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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 17 de noviembre de 2019

 Blog de Jorge Volpi

En la mente del asesino

Mientras preside la larga mesa, frente a su estado mayor, el rais se muestra ausente, extraviado; su mirada sobrevuela la sala y apenas se posa sobre los diagramas y los planos que le presentan sus subordinados. Todos saben que su carácter siempre ha sido distante -desde que su padre lo llamó a Damasco tuvo que realizar esfuerzos inauditos para vencer su timidez y atreverse a hablar en público-, pero en las últimas semanas se ha vuelto aún más frío, como si los escasos rasgos de humanidad que le quedaban hubiesen acabado por desvanecerse. Su temple nunca se decantó por los exabruptos o las descargas de violencia -privilegios reservados a su hermano mayor-, sino por la suavidad y la conciliación, y sin embargo ahora el mundo lo ve como un monstruo que no alberga la menor piedad hacia sus súbditos rebeldes.

            Lo cierto es que él nunca quiso este papel, que jamás soñó con el poder. Si lo obtuvo fue contra su voluntad, impulsado por un destino aciago -y la voz inquebrantable de su padre-, y desde entonces tuvo que transmutarse en otro y suplantar a su hermano en contra de su voluntad. El fiero Hafez jamás pensó en él como su sucesor: le parecía demasiado dulce, demasiado reservado, demasiado bueno como para dedicarse a la política. Basil reunía, en cambio, todas las virtudes de un buen gobernante, al menos a ojos de su padre: firme, apuesto, implacable. Pero también era soberbio e irrefrenable, dispuesto a todo con tal de demostrar su valor, hasta que su soberbia lo llevó a estrellarse contra un arcén cuando se dirigía, una mañana de bruma, hacia el aeropuerto.

¡Imbécil! Si Basil no se hubiese empeñado en doblegar todas las normas -incluso las de velocidad-, Bachar no tendría que estar hoy aquí, frente a esos generales y funcionarios que cada día le resultan menos confiables, escuchando sus insulsas alabanzas y discutiendo los distintas opciones de lucha contra los terroristas de Alepo. Mientras su hermano siempre supo que seguiría la carrera militar -aunque hubiese hecho la farsa de estudiar ingeniería-, él en cambio se consagró con pasión a sus estudios de medicina en la Universidad de Damasco y se empeñó en convertirse en un célebre oftalmólogo mientras estudiaba el posgrado en Inglaterra.

En un parpadeo, Bachar casi es capaz de contemplar la vida que podría haber tenido si Basil no hubiese desbarrado rumbo al aeropuerto: su consulta en Kensington u otro barrio posh, su vida al lado de Asma -la hermosísima Asma que lo enloqueció en sus devaneos londinenses y en la cual ahora tampoco confía-, los paseos a lo largo del Támesis con sus hijos, su apacibles vacaciones por Europa, las esporádicas visitas a Siria, cada vez menos frecuentes desde el ascenso de Basil, la normalidad de un profesional rico y exitoso en un país civilizado. ¿Por qué no podría estar hoy en Londres, disfrutando de los juegos olímpicos como cualquier otro aficionado, en vez de tener que sofocar una revuelta a sangre y fuego?

No, el maldito Basil tenía que matarse y a su padre no le quedó otro remedio que usarlo como recambio. ¡Qué tristeza y qué decepción para el viejo! Bachar nunca fue para él más que un segundón y ahora se veía obligado a recurrir a él para conservar su dominio sobre el país. Increíble: el imbécil de su hermano se mató -y casi mató a su primo- por culpa de su imprudencia y su padre lo convirtió en "mártir de la nación y ejemplo de la juventud siria". ¡Como si imponiendo su nombre a calles, plazas, conjuntos deportivos y edificios, y multiplicando su fotografía en cada rincón del país, pudiese mantenerlo con vida!

Ocultando su rabia, Bachar acudió junto a Hafez cuando éste lo hizo llamar. Para ponerlo a prueba, su padre lo puso al cargo del "expediente libanés", y él no dudó en resolverlo con una crueldad que él mismo no imaginaba. Tal vez el poder no estuviese entre sus prioridades, pero la naturaleza guerrera de sus ancestros se encontraba allí, almacenada en sus genes, y sólo necesitaba resucitarla. Entonces cambió su vida para siempre: en vez de curar y aliviar a la gente, en vez de darle luz a los ciegos, en vez de ser un padre de familia normal y apreciar las Olimpíadas por televisión, le tocó administrar la pesada herencia de su padre.

Si alguien se lo preguntara, preferiría aquella otra vida. Pero ya no hay remedio. Luego de atravesar estos largos meses de acoso por parte de los terroristas, de padecer las traiciones de sus generales y ministros, de convertirse en el villano favorito de la prensa internacional -incapaz de comprender que él es la última barrera contra los islamistas-, Bachar sabe que no le queda otra salida excepto confiar en el juego geopolítico y esperar que rusos, chinos e iraníes continúen apoyándolo. Comportarse como lo habrían hecho su padre o su hermano muerto. Y esperar que, en el peor de los casos, su astucia le permita tener la suerte de Ben Ali, y no la de Mubarak o Gadafi.

-Acaben con ellos -musita por fin, en voz baja-. Aplástenlos.

 

twitter: @jvolpi

[Publicado el 12/8/2012 a las 15:53]

[Etiquetas: Siria, Bachar-el-Assad]

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Biografía

(México, 1968). Es autor de las novelas La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y En busca de Klingsor (premios Biblioteca Breve y Deux Océans-Grinzane Cavour). Con ella inició una "Trilogía del siglo XX", cuya segunda parte es El fin de la locura y la tercera No será la Tierra. También ha escrito las novelas cortas reunidas en el volumen Días de ira, así como Sanar tu piel amarga, El jardín devastado y Oscuro bosque oscuro. Es autor de los ensayos La imaginación y el poder, La guerra y las palabras, Mentiras contagiosas (Premio Mazatán al mejor libro del año 2008), El insomnio de Bolívar (Premio Debate-Casa de América 2009) y Leer la mente. En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en las universidades de Emory, Cornell, Las Américas de  Puebla, Pau, Católica de Chile, Nacional Autónoma de México y Princeton. Ha sido becario de la Fundación Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores de México. Ha sido condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España. Fue director de Canal 22 entre 2007 y 2011. Es colaborador de los periódicos Reforma y El País. Sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas. En 2012 recibió el premio Planeta-Casa de América por su novela La tejedora de sombras. En 2014, publica su novela Memorial del engaño en América Latina y España y, para el año 2015, estará publicada en Brasil, Portugal, Italia y Francia. Actualmente es director general del Festival Internacional Cervantino. 
 

Bibliografía

Memorial del engaño (2014). Ediciones Alfaguara, España

Leer la mente (2011). Ediciones Alfaguara, España

No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España

Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España

Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España

Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España

La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España

El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España

Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España

En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España

El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España

Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España

 

 

 

 

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