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El blog literario latinoamericano

lunes, 13 de febrero de 2012

 Blog de Vicente Verdú

PALETOS INTELECTUALES

Es corriente, entre intelectuales, menospreciar el conocimiento de las marcas, desdeñar la publicidad, desmarcarse del consumismo o del mundo general del consumo. Esta posición obedece sin embargo a un grave deterioro  intelectual y no, desde luego, a su perfeccionamiento. 

Lo propio de nuestro tiempo urbano no es, por ejemplo, la sabiduría de las especies vegetales sino de las especies comerciales. En una ciudad contemporánea es importante que existan zonas verdes, avenidas y plazas arboladas, pero no es en absoluto relevante la clase de plantaciones que decida el municipio.

La mayoría de los habitantes de las grandes urbes no distinguen bien entre una acacia y un castaño de indias. Lo que cuenta no son las características o denominaciones particulares sino su carácter general de árboles, formas naturales que connotan con la naturaleza y masas verdes que proporcionen contraste y placidez. Una clase u otra de planta que tuvo tanta significación en tiempos de predominio agrario y obtienen frecuente protagonismo en las narraciones literarias del siglo XIX, ha perdido por completo relevancia. Ahora no se eligen títulos como La sombra del ciprés es alargada o El deseo bajo los olmos. La literatura contemporánea de occidente no sucede en el medio rural ni, por tanto, se relaciona con la fauna o la flora. Las posibles historias discurren  dentro de las ciudades o en los moteles, en las autopistas, en las empresas de servicios  o en los centros comerciales donde el panorama se encuentra atestado de marcas.

Un magnolio en el centro de Madrid o Barcelona no significa especialmente nada pero un Lexus o un Citroën, una ropa de Hugo Boss frente a otra de Zara, un reloj Diesel o un Breitling, claro que sí. De los árboles se obtiene ahora muy escasa información mientras las marcas van, progresivamente, diciéndolo casi todo.

¿Una calamidad? Los intelectuales de convención pretenden afirmar su distinción aferrándose a los tiempos preconsumistas, paisajes sin logos. Ven en el consumismo y hasta en el consumo en sí como una forma de degradación y en las marcas, rotundamente, una lamentable alineación más. Su actitud de desdén a la publicidad o el marketing más la ridícula jactancia declarándose ignorantes o ajenos a  ese mundo, les convierte en los nuevos paletos de nuestro tiempo.  Negar la cultura de consumo o  cerrar el entendimiento hacia la gran creatividad que deriva ampliamente de ella es síntoma de ofuscación. El oscurantismo más silenciado de nuestro tiempo.      

[Publicado el 19/6/2006 a las 10:13]

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Comentarios (5)

  • Señor Verdú, ¿no estará descubriendo un poco tarde los encantos (cuidado, que luego vendrán los desencantos)de la cultura popular? Que, finalmente, de eso se trata. Pero ya en los lejanos sesenta se alzaban esas banderas.

