¡El horror, el horror!

fuente: http://pedropablofiles.wordpress.com
La semana pasada tuve la oportunidad de participar en un curso de verano dedicado a Edgar Allan Poe y sus descendientes en la literatura española y latinoamericana. No es casual que haya sido Fernando Iwasaki el encargado de organizar este curso en El Escorial; este escritor peruano es hoy por hoy uno de los que más está haciendo por la literatura de horror en español: por un lado, como coeditor, junto a Jorge Volpi, de una de las mejores compilaciones de la obra de Poe que se han publicado este año en que se celebra el bicentenario de su nacimiento (Cuentos completos, Páginas de Espuma, 2009); por otro, como autor de Ajuar funerario (Páginas de Espuma, 2004), un notable libro de microrrelatos que logra darle un toque cómico e ingenioso al género del horror y ha sido todo un éxito de crítica y lectores.
Espido Freire habló sobre las relaciones entre lo vampírico y lo femenino. La escritora españala comenzó de manera evocativa, recordando su adolescencia de "chica gótica" y sus primeros encuentros con lo vampírico en Beowulf, en una película de Polanski (El baile de los vampiros) y en las tradiciones vascas de la lamia. Luego analizó cómo la figura del vampiro ha sido revalorizada por la cultura popular en los últimos años, pero con un cambio preocupante: si el Drácula de Stoker era un personaje complejo, lo que cuenta hoy es la idea simplista del vampiro como un ser malvado por sí mismo, un eterno adolescente cuyo único mérito reside en su belleza y su carisma. El mensaje de novelas como Crepúsculo para las adolescentes parece ser: hay placer en ser poseída. Espido señaló que no tenía interés en hacer una lectura moralista de textos literarios; sin embargo, eso fue lo que hizo. Al discutir una escena clave de Frankenstein -el encuentro del monstruo con la niña del lago--, se preguntó dónde estaban los padres de la niña (en estos tiempos, se le exige corrección hasta a los monstruos: algunos vampiros en True Blood y Crepúsculo rechazan beber sangre humana).
Una de las ponencias más esclarecedoras fue la de Peter Elmore, que habló del lado siniestro de la literatura latinoamericana. El escritor y crítico peruano construyó un corpus sugerete de la literatura fantástica del siglo pasado, que incluía textos canónicos -"La gallina degollada", de Horacio Quiroga; "Casa tomada" y "Las puertas del cielo", textos de Cortázar que dialogan con Poe ("La caída de la casa de Usher" y "Ligeia", en especial); Aura, esa gran reescritura del relato gótico- y otros no tan conocidos: La doble y única mujer, novela corta del vanguardista ecuatoriano Pablo Palacio, y Sombras suele vestir, del argentino José Bianco.
Elmore señaló que en la literatura latinoamericana no hay un género propiamente dicho de lo fantástico o del horror. Por ello, leemos lo fantástico como realismo mágico; De sobremesa, novela del colombiano José Asunción Silva, como un texto crucial del modernismo y el decadentismo, pero no como literatura fantástica. Lo mismo puede decirse de Pedro Páramo, una novela de fantasmas discutida sobre todo en la categoría abarcadora de la producción literaria en torno a la revolución mexicana.
Mayra Santos se detuvo en El corazón de las tinieblas, la novela corta de Conrad influyente en textos relacionados con lo que ella llamó con acierto "el horror racializado". En Conrad el encuentro en Africa con lo primitivo, lo animal, lo atávico, produce una seducción: Kurtz deja de ser el europeo civilizador para convertirse en un salvaje. Para Mayra, la reconfiguración de este imaginario perturbador sólo se producirá en el Caribe y América Latina a partir de El reino de este mundo (1949), de Alejo Carpentier.
