El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
COMER POCO
En estos tiempos, comer mucho es de mala educación pero además acorta la vida. La acortaría siempre pero ahora la longitud de la vida importa más, puesto que se ha comprobado la posibilidad de actuar sobre ella y haber experimentado, a partir del medievo, que la muerte nos mata individualmente y no en manadas, en cuanto feligreses, guerreros y castas. Tener que soportar la carga de la propia muerte supone responsabilizarse de la propia vida. Para alargarla al máximo, en la mayor parte de los supuestos o para acortarla también, en encrucijadas escogidas.
Entre tanto, comer mucho o demasiado obliga a quemar, junto a los miles de calorías adicionales, un puñado de años probables. El estremecimiento de este saber se difunde a menudo por los dietistas y, en especial, por una clase de elegantes médicos que no se ganan la vida recetando complejos menús adelgazantes sino recomendando, tan sólo, comer poco: la mitad del plato, la mitad del vino, sólo una bola de la tríada en la copa del helado. Comer poco es indescriptiblemente fino. Trasmite sensación de dominio y de suficiencia interna; energía de autocontrol y superior autonomía.
Si los objetos nos resultan tan fascinantes y seductores se debe principalmente a que no nos necesitan en absoluto. Somos nosotros quienes los necesitamos a ellos. Igualmente, quien denota que no necesita comer mucho –o incluso nada- se emancipa de una dependencia en cuanto a sujeto que favorece su poder de seducción en cuanto objeto.
Uno de los pecados más deplorables es la gula. Casi todos los pecados al expresarse demasiado provocan asco pero la gula viene a ser lo más próximo a lo abundoso, excrementicio y nauseabundo. Tácitamente se admite, siendo o no verdad, que quien vive obsesionado por la mesa padece insatisfacciones eróticas. Seguramente no es verdad. También entre gastrónomos se repite que será del todo imposible practicar los siete pecados capitales porque, dicen, “¿gozando de la gula y la lujuria, de quién puede sentirse envidia?”
El auge del arte culinario con la profusión de espacios mediáticos sobre el refinamiento de los gustos y la confección de platos, ha situado destacadamente las recompensas del paladar y del estómago. Pero el estómago –no el paladar- pertenece -¿para qué engañarse?- a los órdenes más vulgares del cuerpo.
Cuando menos se mencione el estómago mejor. O cuando se enseña, como ahora en las mujeres, debe ser en su máxima vaciedad. Todo estómago prominente o sólo discretamente notorio hace decrecer el valor general de la figura.
La estética se asienta en la planicie del aparato digestivo, tal como si su interior no guardara bulto alguno y en su tránsito no se conociera ningún elemento residual. La meseta del espacio es emblema de juventud y la señal unívoca de estar en forma.
Comer mucho incrementa, de otro lado, la misma problemática interior. Hace poco se demostró que un alto consumo de calorías favorecía el Alzheimer, el cáncer. El Parkinson o la diabetes. Puede que comer poco no propicie un alargamiento de la existencia por sí solo pero ayuda a sortear patologías muy criminales y, a primera vista, provee de un perfil especialmente cool para el naturalismo del siglo XXI.
[Publicado el 21/11/2006 a las 10:02]
Pues parece que tiene razón,hace poco tenia problemas de concentración, me cansaba hasta de descansar. Un día enfermé, debido a eso deje de comer de la misma manera, luego cuando estuve recuperado me di cuenta q ya no me sentia cansado y me sentia con mucha vitalidad,pensaba q era por comer menos pero no estaba seguro. Gracias a este artículo puedo ver q era verdad.
Comentado por: Diego el 11/5/2008 a las 22:37
es la primera vez que me meto a leer en un foro de gente "normal" o sea que no hay groserías ni sandeces, vaya por lo menos de entrada no me ha dado esa impresión.
los artículos de Verdú hace como veinte años que me los leo, algún libro también, y me parece persona cabal y con todo su bagage está donde está que para lo que hay ya es mucho.
las aportaciones de enea (que no se e puede llamar hombre o mujer ya que tiene nombre de planta o en su transformación de silla o sillón, ya que se puede decier ENEA o ANEA, vaya eso creo) a lo mejor viene de de un diminutivo de Eneas, prota de la "Eneida" ya se me ha ido la pinza. Y todo ha sido por aquello de que se comía a parte, por... Yo creo que se comía apartado de la tribu para que NO SE LA QUITARAN, soy gato viejo y viajado. antiguamente (aquí en el solar patrio) las gentes comían como furtivos,y se creía que era por pudor, de eso nada, era para que les pudiera entrar todo y en el mínimo tiempo, pq a las madres se lo quitaban los hijos crecidos o los que les ponían cara de cordero degollado, y ellas como buenas madres lo cedían, y lo más importante era para que el macho cazador, segador, hortelano, camionero o lo que sea, no se le antojase lo que ELLA tenía, que se lo tenía que ceder, sino zurra y al pajar. parece una peli de Antonioni, Bergmann o de mi querido Passolini. pero hay que tener en cuenta que hasta el siglo XX la inmensa mayoría hemos sido como bestioletes del bosque, un saludo a todos.
