Julian Barnes y las falacias de la memoria

Julian Barnes acaba de ganar el Man Booker con The Sense of an Ending, una novela corta que vuelve a explorar los temas de la mortalidad, el envejecimiento y las falacias de la memoria, ya trabajados en sus más recientes libros de cuentos -La tabla limón (2004) y Pulso (2011)- y en sus memorias, Nada que temer (2009). Estos temas también agitan La viuda embarazada, la más reciente novela de Martin Amis, otro escritor de la magnífica generación de Barnes (que incluye a Ian McEwan y Kazuo Ishiguro). Sin embargo, Barnes y Amis no podían ser más diferentes: Amis se decanta por la sátira corrosiva y está sobre todo obsesionado por los efectos físicos del envejecimiento ("una película de horror en la que lo peor se reserva para el final"); en cambio, Barnes mantiene el tono refinado, reflexivo, de sofisticada ironía que es su marca desde la magistral El loro de Flaubert (1985), y ofrece una meditación elegante sobre los trucos de la memoria a medida que pasan los años.
Lo que uno recuerda, sugiere Tony Webster, el narrador de The Sense of an Ending, no siempre es lo mismo que uno ha presenciado. La novela puede leerse como la exposición de esa idea. Tony es un caso curioso: un narrador que no es digno de confianza a pesar de sí mismo; los hechos que oculta al lector también se los oculta a sí mismo. Si no cuenta algo no es por mala fe; simplemente, así funciona la memoria, y así nosotros aprendemos a contar nuestra historia, olvidando gran parte de lo ocurrido, seleccionando de lo que queda. Como dice Adrian, el amigo lector de Camus que admira Tony y en torno al cual gira la tragedia de la novela, "la historia es la certeza que se produce en el punto en que las imperfecciones de la memoria se encuentran con lo inadecuado de la documentación".
La novela se divide en dos partes: en la primera, el narrador recuerda sus años de juventud en los sesenta, marcados por la presencia fascinante de Adrián Finn y por el amor a Veronica, una mujer enigmática que pertenece a un escalón superior en el "amable Darwinismo social de la clase media inglesa", y que lo deja, para su profunda decepción, por Adrian (poco después, Adrian se suicidará bajo el aparente mandato de un argumento filosófico: la superioridad del acto sobre "la pasividad de dejar que la vida simplemente te ocurra"); en la segunda, Tony ya es un sesentón que ha llevado una vida ordinaria, sin mayores sobresaltos gracias a su falta de ambiciones y a su instinto de preservación, con los triunfos y los fracasos normales (promociones, divorcio). A esa vida de "sobreviviente" llega el sorpresivo legado de la madre de Verónica, que acaba de morir. Ese legado -500 libras y una carta- hará que Tony reconsidere ese amor de juventud truncado con Verónica, y su grado de culpa en el suicidio de Adrián.
Como en un relato de suspenso en el que lo que se persigue es el verdadero peso de las emociones, Tony irá descubriendo qué fue lo que hizo antes del suicidio de Adrián y que creía haber olvidado por completo: "¿Quién dijo que la memoria es lo que pensábamos haber olvidado? Y debería ser obvio que el tiempo no fija las cosas sino más bien es un disolvente". Llegará, entonces, el dolor ante el descubrimiento del autoengaño: "nuestra vida no es nuestra vida, es solo la historia que hemos contado de nuestra vida. La hemos contado a otros, pero sobre todo a nosotros". Barnes todavía se reserva un golpe de efecto para las páginas finales: algunos lo encontrarán efectista e innecesario, otros (me encuentro entre ellos) temblarán ante la revelación. The Sense of an Ending es una reflexión lúcida sobre la memoria y sus engaños, un gran ejemplo de cómo la narrativa puede ayudarnos no solo a contar nuestra historia sino también a esconderla.
(La Tercera, 22 octubre 2011)
[Publicado el 24/10/2011 a las 08:25]
Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de nueve novelas, entre ellas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio Quemado (2006) y Los vivos y los muertos (2009); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Su libro más reciente es Norte (Mondadori, 2011). Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo de cuento (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido una beca de la fundación Guggenheim (2006). Colabora en diversos medios, entre ellos los periódicos El País y La Tercera, y las revistas Etiqueta Negra, Qué Pasa (Chile) y Vanity Fair (España).

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