El teléfono
No hay ya película de acción en la que el teléfono, cada ve complicado y multifuncional no forme parte asidua de la peripecia hasta el punto que, en no pocos casos, el móvil actúa ya en el film como un importante actor y a través de cuyas prestaciones discurren las intrigas, se muñen las conspiraciones y se condensan las mayores operaciones financieras.
El tradicional teléfono fijo, instalado en la oficina o en casa, aumentaba la escala de la boca y de la oreja. Hacía saber que con su auxilio crecía aparatosamente la facultad de hablar y de escuchar. Su robusto micrófono potenciaba la voz y el auricular magnificaba el pabellón que oía. Pero en el móvil ocurre casi lo contrario. Ni el oído ni la boca se encuentran esbozados y su tamaño, cada vez menor, disimula la trascendencia de su uso.
Colgar el teléfono, aquel teléfono pesado y grande, significaba dejar efectivamente humillado al otro. Frente a esa metáfora del rotundo abandono físico, el móvil actúa como un dispositivo que en lugar de aplastar hace como que desintegra la voz del interlocutor.
Los dos ingenios nos llaman cuando suenan pero el teléfono tradicional no anticipaba que fuéramos nosotros los elegidos y de ahí el misterio unido a su timbre convencional.
El móvil, sin embargo, señala directamente a un yo y nos refiere inequívocamente aunque también, según la multiplicación de mensajes y ofertas comerciales, es propenso a hacernos sentir una masa anónima o sin cabeza. En su diseño tradicional, igualmente, el teléfono mimetizaba la boca y la oreja humanas mientras el móvil se libera del remedo antropológico y su tipología se relaciona con el mundo general de los aparatos.
No trasluce pues su función comunicadora a través de su aspecto y sólo hacen pensar que pertenece a una constelación tecnológica desarrollada en la electrónica. De hecho, los móviles pueden comportarse como teléfonos pero también como calculadoras, como televisores, como cámaras fotográficas, Google, GPS, etcétera y, en tan diferentes cometidos, la idea del tradicional se deslíe en ellos.
Nos comunicábamos a distancia gracias a la benevolente providencia del teléfono que hacía posible, como altísima novedad, hablar sin cuerpo, escucharse sin desplazarse. Pero ahora el teléfono móvil hace olvidar -con su movilidad incesante- el milagroso don de establecer los contactos a distancia.
La voz telefónica, la voz sin la máscara del rostro que tanto admiraba Proust en 1913 (En busca del tiempo perdido. El mundo de Guermantes), ha perdido casi toda encantación puesto que ha llegado a ser uno de los repertorios comunes. Más aún el rostro aparece en el móvil superando con su fuerza la identidad del aparato. De hecho, poco a poco, la biografía de cada cual va dejando su rastro en ese artefacto y anticipando el día en que el código genético se sume a los circuitos. De hecho, en las películas se constata que el enemigo sucumbe con facilidad tan pronto pierde su móvil, suerte de ADN extracorpóreo y arma crucial para el socorro o la defensa.
El teléfono fijo era igual para todos pero en el móvil se plasma la individualidad sea a través del diseño de las grandes marcas, sea mediante esto y el añadido del tuning que cada cual aporta a su aparato.
Si el teléfono tradicional se comportaba, en consecuencia, como un juguete con su inconfundible aspecto, normalizado y homogéneo, importante de por sí, superior incluso a la identidad de su amo, el móvil tiende hacia el imaginario de la vida personal. El milagro de recibir la voz sin la máscara del rostro se ha invertido en la ecuación de recibir la cara completa del otro, a través de la pantalla menuda, hasta la definitiva desaparición de la faz del artefacto.
Ahora todos los ciudadanos occidentales tienen teléfono. Y no sólo móvil sino móvil y fijo y, en ocasiones, dos móviles o más. Hace apenas medio siglo, en los años cincuenta y sesenta del siglo XX, tener una casa con teléfono constituía en España un signo de status. Pero también, tanto entonces como ahora recibir más o menos llamadas sirve como un indicador de la relevancia personal y profesional del propietario. Cierto grado de afirmación de un individuo se plasma en el funcionamiento del móvil y más a través del número de llamadas que recibe que de las llamadas que emite. Quien llama solicita, acaso se subordina, mientras que el sujeto llamado es requerido, necesitado.
Los primeros teléfonos domésticos se colocaban en muchos casos clavados en la pared y obligaban a hablar a la altura dialogante de las bocas. Este diálogo, espacialmente cara a cara, no eludía sin embargo los recursos a la mendacidad para cuya práctica el teléfono ha sido el rey del disimulo y la mentira: "ha salido", "no puede ponerse","le llamaremos. Y, también, de acuerdo a las películas y las novelas negras un instrumento temible en malas noticias y amenazas.
Esta sensibilidad criminal del teléfono y el temor básico a su proceder indeterminable que si, en la práctica una conversación se corta, uno y otro de los interlocutores se apresuran a comunicarse que ninguno de ellos fue el causante. Esta urgencia en la aclaración trata de rehuir la interpretación de haber sido "colgado" que, de una u otra manera, se aproxima a las analogías del despecho, el desprecio o la simulación de una ejecución con muerte o asesinato. .
De hecho el teléfono antes y ahora se ha mantenido como importantísimo y poderosísimo. La gente abandona sus tareas, dejar de hacer el amor, ase echa de la cama, corre por el pasillo jadeando para no perder su llamada. El teléfono se revela en estos casos como representante de una fuerte ficción de vida, vida irrepetible, crucial y, de hecho, cuando los futuros suicidas han decidido la irreversibilidad de su plan, descuelgan antes y definitivamente el teléfono.
[Publicado el 11/3/2010 a las 11:25]
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Estimado Vicente, le escribo desde Argentina simplemente para agradecerle por estas estupendas columnas. Lo conocí a partir de una nota que publicó la revista Ñ del diario Clarín (Buenos Aires). Descubrí en esa entrevista el concepto de "lastre cero"... tristísimo.
Un fuerte abrazo.
Comentado por: Carolina el 29/3/2010 a las 15:48
Comentado por: piiii.......piiiii.......piiii....... el 11/3/2010 a las 12:33
Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).
Galería de cuadros del autor
El capitalismo funeral (2009), Anagrama.
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama
La Ausencia (2011) Editorial Esfera de los libros

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
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