El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 13 de febrero de 2012

 Blog de Vicente Verdú

El reloj de la cocina

Un reloj, sobre todos los demás, marca la hora central de la casa. Es el reloj grande que se coloca en la cocina y  desarrolla el papel del campanario que, en la vida rural, convocaba a los oficios o señalaba en su transcurso el momento de reposar y comer.

Este reloj en que los diseñadores han invertido mucho un interés de acuerdo a su notoriedad se encuentra encimado, bien sobre los estantes o sobre la campana de los humos. Y, en ocasiones, lo tropezamos de frente, al entrar, como si la cocina entera gracias a él se comportara como una estación de ferrocarril y, obviamente, los pasajeros debieran tener presente el tiempo que tienen.

Para "tener el tiempo" cada uno  nació el reloj de pulsera que siendo una posesión individual sustituía a la sagrada impartición del tiempo colectivo, refrendado por la torre de la iglesia o el edicto municipal.  En el reloj de pulsera se lleva el tiempo consigo y de ahí la pregunta de "qué tiempo llevas". Se transporta de aquí para allá a riesgo de golpes y accidentes, se lleva de aquí para allá entre faenas y ocupaciones honestas o perdularias, amables a los ojos de Dios o condenables. Este reloj profano fue, no obstante, en sus principios una pieza asociable a la excepcionalidad de un acontecimiento y casi siempre símbolo de un rito de paso: de la niñez a la adolescencia, desde la soltería a la prenda de la boda.

 La mano actual y profana que conduce este reloj personalizado, tuneado, viene a ser una mano sin bendecir largamente apartada de la esencia colectiva y el tufo del cuerpo místico. Este cronómetro antes herencia de una autoridad se convierte en una suerte de derecho del hombre y del ciudadano que busca la moral y la vida por su cuenta. Este reloj cuenta particularmente una sola vida.

El reloj de la cocina, sin embargo, evoca la esfera que miraba a la población desde la torre y con ello encierra autoridad y jerarquía. Respetar las horas de comer, sentarse  a la mesa en un momento exacto por respeto a los demás y especialmente al padre que se ubica en la cabecera, fue una regla heredada con solemnidad del patriarcado y de los usos burgueses inclinados al orden y la reglamentación para dividir el tiempo de descanso  y de trabajo, continuando en el interior del hogar la disciplina propia del taller o la fábrica.

Así, el reloj grande de la cocina reproduce al que se erigía en las naves fabriles, a la vista de todos y con la vista en todos. Fábricas dotadas de un ojo vigilante que venía a ser como el ojo del patrón que todo lo miraba y controlaba. Observaba a los obreros en el desempeño de sus tareas, vigilaba con la rectitud y severidad que este mismo reloj mostraba cuando al llegar las agujas a un punto se disparaba una bocina apabullante que establecía el comienzo, la mitad o el fin de la jornada.  Ese reloj fabril de capital  importancia ha derivado en el doméstico reloj de la cocina, relegado a una sala de máquinas también, como la llaman  los arquitectos courbuserianos. Sala de máquinas destinada a la manufactura de comestibles en clara sintonía con lo que fuera la industria en el siglo XIX  y su horario de ocho horas de reloj.

Reloj, en suma, para medir las horas de producción y  determinadas no sólo  por los pactos sindicales sino por la asunción de otra vida humana sobreviviente a la explotación mediante la prueba revolucionaria del reloj.

Todos los relojes marchan, poseen su mecanismo de marcha, pero el de la cocina especialmente se ajusta al transcurso natural del día. Cuando todos los cronómetros se hacen dudosos o, por su carácter banal, susceptibles de error, el reloj de la cocina dirime, la verdad absoluta.

Su naturaleza incorporada al sistema elemental de los fogones y los alimentos trasluce una verdad natural, una suerte de carácter auténtico que, por el contrario, parece tan fácil de trucar en el cronógrafo de muñeca.

Un individuo, ahora, tienen más de un reloj  y no aquella pieza única e irremplazable que se había recibido en un momento especial y cuya aura santa lo acompañaba siempre. Con diferentes unidades el reloj de pulsera ha perdido buena parte de su caudal reverencial y ha pasado a ser, en  nuestros tiempos, un complemento, un capricho, un aderezo, una curiosidad o una joya.

