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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 19 de septiembre de 2020

 Río Fugitivo / Blog de Edmundo Paz Soldán

La celebración de Jesús Urzagasti

Hace mucho tiempo escribí que De la ventana al parque me parecía una de las mejores novelas bolivianas contemporáneas. Algo asustado, decidí emprender su relectura. Pensé que quizás había vivido en el engaño y que debía nomás mencionar Tirinea o El país del silencio como mis novelas favoritas de Jesús Urzagasti (pero Tirinea me había dejado frío y El país del silencio también necesitaba una relectura). Pero no. De la ventana al parque se mantiene tan fresca como cuando se publicó (1992). Me dejé llevar por las frases encantatorias de Urzagasti, el ritmo interno de la prosa y los hallazgos del lenguaje, llenos de revocar la covacha y conchabarse y fajarse a tiros cuando uno está en sus cabales y demasiado colorinche en su rostro hermoso y el otro, en cambio, un chicato privado de dientes.

Lo que ofrece esta novela es una cosmovisión poética acerca de la continuidad entre la vida y la muerte y un ethos para entender un mundo en el que incluso las figuras malignas tienen un lugar que se respeta. De la ventana al parque no como un inquietante cuento de fantasmas a la manera de Pedro Páramo, sino como una visión celebratoria del más allá, un más allá sin melancolía. Mejor: una celebración de la vida, siempre y cuando uno sepa asumir su cercanía con la muerte. Los muertos -chaqueños y andinos, argentinos y bolivianos-- están contándose historias y pueden no haberse cruzado sus caminos en vida, pero para eso ahora nos usan a algunos de nosotros, para eso lo usan al narrador: somos intermediarios, cajas de resonancia en torno a la cual confluyen muchos de ellos. Nuestros muertos se sirven de nosotros para dialogar, para conocerse entre ellos. Y los poetas son seres privilegiados (Urzagasti es un ser privilegiado), porque a sus seres más queridos los hacen "saltar por la ventana rumbo al parque... porque ese aire del alba y esa vegetación jamás podrían dañar a los personajes que algún día se sintieron mágicos e inmortales".

De la ventana al parque está marcada por los apariciones del diablo: el tío Segundo se encuentra con él en el monte, "y como no sabía quién era", lo invita a pelear "de sopetón" (se irá asustado pero no abrirá la boca y al día siguiente encontrará a Dios gracias a una secta protestante); a Don Victorino, el diablo lo cura de su asma y le hace prometer "que sería bueno y servicial con sus semejantes"; Manuel Pantaleón se cruza con el "Maestro de la Noche" y aprende de él las artes menores (enamorar a las mujeres, ser divertido, saber tirar la taba, hacer brujerías); Santarra se asusta tanto que se escapa y se vuelve bizco. En cuanto a Cranach -una versión de Jaime Sáenz--, el narrador aprovecha para mostrar sus diferencias: mientras el diablo de Cranach es "serio y soñador... con mucha bruma y tinieblas y noches alborotadas", el diablo llanero de De la ventana al parque es más cercano, menos solemne, "muy lejos de la destrucción y la resurrección". El diablo como una presencia capaz incluso de hacer el bien, una suerte de otro Dios con el que uno puede entenderse mientras no haya miedo en el encuentro.

Urzagasti propone en De la ventana al parque una visión que reconcilia extremos. La última fisura la cubren la escritura y la lectura: en las páginas finales, el narrador se encierra en su habitación con sus amigos muertos. Y escribe. Escribe sobre ellos, sesenta páginas que quizás llegarán a llamarse De la ventana al parque. Terminada la escritura, él también abre las ventanas y salta a la calle y brinca hacia el "gran parque latinoamericano". Y somos nosotros, los lectores, quienes, en la comunión de la lectura, servimos como intermediarios para que hable a través de nosotros ese gran muerto vivo que es Jesús Urzagasti. 

 

(El Desacuerdo, 15 de octubre 2013)

 

[Publicado el 15/10/2013 a las 16:50]

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Biografía

Edmundo Paz Soldán (Cochacamba, Bolivia, 1967) es escritor, profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Cornell y columnista en medios como El País, The New York Times o Time. Se convirtió en uno de los autores más representativos de la generación latinoamericana de los 90 conocida como McOndo gracias al éxito de Días de papel, su primera novela, con la que ganó el premio Erich Guttentag. Es autor de las novelas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio quemado (2006), Los vivos y los muertos (2009), Norte (2011), Iris (2014) y Los días de la peste (2017); así como de varios libros de cuentos: Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1988).

Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas y ha recibido galardones tan prestigiosos como el Juan Rulfo de cuento (1997) o el Naciones de Novela de Bolivia (2002).

Bibliografía

Los días de la peste (2017) 

 

 

 

Iris (2014). Alfaguara

 

 

Portada 'Los vivos y los muertos' 

Norte (2011). Mondadori

 

 

Billie Ruth (2012). Páginas de Espuma

 

 

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