Las palabras de Mayra me hicieron pensar en la literatura indigenista de la región andina. Como en Conrad, el terror racializado tiene que ver con el clima de violencia constante, los abusos de todo tipo hacia los indios, pero también con el pánico ante la posible venganza indígena. Y es cierto que hubo fascinación por lo indígena -muchas de las novelas tratan de la violación de una hermosa mujer india--, pero predominó el miedo a que el contacto revelara que los "blancos" eran más bien mestizos con sangre indígena que se hacían pasar por "blancos".
Sí, el miedo, el horror. Vale la sugerencia de Elmore: habría que volver a los clásicos indigenistas -Alcides Arguedas, Ciro Alegría, Jorge Icaza- y leerlos como literatura de horror.
(La Tercera, 10 de agosto 2009)
[Publicado el 10/8/2009 a las 11:24]
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No puede ser todo bonito,sencillo y comodo...no puede ser todo con fines felices y sonrisas...tampoco puede ser todo alegrias,necesitmos horror,horror en nuestras vidas y en nuestras mentes.
Comentado por: Yasmine Arnez el 28/8/2009 a las 23:52
Me parece curioso que Peter Elmore, gran critico de la literatura Hispanoamericana haya deslizado ese vacio categorico entre lo fantastico y el terror, pues si bien hay muchas variantes de lo que denominamos fantastico y las mas aceptada es la ambiguedad Todoroviana: "La ambigüedad se mantiene hasta el final de la aventura: ¿Realidad o sueño? ¿Verdad o ilusión? De este modo nos vemos arrastrados al corazón de lo fantástico. El fantástico ocupa el tiempo de esta incertitumbre. Desde el momento que escogemos una o la otra, abandonamos lo fantástico para entrar en un género vecino, lo extraño o lo maravilloso. El fantástico es la duda experimentada por un ser que sólo conoce las leyes naturales, frente a un acontecimiento aparentemente sobrenatural." Pero sobre lo Gotico se puede mantener un debate, a mi me vienen a la mente novelas escritas en los 90 como "El Viaje que nunca termina" de Carlos Calderon Fajardo, donde escribe una novelita Gotica sobre la llegada de Sarah Hellen, famosa Vampira mitificada con la presencia del mismo Stocker como personaje. Creo que estamos por descubrir todo un continente donde esos relatos fantasticos habitan desde lo mitos andinos y en las tradiciones orales oportunamente llevadas en algunas obras monumentales como en la de Arguedas y tantos otros...
Comentado por: jucezave el 24/8/2009 a las 00:04
tus lectores esperamos tu siguiente entrada edmundo, como que ya muy larga la espera de 11 dias no? un abrazo
Comentado por: un cronopio el 21/8/2009 a las 17:46
muy interesante el curso, pero te faltó hablar de "El sotano", eso si es el horror en estado puro
http://ventiproducciones.blogspot.com/
Comentado por: realizadora el 19/8/2009 a las 13:07
Comentado por: javier payeras el 18/8/2009 a las 23:50
Querido Edmundo,
Qué interesante. Justo hoy volví a ver Cronos, de Guillermo del Toro y me volvió a fascinar la fórmula inagotable de los cuentos de hadas en un mix perfecto con el horror. La niña -personaje central en la estética de del Toro- es la mirada que necesitamos para que el horror sea placentero.
Visto así, La bella durmiente es de los primeros cuentos góticos de horror que nos comemos cuando empezamos a caminar. Estamos marcados...
Comentado por: Giovanna Rivero el 16/8/2009 a las 07:10
Por si a alguien le interesa, puede leerse "La doble y única mujer" de Pablo Palacio en esta dirección
http://espanol.geocities.com/cifiper2002/palacio.htm
Comentado por: Daniel Salvo el 14/8/2009 a las 07:41
Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de nueve novelas, entre ellas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio Quemado (2006) y Los vivos y los muertos (2009); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Su libro más reciente es Norte (Mondadori, 2011). Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo de cuento (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido una beca de la fundación Guggenheim (2006). Colabora en diversos medios, entre ellos los periódicos El País y La Tercera, y las revistas Etiqueta Negra, Qué Pasa (Chile) y Vanity Fair (España).

Norte (2011). Mondadori
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