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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 21 de agosto de 2014

 Río Fugitivo / Blog de Edmundo Paz Soldán

Cantar de ciegos

Participé en una mesa sobre la obra de Carlos Fuentes en la feria del libro de Guadalajara. Me pidieron que hablara sobre un libro de Fuentes. Escogí Cantar de ciegos (1964). Esto es lo que leí: 

En "La muñeca reina", cuento publicado en Cantar de Ciegos, asistimos a múltiples viajes temporales. El narrador, ya un hombre maduro, encuentra en un libro de su infancia una tarjeta en la que se halla escrita una frase en caligrafía infantil: Amilania no olbida a su amigito y me buscas aquí como te lo divujo. Esa tarjeta es una magdalena proustiana que despierta en el narrador la memoria del tiempo perdido de su infancia. En ese tiempo, el narrador era un joven al que no le interesaba la educación tradicional y se pasaba las horas leyendo en el parque. Allí, una niña de siete años, Amilania, se hace amiga de él. Cuando la recuerda, Amilania carece de movimiento, y aparece fijada para siempre, como en un álbum de fotos: "detenida en su carrera loma abajo... sentada bajo los eucaliptos... boca abajo con una flor entre las manos... viéndome leer, detenida con ambas manos a los barrotes de la banca verde".  Que la memoria tenga la fijeza de las fotografías prefigura el desenlace del cuento: diversos críticos (Morin, Barthes, Sontag, Cadava) han escrito acerca del vínculo entre fotografía y muerte: la fotografía es una presencia que ya es ausencia, un instante detenido en el tiempo, destinado a sobrevivir en una placa de nitrato mientras el tiempo sigue fluyendo y acumulando edades y llevándose consigo a los seres fantasmales que pueblan las imágenes fotográficas.

El narrador y Amilamia dejarán de verse y seguirán caminos distintos. Alrededor de quince años después, la tarjeta encontrada en el libro hará que el narrador regrese al parque. Allí, descubrirá eso que Proust sabía tan bien: la memoria es capaz de dotar a la realidad de una patina de gloria de la que ésta carece. El recuerdo mitificado es superior a la realidad: "detenido ante la alameda de pinos y eucaliptos, me doy cuenta de la pequeñez del recinto boscoso... Y la colina... Apenas una elevación de zacate pardo sin más relieve que el que mi memoria se empeñaba en darle".

El narrador, intrigado, comienza a averiguar hasta dar con la casa de Amilamia cerca del parque. Allí descubrirá a dos seres -los padres de Amilania- presos del tiempo, de los recuerdos: Amilamia está muerta. El narrador se pregunta: "¿Cuántos años habrá vivido el mundo sin Amilamia, asesinada primero por mi olvido, resucitada, apenas ayer, por una triste memoria impotente?" Los padres, desesperados, le preguntan tres veces cómo era su hija, y el narrador descubre que, en cierta forma, los seres humanos están hechos de tiempo, son las memorias que guardamos de ellos: "Cierro los ojos. Amilamia también es mi recuerdo. Sólo podría compararla a las cosas que ella tocaba, traía y descubría en el parque. Sí. Ahora la veo, bajando por la loma. No, no es cierto que sea apenas una elevación de zacate".

Cuando el narrador entra al cuarto de Amilamia, descubre que los padres lo han convertido en un recinto mortuorio: "al frente, al alcance de mi mano, el pequeño féretro levantado sobre cajones azules decorados con flores de papel, esta vez flores de de la vida, claveles y girasoles, amapolas y tulipanes, pero como aquéllas, las de la muerte, parte de un asativo que cocía todos los elementos de este invernadero funeral en el que reposa... ese rostro inmóvil y sereno, enmarcado por una cofia de encaje, dibujado con tintes de color de rosa..."

