Habitaciones con puerta
El servicio interior se relacionaría con el servicio exterior a través de esa apertura, siempre más modesta, de la vivienda y a la que, siendo traspasaba, daba acceso a un pasillo que en su recorrido comunicaba con la cocina, con el cuarto de la plancha y también, desde luego con el intenso dormitorio de servicio. Una pieza angosta donde apenas cabía o cabe una pequeña cama y otro cuchitril más, dotado de un lavabo, un espejo barato y una ducha con una pequeña repisa.
Al servicio se le daba mal servicio puesto que se valoraba como una fuerza no necesariamente prolongable en un valor más allá del servicio. La interna podía salir a pasear y mantener contacto con otras amigas de servicio, el novio y algún familiar, pero sólo por un intervalo regulado y con la idea de para reinsentarse pronto a la vivienda donde se hallara literalmente "interna".De hecho vestía incluso de uniforme y con delantal almidonados para cerrar en su entorno la precisa definición de su papel como personal de servicio.
No es raro. por tanto, que tuviera adjudicada una puerta específica para salir y entrar puesto que su naturaleza particular, adjudicada por el prontuario del mercado, no compleja ni imprevisible, se acoplaba tanto a la rutinaria catalogación de sus atribuciones laborales como a su radical obligación de cumplir exactamente las órdenes. Con ello, su identidad laboral y general era compacta y simple, Tan compacta como par dormir en una cama que no rebasaba apenas sus propias dimensiones corporales y compacta como para no hablar, ni pensar,, ni ensoñar nada.
Por contraste los señores entraban por la holgada puerta principal al supuesto desahogo de la casa reglamentariamente expresado por un recibidor que no cumplía de hecho casi ninguna función práctica pero sí una significación de estatus.
El recibidor, sólo se activaba al entrar o al salir y excepcionalmente con gentes que pedían el aguinaldo o personas que no teniendo categoría para ser conducidas hacia el interior se las remansaba allí, como en un andén o antecámara, de la que no podían moverse hasta que e recado se diera por acabado.
En ambos casos, en el caso de la puerta de servicio y en el de la puerta principal de los señores, la puerta desempeñaba-y desempeña- un papel simbólico de primer orden. Se ingresa en el hogar por la puerta principal en señal de reconocimiento, majestad o de directo dominio sobre la totalidad del contenido doméstico, material o espiritual, y se discurre por el interior de puerta en puerta recorriendo cualquiera de las habitaciones y sus respectivos reinos.
Todas las puertas de la casa forman parte de un juego de valores que determina la circulación y libertad de sus habitantes. Permitir franquear, por ejemplo, la puerta del dormitorio paterno conlleva un acto de gran significación pero, aún más, en asociación con ello se llega hasta una incursión inquietante cuando se ingresa en el cuarto de baño de los padres y dueños de la casa. Tanto porque, acaso, son amos y padres, intimidantes como son, en todos los casos, los señores. Sus caracteres más o menos secretos: sus olores, sus suciedades, sus intimidades, sus cosméticos, sus albornoces que cubren el cuerpo desnudo, la bañera o la ducha que llevan a escenas deformes, cuerpos obesos, marcados por cicatrices quirúrgicas y patologías de la piel, cargan ese baño principal de diferentes potencias escénicas: eróticas, patéticas, patológicas- que imponen al visitante.
Este cuarto de baño resulta ser más accesible al servicio que a los hijos que sólo de vez en cuando tienen ocasión, sin interés alguno, de visitarlo y, si van allí, todavía pequeños, es mediante el expediente de ser empujados por la madre para alguna operación de aseso o retoques acicalamiento.
El servicio, sin embargo, entra y sale del baño día tras día a sus horas y para cumplir con sus deberes de limpieza pero, sea o no así, sólo por necesidad higiénica, franquear su paso conlleva hacer ingresar a esta plebe en sus tremendos secretos que, acaso, se ocultarían a cualquier otro ser humano.
La ventaja es que el servicio lleva consigo un tipo de ser humano muy reducido, casi residual, apenas un puñado de moléculas humanas articuladas para que le permitan respirar, subsistir y realizar las sencillas labores para las que se le contrataron. Dejar el cuarto de baño en manos del servicio y al antojo de su exploración y su mirada causa una inquietud que sólo llega a atenuarse en la medida en que se considera a la persona que sirve un menos de persona y un plus de máquina operacional.
Algo hay que implementar operativamente allí para eliminar las impurezas y el servicio personal se encarga debidamente de ello. Purifica y ordena el cuarto, pone el mentol en la taza, emplea detergentes y lejías que huelen a limón puliendo la suavidad de las lozas, retira las marañas de pelos junto al sumidero y esparce hasta el fin los grumos de espuma, restablece en fin la limpidez en el espejo y los azulejos, cuelga unas nuevas toallas puras y hace desaparecer el juego marcado por el uso y el asqueroso usuario.
Marcas que informan sobre las minuciosas características inmundas él y ella, alguno de sus vicios y de sus puercas costumbres, que se exponen sin remedio a una exploración tan larga como el tiempo que la persona de servicio requiera.
