El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 30 de julio de 2010

 Blog de Vicente Verdú

Las plantas

La decisión de tener plantas dentro del piso, obedece, probablemente, a una triple inclinación. La primera inclinación es la fundamentada en el distinguido amor que algunos  profesan  a las plantas y que les impulsa a gozar de su mayor proximidad, dentro mismo del hogar. Las plantas son seres vivos, latentes, a menudo tan hermosos como amantes agradecidos, y el discreto cultivo que requieren propicia una dosis activa y natural de amor.

La segunda razón para tener plantas en casa es que las plantas, con sus hojas verdes y sus floraciones estacionales, hacen del hogar un recinto más cambiante y festivo, más cromático, ameno, estremecedor o vivo. No todo han de ser  materiales elaborados y rígidos en el ámbito doméstico sino que las plantas, en cuanto seres vivos, se ondulan a su modo, se doblan en espirales espontáneas, se manifiestan con un gambito o se desperezan de un modo dulce y cierto que no se espera de  ningún otro elemento de la casa, exceptuando algunas elegantes  mascotas.

Finalmente, pero no definitivamente, la tercera razón para situar una muestra del mundo vegetal junto al mundo animal, propio de los habitantes fatigados o dolientes de la vivienda, radica en la imaginaria conexión entre dos mundos que, los propietarios establecen, entre el interior civilizatorio del habitat humano y el exterior supuestamente libre y espontáneo. De un lado, la vida de los habitantes, regida por normas sociales y morales y, de otro, la vida de las plantas cuyas leyes proceden de una ordenación  indescifrable tanto más cósmica o ahistórica, como divina o  primordial.

Desde este punto de vista, más o menos cosmológico, la vida de la planta halla dentro del mediocre escenario familiar la categoría de un prodigio y de este modo, como un enser sin parangón, desarrolla su misterio y su belleza ante los ojos propios y de las visitas.

Las plantas, en fin, no pertenecen a nuestra naturaleza sino que son, por definición, la misma Naturaleza. Somos, acaso, seres del mismo mundo adánico pero su carácter nos parece, sin cuestión, más invariable y puro  que el nuestro. En buena medida es esencialmente así  porque, desde luego no hablan  contra Dios ni se rebelan,  no discuten ni ironizan, no poseen ideologías determinadas y pueden establecerse, sin discriminación, en el hogar de cualquiera.

Son a la vez tan amables a primera vista porque no apenas son caras en los correspondientes viveros y porque para alimentarlas o mantenerlas en plenitud biológica su requerimiento roza la nada.

Piden tan solo lo indispensable y se autoproponen (los autoproponemos) como seres mudos pero no inmóviles ni sordos para que fantaseemos nosotros acerca de una psicológica relación recíproca de cuya conversación crece una compañía tan íntima y generosa que nada puede superar su calidad de discreción y cariño secreto. 

No todo el mundo tiene plantas en la casa pero siguiendo esta reflexión puede parecernos extraño que numerosos seres humanos puedan optar por prescindir de ellas al lado. Y, sin embargo, no pocos ciudadanos, cultivados o no, sensibles o duros de corazón, consideran que introducir macetas en el hogar constituye una inconveniencia, un desatino o una banal perturbación. Las plantas, se dicen, son para vivir entre las plantas, abiertas a la luz, expuestas al fío, la nieve, la lluvia o el viento naturales, nada de imponerles e imponernos la cohabitación doméstica.

Encerrar plantas en casa sería, de acuerdo a esta dirección mental, un procedimiento de esclavitud en cuyo seno anida una inspiración siniestra. Potos que cuelgan sobre los estantes de una librería, palmeras de rincón, azaleas u orquídeas sobre la mesa del café. ¿Cómo no sentir que estas plantas son alienígenos habitantes en la coherente vida doméstica? Tremendos ejemplos de la opresión sobre todo lo que vive en el interior del hogar empezando, desde luego, por la domesticación las personas y siguiendo por los perros, los canarios o los gatos. Una escala que llega al supremo colofón de la esclavitud con el sometimiento de las plantas, impotentes para oponer la menor resistencia, presas de sus raíces en cualquier recipiente y transportables con la misma facilidad que un objeto  inerte. Están vivas, pero secretamente. Respiran o se alimentan pero en el completo silencio. No conocen más resistencia a su transporte indiscriminado que la respuesta de su muerte. Y es así, de hecho,  la única forma en que hablan contra el propósito de encerrarlas en una habitación funeral. Su única palabra es caer muerta.

 ¿Intercambio de mensajes? ¿Diálogo entre el poseedor y su planta? La planta enclaustrada en el hogar sólo trata de sobrevivir y es en ese movimiento donde pretendemos ver que "personalmente" nos habla. A las plantas, se dice, hay que hablarles para que mejoren pero las plantas, ciertamente, no tienen nada que decir a nadie de nuestra especie y sí en cambio, por su propio código, tienen que valerse de la luz, succionar el agua o los nutrientes que sin conciencia cabal de su vida y su querer, amorosamente les proporcionan.

Pero ellas tratan, sólo y absolutamente, de sobrevivir, solo de sobrevivir con el máximo grado de salud y es, en este movimiento hacia la máxima pervivencia gloriosa, que creemos hallar una efusiva correspondencia a nuestros cuidados.

