El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 21 de mayo de 2012

 Blog de Vicente Verdú

Ser bueno o ser malo

¿Son las personas de hoy mejores o peores que las de antes¿ Pero ¿antes de qué? ¿Antes del capitalismo? ¿Antes del capitalismo de consumo? ¿Antes del capitalismo de ficción?

En España se construyó  un linde histórico que determinaba con nitidez un "antes" y un "después de la Guerra" ¿Fueron mejores o peores las personas  después de la Guerra? Y extendiendo esta referencia a Europa; ¿qué puede decirse de los europeos y de Occidente en general?

Una firme premisa ha sido que las Guerras y, concretamente, nuestra Guerra Civil, se proyectó tanto sobre la calidad de los productos como sobre la calidad de los habitantes.  Lo bueno de verdad era cosa "de antes de la guerra". Los precios justos, los alimentos más sabrosos, la probidad  de los comerciantes se glorificaba  equiparando su naturaleza o su conducta a los de aquellos que existían antes de la guerra.

Antes de la Guerra se sufrían  grandes penurias e inmediatamente después  más calamidad. Algunos signos populares, como el café, se anunciaba en las pizarras de los establecimientos de los años cuarenta y cincuenta como "café-café". E incluso como "café-café-café" puesto la confianza en la honradez se había perdido y  ya todo o casi todos se vendía adulterado. Pradójicamente, sólo era blanco en el  mercado negro. La mentira se extendió en la posguerra como una inocua metralla y tras  los sangrientos bombardeos de la contienda.

A la muerte de las personas, civiles o militares, sucedía la muerte de la verdad de las cosas. Una pérdida se completaba con la otra y las mujeres se pintaban una raya negra en las piernas de arriba abajo simulando que llevaban medias. Medias de cristal, por supuesto, que en el mercado negro se vendían veinte veces por encima de su coste. Un dólar en Estados Unidos, 20 dólares en  el bar Chicote de Madrid.

Poco a poco, sin embargo, con la reconstrucción de los países y la prosperidad creciente  llegaron las importaciones de café auténtico y medias de nylon accesibles. En el comercio internacional, a la mayor exportación de mercancías mejores  correspondía la importación de mercancías fiables.

 Durante 25 años de auge, tras la Segunda Guerra, tanto en la economía como en la política occidental las mercancías tendían a ser porgresivamente buenas y paralelamente, las familias bien avenidas y las instituciones protectoras, socialdemócratas o religiosas, mejoraron el recuerdo del pasado. 

Varias crisis cíclicas sacudieron el buen humor y el buen honor  desde los años setenta  a los años noventa del siglo XX pero ninguno de tales percances negativos oscureció el carácter de la sociedad.

Esta Gran Crisis actual, sin embargo, se comporta materialmente y virtualmente como un corrosivo sobre la misma condición humana. No sólo han crecido los parados en grandes sumas y, a la manera de las bajas  en una Gran Guerra permanecen como moribundos, sino que los productos de casi cualquier orden han empeorado en su composición y su duración. Aumentan las gangas, en su doble acepción, y han multiplicado su presencia bajo el concepto de low-cost.

La degradación de los materiales y la calculada obsolescencia de los artefactos,  la inferior calidad de los tejidos y de la vida en la electrónica se  se corresponde con la alarmante en la calidad moral de las personas, sean ejecutivos, sacerdotes o ministros.

En los años cincuenta, el acero, las arquitecturas, las mesas y las sillas, las bicicletas y los coches estaban "hechos a conciencia". Poco a poco  con el capitalismo de consumo agigantado en los años setenta empezaron a proliferar mercancías frágiles y efímeras más propensas a estropearse o deshacerse que quince años antes. Y bajo este designio han seguido fabricándose artículos en casi todos los órdenes hasta nuestros lúgubres días.

Confecciones y montajes provenientes además de países sobreexplotados, no sólo inmorales sino desmoralizados, no sólo exportadores de basuras a bajo precio sino incluso de medicamentos basura, han compuesto una época de lo falso, la falsificación y el timo.

De las basuras conscientemente fabricadas como basuras debe responsabilizarse también a los importadores países ricos y  de las basuras como modelo general del valor ( los bonos-basura, la comida-basura o los subprimes) a la naturaleza del capitalismo especulativo o "capitalismo funeral" y de cuyas carnes ya corruptas nacieron tanto los enseres y materiales defectuosos, contaminantes, venenosos y las gentes mafiosas, ominosas, podridas.

