El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 13 de febrero de 2012

 Blog de Vicente Verdú

La fiebre

La fiebre encuentra su lugar más apropiado en el interior de nuestra casa. Todos los hospitales y clínicas del mundo se hallan atestados por una infinidad de fiebres que corren de una habitación a otra, fiebres de distinta longitud y ferocidad, avanzando sin cesar o remitiendo gradualmente como erráticos gusanos que proceden de las arterias y sin salir para nada de  ellas generan los primeros síntomas que colecciona en cada supuesto la enfermera, el enfermero o los doctores.

 De fiebres azules, rojas, moradas, está el mundo constantemente lleno y el organismo absoluto de la especie guarda dentro de su misma funda primordial y más minuciosmente en la vena sumida en sangre una suerte de fluido reptil que ondula al compás del riego y por momentos, incluso sin causa conocida, se inflama o se dilata, se hincha su crúor dentro del conducto y, por derivación, atesta los canales, crea un atosigamiento que aturde,  debilita, agota y  la casa, donde hay un lecho propio,  se ofrece como el estuche perfecto, el pulmón de amor y acero, para recibir apropiadamente  esa indebida mutación.

Sin duda, la fiebre en cuanto el ser independiente que emerge con debilidad o con fuerza en cualquier lugar, sea en el trabajo o en la fiesta,  en un lugar cerrado o a cielo abierto. De por sí la fiebre cuenta con un cobijo natural  en la sima de la sangre y sus peripecia, sus encabritamientos o sus dislates son imposibles de seguir, imposibles de describir atinadamente en el momento de su aparición pero incluso puede tardar en revelar su condición a través de la mera temperatura patológica.

En el hospital, en el centro médico toman la fiebre y tratan de bajarla hasta su nivel de normalidad pero es, sobre todo, dentro de la casa donde el enfebrecido desea ser tratado y comprendido que es el principio de su bienestar.

El tratamiento casero de la fiebre es el mejor tratamiento posible, la confusión del mal con el bien, del malestar con el confort, el desasosiego con el consumo de cariño doméstico. Dentro de las maniobras que desencadena la fiebre en casa el mal que se intenta combatir no es por tanto un mal a secas sino un mal ambiguo en donde diferentes componentes se amalgaman. La fiebre en cuanto mal no es tan sólo adversidad sino un umbral que se traspasa  para ser más querido, recibir una atención y, finalmente, ser encamado con un mimo insólito y sólo, a fin de cuentas, porque la temperatura ha encendido en algunos grados la piel y esa calentura, en efecto,  le procure un brillo diamantino al posible enfermo.

 De hecho es así como se ven los ojos del que padece  fiebre, ojos que brillan más y miran como poseídos de una nueva mirada que si sigue  dirigiéndose hacia fuera denota también una experiencia interior, tal como si el fulgor procediera de haberse acercado al fuego del sistema vascular enfebrecido donde al aproximarse a podido distinguir, aún brevemente, el secreto maldito y vital de la sangre y  regresar después a la superficie con los ojos bruñidos quizás por la erosión de calor.

La fiebre que viene de no se sabe dónde nos conduce anhelantemente a la casa donde efectivamente el ardor del cuerpo se aviene con el calor del hogar y el grado de tristeza que la fiebre induce impulsa  a hallar  consuelo en el forro del hogar. La fiebre acaso no baje enseguida pero entre los tabiques conocidos y el movimiento familiar a la fiebre se la rodea de una normalidad, una rutina y una tibieza doméstica que acaso influye en su control piadoso.

En el termómetro se lee el techo bajo el cual vive  la salud, la despreocupación o el éxito del no pasa nada. Por encima de esa raya empieza a serpentear la fiebre y sus inquietudes nerviosas. Efectivamente hay diagnósticos puros que atribuyen la fiebre a disfunciones neurológicas pero, en general, toda patología sobre la que la fiebre cabalga es prácticamente inseparable de la desazón que el cuerpo siente sobre su propio estado.

El cuerpo se inquieta desde un interior invisible a partir del cual sólo emerge el signo de la fiebre,  una información de otra parte tan simple y objetiva como indescifrable.

En la patente simplicidad de esta medida anómala se dibuja, cara a cara,  la anómala simplicidad de la existencia doméstica. Todavía sin sobresaltos,  la fiebre pide instalarse en la trinchera de la casa, recibir el agua y las medicinas de  casa, quedarse hasta morir en casa y morir si es preciso con el paciente entre su estuoso abrazo.

 

[Publicado el 22/2/2010 a las 09:30]

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Comentarios (7)

  • "Cubrió su rostro con lo que más amo: un silencio que escondía palabras fatales, palabras presentidas, no formuladas, pero que están presentes como sombras amigas. Rostro suyo doliéndome con hermosura. Yo estaba enferma y me encendía hasta el delirio la posiblidad de morir haciendo el amor. La fiebre hizo de mí una muy feliz náufraga: me proyectó a un lugar que hasta esa noche había sido el imposible emblema de mi esperanza" Alejandra Pizarnik, Diarios

    Comentado por: la repostera el 26/2/2010 a las 10:17

  • “Thank Heaven! The crisis
    The danger is past, and the lingering illness, is over at last,
    and the fever called ''Living'' is conquered at last.”

