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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 27 de octubre de 2020

 Blog de Jorge Volpi

ANDERS BREIVIK COMO SÍNTOMA


 

Ted Kaczynski abandona la sala y, tras una arcada, vomita en la acera. Acaba de cumplir 17 años y se ha inscrito como voluntario en un experimento convocado por el departamento de psicología de Harvard, donde estudia matemáticas. La mayor parte de sus compañeros lo consideran brillante e inadaptado: permanece siempre solo, apenas levanta la vista y sus notas rozan la perfección. Este día, Ted se muestra más agrio que de costumbre: los organizadores le han explicado que pretenden estudiar su conversación con otro alumno para entrever sus patrones de personalidad pero, en cada una de las sesiones, su interlocutor no ha hecho sino apabullarlo, arrastrándolo a dudar de todas sus convicciones.

En realidad, el joven ha sido víctima de una trampa. Henry Murray, el autor del experimento, es el fundador de la Clínica Psicológica de Harvard aunque también trabaja para la CIA, y su proyecto consiste en anticipar la resistencia mental de los espías soviéticos. Resulta difícil saber hasta dónde esta experiencia desequilibró a Kaczynski, pero con los años abandonaría las matemáticas en favor del terrorismo y, tras causar la muerte de tres personas y herir a una docena con paquetes explosivos, pasaría a la historia con el apodo de Unabomber

            Quince años después de su captura en una choza de Montana en 1996, otro joven medroso y violento se sentiría inspirado por el manifiesto que Kaczynski publicó antes de su arresto -y habría de citarlo varias veces en las 1500 páginas de su delirante 2083: Una declaración de independencia europea-: Anders Behring Breivik, el noruego que, en su lucha contra el marxismo, el multiculturalismo y los inmigrantes musulmanes, causó más de setenta muertes en dos atentados.

            Frente a criminales como éstos, la pregunta reaparece: ¿se trata de locos solitarios, y por tanto debemos considerar sus actos una suerte de accidente, o deben ser vistos como síntomas de un mal social, y por tanto estamos obligados a corregir las circunstancias que los animaron? Más allá de que Breivik haya contado con el apoyo de otras células -el terrorismo copia el léxico de la biología-, quienes se sienten llamados a cumplir una misión para salvar a sus sociedades necesitan de una comunidad real o imaginaria que celebre -y comprenda- su sacrificio: de un público para su drama.  

            No es un sinsentido, pues, que el feroz enemigo del Islam admire a Al Qaeda: los extremos se funden y el vikingo lampiño se refleja en el espejo del talibán barbudo. En cambio, achacar su actuación a la demencia, con el objetivo de minimizarla o conjurarla, resulta improductivo: estar loco, o al menos loco como Breivik o Kaczynski, no significa carecer de razón o inteligencia -ni dejar de ser humano-, sino habitar un universo paralelo, tan sólido como el nuestro, pero dotado con una moralidad perversa.

            Porque la locura del neotemplario o el Unabomber -o en el caso paradigmático, Hitler- no fue provocada por repentinos cortocircuitos en el neocórtex o la ausencia de cierto neurotransmisor. El cerebro humano es una máquina híbrida: está formado tanto por las neuronas como por las ideas producidas en ellas. Sólo que a veces éstas se comportan como virus: si nos exponemos a sus variedades más peligrosas, es probable que terminemos contagiados. Durante años, Breivik fue inoculado con las ideas racistas y supremacistas que flotaban en su medio: los círculos neonazis escandinavos -tan bien retratados por Stieg Larsson-, las páginas web y los blogs contra la inmigración o el Islam y, por supuesto, los partidos de ultraderecha que no dudaron en acogerlo. Su enfermedad no es psiquiátrica, sino ideológica. ¿Son responsables estas organizaciones de sus crímenes? Por supuesto que no, pero sí de propiciar que un loco ponga en práctica sus teorías.

