El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 19 de marzo de 2010

 Blog de Vicente Verdú

El correo

De ser una ilusión felicísima, el correo ha pasado a ser un tostón. Aquélla luz que el hogar recibía desde la lejanía y allí mandaba sus noticias como desde una vida que interesaba saber al receptor, las cartas han sido colonizadas por los bancos y el mail por los spams que van sumándose hasta ahogar la curiosidad del corazón.

Con todo, el correo y sus circunstancias mantiene un halo que no damos enteramente por perdido y la carta auténtica, que tanto tarda en llegar, no se descarta por completo.

Una vez al año quizás, una vez cada año y medio en el buzón se encuentra un sobre escrito a mano y adentro puede ser que sólo una hoja o una cartulina que lleva la caligrafía de una amistad. ¿Un amigo? ¿Un antiguo amante? La esperanza de que el amante perdido reaparezca va desvaneciéndose con los años pero incluso en plena y bullente juventud el móvil y sus mensajes cortos hacen las veces del papel escrito y el sobre se representa sucintamente en un espasmo sonoro que sacude al aparato receptor.

Todo le mundo postal de la antigua era,  ha sido, en fin,  tan reemplazado por otros medios que siendo pesimista se diría que ha sido "arrasado" y no siendo melancólica se diría que "actualizado". Esa actualización del contacto -interpersonal o no- se apoya radicalmente  en la actualidad. No hay ya pasado en el SMS puesto que en un soplo hace el trayecto y tanto como dura el mismo suspiro de quien nos evoca se tiene delante su  evocación. Es, contemplado así, más poético y feliz que nunca porque no cabe aberraciones temporales en la transmisión.

 La carta fue efectivamente un tesoro acorde con los tiempos de la lentitud pero actualmente ¿quién podría decir que en el largo plazo de su viaje los sentimientos  no han virado hacia no se sabe qué, hacia no se sabe quién? La carta, como consecuencia de su andar moroso, debía poseer una notable garantía de durabilidad, el sello de la permanencia.

Carta que brindaba información sobre el estado del corazón  o sobre la vida ordinaria que si lograba prestigio o reverencia era a causa de su solidez.  Ninguna experiencia de la casa y la familia, de las labores y de los amores, se podría considerar verdadera sin su peso y su pesadez. 

Al contrario de ahora cuando la repetición o su monotonía  aumenta el recelo de su verdad. O dicho de otro modo, toda buena rutina que en el pasado no era sino un afianzamiento del anillo conyugal o familiar, es ahora una metáfora de la sierra o su erosión circular. La peor de las caducidades en las cosas puesto que no hay dedicación más aborrecible e improductiva que dar vueltas y vueltas a lo mismo, señal de que la neurosis se ha adueñado de nosotros y está perjudicando la salud.

Se considera tan tedioso como odioso aquello que se realiza  una y otra vez y ,sin embargo, se tiene por positivo lo voluble  porque así resultará más divertido.  La paradoja pues de que lo igual ya no se resiste y lo cambiante se ama, acaba reflejándose en el vacío postal del buzón puesto que el buzón, literalmente alude a algo que se sumerge -como el buzo- y se deposita en el fondo sin ninguna volubilidad.

 Las cartas vienen de lejos y transmiten duración. Siempre será necesario interpretarlas andando hacia atrás el tiempo y componiendo la escena ya pasada y pretérita en la que fueron redactadas. Igualmente, quien las escribe ha de prever la longitud del plazo que necesitarán para alcanzar su destino y, por lo tanto, no deben componerse superficialmente sino asegurando su concepto implícito para que pueda durar. No son así los mail que se dicen y se desdicen que se emocionan en emoticones que llegan volando y salen del mismo modo,  sin necesidad de pensar.

¿Se ha perdido hogar con ello? Efectivamente el hogar ha dejado de ser esa sólida dirección donde se mantenía de por vida el domicilio. Hoy la casa, el empleo,  la creencia o el amor son tan cambiantes que tienden a serlo aún más, son tan portátiles que tiende a sortear el estancamiento del buzón y sustituirlo para esto y otras actividades más por el ordenador portátil, lap-top, apoyado sobre las piernas que viajan y no cesan de moverse de aquí para allá. 

[Publicado el 28/1/2010 a las 09:00]

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Comentarios (7)

  • Cuando tenia trece años eramos mi
    bicicleta y yo siempre de exploracion (nun-
    ca debi cambiar mi caballo por los hombres).
    Asi descubri una gran casona escondida que
    parecia vacia y entre por una ventana sin
    cristales.No habia mas que polvo ,paredes
    desconchadas ,rincones y escalones rotos.
    La habian dejado morir,abandonada en su
    agonia como siempre hacemos los humanos
    con todo lo que poseemos o construimos.
    Pero en el salon ,encontre un espejo en
    buen estado sorprendentemente limpio
    y ,como en las novelas ,un manojo de
    cartas con una cinta amarilla.
    Lei las cartas y las deje alli a
    morir con la casa.
    Lo que lei iba a tener mucha
    influencia en mi vida. Ahora lo se.

    Comentado por: la tortuga varada el 03/2/2010 a las 18:21

  • Hermoso poema el de Carver aunque todos
    digamos ahora, invierno.

    Comentado por: nubes,nubes el 31/1/2010 a las 20:43

  • Hummingbird

    Suppose I say summer,

    write the word "hummingbird",

    put it in an envelope

    take it down the hill

    to the box. When you open

    my letter you will recall

    those days and how much

    just how much, I love you.