Miles  de diseños y precios distintos entre una incalculable cantidad de marcas han trivializado la identidad del reloj, ajustado por correas de plástico, de cáñamo o de latón. Frente a esta barahunda, una de las más abrumadoras del consumo, el reloj de cocina parece una excepción, seudomonumento que proyecta su dominio sobre la voluntad de la casa y en un recinto como la cocina que ha ido ganando prestigio y presencia en relación al salón, lugar donde los amigos modernos se reúnen en detrimento del antiguo salón. Un salón en  declive frente a una cocina que gana auge y prestigio, reciclada como una pieza que vuelve a comportarse casi como el llamado "vestíbulo" o "la casa del fuego" en el medievo, es decir la única parcela casera donde se alzan y se ven las llamas.

[Publicado el 11/12/2009 a las 09:00]

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Comentarios (6)

  • Gracias por su reflexión y las imágenes de Antonio López tan oportunas. Los objetos observados, membrillos inacabados como la excelente serie de pintura de este blog, inacabada también; nuestros objetos domésticos, los de Antonio López y Vicente Verdú “ precisos, repletos de esencia a punto de estallar y sin embargo inmóviles”, esencia que el arte misteriosamente aprehende y nos entrega.

    Comentado por: Esther el 13/12/2009 a las 23:41

  • A mi el reloj de la cocina me lleva a Dilsey, en el Ruido y la Furia, y a ese reloj que aún sin manilla y oculto sobre el armario, marca la realidad doméstica del tiempo desmoronado de los Compson. Confieso, que en este ejercicio de estilo sobre el ajuar doméstico al que se aplica el jefe hace semanas, me he quedado atrapada, como el polvo, en la mesita de noche y en el vaso de agua de un post del pasado 26 de noviembre. Una luz muy tenue, de habitación de enfermo, se colaba entonces en el blog. En los días que siguieron, ni las tijeras, ni el peine, ni el lúbrico jabón, ni tampoco el café con sabor “aguachirle”, que decía repostera, consiguieron alumbrar los objetos, devolverlos a una vida posible. En el post del vaso de agua sí hubo, al menos para mí, un atisbo de dotar al objeto de nueva iridiscencia; las palabras de VV nimbaron entonces de piadosa sustancia el agua transparente, una luz de bodegón llegó de refilón de un blog cercano que hablaba de naturalezas muertas y pintura barroca. El vaso de agua de V que me perseguía y que no sabía dónde poner halló provisional acomodo apoyado en un travesaño de Sánchez Cotán, a la espera, junto con berzas y membrillos que penden misteriosos de un hilo, como la vida; precisos, repletos de esencia a punto de estallar y sin embargo inmóviles.
    Habíamos salido de octubre a base de brochazos de color y abstracción. En noviembre hicieron acto de presencia los objetos cotidianos en el blog para acabar invadiendo, arrolladores, lo que va de diciembre. Las entradas se poblaron con descripciones minuciosas y las palabras presentaron pruebas de cómo la mirada precisa revela en los objetos estados transitorios y ambiguos. De las visitas al blog, pasé a golpe de ratón, a demorarme en la pintura de Antonio López, en la que la pura esencia del objeto se alcanza no a través de de la expurgación del detalle sino de su captura. Me empeñaba en encontrar en uno de sus cuadros un correlato al vaso de agua y a la mesita de V. Encontré lo que buscaba en “lavabo y espejo” y una colección virtual se apoderó del fondo de mi escritorio. Los cuadros de López “lavabo y espejo”, “la ropa en remojo”, “taza de water y ventana”, “el aparador”, “la nevera de hielo” parecían estar esperando los posts de VV: “agua caliente”, “El vaso de agua”, “El espejo”,”El peine”, “ El jabón”, “Las tijeras”, “el café” “las cuajadas” “El papel higiénico” “El timbre”.
    http://www.artelibre.net/ARTELIBRE1/ANTONIO_LOPEZ/antonio_lopez.htm
    Aquí les dejo el enlace por si les apetece.




    Wallace Stevens

    That the glass would melt in heat,
    That the water would freeze in cold,
    Shows that this object is merely a state,
    One of many, between two poles. So,
    In the metaphysical, there are these poles.


    Here in the centre stands the glass. Light
    Is the lion that comes down to drink. There
    And in that state, the glass is a pool.
    Ruddy are his eyes and ruddy are his claws
    When light comes down to wet his frothy jaws


    And in the water winding weeds move round.
    And there and in another state---the refractions,
    The metaphysica, the plastic parts of poems
    Crash in the mind---But, fat Jocundus, worrying
    About what stands here in the centre, not the glass

    Comentado por: María el 13/12/2009 a las 13:53

  • Me acuerdo de un reloj del hall, en segundo de carrera, que lo disfrazamos de papá noël y las manos eran los bigotes. Mi reloj de cocina es también redondo grande; nunca lo he disfrazado, pero al tiempo que me acuerdo del otro cuando se acerca la fiesta de Navidad, también me viene a la memoria la expresión "per llepar-s´hi els bigotis", pues nunca jamás nadie me ha dicho que mis guisos están para lamerse los bigotes, ni para relamerse ni nada de nada. Antes al contrario, en mi último cumpleaños he conseguido un regalo de cocina que es una indirecta y una alarma en forma de timbre como los que hay en las unidades móviles de bomberos. Encima que, mundo injusto, casi siempre cocino yo, claro.