Amilamia está representada por una muñeca-reina de porcelana, un "falso cadáver" entre las sábanas y junto al acolchado. La Reina de las fantasías del narrador ha adoptado la máscara inmóvil de la muerte. Casi un año después, el narrador descubrirá que si los padres de Amilamia continuarán para siempre atrapados en el culto de la muerte, él, más bien, podrá volver a la afirmación de la vida: "La verdadera Amilania ya regresó a mi recuerdo y me he sentido, si no contento, sano otra vez: el parque, la niña viva, mis horas de lectura adolescente, han vencido a los espectros de un culto enfermo".
 
Toda la obra de Carlos Fuentes se pregunta: ¿cuál es la edad del tiempo? El cuento "La muñeca reina" responde: aquella que muestra nuestro paso de niños vivaces a muñecas mortuorias de porcelana, de jóvenes perdidos en los libros a imágenes congeladas y frías en un féretro. La edad del tiempo es la edad de la muerte. ¿Qué hay detrás de las máscaras de las muñecas, de la inmovilidad de las fotos en el álbum? La vida, que, a través de los recuerdos, gracias a nuestra memoria, es capaz de vencer a la muerte. Instalados en el tiempo, los seres humanos están condenados al fin; pero en el transcurso de ese tiempo tienen muchas oportunidades, fugaces todas, para liberarse de sus ataduras y trascenderlo.

[Publicado el 02/12/2008 a las 07:21]

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Comentarios (5)

  • al ver la pelicula todavia pensativo me estremesco me enternece me cautiva quisiera saber que paso con amilamia por que una linda niña cambio tanto en quince años para quedar asi en silla d ruedas

    Comentado por: euro el 15/8/2011 a las 04:20

  • El cuento de Fuentes "La muñeca Reina", lo lei de del libro Cuentos y ofrendas, y aunque los otros relatos me encantaron, este realmente me impacto. Escrito magistralmente, de forma tal que el lector va entrando en la trama, con la curiosidad por saber que fue de Amilamia. Y si nos parece curioso ese homenaje a la muerte donde la muñeca de porcelana reposa en el ataud, venerando la memoria de Amilania. El sorpresivo final es aùn mas impactante.

    Comentado por: minorka el 04/9/2010 a las 05:40

  • me parece exelente el comenterio que a escrito, la situaciòn del tiempo es muy controvertida pues la mayor parte de la vida de un ser, la pasa muriendo, desde el momento que nace hasta el fin de sus dìas en èste mundo. La lectura es algo especial y es mas especial el que escribe la lectura.

    Comentado por: david el 23/6/2009 a las 20:35

  • Tu comentario del libro de Fuentes realmente me gusto mucho. Ahora, me veo en la obligacion de leerlo. Maldecirte o felicitarte son caras de la misma moneda. Salu2. Alvaro.

    Comentado por: Alvaro el 08/12/2008 a las 05:34

  • Edmundo, me dio mucho gusto asistir a los eventos de El Placer de la Lectura y el otro en que hablaron sobre los libros de Fuentes. Tengo ya en mi lista de lecturas pendientes Palacio Quemado, espero que algún día escribas sobre los libros que deben enviarse a una isla desierta, sería interesante.

    Comentado por: NEcia el 03/12/2008 a las 06:29

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Biografía

Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de diez novelas, entre ellas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio Quemado (2006), Los vivos y los muertos (2009) y Norte (2011); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994), Amores imperfectos (1998) y Billie Ruth (2012). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Su libro más reciente es Iris (Alfaguara, 2014). Sus obras han sido traducidas a diez idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo de cuento (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido una beca de la fundación Guggenheim (2006). Colabora en diversos medios, entre ellos los periódicos El País y La Tercera, y las revistas Etiqueta Negra, Qué Pasa (Chile) y Vanity Fair (España). 

Bibliografía

Iris (2014). Alfaguara

 

Portada 'Los vivos y los muertos' 

Norte (2011). Mondadori

 

 

Billie Ruth (2012). Páginas de Espuma

 

 

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