Hay actualmente más organizaciones solidarias e internacionales que nunca pero su presencia no equilibra el poder de las organizaciones criminales. Más bien el crimen organizado, en cualquier grado, es el paradigma de la nueva economía delictiva y las ONGs forman en repetidas ocasiones parte del mismo desfalco y latrocinio.

Otras ONGs no forman parte del crimen. Son organizaciones humanitarias veraces pero el descrédito de cualquier institución, la estafa de casi cualquier organización, la lenidad de la justicia, la mala calidad de los gobernantes o los ejecutivos han creado una atmósfera de pantanosa inmoralidad en la que chapoteamos todos.

Quedan, nacen y se hacen todavía buenas personas pero no es la cosecha que caracteriza a la contemporaneidad. El sistema se abastece, sobre todo,  de agentes malvados y mientras mil libros incitan a triunfar arrasadoramente dos o tros aluden a amar al prójimo y practicar yoga. Más aún: todo occidente ha quedado como un almacén del mal. Un fracaso de la bondad, de la felicidad y el amor al medio ambiente mientras Oriente, sus budas y su lasitud, se tienen, idealmente, como el depósito donde se concentra el bien-bien.

¿Hacer el bien a los demás?  La mayor parte de las religiones que pregonaban este arte de vivir feliz han sido corroídas por sus propios pecados, sean de mendacidad, estafa, corrupción o pederastia.

El Mal es Nuestro Mundo. La Gran Crisis es la tercera guerra mundial. Los ciudadanos tratan de salvarse uno a uno y hasta los capitanes abandonan el barco antes de que el pasaje llegue a los botes.

El eslogan de que "cada cual se la pele" ha venido a ser la película más repetida, los argumentos de las series televisivas más vistas,  las conductas, reales más corrientes.

Esta corriente va en el sentido común del vertedero y las almas nadan en sus aguas como peces de piscifactorías cargados de plomo. ¿Ser bueno? Solamente cuando una persona muere puede estarse seguro de que se la estimará buena. Es preciso morir para incitar entre los vivos el antiguo sentimiento de caridad. Por el contrario, es casi imposible sobrevivir normalmente sin poseer algún recurso asesino.

[Publicado el 26/1/2012 a las 11:11]

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Comentarios (6)

  • ¿Ya se ha decidido?

    Comentado por: e-vicentemente el 30/1/2012 a las 13:54

  • Cuando era muy jovencita oía “si Dios quiere lograremos”, “si Dios nos ayuda”, continuamente ese ruego esperanzador con proyección de futuro. No obstante, siempre me pareció demasiado conformista, pues dejaba todo en manos del hado. El presente era algo que debía mejorar, nunca era completamente satisfactorio. Vivía yo en otro país, donde un pasado de dictadura militar no era anhelado en mi entorno.
    Soy consciente que la tendencia a considerar cualquier tiempo pasado como mejor está relacionada con el componente afectivo de la memoria. La construcción de un refugio ameno donde regresar nostálgicamente es un mecanismo no exento de ficcionalización.
    Pero, paraísos aparte, hay cosas que eran mejores antes, como los vegetales sin manipulación genética que maduraban lentamente y tenían olor y sabor. Pero, en cambio, hoy podemos tomar frutas de casi todas partes del mundo que antes ni sabíamos que existían. Es decir, los tiempos cambian, la tecnología nos cambia la vida y nosotros nos adaptamos con mayor o menor fortuna.
    Con los seres humano pasará algo parecido, quizás los jóvenes maduren más rápidamente en los “invernaderos” de internet, pero pierden la oportunidad de experimentar de modo más palpable la realidad. Por otra parte, una avalancha de conocimiento desborda en la red. La biblioteca más amplia del conocimiento humano está a un click.
    Si es mejor ser joven hoy que hace 20, 30 o 60 años no lo sé. Pero vivir en un país democrático, aunque afrontemos dificultades, es mejor que vivir en guerra o en una dictadura. Sé que la democracia puede crear ciudadanos demasiado pasivos por dejadez, pero las dictaduras aniquilan la inteligencia y la libertad de los individuos.
    Creo que el mejor tiempo es aquel tiempo que yo aporto algo para mejorar el mundo. Ya sea ayudando a un amigo, siendo amable con los que me buscan o enseñando a mis hijos a luchar por sus derechos y por sus sueños. El tiempo, esa arenilla que no para de caer, es el espacio que tengo de vida y siempre será mejor para mí el tiempo en que yo habito. Tiempo y espacio son lo mismo fuera de nuestro míope sistema de coordenadas.

