El aire acondicionado
Invierno tras invierno, los edificios de pisos, antiguos o modernos, obligan a soportar en unas y otras plantas temperaturas diferentes puesto que los avances técnicos siguen sin resolver el problema de que aquellos residentes de plantas bajas se achicharren mientras los de las más elevadas echen de menos unos grados de más.
Esta disputa casi universal en las comunidades de propietarios lleva a que al menos la mitad de la humanidad dotada con calefacción central pase el invierno doméstico como envuelta en una gasa agobiante cuya textura enfebrecida procura la sensación de hallarse incurso en el interior intestinal de un organismo irremediable y como efecto de una existencia colectiva. Lo colectivo despide este calor que efectúa, sin proponérselo, una suerte de melaza con las carnes de la pequeña muchedumbre que ocupa la torre en las primeras plantas.
Buena parte de estos individuo vienen de la calle ateridos de fríos y al traspasar el umbral de su propio hogar parece esperarles las fauces calientes de un invisible animal crecido aceleradamente con el invierno. De este modo, la condición protectora que el hogar representa cambia lo que sería el tibio aliento de los seres queridos en una pavorosa flama.
El calor, en general, acosa mientras el frío paraliza o mata. El frío siempre tuvo un mejor predicamento puesto que de su temperatura igual a cero, igual a la pobreza mística, podría deducirse una simbología espiritual propia a su vez de las catedrales secularmente heladas.
El calor, en cambio, procedente del vapor de agua o la fricción intensa significa una sobreexplotación del elemento básico hasta el extremo de su exacerbación y transustanciación, física u orgasmática. El calor sería así el causante simbólico del pecado mortal y el infierno lo corrobora.
Para los atomistas griegos de la Antigüedad, el calor, como la luz era uno de los dos fenómenos por los que nuestros órganos sensoriales detectaban la presencia de la materia. Después, en la Edada Media, la tierra, el aire, el agua y el fuego componían el surtido canónico para saber de qué estaba compuesta, en uno u otro grado, la materia.
La preeminencia de lo seco sobre lo húmedo (del agua), de la suspensión calorífuga del salón (en vez de la tierra) y la quietud del ámbito casero en general (frente a la movilidad del aire), hacen del fuego invisible el máximo protagonista de la agobiante calefacción central. No será el fuego que llamea, sonríe o conversa y que posee el instinto voraz de extenderse o cocinar sino el fuego desgastado, pesado, pasivo que se instala por todas las dependencias de la casa o el despacho abastecidos por la calefacción central.
En los principios de esta invención civilizatoria sólo el vestíbulo donde se departía con las visitas y se realizaban transacciones poseía los tubos de vapor de agua que irradiaban calor. En ese tiempo, cabía refugiarse contra un escalofrío amenazante en esta sauna o "cuarto del calor". O no hacerlo en el seno de ese calor acuartelado, domesticado. El calor descontrolado, sin embargo, que anónimamente llega anticipa su amenaza de desecar la respiración es el que por el momento no ha resuelto bien la industria del acondicionamiento.
Porque tampoco el aire enfriado, designado "acondicionado" por antonomasia y orientado eléctricamente ha conquistado la perfección necesaria para aceptar que el clima puede elaborarse, matizarse o tunear a voluntad. El cambio climático que realizan las emisiones incontroladas acaba siendo un producto más ajustado grato y humanizado que todos los repetidos intentos expresos de humanizarlo. Efectivamente la ciencia del sólo nació, con el termómetro, a finales del siglo XVII pero cuatro siglos debieran considerarse más que bastantes para que la temperatura regulada deje de presentar inconvenientes de distinto orden, desde la habitación del hotel a la alcoba, los grandes almacenes, la oficina o el cuarto de estar.
La casa que el desarrollo arquitectónico norteamericano trató de mejorar mediante ventanas siempre cerradas al accidente exterior, separada de la temperatura y los vendavales y ahora instaladas en grandes edificios y grandes almacenes, ha revelado sus peores consecuencias.
