Generación Bit: una historia de la información

Claude Shannon
En 1948, Bell Laboratories anunció la creación del bit, una unidad para medir la información. Su inventor tenía 32 años y se llamaba Claude Shannon. En "A Mathematical Theory of Communication", un ensayo de ochenta páginas publicado en las páginas de la revista de Bell, Shannon desarrolló los principios de una teoría de la información que va adquiriendo cada vez más importancia. El nombre de Shannon no es el de un inventor icónico; sin embargo, The Information: A History, a Theory, a Flood, el nuevo libro de James Gleick, lo convertirá en uno.
Una de las mayores virtudes de Gleick consiste en unir conceptos aparentemente dispares para mostrar cuán interconectados están. Su libro es una ambiciosa y brillante historia de la información que se atreve a tocar todas las ramas del conocimiento; la información, después de todo, es "el principio vital" de nuestro mundo. La teoría de la información nació a mediados del siglo XX de la unión de la ingeniería eléctrica con las matemáticas y la computación, pero hoy hasta la biología se ha convertido en una "ciencia de la información, un tema de mensajes, instrucciones y códigos... Genes encapsulan información y permiten procedimientos para leerla y escribirla. El cuerpo mismo es un procesador de información". Así, Gleick se permite una conclusión audaz: "a la larga, la historia es la historia de la información tomando conciencia de sí misma".
El subtítulo del libro menciona tres temas. En las secciones de historia, leemos acerca de las diversas tecnologías de la información desarrolladas por los seres humanos, desde los tambores africanos hasta el alfabeto, las matemáticas y el código morse. Gleick, autor de biografías clásicas de Newton y Feynman, es un maestro a la hora de anclar datos en torno a un personaje: aquí brillan Charles Babbage y Ada Byron, que dieron los primeros pasos para la invención de la computadora. También sabe cómo dar relevancia y contexto a datos no muy conocidos: aprendemos, por ejemplo, que el primer diccionario es de 1604 y lo hizo Robert Cawdrey (su Tabla Alfabética es descrita como "un hito en la historia de la información").
En las secciones de teoría aparece el personaje central del libro, Claude Shannon. Cuando todos pensaban que el problema clave de la comunicación tenía que ver con hacerse entender, dar sentido a lo que se comunicaba, Shannon tuvo una idea brillante y contraria a la intuición: según él, los mensajes no siempre tienen sentido, y que lo tengan o no son "aspectos semánticos de la comunicación... irrelevantes para el problema de ingeniería". Al desligar el mensaje del sentido, Shannon sugería que lo importante de la información era el hecho de cómo se reproducía en un punto un mensaje enviado desde otro punto; daba lo mismo que la información fuera "una secuencia de números al azar o una señal de televisión o información para un misil guiado", el hecho era que el proceso era estadístico, podían ocurrir errores gracias a procesos entrópicos, los "mensajes se generaban con una variedad de probabilidades".
Aunque científicos importantes como Norbert Wiener no estaban a gusto con la idea de una información desprovista de sentido, las ideas de Shannon fueron tomando las diferentes ciencias en la segunda mitad del siglo XX. Gracias a su uso del error y la entropía, la teoría de la información de Shannon cambió el curso de la física teórica, la psicología y la biología.
Hoy vivimos en el tiempo de la Inundación. Gleick convierte en padrino de estas secciones a Borges y su Biblioteca de Babel. Todos nosotros nos hemos vuelto bibliotecarios de esta gran Babel de información muchas veces desprovista de sentido. Eliot hablaba de la sabiduría perdida con el conocimiento, y del conocimiento perdido con la información. Gleick sabe que el principal desafío del siglo XXI es hacer que el sentido vuelva a conectarse a la información, y piensa que nosotros, "criaturas de la información", sabremos encontrar el sentido entre tanta "cacofonía e incoherencia". Este optimismo suena raro en un libro que tiene como personaje central precisamente a alguien que descubrió que lo importante de la información no era el sentido.
(La Tercera, 14 de marzo 2011)
[Publicado el 14/3/2011 a las 17:47]