Cuatro palabras

Se había quedado sin trabajo y se pasaba las horas viendo películas. Después, no podía con la costumbre y escribía una reseña larga sobre lo que acababa de ver. A veces se las enviaba al director del periódico, como diciéndole, mira lo que te perdiste. Pero no había vuelta. Así estaban los tiempos: los periódicos y las revistas impresas habían iniciado su muerte lenta, y las primeras víctimas se encontraban en la sección de cultura, como solía ocurrir.
Al atardecer, cuando ella llegaba del banco, él le leía su lista de agravios. Cuando comenzó a trabajar para el periódico, escribía reseñas de dos mil palabras. Luego redujeron páginas y le pidieron que no pasara de las mil palabras. Después, que el tope debía ser seiscientos. Al final, debía incluir tres o cuatro películas en la columna: cápsulas de ciento cincuenta o doscientos palabras.
Menos mal que me fui, le dijo una noche. La siguiente hubieran querido reseñas de no más de cuatro palabras.
Eso ya existe, dijo ella, que veía cómo su relación era devorada por el enfermizo rumiar de él. Ante la incredulidad de él, ella se lo mostró, diciéndole que no desconfiara de alguien que sabía todo lo que podía saberse sobre el Internet. Y él, que esos días veía a la red como su gran enemigo (gracias a la red había perdido su trabajo, y la capacidad de análisis de la gente se reducía a tratar de ensamblar dos frases pintorescas o coherentes), debió rendirse una vez más ante la evidencia. De veras, todo estaba allí.
Buscó reseñas de algunas películas que había visto los últimos meses:
Control: "Ian Curtis pierde Control"; "Oda a Joy (Division)"; "Llegada de New Order".
Gomorra: "Hoy, la Camorra".
Benjamin Button: "Pitt va mejorando".
Japón: "Deseos edípicos mejicanos".
This is England: "Graham + yerba: combinación peligrosa".
Milk: "Mala propaganda para Twinkies".
El luchador: "Rourke entre las cuerdas"; "Retirado Rourke busca redención".
Es fácil, dijo él. Cualquiera lo puede hacer.
Ella lo desafió a que lo hiciera.
Él tardó dos días en escribir su primera reseña de no más de cuatro palabras. Coraline:
"Coraline tiene pesadillas".
Al poco tiempo, se le había vuelto una adicción. Pasaba horas buscando definir una película en pocas palabras. Renegó de su pasado retórico. Comenzó a entender por qué los periódicos y las revistas no tenían futuro. Llegó a justificar a su jefe.
Un día, después de ver el DVD pirata de Vía Revolucionaria ("Los Wheeler se hunden"), él le dijo a ella: si no puedes con ellos, únete a ellos.
Tiene ocho palabras, dijo ella.
Perder es también ganar, dijo él.
Ahora sí, dijo ella. Todo está bien.
Excepto que seguía sin trabajo.
[Publicado el 15/2/2009 a las 07:30]
Comentado por: Vigo el 30/6/2009 a las 21:06
Estimado Edmundo,
Me es grato dirigirme a ti, siendo un visitante regular de tu blog, para invitarte a establecer un enlace con mi espacio personal en la blogósfera: http://lasimpresionesdej.wordpress.com/, un sitio creado con el objeto de publicar en él algunos artículos míos, así como colaboraciones, dedicados a las artes en general y, sobre todo, a la literatura, el que espero visites y sea de tu agrado. Aguardando por tu confirmación del presente mensaje para poder establecer también desde mi blog un enlace con El Boomeran(g), y agradeciendo tu tiempo y amabilidad, me despido,
Atte.
J.
Juan Pablo Torres Muñiz.
Comentado por: J el 17/3/2009 a las 16:31
Así es, así será...
¿Y luego?
Todo parece estar sin estar...
Un abrazo.
M.
PD:Hoy empiezo a leer tu nueva novela
Comentado por: mao el 15/2/2009 a las 16:01
Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967), estudió Relaciones Internacionales en universidades de Argentina y EE.UU., adonde llegó con una beca como jugador de fútbol. Una oportuna lesión y su vocación literaria le llevaron a concentrarse en su carrera académica: en 1997 se doctoró en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de California, Berkeley, y desde ese mismo año es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de las novelas Días de papel (1992), Alrededor de la torre (1997), Río Fugitivo (1998), Sueños digitales (2000), La materia del deseo (2001), El delirio de Turing (2003) y Palacio Quemado (2006); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Su libro más reciente es Los vivos y los muertos (Alfaguara, 2009)Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido una beca de la fundación Guggenheim (2006). Desde octubre de 2005 hasta abril de 2008 escribió el blog Río Fugitivo en Blogspot.

Los vivos y los muertos (2009). Alfaguara
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