En el edificio herméticamente cerrado al exterior, el exterior no entra ni para mal ni para bien. Estados Unidos es el ejemplo supremo de esta estructura estanca que lleva a los ciudadanos de un tórrido exterior veraniego a un frío acondicionado y gélido. O bien de un bochorno irrespirable que atasca el habla sobre las moquetas a una intemperie bajo cero. En esta serie de contrastes inducidos se juega la resistencia del sujeto que, aún sutilmente, se verá privado, debido al tenaza hermetismo de las ventanas de lo que fue tan glorioso como principal a comienzos del siglo XX: la ventilación higiénica.
Ventilar la casa, renovar el aire, fue la regla maestra para que la salud se sacudiera de los microbios. De ese modo, las corrientes naturales, empujaban lejos a las microorganismos perniciosos y, de otro lado, nos aportaban el aire recién nacido en la sierra, el mar o el pulimento del cielo. Las corrientes, en efecto, también podían desequilibrar la salud si alguien osaba a colocarse enfrente de ellas puesto que la corriente debía llegar y pasar como un ángel y en su misma potencia salvífica nadie debía entrometerse. Sin esta temeridad irresponsable la corriente se portaba como una mágica escoba que barría el suelo y el vuelo, que despegaba de las sábanas del enfermo los posos infames y que cambiaba en el ambiente viciado, la vulgaridad por la virtud, además de los pegotes de mal olor por la pureza del olfato.
Para extraer beneficios de las corrientes era preciso favorecer la circulación libre del aire y con ello redimir la atmósfera de sus pliegues y pestilencias.
Ventilar, respirar, suspirar, orear, la batería de elementos relacionados con el oxígeno y lo pulmonar se ven atascados en los pisos y oficinas con extremo acondicionamiento del aire. Se convierten así en malditos focos de enfermedad de manera que, paradójicamente, sería la vida más resguardada , bajo techo, la vida temiblemente proclive a la hospitalización. El hospital u otro resguardo más que, poco a poco, la yatrogenia ha convertido en una fábrica de infecciones, septicemias, neumonías y muertes por sobrecarga de lo mismo, el incesto del bien clínico en la procuración del bien medicinal, la anulación, en fin, de la dialéctica natural entre lo bueno y lo malo, la vida y la muerte, el frío y el calor confundidos, aturdidos o perturbados en la extremada resolución de lo peor.
[Publicado el 17/12/2009 a las 09:00]
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Hielo y fuego, elementos antagónicos. Los hemos procesado e industrializado para disponer de ellos a nuestro antojo; como quien tiene bancos de dinero, tenemos bancos de energías disponibles para llevar un tren de vida que en el otro extremo, en el hemisferio pobre del planeta, deje una estela horrible de calamidades, asolado por la sequedad que se deriva de esa yatrogenia energética del medio mundo rico a la que alude el texto. Así es como la tierra a su vez enferma: sometida a unos excesos que están muy por encima de su nivel de tolerancia, no es casual que las reacciones de la tierra sean cada vez más virulentas. En lo externo estamos envenenando el planeta con nuestros atentados destructivos al medio y paralelamente, en nuestro sistema alimentario que ha de proporcionar calor o frescor a nuestro organismo interno, las cadenas de manipulación alimentaria y agricultura industrial a ultranza pugnan por poner en jaque nuestra salud. Un panorama bien poco alentador.
http://www.youtube.com/watch?v=dsK3V04LAvw&feature=related
Comentado por: reno de noel el 17/12/2009 a las 15:20
una reivindicación super correcta, panel solar y graduación personal.
sí, es fascinante, una de las propietarias de un edificio en la calle Princesa, amiga mía, tiene que esperar a Enero para empezar a sentir la calefacción central, séptimo piso, mientras en noviembre o finales de octubre sus vecinos de abjo se achicahrran y abren ventans para que salga la calefacción central.
la calefacción central es antidemocrática, y ya es hora de que terminen con ella.
ok! me encantó
esa es una buena reivindicción pies al suelo... es como poner calefacción en la calle, no tiene sentido. totalmente de acuerdo.
es lo que se dice el consumo no apropiado, o el capital con las faldas al aireeeee, menos carbón, menos gas natural sin redacción controlada y más contorl individual del propio calor.
