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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 13 de agosto de 2020

 Río Fugitivo / Blog de Edmundo Paz Soldán

Últimos atardeceres

Debería poder contar en esta reseña lo que sentí al leer El fondo del cielo, la nueva novela de Rodrigo Fresán. Debería poder decir, por ejemplo, que la primera parte me pareció tan misteriosa como perfecta, y que quedé enganchado con la trama compleja que se iba desplegando; que la segunda parte no la entendí en la primera lectura; y que la tercera, en que las preguntas que se hacía la novela encontraban respuesta pero el misterio permanecía, la leí entre la fascinación y las dudas. Cuando terminé la novela, sentí que algo me faltaba, y no sabía si la culpa era de Fresán o mía o de ambos. Pensé entonces que quizás Fresán la había editado mucho, que a su estilo le convenían las grandes distancias -digamos, las digresiones alucinadas de Mantra--. Pero luego, muchas horas después, me ocurrió el Incidente: ese momento en que todo se armó en mi cabeza, y comprendí. Recordé que había tenido experiencias similares con Pedro Páramo y Respiración artificial, novelas que persisten en mí mucho tiempo después de haberlas leído, y sentí, ahora sí, que El fondo del cielo había llegado para quedarse. Un Fresán que escribe corto es tan o más bueno que uno que escribe largo.   

En el making off de la novela, Rodrigo Fresán escribe que el germen consistía en una frase que él había anotado en una libreta: "mujer arrasa como un tsunami a tres hombres/ love story/ TRISTEZA!!!". Impacta ver cómo, muchos años después, el producto final mantiene una fidelidad absoluta a esa frase. El fondo del cielo es una historia de amor poco o nada convencional -con atisbos más místicos que eróticos, como lo ha visto bien Javier Calvo--, que remite a una desolada soledad cósmica. Fresán también menciona que El fondo del cielo no es una novela de sino con ciencia-ficción. Sí y no. Es de y con. Después de todo, uno de los narradores más interesantes de esta novela es un extraterrestre (eso es ciencia ficción). La soledad cósmica tiene que ver la quieta desesperación de ese extraterrestre.

Todo comienza con dos primos judíos, Isaac Goldman y Ezra Leventhal, que viven en Nueva York y, como tantos otros adolescentes, son abducidos por la ciencia ficción, género que en ese entonces vivía su esplendor (no se mencionan épocas, pero no cuesta nada pensar que se trata de la década del cincuenta). Isaac y Ezra se desentienden de lo que se llevaba en esos años ("la ciencia ficción se había convertido en una combinación de pronóstico meteorológico con página de horóscopos con carrera de cien metros llanos. Lo importante no era escribir bien sino llegar mas rápido y antes que los demás. La imaginación no debía ser reflexiva sino desaforada"), y crean un grupo de dos, Los Lejanos. Y los lejanos conocen al siniestro Jefferson Washington Darlingskill, y los tres conocen a Ella y se enamoran.

Ella, una chica de su edad, es descrita con connotaciones místicas: "su rostro (...) es el resplandor que todo lo ilumina y lo arrasa". La novela es la historia del bing bang y lo que ocurre después de que los Lejanos y Darlingskill se enamoran de la "chica rara". Porque, claro, la amistad no puede sobrevivir a "la súbita irrupción del amor en el hospital de la juventud", ni a otras cosas que mejor no contar. Ezra se va y apuesta por la ciencia; Isaac se queda y continúa con la ficción. Y ella se convierte para ellos en el monolito sagrado de 2001: Odisea en el espacio. A estas alturas, Fresán ya ha hecho múltiples guiños referenciales y se ha apropiado no sólo de Kubrick sino de Oesterheld (la nieve de El Eternauta), Philip Dick y el Loriga de Tokio ya no nos quiere. Por supuesto, falta más, mucho más: en la máquina mezcladoran entran Vonnegut, Cheever, Rothko, Bradbury, Bolaño, Bioy Casares, Borges...   

Fresán utiliza estrategias narrativas de la ciencia ficción, pero no está, como suele estarlo el género, interesado en el futuro, sino en el pasado. De hecho, toda la novela se narra como si el futuro ya hubiera ocurrido. En la segunda parte esto se hace más claro. Y aquí aparece otra historia de amor: la del extraterreste que habita en Urkh 24 (un planeta que ya había aparecido en otras ficciones de Fresán, y que es otra versión de Canciones Tristes, su ciudad inventada) por la especie humana. Lo que esta voz narrativa tan extraña como poderosa relata es "la historia de uno de los fracasos más triunfales... que jamás ha tenido lugar en esta galaxia o en cualquier otra". Los extraterrestres podían haber invadido la tierra con naves "grandes y ominosas y elegantes", pero no lo hacen porque se quedan deslumbrados contemplando las idas y venidas de los seres humanos -"nos gustaba tanto observarlos"--. Y al final, en la contemplación, se van enfermando y muriendo, hasta que solo queda uno, el narrador, nostálgico, observando los últimos atardeceres sobre su planeta.

La última parte está narrada por la "chica rara". Y ahí nos enteramos que ella sirve como un puente entre el extraterrestre y la tierra, ha sido elegida "para traer visiones de un mundo a otro". En esta sección, el diálogo es con un cuadro de Mark Rothko, Yellow and Blue (Yellow, Blue on Orange), que para la "chica rara" es una postal con los colores de los cielos de Urkh 24. Si en la segunda parte la soledad cósmica invadía la novela, en la tercera "el último y final fin del mundo" --los fines del mundo son muchos en El fondo del cielo--, encuentra un único y suficiente contrapeso en el amor de los Lejanos por ella y de ella por los Lejanos, los tres congelados en una imagen, ellos mirándola, "en aquella noche clara, en la nieve, en otro planeta, en nuestro planeta, en un planeta que será nada más que el nuestro". Hay muchos apocalipsis, pero el que de veras importa quiere soñarse con un final feliz.  