Comentado por: escarlatta el 03/8/2007 a las 00:56
La lucidez puede ayudarnos en la mayoría de los casos a pensar mejor. Asi como a solucionar, comprender, deducir, aprender, etc. Capacidades estas en su malloría interesantes para vivir mejor (sufrir menos).
Es obio que comer mucho (hay que digerirlo y metabolizarlo etc.) resta energia necesaria para disfrutar de nuestra lucidez.
En mi caso siento y gozo mas de la vida si estoy lúcido.
Para ciertos tipos de felicidad (la mia) es indispensable.
Con lucidez, siempre. Incluso a la hora de comer.
Don Vicente, un saludo
Comentado por: Eduardo el 29/11/2006 a las 23:21
Comentado por: chiqui el 22/11/2006 a las 01:22
Comentado por: chiqui el 22/11/2006 a las 01:19
Adolfo,estoy segura que Oscar Wilde no estaba pensando en la comida ...o el sexo! Buenas noches darling!
Comentado por: adolfo el 22/11/2006 a las 01:17
Sabe? una vez me enseñó un ucraniano a comer hojas de parra. Pensé que no era cierto, pero sí, me enseñó a cocinarlas. Después lo leí en un libro de O. Pamuk. No importa lo que se coma, sí como se come... sí
........
Pero el estómago –no el paladar- pertenece -¿para qué engañarse?- a los órdenes más vulgares del cuerpo.
.........
pero el paladar, no
Muy hermoso, pues
Enea
Comentado por: Enea el 22/11/2006 a las 00:15
Comentado por: adolfo el 21/11/2006 a las 22:15
Yo lo veo más como una cuestión sociológica: donde hay abundancia y se come por el placer de comer y no por mera supervivencia, prima la estética. Enfermedades como la abulimia y la anorexia supongo que son impensables en el tercer mundo.
Y no nos olvidemos de la calidad de lo que comemos, que deja mucho que desear. A lo mejor no es tan determinante la cantidad sino la calidad. ¡Donde esté un buen cocido!
Comentado por: cenutria el 21/11/2006 a las 21:35
Sr. Verdú: Su comentario me ha recordado el cuento de Borges sobre aquella tribu primitiva que deconocía el lenguaje pero que tenía tal sentido -comunitario, adquirido- de la educación que se retiraban a comer a solas, por pudor.
El mensaje borgiano asociando la educación más antigua ¿innata? al acto de comer señala un atavismo del ser humano: la verguenza por comer mucho. Probalemente ligada al sentido de la supervivencia. Como en tantas cosas, una explicación antropológica.
Comentado por: Bartleby el 21/11/2006 a las 21:11
Siempre es mejor beber con el cuenco de las manos que con un vaso inadecuado, si sabe como ponérlas en cuencos es grato, entonces se manejan los dos labios en forma de soplo y es beber despacio, suele realizarse al final, nunca con licor siempre con agua fresca y sólo un sorba lento y reteniéndolo un momento, muy poco momento para desintoxicar el paladar y las células de la lengua, después si quiere el licor, poco y fuerte, espeso para recorrer con la mirada ( no la vista) como baja por el vaso, puede poner algunas gotas en las venas... y lamerlas,sin que se vea la lengua claro, se permite secarlo dulcemente con los labios y recorrerlos luego con la lengua ( pero es una insinuación o pregutna del varón para saber si la flor está lista... y eso pues... ) ese es un juego amoroso muy bonito mientras finaliza la cena
( es que ese tema me encanta)
Enea
Comentado por: Enea el 21/11/2006 a las 17:03
Algunas veces cuando observo ( mo sé si "v" o "b" en estos momentos) como comen las personas y como se sientan, me asusto... es todo un desorden corporal, el alma no puede estar tranquila así... se mueven, giran bruscamente la cabeza, hablan comiendo, entorpecen el alimento con la bebida aún no deglutida, los ruidos de los cubiertos, el plato sin orden, la espalda sin ángulo recto, la cabeza comiéndose el plato... pienso oh! no pueden hacer una buena digestión de esos alimentos, son como... como echando comida a un tobogán que se desliza al suelo ( estómago), pero bueno
Enea
Comentado por: Enea el 21/11/2006 a las 16:49
Comer es un placer, pero es doblemente placer si se dosifica de tal manera que queda uno con más ganas, (al igual que el sexo). Como siempre sus artículos son todo un alimento, dosificado, para combatir el Alzheimer.
Comentado por: Zuriñe el 21/11/2006 a las 16:40
oh!, qué hermoso.
Me imagino que se refiere a comer adecuadamente: cuerpo y alma, me atormenta de fascinación, eso.
El agua y la bebida a su tiempo, el vaso nunca de plástico y redondeado el borde ( eso es muy importante) para el descanso del labio, favorece el sorbo, sin sonido e impide el aire que no debe entrar en ese momento ( todo se hace por el mismo tracto, y es necesario cuidarlo). Bien hermoso.
Despacio, recuerda comida lenta ( siempre se puede, la educación del gesto no siempre es encesaria)
Si pone las muñecas al borde es irritación y desespero, o uñas que no quieren agarrar aún pero le advierten. Es mágnífico ese lenguaje del cuerpo.
Los codos nunca en la mesa, excepto en la espera de todos al siguiente acercamiento y sólo un momento ( acercamiento, siguiente alimento).
Debe mirar siempre la parte intermedia, entre los ojos y la boca, nunca directamente a la boca de quien está comiendo enfrente, a no ser que en ese momento su servilleta deshumedezca los labios externos ( es que esto me fascina).
Puede bajar los ojos pero será sólo un momento, no mantenga los brazos debajo de la mesa ( a no ser que juegue en pareja) es signo de desespero y decadencia... y así... es todo un lenguaje.
Es necesario comer con instrumentos ( palillos o tenedor según el tiempo de cocción de los alimentos) cuhara mediana, nunca paleta y así. Los dedos deben utilizarse para un tipo de alimento, aquellos que tienen una textura a tiempo de temperatura parecida a la del cuerpo, pues se come con las yemas ( nunca las uñas) para iniciar el tacto del alimento preparar la cavidad bucal con la saliva necesaria para relamerlo...
es así como enseñaron.
me encanta
Enea
Comentado por: Enea el 21/11/2006 a las 16:38
Comentado por: sonia el 21/11/2006 a las 16:12
Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 21/11/2006 a las 14:25
Pues a mí la gula no me parece tan execrable y vulgar. Es más, igual que hoy en día se buscan siete nuevas maravillas del mundo, yo buscaría siete nuevos pecados capitales, y le quitaría a la gula ese puesto. Es un pecadillo venial, muy inofensivo para todos excepto para nosotros mismos . Lo que le cuesta la obesidad a la sanidad pública, la recupera el sistema en todas nuestras inversiones a fondo perdido en la infinidad de restaurantes que hay por ahí sueltos. Los placeres de la buena mesa, son además de la comida y la sensación de un estómago lleno con la gran siesta que sigue, esa camaradería de la sobremesa, las conversaciones que surgen en torno a un buen banquete... No caigamos en la lógica de la comida para astronautas. A mí los personajes viciosos que más indulgencia me inspiran son aquellos que no pueden vencer la gula, y entre todos ellos ahí están Falstaff, Gargantúa, Pantagruel, Sancho y un buen plantel de hombres buenos. No se nos ponga judeocristiano con la comida y apiadese de los gorditos, señor Verdú.
Comentado por: Zingua el 21/11/2006 a las 13:33
Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 21/11/2006 a las 13:13
A mi parecer el autor está en lo cierto comer demasiado es perjudicial,incluso para el bolsillo cosa que se puede comprobar en cualquier restaurante.
Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 21/11/2006 a las 13:10
Las obsesiones de los cuerpos, de los textos, de las necesidades... Yo tengo un Jardín que habla perfectamente de todo esto el cual te invito a recorrer.
Saludos desde el Jardín.
Comentado por: Zârck. el 21/11/2006 a las 12:56
Decía Michelle Pfeifer en "El precio del poder" que nada satisface tanto como en exceso.
Hablando de comidas, ese otro gran filósofo, el alienígena Alf, solía pedir su plato favorito: "Todo aderezado con todo".
Y las tiras de Garfield el gato glotón están entre mis favoritas.
O sea que la templanza en la mesa estará muy bien vista, pero a mí que no me miren. El mejor chuletón es aquel cuyos extremos rebosan los límites del plato.
Comentado por: Placero el 21/11/2006 a las 12:28
Don Vicente especialmente cool, especialmente obsesionado por el cuerpo y sus mesetas. Ayer no fumar, hoy no comer, mañana probablemente no beber alcohol o no fornicar. Para componer una bella imagen que entregar impecable a la muerte. Suena casi, sin el tono mayestático, al viejo y eterno Eclesiastés: Vanidad de vanidades y todo es vanidad.
Comentado por: El Pozo y El Numa el 21/11/2006 a las 11:26
Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Su libro más reciente es No Ficción (Anagrama, 2008).
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Condenas)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
16/5/2008 23:08
Publicado por: La primera impresión es la que regula el amor y la amistad
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