Ok!
ok!
Comentado por: Enea el 17/12/2009 a las 13:52
Pues menos mal que se ha dejado en el tintero la patata caliente que nuestros antepasados aseguran haberse llevado de pequeños al cole, ejemplo de ecológico sistema de calefacción individual. Partiendo de la admiración por su escritura, de que sus artículos sobre los objetos me encantan cuando rozan lo poético, me permito decirle que si yo tuviera una escoba, barrería como ya apuntó María, todo ese recorrido histórico, descargaría de tantos datos objetivos el post, para centrarme en lo más subjetivo, en lo que María llamó punto de fuga, en ese detalle-puerta-espejo que nos permite pasar de una a otra dimensión: de lo cotidiano a lo transcendente, como la calavera de ayer, o en las puramente sensoriales- como el delicioso y magistral post de la ducha. A no ser que por motivos de edición, de que esté proyectando un libro, el post deba tener un volumen determinado. Creo que ganan cuando se centra en una determinada sensación o en la esencia del objeto. Aunque ya imagino que no se puede ser sublime a diario.
Por lo demás yo tengo calefacciòn a gas, aunque se lo que es vivr con el fuego de la central: todo el invierno en manga corta.
Comentado por: supuesta hormiga de JB el 17/12/2009 a las 13:22
Hace ya algunas sesiones, pudimos leer a don Vicente en sus devaneos por los objetos, indagando sobre ‘El agua caliente’.
Texto que, en buena medida, conecta con el presente del ‘Aire acondicionado’ por la persona interpuesta de ‘La calefacción central’. En ambos casos, tanto calefacción central como agua sanitaria, participan de la movilidad de un fluido constatable. Primero calentado y luego obligado a circular a los puntos de consumo. Incluso en esa circulación se aventuran los ruidos del goteo de la junta deficiente o los gorgorismos de la burbuja de aire que simula una rara digestión.
La salvedad de la viejas calefacciones centrales, en relación al aire tratado, es su visibilidad de tubos, válvulas, radiadores, calderas, purgadores, termostatos y circuladores. Con lo cual la mística de su funcionamiento se diluye en la presencia evidente de ese fluido circulante; que puede llegar a quemar en situaciones extremas de contactos indeseados del cuerpo con el armazón de tubos.
Esa falta de visibilidad del fluido circulante, en el caso de aire tratado, es lo que aporta la magia de su misterio y su novedad tecnológica. Incluso su reversibilidad es otra suerte de imponderable raro: ya que puede mover tanto el aire frío como el caldeado.
Hubo un tiempo de la arqueología del frío climatizado, en que algunas salas de cine optaron por una tecnología nacional, propia de los inventos del TBO del profesor Frank de Copenhague. Se llamaba, ‘Frio Baviera’ y era un remedo de ventilador gigante y un rociador de agua, que sólo producía un cosquilleo refrescante y un movimiento exagerado en las cortinas de las salas. Luego llegaría Carrier y Westinhouse.
Lo que parece claro, es que la conquista del fuego y sus consecuencias sobre la habitabilidad, precede con mucho a la conquista del frío y sus derivadas del aire tratado y acondicionado: Es más fácil quemar una fogata y producir calor, que conservar un trozo de hielo, para mantener algo de frío.
Tan fundamental el frío en las conquistas civilizatorias, como nos demuestra el trabajo colectivo de 1969 ‘El frío’, de Rostand, Laborit y otros autores. No sólo la biología, la hibernación o los bancos de órganos. Más aún, sin frío industrial, toda la industria de la alimentación no habría llegado al punto presente. La crioscopía, la congelación y la cadena del frío alimentario no pueden desentenderse de ese frio preconizado por don Vicente. Aunque quede en un segundo plano
En esa onda de indagaciones sobre el frío, recordar la estirpe poética del trabajo de Reinhold Messner ‘El mundo del hielo’. Para redondear la mirada.
Comentado por: El Pozo y el Numa el 17/12/2009 a las 12:30
Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).
Galería de cuadros del autor
El capitalismo funeral (2009), Anagrama.
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama
La Ausencia (2011) Editorial Esfera de los libros

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
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