De este contacto con el baño de los señores el personal de servicio colecta tanta información como para terminar con su crédito atildado pero ese personal, precisamente, tiene la puerta abierta para entrar sin problemas y anotar aquello que su voluntad decida. Y, sin embargo, el personal de servicio sigue siendo autorizado a introducirse en este santa santorum de la mierda porque, con gran probabilidad, sólo irá a parar a otros compañeros o compañeras de servicio en cuya circulación común se reproduce el sistema natural de los desagües. De cuerpo a cuerpo, a través de la voz y el oído del otro, también empleado en el servicio, fluye la información como un ruido de tuberías sin demasiado interés para el comercio del chantaje. Su alcance se detendrá en un juego episódico en base a la excrementicia intimidad del que manda y como pobre venganza de quien no llega a nada. No tener nada más que los datos sobre la sucia supuración de los amos lleva a esta situación inevitablemente coartada en donde el servicio se desenvuelve y se desenvuelve limitadamente, sin alzarse la información a ninguna escala ni canje relevante.
Poco después, desde el parque, las internas regresan a casa y se encajan de nuevo en su cubículo. Los amos apenas llegan nunca a la habitación ni al cuarto de baño de la criada y cuando, excepcionalmente, lo hacen preferirían, entre reproches y aprehensiones, no haberlo hecho nunca. El recinto tiene una subcategoría que no ayuda de ninguna manera a mejorar nada. Si la criada puede creerse humillantemente escudriñada, el amo que no siente necesidad de escudriñar lo peor, sólo entrará allí como por el impulso oficial de controlar la casa.
Una puerta, otra puerta, se va de un cuarto a otro y en cada escenario se atiende a una vida que juntas hacen de la vivienda un retablo donde se juntan, forzadamente, la cultura de los amos con la de los esclavos y en su mediación se abre una forma desordenada y sonora donde se hallan las habitaciones de los hijos, los hijos y la hija, las hijas y el hijo, en cuyo interior, en medio del caos, se gesta forma inasumible de entender el mundo pero que en efecto forma el presente y el futuro inmediatos. El orden en el dormitorio de los padres, con espejo y coqueta, se halla a una distancia sideral de la desorganización en los cuartos (o cuarteles) de los hijos.
La mujer de servicio, encargada de toda la vivienda, actuaría como una lanzadera empleada para tejer una cierta relación general o como una cirujana elemental que cosiera el mundo redondo de los padres a los mundos facetados de los adolescentes.
Las puertas aquí y allá actúan como burladeros de la verdad de cada uno. Y, así, de otra parte, todos los lofts o apartamentos de una sola pieza no han valido sino para una pareja única y con el destino incorporado a la resistencia directa, incorregible, entre un humano y otro ser humano, torturados, paradójicamente, en un ámbito sin portones, portillos, espacios celulares.
[Publicado el 16/2/2010 a las 09:00]
[Enlace permanente] [Imprimir] [Enviar a un amigo]
No me resisto a dejar en el blog esta joya de ambigüedad:
"Un deterioro de la relación, seguramente, y de paso en suma, de un trato distendido que fomentaba el intercambio, aún superficial, de neustras respectivas anécdotas a una suerte de barrera silenciosa que simbolice eternamente el polvo que nos separó" (Querida, VV.)
Comentado por: la repostera el 18/2/2010 a las 10:31
Descubrí el origen de esta malsana obsesión de Verdú con el servicio domestico en un libro colectivo titulado Queridas, en el que cada uno de los participantes debía escribir una carta con ese epígrafe. Verdú se la dedicó a su doméstica. Bien es cierto que no todos los demás se la dedicaron a sus amadas, que la mayoría se salió por la tangente, pero eso de dedicárselo a la señora de la limpieza, me pareció inquietante, una forma de venganza literaria, de sublimar la impotencia y el complejo de inferioridad que en el fondo le trastorna en esa relación, a través de la literatura. Por supuesto debe estar totalmente seguro que ella no lo leerá. Curiosamente, no fue el único que dedicó su carta al servicio: Gustavo M. Garzo se la dedicó a su niñera, pero con un tono bien diferente. Una de las cartas que más me gustaron fue la de FCSerraller, una historia de amor fantasmagórica, como creo que son todas las historias de amor: una alucinación -a veces- compartida.
Comentado por: la repostera el 17/2/2010 a las 20:58
Comentado por: El servicio fase 2 el 16/2/2010 a las 10:07
Comentado por: EL servicio fase 1 el 16/2/2010 a las 10:06
Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).
Galería de cuadros del autor
El capitalismo funeral (2009), Anagrama.
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama
La Ausencia (2011) Editorial Esfera de los libros

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
10/2/2012 11:23
sr. verdu;me encanta leer sus...
Publicado por: PJ
10/2/2012 10:27
La technologie et la science...
Publicado por: Pauline
08/2/2012 13:45
Publicado por: Un bárbaro
06/2/2012 12:08
El problema del Poder es ese,...
Publicado por: pepedamian
03/2/2012 18:31
Sartre se quedó en el discurso...
Publicado por: Un bárbaro
03/2/2012 13:24
Sobre el comentario de "z" y la...
Publicado por: pepe
02/2/2012 22:27
Publicado por: z
02/2/2012 14:24
De acuerdo con lo de la opinión...
Publicado por: Un bárbaro
02/2/2012 12:22
"El bien o el mal" ... Tal vez...
Publicado por: pepedamian
02/2/2012 10:51
Publicado por: la primera
Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2011 | Gran Vía, 32 - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres