Banksy por dentro y por fuera
Hace unas semanas, de visita en Nueva York, me quedé en el hotel Carlton Arms. Este hotel, que alguna vez fue el favorito de los travestis que trabajaban en el vecindario, se ha ido convirtiendo en un museo de arte urbano: todos los pasillos y habitaciones están pintados por grafiteros célebres como Banksy, BilliKid y CERN. No tuve la suerte de que me tocara la habitación pintada por Banksy, pero sí pude apreciar de cerca el corredor en el que el artista de Bristol había desplegado toda su creatividad. Me deslumbraron unos personajes que parecían sacados de un dibujo animado psicodélico: cowboys con lenguas largas, mujeres verdes con tres senos, reyes prisioneros y buitres de cuellos retorcidos.
Mi curiosidad por el Carlton Arms había sido despertada por Exit Through the Giftshop, el "documental" de Banksy que acababa de ver en la cinemateca de Cornell. Quería saber más del "street art" (Liliana, mi pareja, había visto dos veces el documental y fue la primera en derrumbar mi escepticismo). Me conmovió la historia de Thierry Ghetta, el francés que, fascinado con el arte urbano, se pone a documentarlo todo a través de su cámara filmadora. Gracias a su primo, el grafitero Space Invader, Ghetta conoce a Banksy, quien le sugiere que él mismo se convierta en artista. En el documental, asistimos a esa transformación: el ingenuo Ghetta termina de gran "street artist", elogiado por los poderosos de la crítica y de Hollywood.
Aunque Banksy defiende en las entrevistas la autenticidad del documental, está claro que Exit Through the Giftshop es un "mock-umental". Banksy nos cuenta por un lado la historia del arte urbano y por otro comenta con acidez acerca de la forma arbitraria en que los popes de la crítica dictaminan qué es arte y qué no. Nos reímos de Ghetta, pero es una risa incómoda: Banksy, aquí, está confesando que el artista callejero es también parte del mercado, del sistema que él mismo critica. Banksy ha dicho en una entrevista que "el street-art no es como otros movimientos artísticos, no recibe subvenciones ni está patrocinado por los ricos. Por eso sería una vergüenza que acabara como cualquier otro arte: atrapado en las vitrinas de un museo o en las paredes de las casas de los que nunca tendrán problemas de dinero". Sin embargo, eso es lo que está ocurriendo y lo que también sugiere el "documental".
Banksy es el grafitero politizado que ha intervenido en Disneylandia y Gaza y Cisjordania, pero no hay que idealizarlo: él es también un hombre muy rico gracias a los coleccionistas de sus obras. Algunos se escandalizaron ante su reciente "intervención" de un programa tan venerable como Los Simpsons, pero que este programa se haya mantenido relevante gracias a su crítica burlona y despiadada del sistema no significa que esté fuera de éste (precisamente de eso trata la intervención de Banksy). Bansky trabaja después de Duchamp y Warhol y en el fondo sabe que cualquier tipo de movimiento subversivo artístico será cooptado por el mercado. El desafío consiste en mantener la legitimidad para criticar el sistema al mismo tiempo que se acepta que no hay nada fuera del sistema.
(Revista Qué Pasa, 19 de noviembre 2010)
[Publicado el 19/11/2010 a las 17:49]
"I would prefer not to", que diría el personaje de Melville. ¿Qué es, a la postre, la obra de arte descontextualizada, sin receptor? Abandonar la obra en la idea, en el cigoto, con la finalidad de no caer en el campo gravitacional del juego que busca la hegemonía en determinado campo es, a su vez, caer en éste desde el otro lado, pero aún dentro (porque ser un "connoiseur" implica precisamente un conocimiento consciente y, por tanto, la aceptación de dichas reglas -tanto si se está de acuerdo con ellas como si no- y el no conocerlas, un ostracismo inconsciente como consecuencia de la carencia del capital cultural necesario –pero aun así consumidor-). ¿Qué tal aquellas posturas, como la de los decadentes finiseculares, que hacían –o pretendían hacer- de su propia vida una obra de arte? Tengo la sospecha de que el no hacer la obra no libra al artista de la acaparación del capital cultural hegemónico adecuado: ¿no es el no hacer la obra precisamente otra postura rupturista? Pienso, por ejemplo, en mi admirado Michi Panero, Bartleby cañí, de ilustre estirpe literaria (aunque imagino que habrá jurado y rejurado por el padre que le tocó en suerte), que no escribió un puñetero verso en su vida y es elevado como (anti)héroe de las nuevas raleas literario-culturales ibéricas (y aquí incluyo a cantautores como Nacho Vegas, que le dedicó un EP). Creo que salvo el consumidor incosciente, aquí nadie se libra de alimentar al monstruo o, como dice la tira de Mafalda, de salir en las estadísticas:
http://ruthpiqueroriveiromdi.files.wordpress.com/2007/05/mafalda-estadisticas.gif
Comentado por: Pablo el 27/11/2010 a las 09:44
Pablo, no te contesté porque estoy completamente de acuerdo contigo. Las posturas pueden ser rupturistas originalmente, pero al final es difícil sustraerse a la hegemonía del sistema. Quizás el único gesto posible es el de Belano y Lima en Los detectives salvajes: no hacer obra, para que así ésta no sea cooptada.
