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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 15 de diciembre de 2017

 Blog de Jorge Volpi

Réquiem por el papel

 

Se reconocen como orgullosos herederos de una tradición legendaria: cada uno lleva a cabo su labor con paciencia y esmero, consciente de que en sus manos se cifra una sabiduría ancestral. Un pequeño grupo dirige los trabajos -elige los títulos, las tintas, el abecedario- mientras los dibujantes trazan figuras cada vez más sutiles y los artesanos se acomodan en silencio frente a sus mesas de trabajo, empuñando estiletes y pinceles, convencidos de que su industria constituye uno de los mayores logros de la humanidad.

¿Cómo alguien podría siquiera sugerir que su labor se ha vuelto obsoleta? ¿Que, más pronto que tarde, su noble profesión se volverá una rareza antes de desaparecer? ¿Que en pocos años su arte se despeñará en el olvido? Los monjes no pueden estar equivocados: han copiado manuscritos durante siglos. Imposible imaginar que estos vayan a desaparecer de la noche a la mañana por culpa de un diabólico artefacto. ¡No! En el peor de los casos, los manuscritos y los nuevos libros en papel habrán de convivir todavía por decenios. No hay motivos para la inquietud, la desesperación o la prisa. ¿Quién en su sano juicio querría ver desmontada una empresa cultural tan sofisticada como esta y a sus artífices en el desempleo?

Los argumentos de estos simpáticos copistas de las postrimerías del siglo XV apenas se diferencian de los esgrimidos por decenas de profesionales de la industria del libro en español en nuestros días. Frente a la nueva amenaza tecnológica, mantienen la tozudez de sus antepasados, incapaces de asumir que la aparición del libro electrónico no representa un mero cambio de soporte, sino una transformación radical de todas las prácticas asociadas con la lectura y la transmisión del conocimiento. Si atendemos a la historia, una cosa es segura: quienes se nieguen a reconocer esta revolución, terminarán extinguiéndose como aquellos dulces monjes.

Según los nostálgicos de los libros-de-papel, estos poseen ventajas que sus espurios imitadores, los libros-electrónicos, jamás alcanzarán (y por ello, creen que unos y otros convivirán por décadas). Veamos.

1. Los libros-de-papel son populares, los lectores de libros-electrónicos son elitistas. Falso: los libros-electrónicos son cada vez más asequibles: el lector más barato cuesta lo mismo que tres ejemplares en papel (60 dólares, unos 44 euros), y los precios seguirán bajando. Cuando los Gobiernos comprendan su importancia y los incorporen gratuitamente a escuelas y bibliotecas, se habrá dado el mayor impulso a la democratización de la cultura de los tiempos modernos.

2. Los libros-de-papel no necesitan conectarse y no se les acaba la pila. En efecto, pero en cambio se mojan, se arrugan y son devorados por termitas. Poco a poco, los libros electrónicos tendrán cada vez más autonomía. Actualmente, un Kindle y un iPad se mantienen activos por más de diez horas: nadie es capaz de leer de corrido por más tiempo.

3. Los libros-de-papel son objetos preciosos, que uno desea conservar; los libros-electrónicos son volátiles, etéreos, inaprehensibles. En efecto, los libros en papel pesan, pero cualquiera que tenga una biblioteca, así sea pequeña, sabe que esto es un inconveniente. Sin duda quedarán unos cuantos nostálgicos que continuarán acumulando libros-de-papel -al lado de sus añosos VHS y LP-, como seguramente algunos coleccionistas en el siglo XVII seguían atesorando pergaminos. Pero la mayoría se decantará por lo más simple y transportable: la biblioteca virtual.

4. A los libros-electrónicos les brilla la pantalla. Sí, con excepciones: el Kindle original es casi tan opaco como el papel. Con suerte, los constructores de tabletas encontrarán la solución. Pero, frente a este inconveniente, las ventajas se multiplican: piénsese en la herramienta de búsqueda -la posibilidad de encontrar de inmediato una palabra, personaje o anécdota- o la función educativa del diccionario. Y vienen más. Por no hablar de la inminente aparición de textos enriquecidos ya no sólo con imágenes, sino con audio y vídeo.