    Comentado por: marisol el 13/12/2009 a las 12:02

  • THE KITCHEN CLOCK


    How can we make it run backwards,
    That taciturn white circle with
    Its torpid black hands? We only
    Touch the hands when standard
    Time comes to shorten or daylight
    Saving to lengthen our days. That
    Clock is lazy; I'd like to throw
    Eggs at it. But I don't want it
    To go forward faster, as if it
    Were drawn by death. Let it run
    Gently backwards, pausing to
    Greet happy times again: the
    Day when the schoolboy wrote
    His first poem; the day when
    The first jonquil bloomed in
    His little garden; the day when
    His father tossed him into the
    Lake without water-wings to
    Prove to him he could swim.
    "En arriere, ruckwaerts" and "in
    Dietro;" those are your orders,
    Lazy clock, until the spring
    Breaks and it doesn't matter
    What you do anymore.


    James Laughlin

    Comentado por: poema el 11/12/2009 a las 19:47

  • ¿Por qué será que le concedemos esa autoridad, aunque sea como en mi casa, una baratija de plástico, el regalo de una promoción ya olvidada? Será porque su posición cenital le coloca en una constelación astral, será porque es redondo como un sol, será porque parece mirarnos desde lo alto, que le concedemos de inmediato esa personalidad superior.

    Comentado por: la repostera el 11/12/2009 a las 10:49

  • Muchas cuestiones se acumulan y amalgaman de cara al fin de semana.
    No solo el reloj de cocina, el de pulsera, la lógica funcional de las cocinas, también la ‘machine á habiter’ de Le Corbusier visible en los habitáculos blancos, el tiempo destructor o el tiempo escultor a lo Yourcenar, la joya o el Swacht…
    Pero antes de todo ello, es preciso anotar las diferencias profundas y no señaladas, entre los relojes analógicos y los relojes digitales: el tiempo circular de los primeros y el tiempo continuo de los segundos.
    Habría que revisar algunos conceptos desplegados por Jacques Attali en su ‘Historia del tiempo’; del tiempo de los dioses hemos pasado al tiempo de las máquinas, que siendo parecidos no son lo mismo, ni siquiera en las cocinas termodinámicas, como propone don Vicente.
    ¿Qué decir, por otra parte, de relojes de arena, de agua y de sol? ¿Plantean las mismas cuestiones o las eluden? Relojes biológicos versus relojes mecánicos; del tiempo vivido al tiempo cifrado.
    Tampoco es cierta la presencia continuada de relojes en cocinas y encimeras; todo eso es reciente y pertenece a un ritmo pautado por el microondas o la olla exprés que cuentan con una temporalidad precisa y minuciosa. Antes la cocina no era un laboratorio cronometrado o un taller pautado, sino una campana enorme con un hogar encendido todo el día, donde la olla cocía a su amor, sin prisa y sin pausa. La chimenea era el hogar y la cocina su huésped.
    Por otra parte la obsesión por la cocina y su diseño, estuvo regida en un principio por la elementalidad de funciones y por el coste del tiempo que consumen los movimientos. Desde Gropius a Klein, esa es la obsesión del Movimiento Moderno: máxima función y mínimo espacio. O , si se quiere grado cero de la forma.
    Ahora que ya no se cocina, merced a los platos preparados, precocinados o al catering mismo, emergen cocinas de diseño aparatosas que reflejan la orfandad de las viejas funciones o el halo fantasmal de lo desaparecido. Cocinas sin ocupantes y sin cocineros.
    Y para acabar, la impropiedad de hablar de la ‘esfera de reloj’ llega hasta este blog. No es cierto que un reloj se represente y sustente en una figura espacial como es la esfera; será más bien un círculo que es un elemento plano, el que propicie el desplazamiento y movimiento de las agujas. Salvo que ese reloj sea ya una pieza daliniana, gelatinosa y blanda y permite el ajuste de las agujas con la espacialidad de la esfera.

    Comentado por: El Pozo y el Numa el 11/12/2009 a las 09:50

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011) Editorial Esfera de los libros

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

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