            ¿Habría que censurar a quienes propagan la discriminación, el odio racial y la xenofobia? Sólo en los casos extremos, cuando sus llamados al odio y la violencia resulten incontrovertibles. Aunque en las democracias haya que defender a ultranza la libertad de expresión, ésta no puede ser absoluta: se puede criticar toda clase de conceptos generales -incluidas las religiones-, pero no deben admitirse los atentados contra la base mínima que nos sostiene como civilización. Todos tenemos los mismos derechos, entre ellos el derecho a vivir en cualquier parte.

            Más importante es combatir las ideas con ideas. Demostrar claramente que la ultraderecha -y en especial la derecha democrática en su ansia de acercarse al electorado radical- se equivoca al animar el discurso de la diferencia y el rencor. Ese multiculturalismo que tanto odiaba Breivik tendría que ser implementado con mayor imaginación y energía en las escuelas, en los medios y en las redes sociales. No podemos permitir que otra crisis económica -como la de 1929- vulnere de nuevo nuestra mayor invención: la idea de humanidad.

 

twitter: @jvolpi         

[Publicado el 31/7/2011 a las 10:07]

[Etiquetas: Breivik; terrorismo; derecha; ultraderecha; Unabomber]

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Comentarios (6)

  • la próxima crisis mundial económica, algo semejante a la del 29, (nada descartable lamentablemente hoy) usted cree que puede llegar a venir causada por personajes como Unabomber ?

    Comentado por: juan andres el 10/8/2011 a las 15:55

  • Sí, disculpe. Quiero decir que no entiendo por qué dice usted en alguna entrevista que el español ya no es la lengua articuladora de América Latina. No sé cómo ni cuando, 400 millones de personas de 20 paises han dejado de hablar español entre ellos para entenderse en otro idioma. Es más, se está implantando en el sistema educativo brasileño para incrementar el intercambio comercial de aquella potencia regional con los paises hispanohablantes vecinos, y por la misma razón se proyecta reintroducirlo en la educación filipina, y en el sur de Estados Unidos pronto alcanzará el mismo rango que el inglés. Mientras que la media de implantación del inglés y el francés en los paises donde se hablan estas lenguas, es del 30% (porque en África compiten con el árabe, otras lenguas tribales y la ignorancia), el español en América Latina alcanza el 90%, y se va a consolidar como la segunda lengua materna más hablada del mundo. En España hay otras lenguas regionales, que se fomentan mucho, y además todo el mundo quiere estudiar inglés, y algún día chino,
    pero ¿podríamos llegar a decir un día que el español ha dejado de ser la lengua que articula al conjunto de las regiones de España? A lo mejor no he entendido lo que quiere decir usted exactamente.

    Comentado por: Francisco Silva el 06/8/2011 a las 20:37

  • Señor Silva: Por favor, tenga la gentileza de reescribir su comentario -- que parece interesante -- pero no es claro, en especial la referencia a los países que pone de ejemplo. Gracias.

    Comentado por: Ifigenia el 05/8/2011 a las 23:05

  • He leído que ha dicho usted que el español ya no es la lengua articuladora de América Latina. Son ganas de decir originalidades. A no ser que entre semana la gente hable, en México, Argentina o Colombia, el chino, y los fines de semana en ingles, o en Perú sin vocales, y en la república Dominicana al revés. Yo me meto habitualmente en páginas de internet donde nos entendemos hispanohablantes de unos veinte paises, perfectamente. Es más, una de las mayores industrias españolas es la de publicación de libros, gracias a Latinoamérica, y premiamos en los concursos de aquí a muchos argentinos y hasta guatemaltecos. Las librerias están inundadas de escritores americanos. ¿El día que el inglés deje ser la lengua articuladora entre Inglaterra y Estados Unidos o Australia, será porque toman otro tipo de coca-cola en cada pais?

    Comentado por: Francisco Silva el 05/8/2011 a las 07:32

  • Aquellos que hemos crecido y vivido en países multiculturales por la sencilla razón que estos paises nacieron con la inmigración nos cuesta comprender a personas como Breivik, porque lo natural en nosotros ha sido compartir nuestros juegos con niños polacos,húngaros,belgas, italianos,alemanes,turcos,libaneses,lituanos,etc. etc.Nos hemos enriquecido culturalmente los unos con los otros.Descubrimos notables similitudes y encantadoras diferencias!Aprendimos a apreciarnos los unos a los otros.Tenemos Ferias con stands de todas las naciones donde se muestran los respectivos folklores y asistimos felices,dichosos de haber compartido tantos momentos importantes que nos identifican dentro de una verdadera universalidad.

