El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
La obra maestra
Los pintores dicen, con razón, que lo peor que puede ocurrirle a un cuadro es parecer ñoño. Lo ñoño es lo manipuladamente mono, lo encantadoramente falso, lo conducido meticulosamente hacia la calculada producción de afecto o de interés.
Todo lo interesante necesita para serlo de veras traslucir su punto de incontrol, como todo lo realmente bello sólo coincide con la belleza superior del accidente.
Lejos de suponer que la intensa y larga intervención de la habilidad humana confiere mayor grandeza a la obra de arte, lo acertado es justamente su revés. Todo lo que trasluzca demasiado una intención querida neutraliza el impacto de su deseado efecto y todo aquello que se presente con los resortes muy ponderados, los tonos en su punto, el énfasis pulimentado y el peso bien repartido, resta misterio y valor a la composición. El conjunto atractivo se gesta con una dosis no escrita de azar y logrando un resultado que, en primer lugar, asombra al artista. O bien: todo artista que se reconozca plenamente en su obra no habrá creado obra original alguna. La originalidad no procede directamente del autor sino tan sólo de su mediación, gracias a la cual se produce el hecho sin dueño, el cuadro sin amo, el libro sin un autor definitivo. La obra maestra. Maestra incluso del artista.
[Publicado el 08/1/2008 a las 09:15]
Yo diría que la tesis de Verdú coincide con la poética romántica y surrealista, de base platónica (el poeta como poseído por el furor). El surrealismo, puede que más consciente de su propia poética que el romanticismo, propugnaba en su manifiesto bretoniano la suspensión de la conciencia, lo que llamaban el arte automático, en el que el artista se dejaba llevar por las asociaciones mentales más espontáneas sin someterlas a un examen lógico. Dice Bretón “Escribid rápidamente sin asunto preconcebido, tan rápidamente que no recordéis lo escrito ni os sintáis tentados a releerlo. La primera frase vendrá por sí sola, tan cierto es que a cada instante hay una frase extraña a nuestro pensamiento consciente que lo única que le falta es que la pronunciemos”. En cuanto a la autoría, dice Bretón “El acusado se limitará a asegurar que no se considera autor del libro, ya que éste es un producto surrealista que excluye toda cuestión de mérito o demérito, ya que el que lo ha escrito se ha limitado a copiar un documento sin dar su parecer (…)”. También dice “la literatura es uno de los más tristes caminos que conducen a todas partes”- No tiene nada que ver, pero la frase está muy bien.
Comentado por: escarola el 09/1/2008 a las 09:38
Concuerdo con la teoría del paraguas,limitando la idea de cielo a la atmósfera terrestre,conde debe flotar la escencia humana.
Cada unidad cósmica tendrá su cielo.No creo que en las lejanas galaxias haya rastro de nuestros artistas.
Comentado por: amalia el 09/1/2008 a las 08:01
Comentado por: chiqui el 09/1/2008 a las 00:45
Ars est celare artem. Es un arte esconder el arte.
Verdú alude aquí a un problema antiquísimo en la estética, y presente en la crítica literaria española desde que Joan Boscán tradujo a Baltasar Castiglione en el siglo XVI. Y es éste: la obra de arte, por elaborada, por trabajada que sea, tiene que dar la impresión contraria. Para Gracián, por ejemplo, lo peor que puede tener un texto literario es la “afectación” (lo que Verdú llama “ñoño” es una forma de lo que Gracián y –antes de él-- Boscán/Castiglione llamaban “afectado”). El cuadro, el soneto, la pieza musical, el comportamiento social debe dar una impresión de “sprezzatura” (término que los españoles tomaron de los italianos (ver Menéndez Pidal, “El lenguaje de Colón”; creo recordar que Boscán traduce “desprecio” y que Gracián habla de “gracia”. Está también en la preceptiva retórica. Quintiliano habla de la necesidad de que nuestro discurso parezca “natural,” como si improvisáramos, y un tratadista italiano del 600 afirma que à nel «non v’è cosa peggiore nell’arte, che mostrar l’arte nell’arte» (ver el libro sobre la sprezzatura de Paolo D’Angelo en http://tinyurl.com/3d7wxc ) Tiene razón Chiqui. Llamarse uno “artista” sería una falta de gracia, de sprezzatura. Mejor, la admiración ajena. Esto se relaciona, quizás, con la observación de Ossa. No se trata de desligar la obra del artista, sino de crear la IMPRESION de que la obra “le ha salido así,” sin demasiado trabajo. Escarola también tiene razón. La obra tiene su vida propia, no? y, una vez publicada, se expone a las interpretaciones más diversas.
Comentado por: Adolfo el 09/1/2008 a las 00:44
Comentado por: tal vez el 09/1/2008 a las 00:32
Si lo grande, lo original de una obra maestra no procede del artista, ¿de qué o quien procede? ¿del cielo, acaso? Si el artista es solo un mediador, ¿con qué instancia, ente o demiurgo hace tal mediación? Las obras maestras, como las ideas platonianas, ¿están previamente concebidas, en su universo paralelo? Poca simpatía siento por estas celebraciones del azar o de lo numinoso en la acción del hombre. Más bien creo que, como todas sus obras, la de arte se consigue zahondando bien profundo.
Comentado por: ossa el 08/1/2008 a las 21:25
Don Vicente, excelente reflexión y tan claramente expuesta .Efectivamente, los que se llaman a si mismos 'artistas' casi nunca lo son. El arte es algo que otros reconocen en la obra y son ellos, lo otros, quien otorgan al autor esa palabra, hoy tan manida, de ‘artista’.
Comentado por: chiqui el 08/1/2008 a las 15:51
No sé quién dijo que una vez acabada, la obra pertenecía a sus lectores. Toda obra va más allá de la intencionalidad de su autor, y él mismo puede sorprenderse al extraer como lector significados no previstos como escritor. Cuando la obra es en exceso explícita aburre, hasta el punto que muchas nos gustan más por lo que nos sugieren después que por el placer del momento de su lectura. Y una cosa puede llegar a confundirse con la otra, creo que es la perversión profesional de algunos críticos, que ensalzan una obra sólo porque su reflexión les ha inspirado un gran artículo.
Comentado por: escarola el 08/1/2008 a las 13:44
Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Su libro más reciente es No Ficción (Anagrama, 2008).
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Condenas)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
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