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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 22 de julio de 2019

 Blog de Jorge Volpi

Teoría y práctica del debate

Al encender el televisor, uno podría imaginar que los dos hombres que discuten frente a nosotros participan en uno de los programas del corazón que infestan las pantallas españolas. Basta un poco de paciencia para constatar que algo no encaja: no aparecen los gritos e insultos que predominan en estos talk shows, donde la acumulación de groserías -aquí les llaman tacos, y nadie se priva de ellos- impide cualquier argumento inteligible. Quizás se trate, más bien, de otro género favorito de las audiencias: un concurso.

            Miremos a los contrincantes, fingiendo que el animador, con su pelo y su bigote oxigenados, no distrae nuestra atención. La verdad, se parecen bastante. Los dos pertenecen a la misma generación (la diferencia de edad es de cuatro años, aunque la calvicie del primero lo traicione). Los dos llevan barba -algo inédito desde el siglo xviii-, eso sí muy cortadita, como para ofrecer cierta impresión de modernidad. Y ambos, en fin, pretenden hacernos creer que, en el "diálogo" que mantienen frente a millones de espectadores, se juega algo importante. Al final de la competencia -de este Juego de la Oca democrático-, sólo uno se llevará el premio mayor: el futuro de la nación.

Más rasgos comunes: ninguno es joven, ambos visten trajes oscuros y llevan corbatas del mismo tono: un azul pálido, idéntico al del cartel que anuncia la naturaleza del encuentro: Debate, 2011. ¿Por qué esta preeminencia de un color asociado con sólo uno de los partidos en liza -y el manto de la Virgen-, justo aquel que, según las encuestas, parece destinado a aplastar a su contrincante? ¿Es que en el PSOE no hay un asesor de imagen capaz de reparar en este mínimo -pero significativo- detalle?

Los debates políticos pertenecen a un subgénero híbrido en el mundo del espectáculo: parte teatro, parte programa de concursos, parte certamen de belleza. Si en sus orígenes eran capaces de afectar el resultado de una elección -el Nixon vs. Kennedy de 1960-, desde que una pléyade de asesores modela a los candidatos, su importancia ha menguado: si acaso, logran decantar a un pequeño porcentaje de indecisos.

El objetivo de los participantes no es, pues, demostrar la superioridad de una propuesta, ni exhibir su habilidad retórica, sino evitar los errores de bulto, resistir los embates con serenidad y con cordura, superar esta prueba sin heridas. Ésta es la razón de que los debates se hayan vuelto tan aburridos. De pronto, nada resulta espontáneo ni atrevido: una mera sucesión de monólogos -en este caso, el favorito ni siquiera evitó leer sus respuestas-, acompañados por unos cuantos instantes de duda o de ingenio: el estrecho margen de libertad de los comediantes.

Acaso lo más notable del debate entre Alfredo Pérez Rubalcaba, el candidato del PSOE, y Mariano Rajoy, del PP, del pasado 7 de noviembre, fue lo que no se dijo. Uno y otro hicieron hasta lo imposible por no hablar de lo que les incomodaba, de bordear sigilosamente el abismo, de esquivar aquello que estaban decididos a no-decir. Todo el duelo consistió en esta danza ante el vacío. Tres horas de hablar con un único fin: guardar los propios secretos (que son, obviamente, secretos a voces).

Rubalcaba, viejo lobo socialista, ex ministro de Felipe González y, peor aún, de José Luis Rodríguez Zapatero -el doble lapsus de Rajoy al llamarlo así quizás fuese intencional-, tenía una sola misión: no hablar de su gestión en el gobierno, responsable del mayor recorte al estado de bienestar en la historia de la democracia española. Rajoy, ex ministro de José María Aznar, tenía una meta equivalente: no hablar de los recortes que seguramente implementará una vez en el poder.

Al llegar al debate, Rubalcaba sabía que le sería imposible remontar los 17 puntos de ventaja de su oponente. Su estrategia consistió, entonces, en querer demostrar que Rajoy realizará aún más recortes que los suyos. Para lograrlo, incluso reconoció la irremediable victoria de su rival con la idea de conseguir una derrota menos aplastante. Ver a Rubalcaba allí, más pequeño y delgado que Rajoy, esforzándose por acorralarlo, ofrecía una imagen casi enternecedora. Me hizo pensar en el chiste de la hormiga que trepa al cuello del elefante mientras sus amigas le gritan: "¡ahórcalo!"

Rajoy lo tenía, por supuesto, más fácil. 17 puntos de ventaja otorgan un aplomo difícil de perder. Y se ciñó a su táctica con disciplina militar: no dejó de repetir que Rubalcaba era culpable de los 5 millones de parados (destruyendo su silencio) y no contestó a una sola de las incómodas preguntas de su adversario.

Al apagar el televisor, la conclusión es simple: Rajoy ganó el debate. Fue más listo. O más terco. Pero el silencio, ese maldito silencio que tanto daño le hace a la democracia, se mantuvo allí, aún más imperturbable. Ese silencio -no asumir la propia responsabilidad, de un lado; no atreverse a decir cómo se va a gobernar, del otro- fue el verdadero triunfador de la noche. El único triunfador.

 

twitter: @jvolpi

[Publicado el 13/11/2011 a las 12:09]

[Etiquetas: Rubalcaba; Rajoy; debate]

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Comentarios (1)

  • Sirven de algo esta clase de debates ? ...qué espera la gente de ellos ? . Un candidato que contesta con aplomo y rapidez las preguntas del moderador será un buen presidente ? . Un candidato que exhibe solvencia en sus respuestas será necesariamente un buen presidente ? Personalmente no veo como un defecto el que un candidato demore un poco su respuesta e incluso que hasta dude un poco ; recordemos que el tiempo del debate televisivo es distinto del tiempo para gobernar , muy distinto .Pasando quizá abruptamente a otro espacio , es un poco como decir que un excelente ( por usar un adjetivo ) novio será necesariamente un excelente marido ?. Será ? .

    Comentado por: moncard el 18/11/2011 a las 15:58

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Biografía

(México, 1968). Es autor de las novelas La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y En busca de Klingsor (premios Biblioteca Breve y Deux Océans-Grinzane Cavour). Con ella inició una "Trilogía del siglo XX", cuya segunda parte es El fin de la locura y la tercera No será la Tierra. También ha escrito las novelas cortas reunidas en el volumen Días de ira, así como Sanar tu piel amarga, El jardín devastado y Oscuro bosque oscuro. Es autor de los ensayos La imaginación y el poder, La guerra y las palabras, Mentiras contagiosas (Premio Mazatán al mejor libro del año 2008), El insomnio de Bolívar (Premio Debate-Casa de América 2009) y Leer la mente. En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en las universidades de Emory, Cornell, Las Américas de  Puebla, Pau, Católica de Chile, Nacional Autónoma de México y Princeton. Ha sido becario de la Fundación Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores de México. Ha sido condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España. Fue director de Canal 22 entre 2007 y 2011. Es colaborador de los periódicos Reforma y El País. Sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas. En 2012 recibió el premio Planeta-Casa de América por su novela La tejedora de sombras. En 2014, publica su novela Memorial del engaño en América Latina y España y, para el año 2015, estará publicada en Brasil, Portugal, Italia y Francia. Actualmente es director general del Festival Internacional Cervantino. 
 

Bibliografía

Memorial del engaño (2014). Ediciones Alfaguara, España

Leer la mente (2011). Ediciones Alfaguara, España

No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España

Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España

Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España

Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España

La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España

El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España

Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España

En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España

El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España

Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España

 

 

 

 

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