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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Vicente Verdú

LA IDENTIDAD QUE VIENE DEL OCIO

Todavía queda mucha gente que considera el trabajo como la base decisiva de la identidad. La contemporaneidad, sin embargo, desmiente esta vieja creencia. El trabajo profesional ha ido descaracterizándose y el ocio, por el contrario, cargándose de elementos dispuestos a definirnos.

Todavía hace pocos años Richard Sennett obtuvo un gran éxito con su libro La corrosión del carácter y allí se lamentaba, se sollozaba, porque el panadero de hoy no era ya el conspicuo panadero de antes, nutrido de tradición y enharinado de vocación ancestral. Tampoco el herrero o el abogado conservarían esos caracteres porque el capitalismo de consumo, su variabilidad, su superficialidad, su movilidad, los habría corroído como personajes netos.

Efectivamente. El efecto de la cultura del consumo (histéricamente estimada como cultura del diablo) ha sido la corrosión de lo unívoco. No emprendemos la vida hoy para llegar, como dictaba Píndaro, a ser el que somos, sino precisamente para ser todo lo que ahora no somos.

La aventura y no el proyecto estricto, la veleidad y el cambio, la imprevisibilidad o el accidente son los caracteres de nuestro tiempo. El atributo más anticontemporáneo es la dirección única, la sangre pura, la ortodoxia o el planeamiento delineado para toda la vida.

Ni la casa, ni la pareja, el coche o el reloj son, como antes, para toda la vida. Tampoco la dedicación profesional que, entre otras cosas, nace de una titulación aplicable a tareas variopintas o todavía por pintar. No nos hacemos una identidad mediante el trabajo porque el trabajo o nos disfraza una y otra vez en sus diferentes versiones o nos resbala. Bajo la apariencia de una profesionalidad circunstancial no se construye la identidad sino, más o menos, en el territorio del tiempo libre. Libre también para ser a voluntad. De hecho, esta ha sido la respuesta del 88% de los jóvenes españoles e italianos encuestados por la empresa Synovate con implantación en 54 países y tras realizar su último estudio sobre identidad en 11 naciones europeas.

En el ocio, a través de las elecciones musicales o de ropas, la preferencia de ídolos y marcas, la elección de parajes, videojuegos y viajes, se conforman tribus y tipos. El trabajo resulta o demasiado abrumador, explotador, voluble o poco importante para esperar la denominación de él.

El mundo alternativo al laboral, el universo del consumo y su tiempo libre se encarga de trazar la silueta de ciudadanos/consumidores y no en el negativo sentido de su enajenación sino en el serio significado de su definición.

El que quiera entender que entienda.

[Publicado el 17/11/2006 a las 10:30]

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Comentarios (17)

  • Comentado por: redmummy el 20/11/2006 a las 06:40

  • No, no son excluyentes, evidentemente la revolución puede ser solidaria y la solidaridad revolucionaria.
    He sido demasiado concisa sin darme cuenta que no se me entendía bien. Tu texto me sugiró dos formas de lucha, que veo en este sentido, contrapuestas:

    - la solidaridad: luchar para que las cosas cambien desde dentro del sistema (pensaba en movimientos sociales como ONG's, Muhammad Yunus, etc.). No persigue en sí el cambio del sistema, sino una mejora social: mayor justicia para los más agraviados.

    - la revolución: luchar para cambiar el sistema, derrocarlo, transformarlo. No se me ocurre cómo hacerlo sin violencia y política. Tampoco tengo muy claro qué ejemplos poner: Evo Morales? los movimientos antiglobalización? Dejo fuera aposta a Cuba, es un debate que no me atrevo a abrir.

    De ahí mi pregunta. Y mi respuesta: depende del día, ambas o ninguna.

    Comentado por: cenutria el 20/11/2006 a las 00:28

  • Cenutria, aún sabiendo que es insuficiente, intentaré responder a tu pregunta.

