Los disgustos
Esta apremiante necesidad, traducida en una presión muy próxima, obedece desde luego a la inevitable proporción del espacio casero, reducido y común. La repetida presencia de unos y otros cruzándose en los pasillos, su simultáneo uso de cajones de donde extraer o depositar algunas cosas, la forzosa l circunstancia de coexistir en habitaciones como la cocina o el salón, introduce una suerte de maldición ambiental sobre la misma naturaleza del conflicto que arrastra casi a la tortura a los miembros afectados y que conduce tarde o temprano, por mero agotamiento biológico a una reconciliación de supervivencia.
Bien, la reconciliación ha tenido lugar y se ha sellado con besos y abrazos, alguna lágrima, algún susurro de excusas y perdón pero todo ello se hallaba de antemano escrito punto por punto y cualquiera de ellos asumen que no había otro modo de hacer.
Disgustarse con otro huésped del hogar exige, para seguir alentando en el hogar que la avería interpersonal se resuelva cuanto antes porque el funcionamiento de las personas, su circulación y uso de espacios dentro de ese angosto paquebote impone, aún dolorosamente, que el doloroso enfrentamiento no se haga de pie.
Uno y otro se ven de un lado asaltados por la insoportable estampa y a la vez encarcelados allí sin que en el horizonte se vislumbre otra opción. Casi siempre, las tentaciones de huida, de echarse a la calle o echarse al mar, acompañan a los conflictos de mayor calado pero, después, o el intento no se cumple o el regreso taciturno añade una doble carga a la aceptación de que no se puede vivir fuera de allí.
El adentro de allí no cabe definirlo como un espacio carcelario pero ¿qué duda cabe que se manifiesta de similar manera cuando la enemistad entre uno y otro estalla y la convivencia ata. Lo racional sería afrontar el conflicto y disolver cuanto antes ese disgusto, la mala interpretación, la contestación destemplada, la infidelidad, la atracción y casi enseguida hacer las paces para restablecer el delicado equilibrio del hogar. Sin embargo, hacer las paces enseguida, deprisa y corriendo, no resuelve la esencia del problema puesto que si el problema se arregla de inmediato o con toda facilidad el problema parece barato y su valor va tendiendo a cero.
Para que el problema alcance gravedad y se reconozca que el agravio ha sido lo bastante grande debe hacerse notar en tiempo y gestualidad su notable de importancia. De ese conflicto importante participa tanto el supuesto verdugo como su supuesta víctima, el eventual actor de buena fe fe y el otro que no supo o no quiso verla para que, en medio de esta áspera tristeza, que va corroyendo el sentimiento de ambos, el tiempo opere como un lenitivo, un tedioso atenúante, una duración cuya considerable longitud en el plazo represente, a su modo, la intensidad de la ofensa.
Ambos pues, contra lo más útil o razonable, dejarán pasar un tiempo suficiente de dolor para que su tormento pueda crecer hasta ocupar como límite máximo el completo aforo del recinto. A partir de ahí el malquistamiento se debilita como consecuencia de la imposibilidad de seguir respirándolo. Con ello algún indicio de reconciliación empieza a percibirse en la base de la circunstancia y no porque se haya entendido al otro y se vuelva hacia atrás ya persuadido de que la ofensa carece de demasiada importancia sino porque la coerción del escenario disminuye la posibilidad de seguir expandiéndose y, se mire como se mire, no sólo los amores crecen con la distancia, las enemistades sólo crecen aparentemente en la medida en que disponen de un espacio suficiente para enarbolarse. No contando con ese espacio magno la enemistad se asfixia o se agota y, una de dos: o se disipa o se convierte en un odio feroz que lleva, como en las cárceles al suicidio o al asesinato.
Por lo general, sin embargo, en vista de las limitaciones más comunes, la convivencia se recupera dentro del piso ya que no puede escenificarse en mansiones de varias alas. La enemistad sin resolver, pero callada, se ve obligada a mantenerse en una cota de vuelo rasante que si, en momentos encarnizado se adorna de gritos, por lo general se mantiene en una seudonivelación silenciosa que es lo característico de la vida doméstica- El tratamiento relativamente silencioso del horror y sus complementos. Juntos y tratando de no activar la espoleta que mantiene al otro junto, domido y quieto al otro lado del tabique o de la cama.
[Publicado el 19/2/2010 a las 09:00]
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Comentado por: Baigneuses Au Soleil el 21/2/2010 a las 07:03
Comentado por: Inma el 20/2/2010 a las 23:51
Comentado por: Circe el 19/2/2010 a las 21:31
Propongo la siguiente fórmula ( si lo desean pueden perfeccionarla)
T= tensión
A= afecto
S= espacio (en metros cuadrados)
t= tiempo (que se tarda en resolver una discusión)
P= presión=T/S
t= A/P
Comentado por: disgustada el 19/2/2010 a las 13:36
Una buena radiografía de esas menudas y mezquinas pasiones que se traban entre los miembros de una familia. Pero, como siempre -al menos como siempre últimamente- parece detenerse más en los aspectos negativos, que en los positivos, en detrimento de la comprensión global de esos pegajosos lazos: al reducir las personas a bultos pierde tan lúcido análisis su complejidad anterior. Y además, el vínculo de la pareja pese a tener ciertas cosas en común con el resto de los vínculos familiares, siempre es peculiar. La tensión se prolonga y mantiene al máximo en la fase romántica, como se pone a prueba todo aquello que cuestione el alma y la pureza de la relación. Después, perdidos los ideales, se luchará por conservar realidades, y por ello ya no se tiende a cuestionar ni perfeccionar, sino a preservar, a regresar al orden anterior, lo antes posible -si la crisis no es grave. Sobre todo si a eso añadimos empatía, capacidad para ceder y preferencia por la comedia antes que el drama.
Comentado por: disgustada el 19/2/2010 a las 13:31
Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).
Galería de cuadros del autor
El capitalismo funeral (2009), Anagrama.
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama
La Ausencia (2011) Editorial Esfera de los libros

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
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sr. verdu;me encanta leer sus...
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"El bien o el mal" ... Tal vez...
Publicado por: pepedamian
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