5. La piratería de libros-electrónicos acabará con la edición. Sin duda, la piratería se extenderá, como ocurrió con la música. Debido a ella, perecerán algunas grandes compañías. Pero, si se llegan a adecuar precios competitivos, con materiales adicionales y garantías de calidad, la venta online terminará por definir su lugar entre los consumidores (como la música).

6. En español casi no se consiguen textos electrónicos. Así es, pero si entre nuestros profesionales prevalece el sentido común en vez de la nostalgia, esto se modificará en muy poco tiempo.

En mi opinión, queda por limar el brillo de la pantalla y que desciendan aún más los precios de los dispositivos para que, en menos de un lustro, no quede ya ninguna razón, fuera de la pura morriña, para que las sociedades avanzadas se decanten por el libro-electrónico en vez del libro-de-papel.

Así las cosas, la industria editorial experimentará una brusca sacudida. Observemos el ejemplo de la música: a la quiebra de Tower Records le ha seguido la de Borders; vendrán luego, poco a poco, las de todos los grandes almacenes de contenidos. E incluso así, hay editores, agentes, distribuidores y libreros que no han puesto sus barbas a remojar. La regla básica de la evolución darwiniana se aplicará sin contemplaciones: quien no se adapte al nuevo ambiente digital, perecerá sin remedio. Veamos.

1. Editores y agentes tenderán a convertirse en una misma figura: un editor-agente-jefe de relaciones públicas cuya misión será tratar con los autores, revisar y editar sus textos, publicarlos online y promoverlos en el competido mercado de la Red. Poco a poco, los autores se darán cuenta de la pérdida económica que implica pagar comisiones dobles a editores y agentes. Solo una minoría de autores de best sellers podrá aspirar, en cambio, a la autoedición.

2. Los distribuidores desaparecerán. No hay un solo motivo económico para seguir pagando un porcentaje altísimo a quienes transportan libros-de-papel de un lado a otro del mundo, por cierto de manera bastante errática, cuando el lector podrá encontrar cualquier libro-electrónico en la distancia de un clic. (De allí la crónica de un fracaso anunciado: Libranda).

3. Las librerías físicas desaparecerán. Este es el punto que más escandaliza a los nostálgicos. ¿Cómo imaginar un mundo sin esos maravillosos espacios donde nació la modernidad? Es, sin duda, una lástima. Una enorme pérdida cultural. Como la desaparición de los copistas. Tanto para el lector común como para el especializado, el libro-electrónico ofrece el mejor de los mundos posibles: el acceso inmediato al texto que se busca a través de una tienda online. (Por otro lado, lo cierto es que, salvo contadas excepciones, las librerías ya desaparecieron. Quedan, aquí y allá, escaparates de novedades, pero las auténticas librerías de fondo son reliquias).

4. Unas pocas grandes bibliotecas almacenarán todavía títulos en papel. Las demás se transformarán (ya sucede) en distribuidores de contenidos digitales temporales para sus suscriptores.

¿Por qué cuesta tanto esfuerzo aceptar que lo menos importante de los libros -de esos textos que seguiremos llamando libros- es el envoltorio? ¿Y que lo verdaderamente disfrutable no es presumir una caja de cartón, por más linda que sea, sino adentrarse en sus misterios sin importar si las letras están impresas con tinta o trazadas con píxeles? El predominio del libro-electrónico podría convertirse en la mayor expansión democrática que ha experimentado de la cultura desde... la invención de la imprenta. Para lograrlo, hay que remontar las reticencias de editores y agentes e impedir que se segmenten los mercados (es decir, que un libro-electrónico solo pueda conseguirse en ciertos territorios).

La posibilidad de que cualquier persona pueda leer cualquier libro en cualquier momento resulta tan vertiginosa que aún no aquilatamos su verdadero significado cultural. El cambio es drástico, inmediato e irreversible. Pero tendremos que superar nuestra nostalgia -la misma que algunos debieron sentir en el siglo XVI al ver el manuscrito deLas muy ricas horas del duque de Berry- para lograr que esta revolución se expanda a todo el orbe.

