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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 21 de agosto de 2019

 Río Fugitivo / Blog de Edmundo Paz Soldán

En el tiempo de las teorías conspiratorias

Hace algunos años una amiga de California me envió un enlace a un sitio en Internet dedicado a defender la teoría de que el ataque a las Torres Gemelas había sido parte de una trama secreta organizada por el vicepresidente de los Estados Unidos, Dick Cheney. Cheney, junto a Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz, dos pesos pesados de la administración de Bush, habían organizado el ataque porque necesitaban una excusa para lanzarse a una aventura imperial y hacerse de las reservas de petróleo en el mundo. Los administradores del sitio tenían teorías delirantes -las Torres no habían sido destruidas por aviones sino por bombas puestas previamente en los edificios por agentes de la CIA--, pero esgrimían pruebas científicas de ingenieros y expertos en demolición de edificios que tenían la virtud de la coherencia a una lógica interna. Todo estaba tan bien armado que no era difícil dudar de lo que el mundo había visto esa mañana del 11 de septiembre.
 
En Among the Truthers: A Journey Through America's Vast Conspiracy Underground, Jonathan Kay argumenta que esas teorías conspiratorias son parte de las "consecuencias cognitivas del 11 de septiembre". Las teorías conspiratorias han existido siempre, pero hay momentos en que su peso social se intensifica: una guerra, una crisis económica, un ataque terrorista pueden poner en duda el proyecto racional en que se fundan el edificio de Occidente. Que hace poco haya habido una campaña muy seria acerca de la verdadera nacionalidad de Barack Obama, que sugería que el presidente de los Estados Unidos es en realidad un musulmán nacido en Indonesia, un terrorista infiltrado, muestra que el trauma psíquico del 11 de septiembre todavía no ha sido reparado.
 
Kay sugiere que todas las teorías conspiratorias modernas descienden de lo ocurrido en torno a los Protocolos de los Sabios de Zion. En 1897, se llevó a cabo en Suiza el primer congreso sionista, que concluyó con un programa que pedía el establecimiento de un hogar para los judíos en Palestina. Para desacreditar este proyecto, un grupo de antisemitas zaristas inventó los Protocolos, un documento secreto que habría sido escrito durante ese congreso y que era un plan de los judíos para apoderarse del mundo. Los Protocolos fueron publicados en 1919, y dieron lugar a que se disparara el antisemitismo en Europa; tanto Hitler como otros criminales de guerra fueron inspirados por los Protocolos a actuar contra los judíos.
 
Los Protocolos condensan todos los males del mundo en una sola fuente de poder. Los sabios judíos de ese documento son hipercompetentes, ambiciosos, malignos y están enquistados en las altas esferas de los gobiernos. De la misma manera, muchas de las nuevas teorías conspiratorias apuntan a que existe hoy una metaconspiración de las élites del mundo, destinada a esclavizar a la gente: aquí se juntan Kissinger con Cheney, Halliburton, el grupo Bilderberg, Mossad, la CIA, el FMI, George Soros, etc. Los febriles teóricos de la conspiración dicen que si la gente no reacciona es porque está dopada con fluorido --una "neorotoxina letal" que se los gobiernos ponen en el agua- y otros agentes químicos inyectados en nuestro cuerpo a través de vacunas (ordenadas, por supuesto, por el gobierno).   
 
Para Kay, estas teorías pueden ser descabelladas, pero conviene tomarlas en serio porque los "habitos mentales" que las sostienen se han vuelto parte fundamental del paisaje: son muchos los que desconfían del gobierno, están alienados de las formas tradicionales de la política, y mezclan ideas seculares con un discurso religioso apocalíptico. Es cierto que algunas conspiraciones han ocurrido de verdad (Watergate), y que algunos gobiernos han manipulado incidentes para sostener causas dudosas -desde la guerra de Vietnam hasta las armas nucleares de Saddam Hussein--, pero eso no debería llevarnos a concluir que detrás de cada acto hay una conspiración. Kay termina el libro con algunos consejos optimistas y algo ingenuos para desterrar de una vez por todas la mentalidad conspiratoria. Si hubiera sido consistente con el argumento de su libro, habría tenido que decir que los teóricos de la conspiración están tan seguros de su verdad que cualquier argumento en su contra -el libro de Kay, por ejemplo- será utilizado como prueba fehaciente de que hay una conspiración en las altas asferas.