    ¿Solidaridad con qué causa o qué colectivo? Porque dicho así, es demasiado abstracto. Desde mi punto de vista, la primera lealtad nos la debemos a nosotros mismos, eso para empezar. Tampoco andaríamos muy desencaminados si nos planteásemos revisar la lógica aristotélica con la que seguimos funcionado, porque a partir de ahí cambiarían bastantes cosas. Hoy ya no podemos seguir pensando el principio de identidad en términos de exclusión, -ser o no ser-, por nuestro mundo interconectado, y porque querámoslo o no cualquier parte nos afectará en alguna medida, tarde o pronto. De momento no entiendo la elección entre solidaridad y revolución, ¿tú las ves excluyentes?

    Después de un fin de semana estupendo, empecemos otra semana que no sea menos. Y seguimos con nuestro estimado Agustín García Calvo:

    Día de oro.
    ¡Cómo pensar es dulce!,
    penetrar las entrañas del agua
    con nuestros ojos, y de espuma
    rumorosa llenar el oído.
    Oh, y entender bajo las olmedas
    todo, todo, y lo pobres
    y lo ricos que somos.

    Buenas noches a todos.

    Comentado por: francesca el 19/11/2006 a las 23:09

  • ¿solidaridad o revolución? ¿cuál crees que es la respuesta?

    mis felicitaciones por este bello texto. Buen día!!


    Comentado por: cenutria el 19/11/2006 a las 12:24

  • Nunca, a lo largo de la historia conocida, ha tenido la Humanidad a su alcance tantos recursos para vivir de modo confortable, y con abundante producción artística y cultural accesible a una gran mayoría, entonces, ¿a qué se debe nuestra honda insatisfacción? Pensar que sigue habiendo demasiada injusticia y miseria en el mundo, y con la perspectiva de una catástrofe global, no justifica nuestra vacío y desmoralización, habrá que seguir indagando para encontrar alguna razón a la crisis de conciencia, del sentido de lo humano y, sobre todo, a la crisis del deseo, en el panorama actual. Si los humanismos conocidos ya no sirven a nuestra civilización occidental, y, mientras sobrevivimos desasistidos por la esperanza expectante de una prospectiva que nos anuncie ‘la alborada del Ser’ heideggeriana, ¿qué hacer?, ¿abdicar de nuestra responsabilidad?, ¿hundirnos en nuestras propias contradicciones?

    En alguna ocasión, me ví sorprendida por comentarios de jóvenes compañeros en el estudio de sociología, -yo empecé con treinta y nueve años, y ellos estaban por los veinte-, diciendo aquello de que les hubiese gustado vivir los años sesenta y participar en los movimientos culturales rompedores de tabús, que ahora no hay nada por hacer. ¿Nada? madre mía, les decía yo, con lo que queda por hacer… Claro, puede que ellos en realidad se quejaran del individualismo cultural que nos caracteriza en la actualidad, pero en todas las sociedades de cualquier época, según la antropóloga inglesa Mary Douglas, hay en pugna tres estilos de pensar: tradicional, individualista e igualitario. Muy resumido: hay que luchar para conseguir que el que consideramos mejor se imponga, y cuanta más cultura tengamos con mayor refinamiento lo haremos, en cualquier ámbito, sea de trabajo o de ocio. Claro que la voluntad es cosa de cada uno, el esfuerzo…

    Hasta luego. Besets


    Comentado por: francesca el 19/11/2006 a las 11:24

  • ahora me llamas de usted, chiqui? tutéame mujer, con lo que ya llevamos hablado!! si, en eso tienes razón, pienso igual que matemático... lo hemos hablado muchas veces, pero él es más radical que yo: yo estoy más domesticada.

    Adolfo: lo de Muhammad Yunus es un golpe bajo. Touche. Pero ya sabes "la excepción no hace la regla"... Admiro tu optimismo, evidentemente tu postura es mucho más constructiva que la mía, pero qué quieres estoy cansada.

    sdos

    Comentado por: cenutria el 18/11/2006 a las 20:00

  • Cenutria, en eso piensa usted como matematico. Me lo dijo un dia.
    Claro que llevan razon, los dos llevan razon, Adolfo y usted...y el matematico

    El trabajo bien hecho y "el que quiera entender que entienda" nos puede redimir de esa miseria de la que tu hablas y otras que no mencionas, ennoblecernos. El panadero a su harina, la maestra a sus discipulos, el camarero a sus clientes, el escritor a su pluma...pero bien hecho, al final del dia las miserias seran menos. Nos quedara el orgullo de haber hecho algo bien. Esta es mi experiencia. Cuando hago mi trabajo a medias y de mala gana,me canso mas! Como ahora que no uso los acentos, pero ahi va...

