El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 13 de febrero de 2012

 Blog de Vicente Verdú

Los pelos

Una de las excrecencias más lastimosas dentro de la vida  del hogar se sintetiza en el pelo. El cabello firme  y abundante, la mata de pelo da belleza y sentido a la cabeza pero el pelo que se suelta de su emplazamiento y emigra al azar se inmiscuye en la casa y se presenta extinto, allí donde sea, como un signo difícil de asimilar.

 ¿Es el pelo suelto una señal de muerte? ¿Un  signo de falta de aseo? ¿Una muestra del interior ignorado de la pareja con quien se comparte la oscura intimidad? ¿Se está deshaciendo de hecho la pareja a través de esos filamentos que acaso indican un deshilamiento interior?

 ¿Se trata tan sólo de un accidente asilado o viene a ser el primer indicio de una enfermedad que crecerá vorazmente y terminará por acabar con la vida de ella o la mía?

 Los pelos sueltos son altamente inquietantes. Atados en la cabellera, inscritos  en la piel, se comportan como aderezos del cuerpo y amenizan, con frecuencia, la sexualidad pero sueltos, perdidos, caídos, abandonados,  adquieren una vida siniestra que se enlaza con el fragoso mundo de lo peor. ¿Cómo hacer para soportar no uno sino varios pelos enredados en el lavabo o el sumidero de la bañera? ¿Cómo no atribuir esa maraña a una suciedad secreta que trata, en primer lugar, de repugnarnos y en segundo lugar de repudiarnos, echarnos fuera de su ámbito o combatir contra ellos y su origen  en una inútil operación de olvido y perdón?

Los pelos de los muertos se guardaban antes como reliquias bajo un cristal. Mechones de la persona amada y fallecida. Los pelos no vivían tampoco pero eran la expresión viva y gráfica del fallecimiento. El fallecimiento terrible y vivo.

 Seguían y seguían allí encerrados en su departamento de cristal y apoyados sobre un pequeño lecho de raso para que durmieran o reprodujeran en su manera inmóvil el cuerpo yacente que se prolongaría desde la cabeza  hasta los pies. Cabellos de la niña o la mujer difunta. Porque se trataba siempre de cabellos femeninos ya que  los cabellos o los pelos del hombre nunca han gozado de prestigio alguno o su estética, salvo en la intimidad, salvo en el ámbito del primer amor, jamás ha recibido estima.

Los cabellos de la mujer, sin embargo, sedosos o rizados, negros azabache o rubios platino han recorrido el surtido más amplio de las metáforas minerales.

Hay zonas, sin embargo, de diferente valor para el cultivo e incluso zonas de disvalor en la localización del vello femenino. En la cabeza no puede prolongarse hacia abajo en un flácido candelabro de patillas que ensombrecen el cutis y fuerzan la ambivalencia sexual. En ese caso, el vello puede rozar el sistema de lo monstruoso y, sin desdeñar la posibilidad de que lo logren, se conviertan en un aderezo cargado de pavor.

La mujer barbuda lo representa exactamente. La mujer barbuda, el monstruo de la mujer barbuda, ase alcanza tan sólo por medio esa pilosidad. El rostro puede ser proporcionado y aún agraciado pero de esto se deduce una enfermedad híspida, un hirsutismo que dibuja a esa  mujer como una diabólica desviación de la feminidad y en cuyo cuerpo ocultamente puede hallarse, con cierta probabilidad, la figura de un hombre. Un hombre camuflado en el cuerpo de la mujer de la que pende la barba delatora, la señal del crimen biológico cometido y sentenciado.

Pero también el hombre lampiño provoca malestar. Dentro de ese cuerpo límpido no ha nacido del todo un hombre y su proceso se encuentra seguramente detenido en una fase que siendo perenne le invalida para ser hombre total.

