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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 24 de agosto de 2019

 Río Fugitivo / Blog de Edmundo Paz Soldán

Camus

A mediados de los ochenta yo vivía en Buenos Aires y trataba de ponerme al día con los clásicos de la literatura. Había leído los ensayos de Vargas Llosa en Contra viento y marea y gracias a ellos descubrí a Jean Paul Sartre y Albert Camus. Esas lecturas, junto a las de Kafka y Onetti, hicieron que cumpliera los veinte años convertido en un fervoroso existencialista. Pensaba que la vida era un absurdo y que la verdadera filosofía consistía en saber que cinco minutos después de estar muerto no quedaría nada de mí. Veía existencialismo por todas partes: escuchaba una canción de The Cure, "Killing an Arab", y me decía que tenía que haber sido compuesta después de una lectura de El extranjero.

Todos esos escritores del absurdo podían dialogar entre sí, pero yo sabía que tenía que optar entre Sartre y Camus. En esa época, la estrella de ambos estaba a la par: Sartre iba bajando de su sitial privilegiado, y Camus comenzaba a ser rehabilitado. La naúsea me pareció una muy buena novela, con esas escenas en las que Roquentin descubre la alienación de su propio cuerpo; sin embargo, los ensayos de Sartre me parecían farragosos y no podía terminarlos. En cambio, todas las páginas de Camus eran luminosas, transparentes, e invitaban a la relectura. En principio, no me incliné por Camus debido a una cuestión filosófica y moral, sino por razones estéticas. No entendía del todo El extranjero, pero Mersault me conmovía, y en los Carnets había momentos de belleza aterradora.

Después leí El hombre rebelde y El mito de Sísifo, que se convirtieron en mis libros de cabecera. Con ellos descubrí que había diferencias entre el existencialismo de Sartre y el de Camus. El de Sartre no ofrecía salidas; el de Camus era una suerte de "buen nihilismo" -las palabras son de Henri-Levi--, capaz de sugerir que el absurdo no debía llevar al suicidio, sino más bien a la rebeldía. Había que vivir la contradicción de una vida destinada a la muerte, asumirse como un Sísifo feliz de llevar a la cima una y otra vez esa roca que inevitablemente volvería a rodar hacia abajo.

Camus encarnó un modelo de intelectual que ya casi no existe: el del hombre comprometido con las grandes causas políticas y sociales de su tiempo. Luchó contra el nazismo uniéndose a la resistencia y creando Combat, un periódico clandestino. Fue uno de los primeros en denunciar las atrocidades del estalinismo, allá a principios de los cincuenta, cuando Sartre y los demás minimizaban las purgas y el gulag; ante aquellos que decían que la violencia era necesaria para lograr la sociedad comunista sobre la tierra, Camus señaló que ninguna ideología podía justificar la muerte de un solo hombre. Durante la guerra fría, esas palabras podían sonar ingenuas y románticas, pero el tiempo ha demostrado que había lucidez en ellas, la honestidad moral de alguien que supo ver antes que otros que hay valores humanos más importantes que el triunfo de una ideología bajo la premisa maquiavélica de que el fin justifica los medios.

Si en algo se equivocó Camus fue en la defensa de una salida federal para Argelia. Eso hizo que algunos críticos lo vieran como un colonialista más. Pero sus textos poderosos sobre la pobreza en Argelia no son los de un colonizador. Camus había nacido en Argelia, en el seno de una familia pobre-el padre muerto cuando él tenía apenas un año, la madre muda--, y nunca hizo de esa marginalidad una bandera. Pensó, de verdad, que Argelia podía tener un lugar dentro de Francia.

Hoy el contexto es otro; un escritor no podría, ni aunque quisiera, ocupar la posición de Camus o de Sartre. A cincuenta años de su muerte, hay que volver a Camus no con el deseo nostálgico de que los intelectuales recuperen un lugar privilegiado en la esfera pública, sino con el deseo de aprender de un escritor para quien no había divorcio entre las palabras y las cosas.

(La Tercera, 11 de enero 2010)

[Publicado el 13/1/2010 a las 03:33]

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Comentarios (9)

  • Hola Juan Andrés.....me alegro que te guste mi pregunta, nuestra América progresará cuando nos dejemos de prejuicios y complejos.....eso es logra según mi personal criterio educandose y tabajando libremente, sin influencias de dogmas y supuestos enunciados de los que tienen mas presencia mediática manipulada y que se introducen en mentes vagas y culpando a los demás por el resultado de su vida.

    Comentado por: todotranqui el 16/2/2010 a las 01:12

  • me encanto tu pregunta, todotranqui,

    ? el idealismo es patrimonio exclusivo de la izquierda ?
    pareceria ser que la confrontacion sigue Bien se podria esperar que nuevas generaciones en nuestra America trajeran nuevas cosas pero, pero ...

    Comentado por: juan-andres el 13/2/2010 a las 17:23

  • ¿El idealismo es patrimonio exclusivo de la izquierda?

    Comentado por: todotranqui el 24/1/2010 a las 19:27

  • Muy interesante este texto que muestra que muchos de los intelectuales de hoy están volviendo los ojos hacia Camus, por su mayor coherencia. ¿Seguirá Vargas Llosa sintiendo admiración por él, cuando es capaz de llamar idealista a Sebastián Piñera? Cosas curiosas de hoy en día; el "pequeño sartrecillo" peruano quizá no solo abandonó a Sartre sino que, lo peor, abandonó en sus actos a Camus.

    Comentado por: Derik Latorre Boza el 22/1/2010 a las 23:21

  • Tatiana, puedes incluirme en tu directorio, sólo dime dónde lo encuentro.

    Comentado por: edmundo el 20/1/2010 a las 16:58

  • Hola¡
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    Comentado por: tatiana el 19/1/2010 a las 23:03

  • Un intelectual mudo, siempre es conveniente para el stablishment... La palabra de por sì es incòmoda al Poder...veamos la contraparte del statu quo, en Noam Chomsky....Sin embargo, hay varios intelectuales de izquiera, derecha y "neutrales" que se hacen presente desde Saramago a Eco, pasando por Vargas Llosa..Sucede que en este mundo global no nos llegan los ecos de alemanes u otros, que son escritores de su tiempo, siglo y època...ganeralizar es aproximarse a la ideologìa de un cuartel..Gelman, Cardenal, galeano, suelen tambièn estar presentes, especialmente el argentino que escribe columnas sistemàticamente...Cada tiempo arrastra su historia...La literatura es parte de ella...La principal misiòn de un escritor seguirà siendo escribir, pero no ausentarse de la realidad que ya es ficciòn...

    Comentado por: rolando gabrielli el 15/1/2010 a las 17:19

  • divorcio que ha jodido mucho al arte y no solo al arte claro

    " que hay valores humanos más "

    Comentado por: Juan-Andrés el 13/1/2010 a las 17:37

  • Bernard Henri-Levy en Francia y Jurgen Habermas en Alemania ocupan ese lugar que Camus o Sartre ocupaban.

    El intelectual puede ocupar ese lugar. Todo depende de cuan involucrado este quiere estar.

    Comentado por: diego covarrubias el 13/1/2010 a las 04:28

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Biografía

Edmundo Paz Soldán (Cochacamba, Bolivia, 1967) es escritor, profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Cornell y columnista en medios como El País, The New York Times o Time. Se convirtió en uno de los autores más representativos de la generación latinoamericana de los 90 conocida como McOndo gracias al éxito de Días de papel, su primera novela, con la que ganó el premio Erich Guttentag. Es autor de las novelas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio quemado (2006), Los vivos y los muertos (2009), Norte (2011), Iris (2014) y Los días de la peste (2017); así como de varios libros de cuentos: Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1988).

Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas y ha recibido galardones tan prestigiosos como el Juan Rulfo de cuento (1997) o el Naciones de Novela de Bolivia (2002).

Bibliografía

Los días de la peste (2017) 

 

 

 

Iris (2014). Alfaguara

 

 

Portada 'Los vivos y los muertos' 

Norte (2011). Mondadori

 

 

Billie Ruth (2012). Páginas de Espuma

 

 

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