Comentado por: edmundo el 27/11/2010 a las 05:14
Carmen, "me quedé" está escrita con todo el rigor del mundo. Es algo que uso desde que vivía en Bolivia hace más de veinte años. No tiene nada que ver con el spanglish. "Me hospedé", por el contrario, me suena artificial. "Me alojé" lo acepto encantado.
Comentado por: edmundo el 21/11/2010 a las 17:51
«...me quedé en... » Sugiero "me alojé", o "me hospedé". Más rigor por favor, por lo menos de aquellos que se dedican al idioma; porque para nosotros, los demás mortales, pues espanglea, que algo queda.
Comentado por: Carmen el 21/11/2010 a las 03:24
Algo que debe encontrarse en cualquier "obra de arte" es la expresión auténtica y libre (por cualquier medio) del sentir.......
Por lo general, un trabajo metódico, de notoria inspiración y que lleva consigo emociones e ideales.
Un artista es un ser original y auténtico....
Marcel Duchamp y su arte del "ready-made" descontextualizaba un "elemento" lo colocaba en un sitio distinto, unas palabras a su lado y se convertía en arte!!!! cambiaba la emoción al ver el mismo "elemento" en distinta función....
Por su lado, Andy Warhol y su arte basado en el arte publicitario de la repetición de objetos bien conocidos, lo cual hacía de fácil su interpretación y rápida su aceptación.....
Ambos son artistas por su originalidad y autenticidad en su arte.
A su vez, los artistas callejeros tienen una autentica libre expresión......
Bansky , toma de Marcel Duchamp el dexcontextualizar la imagen , de Warhol el uso de imágenes muy conocidas por la gente y que evocan un sentimiento,
Es muy fácil ser llamado irreverente por tomar una imagen que siempre ha inspirado ternura e inocencia y mezclarla con algo que implica maldad y violencia..etc....
Y que se obtiene?.... irreverencia.. pero de la barata y fácil.....
¿Hay arte en esto de Bansky?....
ninguna!!!
No contiene originalidad, ni autenticidad ni libertad, ..
No porque se exprese en las calles, implica libertad.
Bansky, "usa" hábilmente el medio callejero para hacer creer que su "arte"contiene libertad....
Esta muy conciente que la "irreverencia" hoy en día vende y puede ser llamado uno "artista" por ello....
Bansky es, solamente un "mezclador" de arte ya bien conocido y conoce como funciona el mercado......
Nada nuevo bajo el sol......
Comentado por: susana el 20/11/2010 a las 04:58
The Rules of Art, de Pierre Bourdieu, la lectura que estoy haciendo ahora mismo, me viene que ni al pelo con tu artículo. Haciendo sumario,el cinismo y el escepticismo, la crítica del sistema desde dentro no son más que las posiciones rupturistas que generan la tensión necesaria para establecerse hegemónicamente y desplazar a aquellos círculos de producción y distribución que ocupan esa posición privilegiada. No hay movimientos ni posturas desinteresados, y Banksy, aspiración de cualquier artista, ha creado un canon -el suyo- de lo que se debe entender como arte y está logrando imponerlo -de forma muy inteligente- pero su modus operandi no se diferencia demasiado, a la postre, de la transición de la poesía renacentista al italiano modo de los sonetos garcilasianos o de las temáticas romántico-nacionalistas de los prerafaelitas, por poner un ejemplo.
Comentado por: Pablo el 19/11/2010 a las 18:20
Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de nueve novelas, entre ellas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio Quemado (2006) y Los vivos y los muertos (2009); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Su libro más reciente es Norte (Mondadori, 2011). Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo de cuento (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido una beca de la fundación Guggenheim (2006). Colabora en diversos medios, entre ellos los periódicos El País y La Tercera, y las revistas Etiqueta Negra, Qué Pasa (Chile) y Vanity Fair (España).

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