    Comentado por: memorioso el 21/6/2006 a las 08:49

  • Ciertamente, si hay algo anacrónico, patético e incongruente en nuestra época, caracterizada por la multiplicación de los canales culturales, la multidifusión de los contenidos, la pluralidad de los mensajes, la atomización de las audiencias y por la facilidad de acceso a una red inabarcable de caracteres ideológicos, son esos intelectuales siempre encerrados en su torre marfil y repitiendo permanentemente discursos arcaicos que nada tienen que ver con el espíritu, con el ‘Zeitgeist’ de nuestro tiempo.
    Estos intelectuales no son todos igual de peligrosos. Está el intelectual-ayatolá, que quizás es el más dañino, y que está perfectamente representado por esos pensadores integristas presuntamente de izquierdas que siguen defendiendo a Cuba como un modelo convivencial mientras lanzan sus diatribas contra el imperio del mal representado por George Bush o contra la construcción “excesivamente economicista” de la Unión Europea. Estos mismos “expertos” son también quienes se encuentran siempre listos para defender, justificar o comprender a cualquier organización terrorista que aparezca en cualquier lugar del mundo, mientras que demuestran una enorme lentitud (algunos no lo hacen nunca) a la hora de reconocer que solamente los regímenes democráticos y capitalistas han conseguido garantizar la libertad y la seguridad de sus ciudadanos, así como unas condiciones materiales más que suficientes para el desarrollo de éstos.
    Dentro de lo que hemos definido como intelectuales-ayatolás también se encuentran no pocos filósofos, sociólogos y estudiosos de materias lo suficientemente raroextrañas para que puedan ser bien subvencionadas por las instituciones públicas. Éstos se han convertido en algo así como en los guardianes de la libertad. Estos sesudos analistas, generalmente muy bien conectados, al igual que los anteriores, con los grandes medios de comunicación, se han autoerigido en defensores supremos de la libertad y, para ello, no dudan en hacer gala de un aberrante relativismo cultural que entiende, cuando no justifica, la mutilación femenina en los barrios africanos de París o Londres o que acepta sin problemas coartar la libertad de expresión para que no se puedan dibujar caricaturas de Mahoma mientras anima con énfasis la publicación de todo tipo de parodias sobre la figura de Jesucristo.
    El tercer tipo de intelectual-ayatolá, que no es tan peligroso porque se le identifica rápidamente y se le ve venir de lejos, es aquel que se encuentra absolutamente supeditado a las directrices ideológicas marcadas por una determinada organización (partido político, confesión religiosa, empresa, etc.) y que jamás expresa un pensamiento propio que vaya mínimamente en contra de quien garantiza su existencia y la razón de ser de su discurso.
    El último grupo de intelectuales oscurantistas es el formado por los intelectuales apocalípticos, en la certera y ya antigua definición del mismo que en su momento realizara Umberto Eco. Se trata de esos escritores, artistas y creadores permanentemente alejados de la cultura de masas, tronantes frente a la televisión, fieros ante la informática, montaraces ante cualquier manifestación musical que congregue a más de una docena de espectadores, indomables frente a cualquier forma de popularizar la cultura y especialmente violentos antes quienes tratan de desbancarles de sus tronos siempre bien engrasados con fondos directa o indirectamente públicos. Este tipo de intelectual pretencioso, generalmente inculto, con un pensamiento pútrido de no airearlo lo suficiente y siempre atrincherado en un lenguaje ininteligible que solamente entienden los propios y que utiliza perfectamente como una herramienta excelente para ocultar la nadería de sus contenidos y la incuria de sus reflexiones, es el responsable, por ejemplo, de uno de los grandes dramas de nuestro tiempo: la incapacidad de nuestros niños y adolescentes para acercarse con interés, con empeño, con ganas y con entusiasmo a un buen libro. Estos intelectuales descarriados, integristas de las ideas y de un modelo de belleza ya exánime, han conseguido que no sean pocos los jóvenes que hoy reaccionan negativamente ante la palabra cultura. Son los responsables de una gran tragedia que, quizás, lograremos reparar en parte gracias a Harry Potter y “El código da Vinci”.
    gzorrilla@gmail.com
    www.gonzalez-zorrilla.com

    Comentado por: Raúl González Zorrilla el 20/6/2006 a las 13:17

  • Y pensar, como decía J.L.B, que los monos no exteriorizan su capacidad intelectual para no ser obligados a trabajar.

    Comentado por: nosoyruso,señor el 19/6/2006 a las 20:31

  • Sr. Verdú: Hoy la mayoría de los intelectuales ignoran, también, la taxonomía botánica. Y la defensa del árbol por el árbol, que genéricamente sería una posición de progreso, puede no ser más que, en muchos casos, tapadera de ignorancias y prejuicios. Recuerde que la ciudad no es un árbol.

    Comentado por: Tipo Material el 19/6/2006 a las 12:02

  • Hay veces don Vicente, que no se sabe si usted navega con los tirios o boga con los troyanos. ¿A favor de los intelectuales paletos? O ¿en contra de esa ‘beatiful people’ que sabe de logos y marcas y lee ‘Sibarytas’? Los primeros ignoran la potencia creativa del mercado y sus callejones circundantes de logos, marcas y glamour; los segundos son cretinos preciosos o preciosos ridículos, si se quiere que conocen el fasto del presente pero ignoran todo lo demás.
    Pero además esa contraposición de lo rural contra lo urbano, como prueba del nueve de una modernidad esponjosa, es una coda al Martínez Soria de ‘La ciudad no es para mí’. Que por cierto, fue escrita por Lázaro Carreter con seudónimo. Si es cierto que ‘die stadt luff macht frei’, no habría que olvidar otros menosprecios de la corte. Frente al peso del ruralismo literario hispano (Ferlosio, Benet, Mateo Díaz o Muñoz Molina) los urbanistas pesan menos y con cuenta gotas. Ya sé que Marsé, Hortelano, Vila Matas o Marías apenas tienen campo que contar. Pero no es ese el debate.
    Tal vez en el cine español pese mucho la ruralidad de los Pascual Duarte, de ‘Bienvenido Mister Marshall’, de ‘Los santos inocentes’ o de ‘El espíritu de la colmena’; pero la urbanidad de Buñuel, de ‘Muerte de un ciclista’ o ’Calle Mayor’, de Saura, Almodóvar o Ferreri no puede entenderse sin las sopas de ajo que los nutrieron.

    Comentado por: El Pozo y El Numa el 19/6/2006 a las 11:48

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011) Editorial Esfera de los libros

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

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