    Comentado por: Aran el 02/8/2011 a las 13:03

  • No sé, a mí me parece que las personas, independientemente de sus ideas, tienen también un temperamento. Algunas son más propensas a la violencia, y sí, creo que en ello haya factores biológicos. Las ideas del entorno las toman como armas, si este tipo hubiera nacido árabe, seguramente se habría unido a Al Qaeda, que dice usted que él admira. Por otro lado, todos llevamos en nosotros la posibilidad de convertirnos en ellos, en ese estado de guerra en que dicen que él se encuentra. Lo tengo cada vez más claro. Vives una vida medianamente normal y de pronto un día, llegan hombres armados, te amenazan, disparan, matan a gente que amas en tu presencia. ¿Quién no empuñaría una pistola para defenderlos? ¿Quién anularía su miedo y su rabia en cuestión de un día? Todo se propaga. Es absurdo creer que en este mundo en el que todos sabemos las cosas terribles que ocurren cada día, más lejos, una matanza es una excepción. Tendrá razón en que hay algo debajo, pero me temo que no es algo a lo que se le pueda poner la etiqueta de una idea política. Y aquí voy a clavar una pica en nombre de Horrach, los privilegios.

    Comentado por: mabra el 01/8/2011 a las 12:35

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Biografía

(México, 1968). Es autor de las novelas La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y En busca de Klingsor (premios Biblioteca Breve y Deux Océans-Grinzane Cavour). Con ella inició una "Trilogía del siglo XX", cuya segunda parte es El fin de la locura y la tercera No será la Tierra. También ha escrito las novelas cortas reunidas en el volumen Días de ira, así como Sanar tu piel amarga, El jardín devastado y Oscuro bosque oscuro. Es autor de los ensayos La imaginación y el poder, La guerra y las palabras, Mentiras contagiosas (Premio Mazatán al mejor libro del año 2008), El insomnio de Bolívar (Premio Debate-Casa de América 2009) y Leer la mente. En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Ha sido profesor en las universidades de Emory, Cornell, Las Américas de  Puebla, Pau, Católica de Chile, Nacional Autónoma de México y Princeton. Ha sido becario de la Fundación Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores de México. Ha sido condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Católica de España. Fue director de Canal 22 entre 2007 y 2011. Es colaborador de los periódicos Reforma y El País. Sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas. En 2012 recibió el premio Planeta-Casa de América por su novela La tejedora de sombras. En 2014, publica su novela Memorial del engaño en América Latina y España y, para el año 2015, estará publicada en Brasil, Portugal, Italia y Francia. Actualmente es director general del Festival Internacional Cervantino. 
 

Bibliografía

Memorial del engaño (2014). Ediciones Alfaguara, España

Leer la mente (2011). Ediciones Alfaguara, España

No será la tierra (2006). Ediciones Alfaguara, España

Dos novelistas poco edificantes (2004). Volpi, Jorge; Urroz, Eloy. Algaida Editores, España

Geometric intimacies. Sebastián Sculptor (2004). Ediciones Turner, España

Geometría emocional. Sebastián escultor (2004). Ediciones Turner, España

La guerra y las palabras (2004). Editorial Seix Barral, España

El fin de la locura (2003). Editorial Seix Barral, España

Desafíos de la ficción (2002). Volpi, Jorge, [et. al.] Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones, España

En busca de Klingsor (2000). Círculo de Lectores, España

El juego del apocalipsis: un viaje a Patmos (2000). Nuevas Ediciones de Bolsillo. España

Tres bosquejos del mal (2000). Urroz, Eloy; Padilla, Ignacio; Volpi, Jorge. El Aleph Editores, España

 

 

 

 

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