El hombre de mucho pelo en el cuerpo puede disgustar estéticamente, estratégicamente, pero resulta ser por exceso un sexo honrado. Una mujer sin pelo alguno en el cuerpo es igualmente una figura monstruosa porque el sentido de la depilación no será tanto dejar el cuerpo bruñido como haber actuado sobre los sombríos lugares en que anteriormente existía el vello. De ahí que cuando la depilación no ha sido completa en determinadas zonas pueda inducir a una mayor atracción sexual. Y, especialmente, cuando esa depilación parcial ha sido deliberadamente elegida, sea en el pubis o en la axilas, su  propósito es hacer ver, lo velloso confiere luminosidad a lo depilado, lo depilado se solea al lado de la pilosidad.

El hombre sufre siempre con su pérdida de cabello y la alopecia puede actuar con un efecto negativo en la personalidad l pero, por raro que parezca, esa falta se condona con una facilidad asombrosa puesto que su frecuencia y difusión no la presenta como una incuestionada deformidad. Más bien el malestar se produce cuando ante el espejo el  caballero prueba lociones y crecepelos inútiles porque precisamente en la ineficiencia de su tarea, repetida noche tras noche, se representa una clase de impotencia muy patente o se resalta una deficiencia incurable que entristece la alcoba y la relación natural.

 Estos calvos parecen mejores en  la asunción de la calvicie, aún tras un tiempo, que en la resistencia a su situación. La mujer ama al calvo tanto como al que no lo es pero ¿cómo negar que en el beso que se recibe en  la cabeza sin pelo reconocemos una claudicación a la vez que una martirizante  condescendencia de quien viene a ofrecernos su ósculo, entre cariñoso y burlón?

Uno junto a otro, el hombre y la mujer, envejecen sin embargo en una gradual e imparable pérdida de la cabellera. Envejecen al compás de sus pelos perdidos, extraviados muriendo en la superficie de las tapicerías, en las pendientes de los lavabos, en los utensilios de cocina, sobre los manteles y las alfombras como si la vida desprendida fuera ocupando erráticamente lugares del hogar y el hogar, al cabo del tiempo, cuando los cuerpos son retirados solo guardara entre las rendijas algunas hebras de aquellas matas que se amaron y durmieron acariciándose entre sí.

[Publicado el 10/2/2010 a las 12:49]

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Comentarios (9)

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    Comentado por: coach bag el 08/10/2011 a las 14:24

  • Hola María el truco es partirlos antes de que se partan. Mire, se lo cambio por éste, como los cromos. No sé si saben que ahora Verdú escribe también en El País entresemana.


    http://www.elpais.com/articulo/cultura/creativo/recreativo/
    elpepicul/20100211elpepicul_4/Tes

    Comentado por: escarola el 11/2/2010 a las 10:47

  • http://www.elpais.com/articulo/sociedad/salvarse/pelo/elpepisoc/20081017elpepisoc_6/Tes/

    Comentado por: enlace roto el 11/2/2010 a las 10:30

  • Cambio de tercio: "Esto sí es salvarse por un pelo"

    http://www.elpais.com/articulo/sociedad/salvarse/pelo/elpepisoc/20081017elpepisoc_6/Tes/

    Comentado por: María el 11/2/2010 a las 10:24

  • Si el post del martes nos concedió una tregua; suave se desnudaba y, sin mayor reflexión, conseguía llevarnos a una cama en la que encontrar descanso pasajero para el paso del tiempo, hoy amanece de nuevo enfermo de tristeza, de vejez y de muerte.
    Si ayer “desnudarse” no era preludio de juegos amorosos, hoy el pelo suelto tampoco lo es de voluptuosidad ni de caricias. Mediante un plural, aparentemente inofensivo, V demuestra la eficacia de la “s”, serpiente que se cuela e inocula veneno, convierte el pelo en “pelos”; el manto en tela rala; el cabello calvicie.
    Traemos cosas de los lugares a los que nos llevan estos posts y las dejamos por aquí : exvotos, palabras, otras miradas.
    Courbet, “El origen del Mundo”
    http://www.madinin-art.net/images/Courbet%20-%20l'origine%20du%20monde.jpg

    Comentado por: María el 11/2/2010 a las 02:31

  • En mi cabello
    se abrieron tus dedos
    buscando suaves caminos
    yo miraba las gotas detenidas
    en el cristal
    No caia tu mano,se extendia como un ala
    No caian las gotas
    No se deslizaba el tiempo
    Fuera ,la tarde moria en su lucha de
    azules
    ¿Quien, quien convoco a la noche ?
    ¿Quien la llamo ?