    Comentado por: Chiqui el 18/11/2006 a las 19:25

  • Ejemplo de un trabajo vocacional, liberal, creativo: el intento de mejorar, en la medida posible, la situación de la que habla Cenutria (que es, desgraciadamente, la que prevalece). ¿Y ese trabajo no le “identificaría” a uno (supone Verdú que en la “contemporaneidad” sólo nos definimos mediante el ocio y el consumo)? Trabajo vocacional: el de Muhammad Yunus, el de cualquier persona que, mediante sus propios esfuerzos, derrote al “jefe de turno” e intente que el trabajo resulte más interesante, menos precario, más rentable para los demás y para uno mismo.

    Comentado por: Adolfo el 18/11/2006 a las 19:21

  • trabajo por placer? creo que los que tienen una profesión liberal, vocacional y creativa se olvidan a veces que la inmensa mayoría trabaja en trabajos precarios, en condiciones laborales pésimas, aguantando al jefe de turno, comiéndose todos los días el atasco hasta llegar al curro... y todo esto porqué? para pagar las facturas y sobrevivir, que no es poco.

    No, el trabajo no ennoblece, la mayoría del tiempo nos humilla: una pequeña y sutil (casi imperceptible) humillación personal que nos mina, nos aliena. Y luego, a disfrutar del ocio.

    sdos

    Comentado por: cenutria el 18/11/2006 a las 17:09

  • Cuentas una historia casi bíblica, Francesca! Espero que sigas con tus reflexiones.
    Un estoico como yo siempre va a suponer—celebro que estés de acuerdo--que el Hombre merece admiracion por su capacidad de volver la supuesta maldición (“Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra”) en una bendición: en convertir el trabajo…en ocio. Por eso lo de Juan Ramón (o Walt Whitman, por ejemplo): convertir la disciplina en oasis. La sociedad perfecta—la educación perfecta-- facilitaría esa posibilidad. Poco a poco empezaría a desaparecer el trabajo tonto, inútil, sin ritmo; el trabajo que lleva la mirada hacia el reloj. Esto fue el antiguo sueño de Whitman en Norteamérica, de William Morris y John Ruskin en Inglaterra y de la gente del Instituto Libre de Enseñanza en España. No pudieron cambiar la sociedad pero cuánta belleza--mejor dicho, cuantos objetos bonitos y utiles--dejaron en el mundo ellos y sus discípulos!
    El trabajo—sobre todo el HACER algo, sea el pan, el poema, la artesanía, la tecnología, el trabajo de esa familia de la que hablas-- debería darnos la capacidad de emular al “Hacedor”. Es el trabajo—no el marketing—lo que da sentido al ocio. El ocio es como el silencio que sigue a la música: un silencio más rico y más intenso. La música da forma al silencio; el trabajo, al ocio y las dos cosas dan forma a la vida.

    PD A mí me ha parecido siempre que en España esa relación—entre el trabajo y el ocio—está mucho mejor resuelta, mejor lograda que en otras partes. No hay país donde se trabaje más intensamente ni donde más plenamente se disfrute del ocio. Por estas partes nos definimos DEMASIADO por el trabajo. En cualquier conversación… “¿Ah sí? ¿Dónde trabajas? ¿Qué haces?” En España esa pregunta puede tardar mucho en surgir.

    Comentado por: Adolfo el 18/11/2006 a las 16:05

  • Tal vez, si nos lo proponemos, sea posible dar a cada momento su valor, por muy compleja que sea nuestra realidad. Probablemente, la mejor aproximación a nuestra condición sería, la que nos contempla como seres humanos abiertos y capaces de superación. Que la vida tenga sentido o sea absurda, puede que sólo dependa de la creatividad de cada cual, o del ajuste con las circunstancias, como muy sabiamente apunta el comentario de Adolfo.

