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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 17 de julio de 2019

 Río Fugitivo / Blog de Edmundo Paz Soldán

El factor Siria

Los videos mostrados por los rebeldes sirios como pruebas del ataque de armas químicas del régimen de Assad son contundentes: está la niña que se convulsiona y no se acuerda de su nombre; el anciano con las pupilas dilatadas; la mujer que no para de vomitar. Los inspectores y los médicos neutrales confirman las sospechas. Aun así, muchos dudan: ya se sabe lo qué pasó con los inspectores en la guerra en el Golfo, tan burdamente manipulados por Estados Unidos e Inglaterra.

Barack Obama se encuentra en una de esas situaciones en las que no hay forma de salir triunfante. Un ataque con armas químicas es una atrocidad moral, con el peso suficiente como para convencer a la opinión pública de que, al menos por esta vez, el imperio tiene el apoyo para actuar de policía. Sin embargo, no es así. La opinión pública desconfía, se burla del guerrero premio Nobel de la Paz, sospecha de intenciones ulteriores (el petróleo árabe, la necesidad norteamericana de mostrar que su poder sigue intacto). Y queda claro el daño infligido por George Bush a la credibilidad de su país: ir a la guerra del Golfo contra Irak con pruebas inventadas hace que se dude de las intenciones de Obama incluso cuando las pruebas son concretas (algunos dirán que en eso de inventarse pruebas para justificar una guerra Bush no fue el primero y se retrotraerán a Vietnam y a otros momentos históricos infames, y estarán en lo cierto).

La revista Time ha bautizado a Obama como "el guerrero reticente". No es para menos: después de amenazar con un ataque unilateral al régimen de Assad, Obama dice que antes de cualquier ataque le pedirá autorización al Congreso. Sabemos que los presidentes norteamericanos que de verdad quieren atacar lo último que hacen es buscar el apoyo del Congreso, y peor aun si saben que ese Congreso está dominado por la oposición. Obama sólo quiere ganar un poco de tiempo para justificar el argumento del ataque a Siria y ver si así consigue más respaldo en en frente doméstico y en internacional. No será fácil: después de Irak y Afganistán, el norteamericano promedio, de por sí más dado a precautelar su burbuja que a aventuras en tierras donde se hablan idiomas raros, está agotado y le cuesta entender el porqué de una nueva aventura. Lo conmueven las imágenes que se muestran en los noticieros y el número de víctimas del ataque --1500 muertos--, pero de ahí a pensar que Estados Unidos debería intervenir dista un gran paso.

Obama se ha comprometido a un ataque del que ni siquiera él mismo parece convencido; la opinión local no lo apoya y la internacional desconfía de sus intenciones. Algunos dirán que está bien así: éste es un asunto entre árabes y mejor no entrometerse. Pero lo cierto es que el uso de armas químicas nos implica a todos y deberíamos tener salvaguardas firmes para casos como estos. Éste era el gran momento para que Estados Unidos, liderado por un premio Nobel de la Paz, consiguiera el respaldo de las Naciones Unidas, fuera capaz de construir una coalición creible, y convenciera a la opinión pública de la necesidad de mostrarle al régimen de Assad de que su ataque no quedaría impune. Lamentablemente, aventuras anteriores han hipotecado esa autoridad moral y nos encontramos con una nueva confrontación en la que, más que dudar del ladrón, dudamos de la policía. Esa duda se la tiene bien ganada la policía

 

(El Deber, 8 de septiembre 2013)

 

 

 

 

[Publicado el 10/9/2013 a las 15:47]

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Comentarios (2)

  • Obama el demócrata prometió hace años en campaña electoral clausurar Guantánsamo si era elegido presidente y hoy en día la ignominia inhumana permanece, sin que los demócratas como él, americanos y no americanos, se rasguen las vestiduras como se las hubieran rasgado si se tratara del satánico Bush. Admitamos de una vez y con bochorno que los asuntos de la muerte se tratan con doble rasero y dejémonos de coartadas retóricas.
    Para mayor hipocresía Obama se conmueve desde su fibra más sensible ante el horror de los sirios gaseados, cuando la masacre, con gas o con balas, eleva ya la cifra a cien mil muertos, sin que, una vez más, la opinión pública se haya conmocionado un ápice. Parece que los muertos de Iraq eran de primera por las suculentas rentas políticas que arrojaban sobre el siniestro damero mundial que se reparte el poder.
    En España la intelectualidad no se decanta al respecto, tal vez porque aguarda consignas externas muy concretas: "Ahora hay que ser pacifista o ahora la guerra es "legal y justa". Todo depende del mandatario que decida apretar el botón de la guerra. Luego el poder mediático ya se encargará de justificar o desacreditar la decisión.
    Panolismo vergonzante, se llama este impasse. Y los pensadores callados, expectantes...como mudos se quedaron también cuando al poco de entrar en la Casablanca el rey negro consideró muy conveniente incrementar en setenta mil soldados el contingente militar en tierras ya calcinadas por sus bombas. ¿Mala memoria colectiva?. Perdón, me refería a la memoria histórica que se estira y encoge como el chicle (americano).

    Comentado por: blas paredes el 11/9/2013 a las 00:18

  • Buen articulo.Nadie cree una palabra de Obama o Kerry,o quien salga a dar sus "razones".Durante estos dias quien mas quien menos ha indagado sobre la geografía de Siria y advertido sus fronteras con Irak y el Mediterráneo .Además del 72% de territorio con yacimientos de petróleo y gas,Siria se encuentra en un punto estratégico muy codiciado en la región.A USA le importa un comino lo de los gases tóxicos. Ellos mismos los usaron en su guerra con Vietnam,al igual que el pesticida naranja,que continúa causando estragos en la salud de los vietnamitas. Además ha trascendido que tanto Siria como Irán figuran en la lista de países que el Pentágono pensaba invadir hace ya varios años. Nada nuevo.

    Comentado por: Brumario el 10/9/2013 a las 22:59

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Biografía

Edmundo Paz Soldán (Cochacamba, Bolivia, 1967) es escritor, profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Cornell y columnista en medios como El País, The New York Times o Time. Se convirtió en uno de los autores más representativos de la generación latinoamericana de los 90 conocida como McOndo gracias al éxito de Días de papel, su primera novela, con la que ganó el premio Erich Guttentag. Es autor de las novelas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio quemado (2006), Los vivos y los muertos (2009), Norte (2011), Iris (2014) y Los días de la peste (2017); así como de varios libros de cuentos: Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1988).

Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas y ha recibido galardones tan prestigiosos como el Juan Rulfo de cuento (1997) o el Naciones de Novela de Bolivia (2002).

Bibliografía

Los días de la peste (2017) 

 

 

 

Iris (2014). Alfaguara

 

 

Portada 'Los vivos y los muertos' 

Norte (2011). Mondadori

 

 

Billie Ruth (2012). Páginas de Espuma

 

 

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