Buenas noticias del cuento latinoamericano

Carlos Yushimito
Algún día, cuando se juzgue la narrativa latinoamericana de estos años, quizás se haga más obvia esta verdad: que mientras más seguimos discutiendo de las novelas de las nuevas generaciones, mejores libros de cuentos se escriben y se publican. Timoratos cuando hablamos de novelas, pensamos en los grandes monumentos del pasado y decimos que estamos lejos de cualquier "boom"; cuando se trata de cuentos, sin embargo, deberíamos ser concretos: existe un "boom" y no nos hemos dado cuenta. Los buenos libros llegan de Argentina (La hora de los monos, de Federico Falco) de México (La marrana negra de la literatura rosa, Carlos Velázquez; La señora Rojo, de Antonio Ortuño), de Bolivia (Fotos tuyas cuando empieces a envejecer, de Maximiliano Barrientos; Vacaciones permanentes, de Liliana Colanzi), de todas partes.
Dos de estos libros notables son Lecciones para un niño que llega tarde y Los días más felices, de Carlos Yushimito y Rodrigo Hasbún. El peruano Yushimito y el boliviano Hasbún tienen estilos muy diferentes: mientras que la prosa de Yushimito es de frases sinuosas y de un vocabulario que apunta a enrriquecer los matices del mundo, la escritura de Hasbun va directo al corazón de las cosas, es intencionalmente despojada, como para concentrarse en las esencias. Pese a ello, hay algo que los emparenta: el deseo de percibir ese instante en que un niño, un adolescente, una pareja, un grupo de amigos descubren que el mundo es harto más complejo y perverso de lo que creían.
El que haya leído Las islas, el anterior libro de relatos de Yushimito, se encontrará con varios textos familiares en Lecciones; en ese sentido, Lecciones es una pequeña antología de la obra de Yushimito. Las islas lograba crear de manera convincente un Brasil de malandros capaces de rezar por sus enemigos después de matarlos. Lecciones recupera cuentos magistrales de ese libro -"Seltz", "Tinta de pulpo", "Tatuado"- y le añade otros que muestran una ambición por expandirse, por intentar nuevos personajes y atmósferas, desde la perversidad de la infancia en "Lecciones para un niño que llega tarde" hasta el registro apocalíptico en "Los que esperan", en el que un periodista recorre el Perú en busca seres deformes a partir de los cuales el jefe de redacción del periódico sensacionalista pueda leer el futuro (y conseguir lectores): "los monstruos escribían con sus cuerpos lo que había pasado y lo que habría de suceder. Eran palabras y las palabras nunca mentían, solo aparecían, y uno debía aprender a leerlas; eso era todo". "Oz", el primer cuento del libro, es el único que no convence del todo; lo demás es de un nivel tan alto que Yushimito tendrá problemas para superarse.
Por su parte, Hasbún, más que expandirse, profundiza en el mundo de Cinco, su primer libro de cuentos. Están aquí, de nuevo, el desasosiego familiar, la turbulencia de la amistad adolescente, el drama de los primeros amores que marcan a fuego a una persona, pero hay más aristas, más capacidad para narrar sentimientos muy sutiles. Hay poesía en el ritmo del fraseo: "Mamá ya no está y todo es diferente porque mamá ya no está y porque la distancia entre lo que existía y ya no existe es insalvable". El universo de Hasbún es restringido -el paisaje exterior es más bien escaso, los ruidos de fondo del mundo (la política, por ejemplo) no parecen afectar mucho a sus personajes--, pero eso no lo hace minimalista. Cuentos magníficos como "El futuro", "El lugar de las pérdidas", "Ladislao" o "Calle, concierto, ciudad" quedan para las antologías porque logran atrapar de la manera más precisa e intensa posible un estado de ánimo: "Deja la mochila en el suelo de su cuarto, se echa sobre la cama. Está cansado y feliz y las dos cosas les resultan un poco parecidas. Son días valiosos, no van a durar para siempre. Son días valiosos precisamente porque no van a durar para siempre".
Los libros de Yushimito y Hasbún son valiosos precisamente porque van a durar.
(La Tercera, noviembre 2011)
[Publicado el 04/1/2012 a las 16:43]
Completamente de acuerdo con tu comentario del cuento. En México no conocemos a Yushimito ni Hasbún, bueno por lo menos en provincia, pero sí a Ortuño y Velázquez, buenísimos narradores jóvenes y de muy diferentes estilos. Podrías incluir Amores imperfectos entre los libros buenos, ¿por qué no? Saludos
Comentado por: Claudia el 27/1/2012 a las 00:53
Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de nueve novelas, entre ellas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio Quemado (2006) y Los vivos y los muertos (2009); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Su libro más reciente es Norte (Mondadori, 2011). Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo de cuento (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido una beca de la fundación Guggenheim (2006). Colabora en diversos medios, entre ellos los periódicos El País y La Tercera, y las revistas Etiqueta Negra, Qué Pasa (Chile) y Vanity Fair (España).

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