    Hay un recuerdo de mi niñez que no he olvidado nunca. En la casa de al lado de mis padres, vivía una familia con hijos, todos niños, con los que me gustaba jugar, pero sobre todo recuerdo el cariño de los padres, y algunas de sus conversaciones llenas de sentido, aún tratándose de sencillos agricultores, de personas con poca cultura. En numerosas ocasiones el padre, a la hora de comer, repetía que en la vida todo era trabajo, decía que incluso comer consistía en un esfuerzo por evitar el deterioro natural. Un esfuerzo...

    Como el tema me interesa, quizá vuelva en otro momento. B7ts

    Comentado por: francesca el 18/11/2006 a las 12:53

  • ¿Que somos quienes somos gracias a lo que consumimos? Extraña declaración y extraña “poética” (=arte de hacer) para un escritor. Depende, claro, del trabajo. Cabria distinguir entre “trabajo” y simple “labor” (la que “nos esclaviza”, como dice Cenutria); entre trabajo impuesto y trabajo voluntario. Hablaba Juan Ramón Jiménez—y antes de él John Ruskin--del “trabajo gustoso” y sigue existentiendo para los “happy few.” El marketing, la publicidad quiere definirnos por las marcas que utilizamos. ¿Por qué rendirse? “Hay que mirar el trabajo como la primera sensualidad” (JRJ, que entendía mejor que nadie lo que era trabajar: “disciplina y oasis”.)

    Comentado por: Adolfo el 18/11/2006 a las 04:53

  • "El trabajo... nos disfraza una y otra vez en sus diferentes versiones".
    Muy certero. Pienso en las estrellitas fugaces de los grandes medios, las de cualquier disciplina, aunque conozco bastante el disfraz de necedad que suelen llevar las estrellas del periodismo; pienso también en el vacío que suele adivinarse debajo de ese vestido de prestigio social que da un puesto cualquiera en nuestra precaria época laboral.

    Comentado por: ana el 17/11/2006 a las 21:21

  • “El que quiera entender que entienda”. Pero si ya no hay entendimiento unívoco, como cita don Vicente, que está corroído sobre las chatarras de Píndaro, ¿Qué es lo que hay que entender?
    Si ya no hay pensamientos, sólo situaciones y acontecimientos, va sobrando y sobra toda pretensión de entendimiento. Una paradoja, pues, don Vicente, difícilmente resoluble. Ni siquiera en el tiempo libre.

    Comentado por: El Pozo y El Numa el 17/11/2006 a las 18:27

  • creo entender y estar de acuerdo en casi todo, pero siempre con algún matiz:

    - mi siquiera la vida es para toda la vida, por lo que no es extraño que todo lo que nos sucede o hacemos sea caduco.

    - el trabajo no nos realiza: nos esclaviza, al igual que lo hacen muchas de las obligaciones que tenemos para vivir (sobre todo cuando nos preocupa alcanzar un estatus social).

    - en cuanto al ocio estoy de acuerdo (creo) que se está sobrevalorando: nuestra vida mola si tenemos aventura, si viajamos a sitios exóticos, si hacemos deportes extremos. Parece que ´sólo tiene sentido si la llenamos de "actividades" que no nos hagan reflexionar sobre el vacío existencial en que nos encontramos.

    Los occidentales "ricos" hemos convertido el resto del mundo en nuestro parque temático: este verano voy a la muralla de china, pues yo a un safari en africa, pues yo a hacer rafting en el amazonas...

    Estamos un poco vacios o me lo parece a mí?

    Comentado por: cenutria el 17/11/2006 a las 18:16

  • Como ya no leemos ni vemos películas religiosas, no sabemos que el trabajo es una maldición Bíblica y entra en la misma categoría ontológica, si es que este adjetivo significa lo que creo que significa, que las lluvias de sapos, los diluvios universales o los partos dolorosos.
    Una identidad, personal o grupal, construida a partir de una maldición es una cosa intrínsecamente perversa, lo cual, por otra parte, no deja de tener su morbo.

    Comentado por: Camilo de Ory el 17/11/2006 a las 13:10

  • Comentado por: miguel el 17/11/2006 a las 10:44

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008) y Passé Composé (Alfaguara, 2008).

Bibliografía

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

 

/upload/fotos/obras/portada_no_ficcic3b3n1_med.jpg

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Condenas)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

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