    Edgar Allan Poe

    Comentado por: con apiretal el 25/2/2010 a las 18:22

  • “Si escribo lo que siento es porque así disminuyo la fiebre de sentir. Lo que confieso no tiene importancia, pues nada tiene importancia. Hago paisajes con lo que siento. Hago fiestas de las sensaciones. Comprendo bien a las bordadoras gracias a la amargura, y a las que hacen punto de media porque hay vida. Mi tía vieja hacía solitarios durante lo infinito de la velada. Estas confesiones de sentir son solitarios míos. No los interpreto, como quien usase cartas para saber el destino. No los ausculto, porque en los solitarios las cartas no tienen propiamente valor. Me desenrollo como una madeja multicolor, o hago conmigo figuras de cordel, como las que se tejen entre los dedos estirados y se pasan de unos niños a otros. Sólo me preocupo de que el pulgar no estropee el lazo que le corresponde. Después, vuelvo la mano y la imagen resulta diferente. Y vuelvo a empezar”


    Libro del desasosiego
    Fernando Pessoa

    Comentado por: plumas febriles el 25/2/2010 a las 17:04

  • CXLVII


    My love is as a fever, longing still
    For that which longer nurseth the disease;
    Feeding on that which doth preserve the ill,
    The uncertain sickly appetite to please.

    My reason, the physician to my love,
    Angry that his prescriptions are not kept,
    Hath left me, and I desperate now approve
    Desire is death, which physic did except.

    Past cure I am, now reason is past care,
    And frantic mad with evermore unrest;
    My thoughts and my discourse as mad men’s are,
    At random from the truth vainly express’d;

    For I have sworn the fair, and thought thee bright,
    Who art as black as hell, as dark as night.


    W. Shakespeare

    Comentado por: plumas febriles el 25/2/2010 a las 17:02

  • Veo en La 2 caimanes asaltados bajo el calor por impenitentes moscas y mientras se sumergen sinuosos en un lago viene a mi mente la fuerte imagen de un predador fluctuando denso por el interior del organismo humano, recuerdo que al leer sentí que bien podría ser mío aquel interior y que no me hubiera importado haber sido yo quién hubiera escrito aquello un lunes a primera hora de la mañana entre el desayuno y la calle. Busco el blog:

    “y el organismo absoluto de la especie guarda dentro de su misma funda primordial y más minuciosmente en la vena sumida en sangre una suerte de fluido reptil que ondula al compás del riego y por momentos, incluso sin causa conocida, se inflama o se dilata, se hincha su crúor dentro del conducto y, por derivación, atesta los canales, crea un atosigamiento que aturde, debilita, agota y la casa, donde hay un lecho propio, se ofrece como el estuche perfecto, el pulmón de amor y acero, para recibir apropiadamente esa indebida mutación.”

    No me hubiera importado nada haberlo escrito yo, es cierto. Subo el volumen, relampaguea sobre el lago.

    Comentado por: confort el 22/2/2010 a las 18:00

  • He cambiado todas mis rosas por un lugar cerca del fuego...

    He cambiado todas mis rosas por un lugar cerca del fuego,
    por el sosiego de mi alma la negra seda de mi pelo,
    he vendido mis esperanzas por un puñado de recuerdos,
    mi corazón por un reloj que sólo cuenta el tiempo muerto,
    mi última moneda de oro se la di de limosna al viento,
    ahora ya no me queda nada, desnuda estoy como el desierto,
    un oasis de mansedumbre está brotándome en el pecho.


    Susana March

    Comentado por: la fiebre del sábado noche, seguramente el 22/2/2010 a las 17:28

  • seguramente hemos acabado siendo no más que sociedades de una cultura eminentemente narcisista.tal vez de ahí nos venga la intensidad de la(s) crisis que ya tiene las caracteristicas de parecer eternas.
    la forma narcisista, de cierre en el sí mismo y nada más, rompe la estructura del mundo como algo en interconexión,de alguna manera común e interrelacionado.
    es una forma aparentemente neutral,pero profundamente destructora,autodestructora.
    ya no más la búsqueda,la abertura,la mirada hacia el otro,lo otro.
    intento de retirada del mundo hostil,negador;retirada de la ilusión,de la liberación con el otro, a través del otro;fracaso de la vida humana en tanto intento de crear mundos,ambientes,formas de vida comunes,políticas de lo común.
    fin de la ilusión de la madre,del amor materno como ejemplo,como matriz para proyectos,deseos de bien y felicidad;fin de una política ilusionante de lo comun.
    narciso petrificado en la imposibilidad
    de conectar más allá de la propia imagen,de la propia burbuja.
    es en estos sentidos como parece que anda la deriva "objetal" de verdú en torno a su entorno,sus interiores,sus mundos,el mundo de los hombres todos ya narcisos.
    mundo sumamente aburrido,objetal,petrificado.
    fin de la ilusión."el porvenir de una ilusión" pensaba aún freud.definitivo final de la ilusión constatamos nosotros.
    fin de la vida cual ilusión primera y primordial.fin de aquello que hasta ahora era la vida.era del sujeto/individual,encerrado en sí,cortado,recortado del mundo.
    triunfo total de la virtualidad,de la salida del mundo.

    Comentado por: alice el 22/2/2010 a las 13:18

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011) Editorial Esfera de los libros

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

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