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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 13 de agosto de 2020

 Río Fugitivo / Blog de Edmundo Paz Soldán

Del asesino como estrella de cine

La mejor película que he visto este año es un documental. Se llama The Act of Killing y la vi en el cine de la universidad de Cornell; quise verla porque uno de los productores era Werner Herzog. Hacía mucho que no veía una reacción así al terminar la película, o mejor, una falta de reacción así: el público se quedó sentado en silencio por un buen rato, como tratando de decidir si convenía salir corriendo de la sala o quedarse a llorar. Ambas cosas a la vez, quizás, y por eso el susto en el alma, la parálisis.

Hacía más de diez años Joshua Oppenheimer filmaba en el norte de Sumatra, en Indonesia, un documental sobre las consecuencias nefastas de la globalización, cuando le contaron que en esa ciudad vivían asesinos muy orgullosos de su pasado. Oppenheimer se dedicó los siguientes años a tratar de conocer a esos asesinos -miembros de escuadrones de la muerte responsables, entre 1965 y 1966, de haber asesinado a casi un millón de sospechosos de ser comunistas--, y se sorprendió al descubrir que, en efecto, esos asesinos no tenían ningún problema en reconocer sus crímenes. ¿Cómo no jactarse, si lo que esos "gangsters" habían hecho no era visto como algo malo? En el país no había habido actos de reconciliación con el genocidio, y los "triunfadores" de ese periodo nefasto seguían en el poder.

The Act of Killing capta un momento perturbador en la historia de nuestra relación con los medios: en el tiempo de los reality shows y los selfies, hasta los asesinos quieren ser inmortalizados en una película. No es suficiente hablar, confesar los crímenes: Anwar Congo y otros paramilitares sueñan con una película que les permita recrear sus crímenes tal como ocurrieron. La realidad y la fantasía se muerden la cola: hacia 1965, Anwar y sus amigos eran conocidos como "los gangsters del cine" porque revendían entradas a la puerta de los cines. En su interregno, los comunistas querían, entre otras cosas, prohibir el cine norteamericano. Con el golpe militar de 1965, Anwar y sus cómplices se pusieron a matar a los sospechosos de comunismo copiando formas aprendidas en los géneros de Hollywood (películas de gangsters, Westerns). Recrear las muertes en The Act of Killing significa, entonces, traducirlas al lenguaje cinematográfico, aprehenderlas a través de los géneros que en su momento las inspiraron (a Anwar también le gustan los musicales, y la recreación de algunas muertes en clave de musical proporciona las imágenes más surreales de la película).

La mayoría de los asesinos que aparece en el documental habla con desenfado de su ausencia de culpa: pasan los años, y el trauma de lo que han hecho no parece posarse sobre ellos. Pero el documental trata de la performance de una subjetividad invulnerable, fantasía creída con tanta convicción que se convierte en identidad. Anwar Congo es una excepción: al comienzo lo vemos, feliz, bailando chachachá en la terraza donde cometió algunos de sus más de mil crímenes. Cuando se ve a sí mismo en una pantalla, después de la primera recreación, hay algo que no le funciona: quizás, dice, habría que volver a filmar, embellecer la escena pintando de negro su pelo canoso.

Embellecer es el mecanismo con el que se construye The Act of Killing: se trata de volver sobre un hecho abyecto y cubrirlo a través del barniz de los géneros (no se trata de verse matar, sino de verse matar como en una película de cowboys). El acto fallido de Anwar se transforma en el centro moral de la película: el asesino descubre su abyección, y Oppenheimer capta a Anwar volviendo al lugar del crimen para asfixiarse y hacer ruidos guturales delante de la cámara, incapaz de verbalizar el horror. The Act of Killing narra el deseo del criminal de recrear compulsivamente el suceso traumático -incluso situándose, en una de las recreaciones, en el lugar de la víctima--. Este documental es inquietante, sobre todo en esos momentos en que la reconstrucción de los crímenes deja de ser performance y se convierte en real para los actores.

