El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 21 de mayo de 2012

 Blog de Vicente Verdú

Soñar sobre ruedas

Más allá de su capacidad de rapidez en el transporte o la velocidad que pueda alcanzar. La historia del automóvil está inevitablemente ligada a la educación sentimental de los jóvenes del siglo XX.

Un don del automóvil coincidente también con un desdoro es su carencia de identidad esencial. Una bicicleta, un barco o un avión son siempre así fundamentalmente. Su diseño se acopla a su función y por los siglos de los siglos cada uno de ellos forma parte de la misma naturaleza construida. Construida no por artificio, sino por oficio. El coche, en cambio, siempre ha sido un objeto de representación. Un remedo de las berlinas de los primeros tiempos, una evocación del cohete espacial en los brillantes años cincuenta norteamericanos, una suerte de bulbo que remitía al envoltorio maternal y un kinetic design actual.

La introducción de las formas onduladas o en gota que dominó su diseño en los años noventa contenía una doble predicación: de una parte, el coche continuaba la configuración del ser humano, y de otra, ese organismo introducía la imagen corporal de la mujer, que ya conducía mucho.

No se trataba, pues, de una mujer provocativa al estilo de las que se atrevían a fumar en los años cincuenta o a cruzar las piernas por esas fechas, sino de una mujer integrada en la titulación social, ascendente y destacable como el hombre. Las modulaciones de la carrocería denotaban así, en el extremo, su cuerpo ondulado y embarazado. En ese tiempo, que ya se había sufrido la formidable alza del petróleo, el coche no era tanto para correr sino para pasear, visitar, transportar y albergar.

El coche, poco después de su nacimiento en Europa y su dinámico desarrollo norteamericano, se convirtió en una pieza de velocidad muy unida a la agresividad de los tiempos del siglo XX y al futurismo antifeminista de muchos hombres que odiaban tanto a la mujer como alababan el aeroplano.

La máquina que llaman los italianos al coche se corresponde con la tesis del gran libro La máquina y el jardín (Leo Marx), que describe con precisión y emoción el alma americana. Los norteamericanos aman tanto al coche, que hasta ahora mismo sigue habiendo propietarios que dejan escrito en su testamento el deseo de ser enterrados en la misma fosa con él a su lado.

Todo el fenómeno del tuning, relativamente reciente en España, es muy viejo en Estados Unidos porque el coche no era solo un símbolo, sino un compañero muy personal, un ser vivo, una mascota y un hábitat como la sagrada máquina misma (Microsoft, por ejemplo) y el jardín, tierra de Dios. De la misma manera que en España se habla de buenas y malas cosechas de vino y, como en Francia, se anuncia su calidad, en Estados Unidos, los otoños son tiempo de presentación de modelos, cosechas mecánicas que se exhiben como una fiesta y se reciben con interés nacional. El coche, en un país donde predomina la edge city, es un medio indispensable para llegar a casa o para ir desde casa al mall a comprar avena o calcetines. Es un elemento polisémico y radical. Sirve para servir, sirve para lucir, sirve para acompañar, sirve para pensar, sirve para amar.

En países como España, el coche emblemático de la posguerra, el modesto seiscientos de entonces prestaba su hábitat para el transporte de mercancías o para el amor, sorteaba censuras y permitía salir a un espacio libre de la opresiva vigilancia social y policial, aunque no siempre con éxito. De este modo, el seiscientos, con su morfología de burbuja, cumplió ampliamente los deseos de crear espacios más o menos fugaces y encapsulados. Por ese tiempo, en Francia, el prototipo similar era el dos caballos de Citroën; en Alemania, el Beetle de Volkswagen, y en Italia, el Cinquecento de Fiat. Los cuatro, menudos y casi esféricos, actuaban como una cédula de intimidad. Baratos, resistentes, sencillos, venían a proporcionar dentro de Europa la oportunidad que el Ford T había procurado a los estadounidenses en los años veinte. Ninguno de estos modelos poseía capacidad para correr mucho, pero la velocidad es relativa, y cuando, en Francia, Peugeot participaba en carreras o demostraciones, sus 40 o 50 kilómetros por hora se consideraban una temeridad, con frecuentes accidentes incluidos. En España, a finales de los cincuenta, el tiempo para llegar de un punto a otro en automóvil se calculaba a razón de 60 kilómetros por hora. Se sintonizaba 1 kilómetro por minuto como si fuera ley canónica, y todo lo que alterara hacia la baja ese temporal hacía presentir que el conductor era un loco.