(La Tercera, 17 de junio 2011)

[Publicado el 20/6/2011 a las 15:31]

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Comentarios (6)

  • Lo cierto es que resulta muy extraño comrobar la ignorancia de las personas ante un AUTOATENTADO tan claro como el 11s. La historia se ha movido siempre a ritmo de conspiración. Yo soy historiador y lo sé; también sé que los historiadores del futuro lo sabrán y les hará gracia la idea de que la hmanidad entera creyese que una guerra como la de Afganistán (10 años) ocurrió a causa de un hombre: Bin Laden, cuya muerte se produjo de manera sorprendente al tiempo que la planificada retirada en 2011.

    Comentado por: Esteban el 22/7/2011 a las 16:08

  • Ademas de Richard Perle ser asesor de Bush y co-autor del famoso "PNAC" previo a 911, Conrad Black mismo era dueño de 7 mineras "canadienses"; si slquien aqui aun no sabe que la corona brit usa la triangulacion de las mineras "canadienses (parte del British Commonwealth) para efectuar mineria en todo el globo -por ej Chile-, entonces le queda pero mucho que aprender. Jonathan Kay por su parte, tambien denunciado por su rol de propagandista del falso calentamiento global por carbon a fin de colectar Impuesto Global para al corona (el cambio climatico es causado por el sol que entra en una fase inestable)

    Comentado por: chris hohn el 23/6/2011 a las 14:16

  • Tener una obsesión malsana sobre teorías conspirativas obviamente atenta contra la salud personal y social.
    Sin embargo, irse al otro extremo y pensar que "las cosas" ocurren en forma natural, es todavía peor.

    Decir que en la aprobación de hidroaysén hubo acuerdo entre los poderes políticos y económicos para pasar a llevar la legalidad y ética, o decir lo mismo sobre Campiche, o Pascua Lama, o semillas, ¿es paranoia?. Estos son algunos casos, pero cuando los casos puntuales se multiplican y se unen, dejan de ser puntuales, sino que dejan ver una tendencia que muestra a un grupo limitado de personas en el mundo que se pone de acuerdo, proyecta y trabaja para adueñarse de las riquezas de los países, dejando a las mayorías fuera de esa elitte. ¿teoría conspirativa?.

    Comentado por: Ariel Gajardo el 22/6/2011 a las 18:24

  • Si bien es cierto que suena a irracionalidad lo de una conspiración fraguada premeditadamente por los poderosos,lo cierto es que tal parece que el mundo moderno, con las grandes corporaciones adueñándose del mundo, sí parece "conspirar" (unirse para hacerle daño a alguien) contra la libertad y el bienestar de las mayorías. Hoy en día, sin duda, vivimos en una de las épocas más negras de la historia humana, lo que algunos teóricos han llamado "la era ciberfeudal", aunque yo más bien diría la "era ciberesclavizada".

    Comentado por: Luis Horacio Heredia el 21/6/2011 a las 21:50

  • Si, es ridículo pensar que hay una conspiración en la sombra moviendo los hilos de todo lo que pasa. Así no se puede vivir. Pero también me lo parece la idea de que el mundo evolucionó en la dirección que lo hizo y no en otra, sin que nadie le haya empujado, sin que nadie se haya encargado de convencer a las masas de que era el único camino posible y de que sería beneficioso para ellas. Es decir, si estamos donde estamos es porque nos vendieron el viaje para que quisiéramos hacerlo.

    Comentado por: Cabana el 20/6/2011 a las 20:16

  • en suma: un inmensa confusión

    Comentado por: juan andres el 20/6/2011 a las 16:14

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Biografía

Edmundo Paz Soldán (Cochacamba, Bolivia, 1967) es escritor, profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Cornell y columnista en medios como El País, The New York Times o Time. Se convirtió en uno de los autores más representativos de la generación latinoamericana de los 90 conocida como McOndo gracias al éxito de Días de papel, su primera novela, con la que ganó el premio Erich Guttentag. Es autor de las novelas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio quemado (2006), Los vivos y los muertos (2009), Norte (2011), Iris (2014) y Los días de la peste (2017); así como de varios libros de cuentos: Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1988).

Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas y ha recibido galardones tan prestigiosos como el Juan Rulfo de cuento (1997) o el Naciones de Novela de Bolivia (2002).

Bibliografía

Los días de la peste (2017) 

 

 

 

Iris (2014). Alfaguara

 

 

Portada 'Los vivos y los muertos' 

Norte (2011). Mondadori

 

 

Billie Ruth (2012). Páginas de Espuma

 

 

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