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El blog literario latinoamericano

lunes, 13 de febrero de 2012

 Río Fugitivo / Blog de Edmundo Paz Soldán

Benedetti

La lectura de Benedetti estuvo marcada por una etapa en la vida. Era la adolescencia, los años de las guitarreadas en Cochabamba, el tiempo en que yo tenía, sobre todo, una relación sentimental con el entorno. Benedetti estaba de mi lado: esos poemas coloquiales, de rima fácil, estaban ahí para ayudarme a conquistar a una chica o sobrellevar una ausencia. Triunfaban los sentimientos correctos: el amor, la lealtad, la amistad ("Tus manos son mi caricia/ mis acordes cotidianos/ te quiero porque tus manos/ trabajan por la justicia). La utopía era posible. Yo tenía catorce o quince años cuando plagié El cumpleaños de Juan Ángel.

Me hice mayor, descubrí a Kafka y Onetti y me avergoncé de ciertos gustos, ciertas lecturas. Había que superar a Benedetti, a Hermann Hesse. Los dejé de leer. Muy de vez en cuando, aparecía un amigo que defendía La tregua, una amiga que decía haber leído dos veces sus cuentos completos ("hay cosas ahí, una épica de la vida cotidiana").

Ahora que Benedetti no está, recuerdo que hubo un momento en que me llevé bien con el mundo gracias a sus poemas. Tendemos a valorar los descubrimientos literarios de la edad adulta más que los de otras épocas más ingenuas. Pero los gozos de la infancia y la adolescencia no deberían ser tenidos a menos. Yo le agradezco a Salgari porque estuvo conmigo a los diez años, y a Benedetti, porque me entendió entre los catorce y los diecisiete.

[Publicado el 19/5/2009 a las 02:12]

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Comentarios (5)

  • Benedetti...grande entre grandes
    Yo tambien me avergoncè;los chicos de 12 años no suelen leer escritos de Benedetti y yo en cambio los leìa.
    Me marcò otra personalidad,que ni si quiera yo entendìa...

    Comentado por: yasmine arnez el 27/5/2009 a las 21:34

  • Alex,

    "Se quedo en las paredes de "Rio Fugitivo"." por que no explicas eso

    Comentado por: juan andres sapriza el 24/5/2009 a las 15:46

  • Se quedo en las paredes de "Rio Fugitivo".

    Comentado por: Alex Salinas el 22/5/2009 a las 05:05

  • Edmundo:

    Me parece interesante lo que dices, destacando el "idealismo" de los 14 a los 17. No comparto tu punto de vista, pues creo que siendo una etapa de "idealismo" es una etapa también durísima, que a uno le puede costar la vida misma.

    Yo lo gocé, sí, en su poesía, pero me cautivó en lo más profundo, la sola lectura de La tregua. Luego de aquella experiencia, un libro muy triste, doloroso, me encontré con Gracias por el fuego (Alfaguara, 1987), novela que me ha dejado algunas marcas, aunque he olvidado en lo fundamental su trama. El olvido a veces cumple su misión; estoy releyendo algunos pasajes y sigo sin recordar cómo termina, cómo transcurre la historia, como si hubiera leído ese libro para este tiempo, es decir, para releerlo ahora, pues sé que fue importante para mí., aunque no sé por qué. Me encontré un pasaje hermoso que subrayé en mi lectura antigua:

    "[...] El sexo es es el único sucedáneo de la imposible felicidad, ésta que sólo alcanzan los moluscos; el sexo es lo único que da, por instantánea que sea, la sensación de plenitud. Pero Dolores no es sólo sexo. Más aún, creo que para mí Rosario fue sexo con más derecho, más potencia, más naturalidad. Me refiero sólo a eso: sexo. Dolores es sexo y algo más. Y sólo ese algo más convierte lo sexual en el deleite torturado, condenado y urgente, que viene a ser el amor, ya que hay que nombrarlo de algún modo. Precisamente porque su cuerpo no es exuberante, sino más bien desvalido, precisamente porque no tiene senos imbatibles, avasalladores y contundentes como los de la secretaria, sino dos pechitos pálidos y mínimos, casi prepúberes, cada uno de los cuales cabe cómodamente en una mano, precisamente por eso me conmueve y me convierte en un ser increíblemente tierno, ignorado hasta ahora por mí. De ahí que la tremenda satisfacción sexual que me brindó la sola unión con Dolores, sea, sobre todo, un derivado de aquella conmoción previa. Me mira, y su mirada no es sexo sino vida; sonríe, y su sonrisa no es sexo sino hondura, tristeza, palpable socorro [...]" (p. 253).

    No parece salir de aquí el idealismo que destacas, más bien, nos arroja al piso con un duro realismo.

    Comentado por: Derik Latorre Boza el 19/5/2009 a las 19:09

  • hoy es un día triste para nosotros

    los restos de MB descansarán en nuestro Panteón Nacional justo lugar para un hombre que fue columna de la mejor generación de mi pueblo Generación que hizo una Ciudad ilustrada

    ( "... De llorar es la muerte de esos hombres generosos, espléndidos que al morir, muchedumbres de criaturas muere también con ellos." )

    Comentado por: Juan-Andrés el 19/5/2009 a las 17:39

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Biografía

Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de nueve novelas, entre ellas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio Quemado (2006) y Los vivos y los muertos (2009); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Su libro más reciente es Norte (Mondadori, 2011). Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo de cuento (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido una beca de la fundación Guggenheim (2006). Colabora en diversos medios, entre ellos los periódicos El País y La Tercera, y las revistas Etiqueta Negra, Qué Pasa (Chile) y Vanity Fair (España).

Bibliografía

Portada 'Los vivos y los muertos'

Norte (2011). Mondadori

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