Los coches estadounidenses de 8 y hasta 12 cilindros con una longitud superior a los 5 metros disfrutaban tanto de una conducción muy suave y una amortiguación palaciega como de un precio del combustible hasta 10 veces inferior que el de aquí. Esto permitía también amarse más. Los jóvenes estadounidenses, que obtenían la driver license a partir de los 16 años, tenían como una diversión de week-end conducir, acaso el coche propio comprado de segunda mano y vistoso, hasta los aparcamientos de los centros comerciales, donde la diversión consistía, aparte de asistir a las sesiones de cine, a mantener conversaciones y achuchones fuera o dentro de las carlingas, tan grandes como salones y dotadas de tantos cromados como una feria de la sexualidad.

De hecho, nada hay más gratificante para un amante de los coches que discurrir por la historia automovilística de Estados Unidos. Cierto que los Jaguar británicos, especialmente el S-Type y sus descendientes hasta el XK8, fueron una morbosa debilidad y que los Volvo fueron un símbolo del intelectual radical o, lo que es lo mismo, del norteamericano con una deriva izquierdista.

Los Volvo en Estados Unidos -especialmente hasta los modelos que inauguró Ford en los noventa, poco a poco menos estructurados- han sido las insignias de profesores universitarios que manifestaban así su posición antisistema, siempre dentro de la moderación. No hay duda. Si alguien en Estados Unidos conduce un Volvo es, como poco, un partidario de la socialdemocracia y, antes, de la seguridad social. Por el contrario, quien conducía un Cadillac (hasta ahora, puesto que los han achicado tanto) formaba parte del grupo conservador. Con una distinción sobresaliente: si el Cadillac mostraba sus aceros plateados sería propiedad de un blanco, y si dorados, de un negro enriquecido. En España también cabe hacer apuestas sobre los propietarios a partir de las marcas que se conducen. Pero el coche tiene esta fantástica propiedad. La propiedad de ser siempre el coche fantástico. Ser esto, aquello y lo de más allá. Representar una casa o una lata, un spucknik o un mueblé.

[Publicado el 26/9/2011 a las 18:56]

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Comentarios (5)

  • Lo mas llamativo del automovil, como del vestir, en la actualidad, es que cuando era pequeño alla en los 70s, cuando se acercaba un coche podia saber si era de un rico o un pobre ya fuera 600 o Mercedes dos vehiculos totalemnte distintos, y hoy dia todo son de forma ovalada hay que ser un experto para saber cual es mas caro o mas barato, todo lo mas que se distingue son ovalados mas pequeños o mas grande ya sean 4x4 con los que muchos pretenden "la distincion" y lo mismo el vestir de este siglo XXI, antes conforme se acercaba el viandante sabias si iba vestido de rico o de pobre por sus ropas, ahora hay ricos con jerseys gastados y los que van de traje chaqueta son vendedores de seguros ... todo estandarizado, igualado, a parte del detalle de cosas como Estados Unidos un automovil por persona, y cada vez mas, pero los fabricantes siempre en quiebra, define el mundo este

    Comentado por: Jose Gomez el 06/10/2011 a las 14:56

  • Disculpe que no venga al caso, pero le ruego lea este texto que, estoy segura, le resultará interesante y esclarecedor. Es un "viaje al corazón de la bestia que ocultan los Mercados" que puede encontrar en: www.alaplaza.es

    Comentado por: Esther Bajo el 03/10/2011 a las 23:54

  • Parfois, il faut avoir le courage de quitter sa péniche, sinon on vogue au fil de l'eau en se faisant du cinéma et on crève, sans être allé ailleurs qu'au cinéma.
    Sourire.

    Comentado por: Pauline el 28/9/2011 a las 14:36

  • On appelle voiture d 'occasion, une voiture dont toutes les pièces font du bruit, sauf le klaxon.

    Comentado por: Pauline el 27/9/2011 a las 18:59

  • "Je demande, pour ma part, à être conduit au cimetière dans une voiture de déménagement."
    -André Breton-
    Extrait du Manifeste du Surréalisme.

    Comentado por: Pauline el 27/9/2011 a las 18:57

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros

La hoguera (2012).  Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

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