 

[Publicado el 15/10/2011 a las 20:18]

[Etiquetas: libro; libro electrónico]

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Comentarios (13)

  • No podemos prohibir lo inevitable, quien no pueda encriptar le va a ir mejor poner los libros gratuitos en internet, La mayoría de las obras maestras apenas dieron dinero por ventas a sus autores, lo del derecho de autor va a ser insostenible, se edita mucha vulgaridad y estamos en una época en que no hay grandes escritores que vayan a pasar a la historia, he conocido hoy a Jorge en internet y veo que trabaja (aparte de ser escritor) y me resulta esperanzador que haya gente con sus ideas, las nuevas generaciones ni siquiera leen, soy partidario de la cultura casi gratuita, ya pagamos por internet y no hay mayor museo que youtube, en fin cuando todo el mundo tenga trabajo podría cambiar de idea, tampoco pasa nada porque se acabe el libro de papel, que nos den música punkie que corren malos tiempos para la lírica, saludos

    Comentado por: Manuel Eugenio el 29/10/2011 a las 22:04

  • Estimado Jorge, estoy leyendo tu libro en papel "La guerra y las palabras", es magnífico. Lo tomé prestado de mi biblioteca pública, que he de renovar para finalizar su lectura. Te conocí por un programa de Nostromo que me baje y ahora necesito más libros tuyos, si tuviera un libro electrónico, y estuviera tu obra literaria, no tendría que hacer el pedido a mi libreria.

    Comentado por: angeles el 24/10/2011 a las 20:43

  • "¿Por qué cuesta tanto esfuerzo aceptar que lo menos importante de los libros -de esos textos que seguiremos llamando libros- es el envoltorio?"

    Porque los que nos quieren vender la imprescindible necesidad del libro electrónico son parientes de los que venden cafeteras de cápsulas y de los que han conseguido que la bisabuela y el tataranieto tengan teléfono móvil en una casa con una pluralidad de teléfonos.
    ¿Le parece a usted una imprudencia desconfiar de estos tiburones?

    Comentado por: vk el 24/10/2011 a las 16:23

  • Señor Volpi-Juan apostol, tras leer su apocalíptica diatriba sobre el fin y uso del libro impreso, sólo me resta hacerle una pregunta: ¿su nuevo libro "Leer la mente" se podrá conseguir gratuita y exclusivamente por internet? Eso espero, porque interpreto que no lo veré en ningún obsoleto anaquel de una librería, esos tugurios insanos y anacrónicos de la cultura cuyo fin inminente es la erradicación por "amanuensismo" :-P

    Comentado por: Miguel el 22/10/2011 a las 11:08

  • Estimado Jorge. Desde mi persona, lectora empedernida, (muy feliz por ello ciertamente)no acabo de entender como, desde vuestra demostrada inteligencia, podéis asustaros de la evolución natural de este nuestro mundo. No patalees amigo, adaptate.¿Acaso no escribes aún con ordenador?. No te preocupes, la añoranza no dejara que mueran los libros.

    Comentado por: Maria jose el 20/10/2011 a las 23:39

  • La verdad es que no me convence mucho eso de la "democratización de la cultura". De la televisión también se esperaban cosas parecidos y miren en que se ha convertido finalmente.
    Por lo demás me parece que usted a expuesto unos argumentos correctos y bien elaborados. No obstante yo seguiré leyendo libros de papel, por el simple hecho de que me gusta más. Y si para generaciones por venir el libro de papel no tiene el mismo valor nostálgico y estético que para nosotros, pues muy bien, que lean donde les plazca, la verdad es que no es algo que me quite el sueño.

    Comentado por: dani el 16/10/2011 a las 22:36

  • Estimado Jorge: tengo una tienda de discos y te puedo asegurar que nadie va a cambiar el placer de oír la música desde un buen LP. La sensación de llevar la aguja al disco y el suave movimiento de su superficie no tiene comparación con oír la música desde uno de esos aparatejos que llevan los jóvenes. No te preocupes, el LP de vinilo siempre seguirá ahí... :-)

    Comentado por: J.L. Ortega el 16/10/2011 a las 22:08

  • ustedes se han pensado Donde (usando que medio) estan escribiendo ?
    y en tal caso
    acusemos a la tecnologia de lo que que la tecnologia pueda llegar a ser culpable Pero meter todo el desastre que estamos viviendo en estas letras digitales no parece lo mas lucido

    Comentado por: juan-andres el 16/10/2011 a las 15:52

  • Lo llaman democratización y no lo ee.

    Por cierto ¿Que pasa? ¿que en tu pueblo no hay bibliotecas públicas?