Aquello que en ellas no es otra cosa que un triunfante movimiento liberador de las circunstancias opresoras lo interpretamos nosotros como una generosa respuesta a nuestras atenciones. Y, sin embargo, su vida y la nuestra, dentro del carcelario espacio doméstico, nunca podrán conectar con alborozo. Sencillamente, porque para ellas no hay nada de propio y de natural en ese lugar y para nosotros nada puede verse más desconsolador que  encerrarse en un salón con un ficus.

Corrientemente el amantes de las plantas domésticas presupone que esos seres vivos, a los que adora, duermen y despiertan con él, lo reconocen y lo distinguen, les ofrecen sus colores o sus brillos y les agradecen dichosamente cuanto hacen por ellos.

Pero no debe descartarse, sin  embargo, que esta creencia no sea otra cosa que una transferencia psicológica y que los diálogos imaginarios, mudos o no, sean formas contemporáneas del imborrable pensamiento mágico.

La planta  no habla y se habla, entonces, por ella, la planta presta un signo de interpretación cuando se expande lozana o cuando poco a poco se marchita y en esa dicotomía se dialoga extensamente  con ella. En ningún caso, probablemente, su expresión vaya dirigida al amo sino su propio yo, tan narciso en la planta, o a su especie tan biológicamente entrelazada.

En uno de los supuestos, cuando la planta florece lanza un mensaje de fertilidad a las plantas solidarias y libres de su especie. En  el segundo caso, cuando la planta se mustia y angosta, lanza un mensaje funeral a su mundo colectivo y a través del modo inconfundible en que los vegetales mueren. Ni en la tragedia ni en el desconsuelo de los seres humanos sino mediante el tedio y la indigencia de las plantas moribundas e irreversiblemente secas. 

[Publicado el 01/3/2010 a las 14:05]

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Comentarios (3)

  • ¿deseo de ser planta,vegetal?
    ¿deseo insconciente,de lo anterior de lo humano;de vuelta al bosque, a la selva,al lugar sin límites,a lo anterior al ser;
    al estar plantado en el mundo,en medio del mundo?
    insatisfacción,falta del mundo natural,del que procedemos,del que nunca podremos dejar de pertenecer mientras sigamos siendo seres corporales.
    el exceso de civilización nos agobia.
    hijos del agobio.
    llegados a un umbral,a un punto de saturación por mor de la hiper acumulación de ser(de objetos,valor,producción,realización,
    liberación de nuestros deseos de poder,de
    posesión del mundo),que nuestros deseos se inclinarian por una cierta vuelta ala naturaleza;sería en el plano simbolico como un reconocimiento de cierto error en
    el camino civilizatorio,como un intento
    no consciente,instintual,corporal,de meter
    una marcha atrás al tiempo para tener la posibilidad de reencontrarnos,de resituarnos en el mundo-perdido;en el mundo que al intentar superarlo nos llamaría,nos tendería la mano como solución a nuestra profunda crisis civilizatoria:no habría posibilidad de escape del mundo y forzar tal cosa significaría la destrucción,la autodestrucción.
    de ahí tal vez lo vital de estas tendencias,que aunque muy infantiles aún,inocentonas,expresan en su corporeidad
    por donde deberían ir los caminos vitales de superación de la crisis,del mal civilizatorio,del mal hiperproductivista.

    Comentado por: alice el 02/3/2010 a las 13:03

  • "Una escala que llega al supremo colofón de la esclavitud con el sometimiento de las plantas, impotentes para oponer la menor resistencia, presas de sus raíces en cualquier recipiente y transportables con la misma facilidad que un objeto inerte. Están vivas, pero secretamente. Respiran o se alimentan pero en el completo silencio. No conocen más resistencia a su transporte indiscriminado que la respuesta de su muerte. Y es así, de hecho, la única forma en que hablan contra el propósito de encerrarlas en una habitación funeral. Su única palabra es caer muerta. "


    Vaya, ha vuelto. Hablando desde dentro del manto de savia.

    Pero qué hermoso cuando el brotón verde nos muestra el craso error en el que estuvimos a punto de caer, cuando el féretro resultó silo y lentamente, desde la maleza, se alza, enano, el tallo. La muerte vuelve a ser sólo la última ilusión.

    Y ahí la tenemos a ella, en su tiesto, esclava de su necesidad, presa en el cepo de barro, pero no sometida, no florece para nadie y lo hace para todos; el agua, a la que tanto necesita le lame los pies, sin querer, es verdad, presa también de su movimiento, esclava también de su necesidad.

    Y tú dale que te pego, con la regadera en una mano y la tijera en la otra… ¿cual usarás?

    Comentado por: terracota el 01/3/2010 a las 22:59

  • Hay muchas plantas en los patios andaluces. La señoras de la casa las riegan mientras cantan y las flores se alegran trasnmitiendo la alegría del sol.
    En mi casa hay dos plantas: las de fuera, que se mueren de frío y son arrancadas cuando empieza la primavera para sustituirlas por otras nuevas y la de interior: un poto que sobrevive a todo. Creo que en las casas de las grandes ciudades cada vez hay menos plantas y menos canarios. ¿Quién tiene tiempo de cuidarlos?

    Comentado por: HERMANN el 01/3/2010 a las 20:35

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

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