    Comentado por: Yo aquí y ahora el 29/1/2012 a las 01:11

  • No, si al final va a ser Baudrillard,entre los teóricos que intentan dar una explicación de nuestro tiempo, aquel que más se aproxima a ello: el principio del Mal como fuerza primera y hegemónica; el Mal como principio fundamental del que el Bien solamente se derivaría.Y esta nuestra cultura occidental que queriendo tapar, subsumir, arrinconar y sepultar el Mal solo conseguiría a la postre hacerlo aún más fuerte, terrible, destructor, y corrosivo.
    Las consecuencias de intentar sepultar en vida los elementos negativos, no positivos, de la vida, está teniendo unas consecuencias históricas devastadoras.
    El Mal, el Otro, la otredad, lo reprimido, se venga devolviendonos el Mal en cantidades y cualidades incalculables e inimaginables...
    Pero todo ello no es sino muy intimamente propio y nuestro: ¿No queriamos caldo? Ahí van un mar de tazas...

    Comentado por: pepedamian el 27/1/2012 a las 13:14

  • Yo no lo veo tan negro. Creo que la naturaleza humana siempre es la misma. No creo que los alemanes actuales sean mejores que los que apoyaron a Hitler y que los españoles sean mejores que los alemanes... De todos modos, ha habido un progreso. La extensión de los derechos humanos y de la democracia, la mejora de las condiciones materiales de la mayoría de la población... son un hecho. Los europeos nos hemos estado matando durante toda nuestra historia y ahora llevamos 70 años sin guerras. O sea, que el sistema actual no será tan malo. Pero por si sirve de algo: Kant decía que aunque vivieras en una ciudad llena de demonios estarías obligado a comportarte éticamente.

    Comentado por: j el 26/1/2012 a las 21:15

  • "Je ne fais pas le bien que je veux, mais je fais le mal que je hais."
    Saint Paul
    Extrait de l'Epitre aux Romains

    Comentado por: Pauline el 26/1/2012 a las 20:42

  • Existe una idea antigua del hombre, que al primero que la leí fue al renacentista Pico della Mirándola, en un tratado sobre la dignidad humana. Y este humanista, que reivindicaba el valor del hombre frente al excesivo teocentrismo medieval, no se engañaba, sin embargo, sobre la forma de ser de la naturaleza humana. Si bien decía que el hombre puede ser como un ángel cuando afloran sus mejores cualidades, admitía también que ese mismo hombre podía decaer al ruin estado de las bestias. El hombre, por su naturaleza, y tomando la idea antigua de la dualidad entre alma y cuerpo (platonismo), era, decía, una criatura singular, pues por su alma participaba de cualidades angelicales pero por su cuerpo, y las pasiones y necesidades de este, estaba profundamente arraigada en su naturaleza una condición bestial.
    Con ello venía a decir que ni estamos nunca salvados ni nunca tampoco estamos perdidos. Que es necesario luchar para que afloren las mejores condiciones de nuestra naturaleza, que es preciso tener esa tensión constante para que no resbalemos a lo más oscuro y rastrero de nuestra condición.
    Lamentablemente he de darle la razón, señor Verdú, en que los valores predominantes de nuestra cultura promocionan y estimulan nuestra peor condición: egoísmo, vanidad, jactancia, pedantería… Las personas que se nos presentan como triunfadores, como dignos de admiración y de imitación, especialmente a la juventud (cantantes, estrellas de cine, hombres de negocios….) suelen sobresalir en tales aspectos. Todo nuestro sistema económico gira en torno a tales valores. La publicidad, aún del más irrelevante de los productos, continuamente nos incita a ello. Nuestra economía se asienta en los deseos más bajos de nuestra naturaleza y por tanto se trata de legitimar moralmente, éticamente, las conductas sociales que favorecen esa economía.
    Por contraposición a esto aún debemos creer que existe en nuestra naturaleza humana la posibilidad de elevarnos por encima de la triste condición que ahora se impone. Que no todo está perdido.
    (le agradezco que con estos artículos nos haga pensar en todas estas cosas, pues es condición indispensable para que efectivamente no todo esté perdido)

    Comentado por: Un bárbaro el 26/1/2012 a las 13:02

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros

La hoguera (2012).  Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

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