Pocas cosas más sorprendentes que descubrir que el irónico y lúdico y posmo Fresán ha escrito una de las mejores novelas de amor de la literatura contemporánea.
 
(Letras Libres-España, diciembre 2009)
 

[Publicado el 01/12/2009 a las 08:01]

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Comentarios (7)

  • Por cierto, me encantaría poder leer Mantra, pero se me ha hecho muy difícil conseguirlo en México. ¿No sabes si se puede conseguir en línea?
    Leí también Historia Argentina y me pareció un libro fabuloso también.

    Comentado por: Cada cual con su quimera el 16/4/2010 a las 20:21

  • Hola Edmundo,
    Aunque hace tiempo que reseñaste esta novela hasta hace poco terminé de leerla y quería hacer algunos comentarios. En primer lugar me gustó mucho. Tal vez coincide la lectura con ciertas circunstancias de nuestra vida para que nos guste un libro o no, pero esta novela me llegó muy hondo. Supongo que por el tono de tristeza que tiene. Tienes mucha razón, yo la resumiría con el adjetivo de TRISTEZA. Supongo que a aquellos que no les gustó todavía no han llegado a ese momento en que uno voltea hacia atrás, ese momento en que ya no podemos ver al futuro sino al pasado para seguir viviendo. Aunque aquí implica el fin del mundo, todos podemos sentir que nuestro mundo se ha acabado pero nos sentimos orgullosos de lo que quedó en nuestra memoria. Y ése es el sentir que queda al leer El Fondo del Cielo, que viendo hacia atrás podemos ser mejores, sabemos entonces lo que habríamos cambiado. Leyéndolo me suena un poco cursi, pero no importa, no importa porque si hay un libro así, es porque alguien más ha sentido nostalgia por lo que ya se fue, por lo que no pudo ser, por lo que nos duele, pero que también nos hace sentir vivos. Ni modo, hay veces en que hay que asumir esto.
    Saludos.

    Comentado por: Cada cual con su quimera el 16/4/2010 a las 20:17

  • Esta novela no me convenció.

    Comentado por: Frank el 15/1/2010 a las 21:15

  • El fondo del cielo es una novela con una retórica insoportable. La historia nunca arranca, todas las voces de los narradores se parecen. Está cargada de opiniones y comentarios que sobran. Pasa poca cosa en esa novela y es tan ególatra que no da respiro. Es como si Fresán hubiera querido escribir una novela de ciencia ficción, no hubiera podido, y se hubiera dedicado a hacer este objeto híbrido y petulante. Me gusta el Fresán comentarista de libros gringos. Ahí hay algo, en la ficción falla. Es demasiado consciente de lo que escribe, y eso se torna un problema

    Comentado por: juan castro el 18/12/2009 a las 19:08

  • Stiffelio, difícil rankear las novelas de Fresán. Las tres que más me gustan son Mantra, Kensington y la nueva. Son tan diferentes, es difícil compararlas. Tengo una debilidad por Mantra, pero El fondo tiene algo especial, vale la pena que la leas.

    Comentado por: edmundo el 10/12/2009 a las 04:37

  • notable el comentario que haces. me gusta esa idea de la novela que se termina de armar como si fuera un aftershock del texto. para mì la mejor literatura (y cine) siempre ha funcionado de esa manera. la genialidad se cristaliza como por acto de inercia. gran crítica edmundo.
    abrazo

    Comentado por: mike el 02/12/2009 a las 15:15

  • Wow,Edmundo! Me dejaste patitieso con tu frondosa y sesuda crítica de la nueva novela de Fresán. He leído poco de Fresán. Sólo sus cuentos de "Historia Argentina" (que dicho sea de paso, ha sido recientemente re-editada con agregados por parte del autor) y "Vidas de Santos". Siempre procrastiné mi decisión de encarar sus novelas, porque en su momento quizás no estaba preparado para tanto dislate creativo. Y esta novela no parecería ser la excepción. Pero tu crítica es tentadora. Y el tema: una historia de amor místico intergaláctico e intertemporal?! ¿Cómo rankearías esta novela comparada con las otras de Fresán? Gracias y saludos.

    Comentado por: Stiffelio el 01/12/2009 a las 16:44

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Biografía

Edmundo Paz Soldán (Cochacamba, Bolivia, 1967) es escritor, profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Cornell y columnista en medios como El País, The New York Times o Time. Se convirtió en uno de los autores más representativos de la generación latinoamericana de los 90 conocida como McOndo gracias al éxito de Días de papel, su primera novela, con la que ganó el premio Erich Guttentag. Es autor de las novelas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio quemado (2006), Los vivos y los muertos (2009), Norte (2011), Iris (2014) y Los días de la peste (2017); así como de varios libros de cuentos: Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1988).

Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas y ha recibido galardones tan prestigiosos como el Juan Rulfo de cuento (1997) o el Naciones de Novela de Bolivia (2002).

Bibliografía

Los días de la peste (2017) 

 

 

 

Iris (2014). Alfaguara

 

 

Portada 'Los vivos y los muertos' 

Norte (2011). Mondadori

 

 

Billie Ruth (2012). Páginas de Espuma

 

 

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