    Raymond Carver

    Comentado por: envelope el 29/1/2010 a las 02:08

  • “Año 2054. Mis nietos están explorando el desván de mi casa. Descubren una carta fechada en el 2004 y un CD-ROM. La carta dice que ese disco CD-ROM que tienen entre sus manos contiene un documento en el que se da la clave para heredar mi fortuna. Mis nietos tienen una viva curiosidad por leer el CD, pero jamás han visto uno salvo en las viejas películas. Aún cuando localizaran un lector de discos adecuado ¿cómo lograrían hacer funcionar las programas necesarios para la interpretación del disco? ¿Cómo podrían leer mi anticuado documento digital? Dentro de 50 años lo único directamente legible será la carta.”

    Jeff Rothenberg

    Tal y como aparece en "Nocilla Dream" de Agustín Fernández Mallo

    Comentado por: María el 28/1/2010 a las 23:13

  • 14 East 95th St.
    25 septiembre 1950

    dice que tiene una primera edición de La Universidad e Newman por seis pavos… ¡y me pregunta con aire de inocencia si la quiero!


    Querido Frank:
    Sí, la quiero. No seré capaz de ganarme bien la vida. Jamás me han importado gran cosa las primeras ediciones por sí mismas…, pero ¡una primera edición de ESE libro!
    Oh, cielos…
    puedo verlo ya.
    Envíeme también la “Antología de Oxford”, por favor. No se pregunte nunca si habré encontrado algo en cualquier otra parte, porque ya no busco en ninguna otra parte. ¿Para qué voy a bajar hasta la calle 17 a comprar libros sucios y estropeados cuando puedo conseguirlos de ustedes limpios y hermosos sin tener que alejarme de mi máquina de escribir? Desde donde estoy ahora, Londres se encuentra muchísimo más cerca que la calle 17.
    Dentro del sobre, si Dios quiere, encontrará 8 dólares. ¿Le he contado lo del pleito de Brian? Él compra gruesos volúmenes de física a una librería de Londres especializada en libros técnicos; no es negligente y confiado como yo. Pues bien, adquirió una colección cara, se fue hasta Rockefeller Plaza, hizo cola, puso un giro postal y lo envió por cable comoquiera que se haga: es un hombre de negocios, hace las cosas bien.
    El giro se perdió por el camino.
    ¡Viva el Servicio Postal de Su Majestad!

    HH

    Comentado por: 84, Charing Cross Road el 28/1/2010 a las 20:40

  • Acabo de mandar una carta pero era una reclamación de cantidad. Estas si siguen enviándose. Además como los morosos ya no recogen las cartas certificadas ni los Burofax lo mejor es mandarlas como antes.

    P.D.: Don Vicente le regalé su libro de no ficción a Rosa Díez. Vamos a ficharle para UPyD.

    Comentado por: José Luis Martínez Hens el 28/1/2010 a las 18:25

  • Hace aproximadamente una década que empecé a enviar y recibir correos electrónicos. En mi ingenuidad cibernética, yo los concebía como cartas instantáneas que resumían el proceso lento y elaborado de las relaciones antiguas que antes cuajaban a base de pequeñas citas, paseos, confidencias y, por decirlo de alguna forma, eran concebidas como un proceso de manufactura. La correspondencia ocupaba, dentro de este proceso, un lugar muy especial y tenía, desde luego, un ritual preciso. Comprar sobre y sellos, ensayar diferentes borradores hasta hallar la forma justa, plasmarla en una caligrafía, esmerada pero informal, presentada casi siempre como un rasgo personalizado junto con algún adorno, fotos y recortes, incluidos todos a modo de archivos adjuntos primitivos. Finalmente, echar la carta al buzón.
    Todavía habrá quien recuerde con un pellizco el chasquido metálico al levantar la lengueta. Pero quizás lo más llamativo era ver cómo nos quedábamos parados todavía unos segundos delante del cilindro amarillo, como esperando ridículamente que algo sucediese. Y podría decirse que algo ciertamente sucedía. A partir de ese momento un reloj interno, con minutero y segundero incluidos, se activaba en nuestra imaginación, en nuestro deseo. Mentalmente recorríamos los lugares por los que habría de pasar la carta antes de llegar a su destino, prefigurábamos el gesto de nuestro lector al recibir la misiva inesperada, revivíamos la carta escrita como si nosotros mismos fuéramos los destinatarios.
    Para bien y para mal, todo eso pertenece ya a una experiencia con el barniz literario de las novelas del diecinueve, ahora estamos inmersos en las tecnologías de la comunicación. Se ha eliminado el tiempo narrativo de la espera y ahora investigamos la poeticidad del presente absoluto, participamos de sociedades tentaculares en las que podemos chatear por las noches con una camarera mexicana a la que acabamos de conocer o participar desde el trabajo en un foro de especialistas en la pesca de la trucha asalmonada. Conste que no lo digo con nostalgia. Una alegre perpejlidad se renueva en mí cada día con un nuevo descubrimiento, con una nueva posibilidad de la que el último capítulo es el fenómenos de los blogs.
    No es que quiera yo ahora descubrir algo que pertenece a la actividad cotidiana de millones de personas en todo el mundo, ni hacer de improvisado Vicente Verdú (...)
    Esto lo escribí hace dos años, y en el fondo parecía como si esperara una respuesta de alguien con el que inconsncientemente sostengo un diálogo a través de sus escritos. Gracia, Vicente (Verdú, perdón por las confianzas)

    Comentado por: José María García Martín el 28/1/2010 a las 10:59

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Foto autor

Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

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