Minisite sobre Kapuscinski

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 29 de agosto de 2008

 Río Fugitivo / Blog de Edmundo Paz Soldán

El Museo del Jamón

Era una tarde nublada y fría en Madrid. Caminábamos mi hijo Gabriel y yo por la carrera de San Jerónimo, rumbo a la estatua del oso y el madroño en Sol, cuando Gabriel se echó a reir. Le pregunté de qué se reía. Me señaló el nombre del bar-restaurante-panadería-pastelería que acabábamos de dejar atrás: el Museo del Jamón. Gabriel tiene siete años y un sentido muy literal de las cosas: si le digo que me muero de dolor de cabeza, se preocupa, porque piensa que de por ahí me muero de veras. De modo que para él un museo es un museo es un museo. Traté, sin embargo, de jugar un poco con la idea, por lo que le dije, mostrándole las proliferantes piernas de jamón colgadas en la parte superior de los escaparates, que no había de qué reírse, se trataba de un Museo del Jamón hecho y derecho.

Gabriel sonrió: ¿puede el jamón tener derecho a un museo? Mi hijo es norteamericano, vivimos en un pueblo de Nueva York que está más cerca de Canadá que de Manhattan, y allí prácticamente sólo se conoce el jamón York. En un viaje que hicimos a Sevilla, hace algunos años, descubrió el jamón serrano, y no ha sido el mismo desde entonces.

Esto ocurrió en diciembre pasado. Ahora, con seis meses de estadía en Madrid, Gabriel se ha acostumbrado a ir a las fiambrerías y toparse con esas piernas colgantes de diversos colores. Sólo ha visto escenas similares en el Chinatown de San Francisco (allí los que se encontraban suspendidos en el aire eran los patos). Me ha preguntado, y yo he tratado en vano de explicárselo, cuál es el diferencia entre el jamón granadino y el jamón ibérico de bellota, qué es Jabugo y qué produce Teruel y qué significa "pata negra". ¿Cómo es posible que haya un jamón negro? ¿Cómen los cerdos bellota, como las ardillas? Para eso hay que ir al Museo del Jamón, le respondo, y preguntarle a uno de los diestros cortadores de jamón que atienden detrás del mostrador.

Gabriel también se ha acostumbrado al olor punzante, intenso, del jamón. Un olor fuerte pero curiosamente nada desagradable. Para un niño acostumbrado a supermercados asépticos, a pescaderías que no huelen a pescado (no huelen a nada), una visita a un bar o restaurante o fiambrería o supermercado en Madrid es una explosión de olores que queda registrada en la memoria. De hecho, el otro día, al salir de una estación de metro en Malasaña, Gabriel me dijo que le parecía que Madrid olía a jamón. Olfateé el aire y le dije que no, que a mí me parecía que Madrid olía a Madrid. Por eso, me dijo él, cansado de explicarme obviedades, hay tanto jamón en todas las calles de Madrid, que el olor del jamón es el olor de Madrid, y por eso Madrid huele a Madrid. No quise discutirle. Pensé que quizás tenía razón.

Está bien que Madrid no huela a ningún perfume sofisticado, que su olor sea tan fuerte y tenga carácter. Nuestras grandes ciudades se van civilizando cada vez más, quieren dejar atrás todo aquello que incomoda a los turistas y podría ser más bien el sello de su personalidad. Pero los únicos que se molestan de veras son aquellos que podrían haberse quedado en casa y ahorrarse el trabajo de salir a conocer el mundo. Gabriel, por suerte, no es de esos. Cuando sus abuelos vinieron a visitarlo a Madrid, le dije que tendría que ir con ellos a muchos museos. Gabriel me respondió, muy serio, que él los llevaría al Museo del Jamón.

(Ling, junio 2008)
 
 



 

[Publicado el 01/7/2008 a las 09:45]

[Enlace permanente] [Imprimir] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Comentarios (7)

  • Chamo, qué linda palabra. Gracias, querido juan carlos. Un fuerte abrazo, me acordaré de tu promesa

    Comentado por: edmundo el 03/7/2008 a las 21:04

  • El próximo reencuentro en Madrid incluirá una tabla de embutidos para tu chamo y para ti.
    Mil abrazos.

    Comentado por: juan carlos méndez guédez el 03/7/2008 a las 11:54

  • Madrid huele a jamón, queda registrado para comprobación cuando la visite.

    Cuentale a Gabriel que con marea alta, Guayaquil huele a ría y a estero, que es un olor un poco salobre y pungente.

    Comentado por: Mayté el 02/7/2008 a las 16:05

  • querido antonio, estaré de regreso en ithaca el 21 de agosto. Ahora me voy a Bolivia. A Gabriel le encantará que le lleves jamón (espero que no te lo decomisen en la aduana...)
    un abrazo fuerte

    Comentado por: edmundo el 02/7/2008 a las 01:48

  • No sé cuándo regresas a Ithaca, pero pasaré por allí en agosto, donde estudió mi mujer, camino de Mount Holyoke y Middlebury, siguiendo las huellas de Cernuda. Si a Gabriel le apetece le llevaré algo de jamón de bellota. Un abrazo.

    Comentado por: Antonio Rivero Taravillo el 01/7/2008 a las 23:40

  • !Que pena vivir en USA!

    Comentado por: lucia el 01/7/2008 a las 19:18

  • Es muy sabio tu hijo.
    Saludos.

    Comentado por: Jacinta el 01/7/2008 a las 18:01

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):
captcha


Comentario:


Foto autor

Biografía

Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967), estudió Relaciones Internacionales en universidades de Argentina y  EE.UU., adonde llegó con una beca como jugador de fútbol. Una oportuna lesión y su vocación literaria le llevaron a concentrarse en su carrera académica: en 1997 se doctoró en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de California, Berkeley, y desde ese mismo año es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de las novelas Días de papel (1992), Alrededor de la torre (1997), Río Fugitivo (1998), Sueños digitales (2000), La materia del deseo (2001), El delirio de Turing (2003) y Palacio Quemado (2006); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido una beca de la fundación Guggenheim (2006). Desde octubre de 2005 hasta abril de 2008 escribió el blog Río Fugitivo en Blogspot.

Obras asociadas

© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres