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El blog literario latinoamericano

lunes, 13 de febrero de 2012

 Blog de Vicente Verdú

El convoy

Entre comer en casa y comer en el restaurante discurre una diferencia tanto escénica como simbólica. Sin embargo, en los dos ambientes,  un objeto, "el convoy", pone sobre la mesa del comedor doméstico un aire de fonda y lleva al restaurante una enseña de familia.

El "convoy" uno de los utensilios menos sugeridores en su estética posee en cambio una carga simbólica que viene a convertirlo en metáfora fundamental. Es por ello que, pese a algunas de sus negativas connotaciones, su presencia siga siendo clave y crónica en  la mesa de comer y pertenece , por derecho propio, por derecho de carácter, a esa pequeña colección de  enseres con una fortísima resistencia a la sustitución. Las razones son, examinando desprejuiciadamente su mediocre morfología de un orden poco menos que trascendental.

De una parte,  el convoy cumple con una eficiencia intachable la misión que se le atribuye y si ciertamente su nombre comunica con una pasajera memoria industrial, ajena al domicilio, su perfecto acoplamiento, su movilidad servicial, su mismo bastión lo amparan como un todo superior a las partes o un todo cuya aglomeración ha sido diseñada para procurarle la condición de herramienta única y multiuso, singular y plural. Más aún, el convoy, a pesar de su mediocridad estética, no presenta más que hermosas ventajas, prestaciones tan prácticas como sencillas y todo ello desde su reducto o fortaleza en donde la inteligencia formal ha logrado un complejo representativo de  una familia unida y feliz. ¿La reunión misma de la familia católica, abroquelada y dichosa?

El vinagre y el aceite que tan frecuentemente se aúnan en los aliños y aderezos adquieren en el convoy la planta de dos alfiles esenciales en cuyo diálogo se vislumbra la concordia y la indulgencia entre el sí y el no. Cuando el convoy sólo cuenta con estos dos recipientes, uno para el vinagre, el otro para el aceite,  la pareja se asemeja a la convención de un matrimonio tradicional, hombre y mujer de talante opuesto pero que  bien a través de la unidad paternal o funcional, bien a la costumbre adquirida a lo largo de las décadas han logrado parecer como inseparables, mutuamente dependientes y ejemplarmente destinados a vivir y perecer en el mismo lugar. 

La ingeniosa peana que enlaza inseparablemente a los continentes iguales de lo distinto (el vinagre y el aceite) en color, sabor, densidad u olor viene a enseñar como la  conyugalidad , a despecho de las diferencias incompatibles, consigue parejas preservadas de la desunión, bien aferradas a sus bases,  bien encajadas en una institución común que preserva su indisolubilidad.  En esta misma línea de pensamiento, no cabe la menor duda de que el concepto de la  unión en el convoy se corresponde con la negación del divorcio en las parejas.

Unidos para siempre en la institución matrimonial,  aherrojados en el paralelismo tan próximo como invariable, cohabitantes eternos en el tu y yo de los receptáculos donde el vinagre y el aceite se colocan con todas las garantías del ayuntamiento fatal.

Las mesas en las que el aceite va por un lado y el vinagre por otro, las mesas familiares. Sin convoy alguno el sentido de la conyugalidad delira. Precisamente, pasar el convoy de uno a otro de los comensales es producir repetida y tácitamente la idea de la pareja matrimonial que halló, aún sin quererlo, aquí o allí, su yugo esencial, fielmente representado en la miniatura de la boda interminable que el convoy comporta.

Y existen, además, muchos convoyes que no se conforman con representar a la pareja casada y fija, imperfectible y eterna. Son los convoyes que agregan además a este icono de matrimonio católico, la compañía de la sal y la pimienta en recipientes de estatura claramente inferior y a la manera de hijos pequeños que ni crecen nunca ni se separan jamás del estatuto que emprende y marca la unión entre sus padres.

 Hijos atados a la autoridad paternal, aunados a la unión directriz de la pareja del convoy. Chico y chica, sal y pimienta, son las figuras de un gemelismo feliz, chico/chica, que no sólo no ha dañado la perfecta unión matrimonial sino que la ha reforzado con su unidad agregada al principal puente presente en la mutua fidelidad de los padres.

 Con todo ello pues, el convoy constituye un prodigio de acoplamiento o un ejemplar objeto destinado a proclamar la cohesión familiar, gracias a su carácter de artefacto con-voy que siendo diferencial en sus caracteres logra que las particularidades no rompan la unidad de dirección.

De hecho, el convoy viene a ser de las piezas que menos se rompen y que nunca, prácticamente, se pierden. La idea preformativa que conduce a la evocación del restaurante en plena escena doméstica se supera con el pensamiento cristiano que, sin lugar ni residencia concreta, traspasa la acción desde el espacio público al privado.

Gracias a este cambalache espiritual, la figura familiar que el convoy realiza con patente  elocuencia llega hasta el restaurante donde se repite la ideología de la célula familiar y se mueve, aquí y allá,  como un emblema. 

[Publicado el 09/3/2010 a las 13:45]

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Comentarios (3)

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    Comentado por: Amanda Bynes el 11/10/2011 a las 08:38

  • Desde que leí El diccionario del diablo, de Ambrose Bierce, no me reía tan a gusto con un texto. Qué joyita. Me voy a regalar un convoy para seguir riendo cada vez que aliñe una ensalada.

    Comentado por: Félix el 19/3/2010 a las 10:12

  • Gracias por escribir, Vicente.

    Comentado por: Pedro el 09/3/2010 a las 16:20

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011) Editorial Esfera de los libros

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

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Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

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1997 Premio González Ruano de Periodismo

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