 

 (La Tercera, 16 de noviembre 2013)

[Publicado el 18/11/2013 a las 16:03]

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Comentarios (5)

  • Del asesino como estrella de cine
    Creo que la actitud desenfadada y carente de remordimientos que exhiben estos individuos retratados en este documental tiene mas que ver con las circunstancias y la epoca en que estos crimenes fueron llevadoa a cabo que con las normas sociales del lugar donde estos vivian.
    Quiero decir; ellos no sienten "verguenza" por sus actos por que es su momento tales actos fueran llevados a cabo no solo como algo "positivo" si no que ademas tales actos fueron considerados como un "trabajo" y seguramente fueron remunerados por ello

    Comentado por: Rafael Fernandez el 09/12/2013 a las 19:07

  • Es un documental muy fuerte más de un millón de muertos en menos de una año y lo que es peor ellos mismos escriben los guiones actúan en ella Ellos se interpretan a sí mismos. Y ellos mismos interpretan a sus víctimas. Y lamentablemente es una realidad hay mucha violencia en el mundo

    Comentado por: Isabel Lopez el 07/12/2013 a las 19:52

  • “Del asesino como estrella”
    Prácticamente este documental tiene mucho que ver en nuestra actualidad ya que en estos tiempos suele pasar que se encuentran fosas clandestinas en cualquier estado es como remontar a los hechos hablados anteriormente ya que aquellos asesinos tal parecieran no sentir algún remordimiento cuando asesinaba y después de años contarlo orgullosamente y recrear sus crímenes para estar en cine es algo vergonzoso pero quien en la actualidad no ha visto películas que tratan de asesinatos ahora resulta que después de ser asesinos quieren ser inmortalizados en una película. Es algo triste pero lamentablemente cierto. Siempre he tenido esa pregunta ¿al momento de cometer crímenes no sienten remordimientos? pero ahora leyendo este capítulo me doy cuenta que efectivamente no sienten y no parece importarles los traumas que dejan a sus familias de las victimas.

    Comentado por: Valeria Torres el 05/12/2013 a las 17:05

  • El texto me remite a lo que he escuchado o leído:la exaltación de hechos criminales por la industria cinematográfica. Cuando uno observa en la pantalla actos horrendos adornados con efectos musicales y de cámara, no puede dejar de sentir náusea. Pero qué sucede con una mente predispuesta o manipulable? No ve la crueldad, o el horror, observa al anti héroe como un papel apetecible para sí mismo. Es un camino para sobresalir del resto indiferente que lo rodea. No necesita más esfuerzo que acallar lo poco en su interior que le grita que la violencia no es el camino.

    Comentado por: Carmen Ramírez el 05/12/2013 a las 15:50

  • Como sociedad, seguimos siendo ingenuos al no querer darnos cuenta que la realidad ya ha superado la fantasia, que las perversiones más oscuras ya no solo existen en la mente de las personas, sino que se cristalizan en lugares y tiempos inesperados, muchos de los cuales son silenciados para mantener el mundo "perfecto" que cada uno de nosotros nos hemos creado. Es por eso que cuando nos muestran algo que no concuerda con nuestra realidad, que se sale de los limites "morales", nos negamos a aceptar e incluso descalificar, que cosas asi sean posibles.

    Comentado por: Luis Gonzalez el 04/12/2013 a las 19:52

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Biografía

Edmundo Paz Soldán (Cochacamba, Bolivia, 1967) es escritor, profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Cornell y columnista en medios como El País, The New York Times o Time. Se convirtió en uno de los autores más representativos de la generación latinoamericana de los 90 conocida como McOndo gracias al éxito de Días de papel, su primera novela, con la que ganó el premio Erich Guttentag. Es autor de las novelas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio quemado (2006), Los vivos y los muertos (2009), Norte (2011), Iris (2014) y Los días de la peste (2017); así como de varios libros de cuentos: Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1988).

Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas y ha recibido galardones tan prestigiosos como el Juan Rulfo de cuento (1997) o el Naciones de Novela de Bolivia (2002).

Bibliografía

Los días de la peste (2017) 

 

 

 

Iris (2014). Alfaguara

 

 

Portada 'Los vivos y los muertos' 

Norte (2011). Mondadori

 

 

Billie Ruth (2012). Páginas de Espuma

 

 

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