    Parece que va a ser gracias al "comunismo" digital que ahora vamos a poder leer, cuando en cualquier biblioteca pública tienes "lo que necesitas" y más: Rand, Faukner, Hesse... que sí que igual no tienen lo últmo de Stephanie Meyer...

    Comentado por: Pufff el 16/10/2011 a las 13:45

  • Sr. Volpi, creo que en su argumentario cojea por un costado importante, pues no tiene en cuenta la durabilidad de este tipo de cachivaches electrónicos. Yo, que cuido especialmente de mi teléfono móvil, por poner un ejemplo, no he logrado que ninguno dure más de 5 años - y siempre por la paultaina pérdida de eficiencia en las baterías inevitable en cada recarga. POr no hablar de obsolescencia preprogramadas, etcétera. Todos esos problemas no se manifiestan tan rápidamente en un libro físico. Un libro, bien cuidado, puede sobrevivir décadas de continuo uso y, usualmente, sólo precisará de un cambio de encuadernación si su uso además ha sido muy descuidado.

    Un saludo,

    Comentado por: Joan el 16/10/2011 a las 13:11

  • Hola, Jorge,
    Tu no debes dejar de leer el libro de Nicholas Carr, "The Shallows. - What is the Internet doing to our brains?" Después de leerlo con cuidado (si usted no es adicto a la lectura de textos de Internet, en cuyo caso será difícil de leer el libro atentamente, como bien muestra Carr), es probable que cambie de opinión.
    Voy a mencionar sólo un efecto muy negativo de la lectura de textos con hiperlinks, como serán los electrónicos: investigaciones científicas han demostrado que las personas tienen mucho menos comprensión y memorización de los contenidos.
    Hoy día, nadie duda de que estamos destruyendo la naturaleza; por desgracia, pocas personas se dan cuenta de que con las tecnologías electrónicas también estamos destruyendo a la humanidad, empezando con ninõs y adolescentes.
    Tenemos que controlar la introducción y uso de tecnologías destructivas, como el control que se hizo de las bombas atómicas.
    El problema es que vemos la destrucción producida pelas bombas, pero no se ven la destrucción de la mente hecha por los medios electrónicos mal usados.

    Comentado por: Valdemar W. Setzer el 16/10/2011 a las 12:43

  • No sólo me gusta la tecnología, vivo de ella, pero aún así, te puedo asegurar que el libro de papel siempre estará ahí. Es como la radio, imprescindible. Saludos

    Comentado por: Mary Rogers el 16/10/2011 a las 00:58

  • Tengo una librería y no te preocupes que tus libros de papel no estarán en ella. Y animo a todos los libreros a hacer lo mismo. No te mereces que tu fondo esté en ninguna libreria.

    Comentado por: Rafa Espuig el 15/10/2011 a las 21:59

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Biografía

(México, 1968). Es autor de las novelas La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y En busca de Klingsor (premios Biblioteca Breve y Deux Océans-Grinzane Cavour). Con ella inició una "Trilogía del siglo XX", cuya segunda parte es El fin de la locura y la tercera No será la Tierra. También ha escrito las novelas cortas reunidas en el volumen Días de ira, así como Sanar tu piel amarga, El jardín devastado y Oscuro bosque oscuro. Es autor de los ensayos La imaginación y el poder, La guerra y las palabras, Mentiras contagiosas (Premio Mazatán al mejor libro del año 2008), El insomnio de Bolívar (Premio Debate-Casa de América 2009) y Leer la mente. En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en las universidades de Emory, Cornell, Las Américas de  Puebla, Pau, Católica de Chile, Nacional Autónoma de México y Princeton. Ha sido becario de la Fundación Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores de México. Ha sido condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España. Fue director de Canal 22 entre 2007 y 2011. Es colaborador de los periódicos Reforma y El País. Sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas. En 2012 recibió el premio Planeta-Casa de América por su novela La tejedora de sombras. En 2014, publica su novela Memorial del engaño en América Latina y España y, para el año 2015, estará publicada en Brasil, Portugal, Italia y Francia. Actualmente es director general del Festival Internacional Cervantino. 
 

Bibliografía

Memorial del engaño (2014). Ediciones Alfaguara, España

Leer la mente (2011). Ediciones Alfaguara, España

No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España

Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España

Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España

Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España

La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España

El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España

Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España

En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España

El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España

Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España

 

 

 

 

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