    Comentado por: nubes,nubes el 10/2/2010 a las 22:14

  • «Lo conseguí al día siguiente, al introducir la hoja de una navaja en una hendidura del entablado. Una plancha se deslizó y percibí, extendida sobre un fondo de terciopelo negro, una maravillosa cabellera de mujer.

    «Sí, una cabellera: una enorme trenza de cabellos rubios, casi pelirrojos, que debían de haber sido cortados junto a la piel y estaban atados por una cuerda de oro.

    «¡Me quedé estupefacto, aturdido, temblando! Un perfume casi insensible, tan antiguo que parecía ser el alma de un olor, se escapaba del misterioso cajón y de la sorprendente reliquia.

    «La cogí, despacio, casi religiosamente, y la saqué de su escondite. Entonces se liberó, derramándose en un torrente dorado que cayó hasta el suelo, espeso y ligero, ágil y brillante como la cola de fuego de un cometa.

    «Una extraña emoción se apoderó de mí. ¿Qué era aquello? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué habían ocultado esos cabellos en el mueble? ¿Qué aventura, qué drama escondía ese recuerdo?

    «¿Quién los había cortado? ¿Un amante en un día de despedida? ¿Un marido en un día de venganza? ¿O la que los había llevado en su frente en un día de desesperación?

    «¿Fue antes de entrar en un convento cuando se arrojó ahí esa fortuna de amor, como una prenda dejada al mundo de los vivos? ¿Fue en el momento de cerrar la tumba de la joven y hermosa muerta cuando quien la adoraba se había quedado el cabello que embellecía su cabeza, lo único que podía conservar de ella, la única parte viva de su carne que no podía pudrirse, la única que podía amar todavía y acariciar y besar en sus momentos de rabia y de dolor?

    «¿No resultaba extraño que esa cabellera hubiera permanecido incólume, cuando ya no quedaba ni un ápice del cuerpo del que había nacido?

    De "La cabellera", un cuento de Maupassant

    Comentado por: fragmento de "La Cabellera", un cuento de Maupassant el 10/2/2010 a las 21:48

  • Le traigo un poema de Gloria Fuertes que me encontré por el camino:



    Las cosas, nuestras cosas...

    Las cosas, nuestras cosas,
    les gustan que las quieran;
    a mi mesa le gusta que yo apoye los codos,
    a la silla le gusta que me siente en la silla,
    a la puerta le gusta que la abra y la cierre
    como al vino le gusta que lo compre y lo beba,
    mi lápiz se deshace si lo cojo y escribo,
    mi armario se estremece si lo abro y me asomo,
    las sábanas son sábanas cuando me echo sobre ellas
    y la cama se queja cuando yo me levanto.
    ¿Qué será de las cosas cuando el hombre se acabe?
    Como perros las cosas no existen sin el amo.

    Comentado por: escarola el 10/2/2010 a las 17:45

  • Dice Tournier “que sólo los ángeles y los niños tienen una cabellera perfecta. Es que no tienen sexo, los ángeles para toda la eternidad, los niños durante un tiempo”.
    De aquí deduciríamos que la depilación y la calvicie se relaciona con la inquieta sexualidad; en la medida en que toda depilación y rapado no deja de desnudarnos y mostrarnos.
    ***
    También es cierta su contraria, pese a Tournier. La desnudez absoluta y el rapado quirúrgico alejan todo atisbo de sexualidad y de erotismo.

    Comentado por: El Pozo y el Numa el 10/2/2010 a las 13:51

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011) Editorial Esfera de los libros

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

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