, por un momento Romney simboliza el cambio y el presidente la apatía de quien gobierna por inercia.

            Sólo en el último instante, cuando podría perderlo todo, el primer Obama suplanta tímidamente al segundo: apenas lo necesario para obtener una ajustada victoria. Llega, así, el tiempo del tercer Obama. Un Obama que volverá a enfrentar una Cámara Baja con mayoría opositora. Un Obama que requiere el empuje del primero y la amarga experiencia del segundo. Un Obama que, desprovisto ya del temor ante la reelección, no puede conformarse con ser él mismo. Un Obama que es, hoy, una incógnita.

           

twitter: @jvolpi

 

[Publicado el 14/11/2012 a las 15:11]

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Biografía

(México, 1968). Es autor de las novelas La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y En busca de Klingsor (premios Biblioteca Breve y Deux Océans-Grinzane Cavour). Con ella inició una "Trilogía del siglo XX", cuya segunda parte es El fin de la locura y la tercera No será la Tierra. También ha escrito las novelas cortas reunidas en el volumen Días de ira, así como Sanar tu piel amarga, El jardín devastado y Oscuro bosque oscuro. Es autor de los ensayos La imaginación y el poder, La guerra y las palabras, Mentiras contagiosas (Premio Mazatán al mejor libro del año 2008), El insomnio de Bolívar (Premio Debate-Casa de América 2009) y Leer la mente. En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en las universidades de Emory, Cornell, Las Américas de  Puebla, Pau, Católica de Chile, Nacional Autónoma de México y Princeton. Ha sido becario de la Fundación Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores de México. Ha sido condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España. Fue director de Canal 22 entre 2007 y 2011. Es colaborador de los periódicos Reforma y El País. Sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas. En 2012 recibió el premio Planeta-Casa de América por su novela La tejedora de sombras. En 2014, publica su novela Memorial del engaño en América Latina y España y, para el año 2015, estará publicada en Brasil, Portugal, Italia y Francia. Actualmente es director general del Festival Internacional Cervantino. 
 

Bibliografía

Memorial del engaño (2014). Ediciones Alfaguara, España

Leer la mente (2011). Ediciones Alfaguara, España

No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España

Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España

Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España

Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España

La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España

El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España

Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España

En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España

El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España

Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España

 

 

 

 

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