El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 5 de julio de 2008
LA MARCA DEL CORAZÓN
Los anuncios en la televisión tienen los días contados. Puede sonar como una paradoja cuando una última disposición legal permite entrometerlos cada 30 minutos en vez de cada tres cuartos de hora pero la condena existe. Un anuncio que incomode es un contra-anuncio. Un spot que irrite perjudica tanto al espectador como al producto.
No son buenas o malas las inserciones comerciales de acuerdo a sus mejores o peores contenidos sino también respecto a su contexto. Interrumpiendo una película el anuncio provoca aversión. Rechazo al género publicitario y a la marca que se enarbola. Nada más contradictorio con el propósito de seducir que molestar; nada menos apropiado para crear clientes que sembrar enemigos.
De otra parte, la televisión la ven cada vez menos jóvenes y con el tiempo menos gentes con notable potencialidad compradora. En su lugar gana prestigio el universo de las películas.
Una publicidad descarada en un film perturba la visión del espectador, pero una marca integrada en el desarrollo del guión se asimila a la vez que el argumento. Pero, además, personalizando al protagonista llega a convertirse en una referencia persuasiva.
En los festivales de cine, las alfombras rojas cumplen ya el papel de grandes pasarelas y la disputa ha llegado a ser tan intensa que hasta el último momento saltan pujas entre las casas de diseño para que la actriz o el actor porten una u otra indumentaria.
A continuación, en la sala, se proyecta la película.
Armani hizo de todo el vestuario de Los Intocables un vasto despliegue de su colección, y las camisas, los trajes o las corbatas se solicitaban en los establecimientos mencionando a los personajes. Antes que Armani, Hubert de Givenchy vistió a Audrey Hepburn en Sabrina y también Roger Vivier calzó a Catherine Deneuve en Belle de jour. Desde entonces los zapatos conocidos como el modelo “Belle Vivier” se siguen beneficiando de aquel glamour. Los chalecos o las botas en el vestido de la mujer, la rebeca o el pañuelo atado al cuello, fueron moda a partir de diferentes películas.
En Cannes, hace unos días, el film de Wong Kar-Wai (In the Mood for Love, 2046), My Blueberry Nights, llegó cuajado de vestidos y equipajes Louis Vuitton. Wong propuso a Vuitton una estrecha colaboración tratándose de una película de viaje. Se trataba de un viaje interior pero ¿qué puede distinguir un periplo del otro si la marca va y viene, se apega, identifica, ama, se estremece, actúa como un verdadero actor o una conmovedora historia?
Sobre la publicidad, los consumidores actuales hemos aprendido mucho. Ahora se trata no de seguir considerándola como un producto del mercado sino del corazón. Los creativos de la publicidad son hoy tan geniales o más que los artistas, tanto o más eficaces que las factorías tradicionales de la emoción, tanto o más espabilados que nuestros sueños.
[Publicado el 30/5/2007 a las 10:30]
Para uno de 51
Ayer asistí a un acto cultural y observé una cara que me era muy familiar. Sólo hoy, tarde, se me ocurre que pudo haber sido usted.
No sé si me reconoció, pero habría sido un placer conocerlo personalmente. Saludos
Comentado por: anonimo el 31/5/2007 a las 01:06
Pues… ¿Qué quiere que le diga don Vicente? Estoy muy de acuerdo en que soportamos una presión publicitaria tremenda, excesiva. Probablemente hemos llegado a un punto de saturación que no nos permite, ni tan siquiera, discriminar entre los distintos mensajes publicitarios que nos intentan hacer llegar. Le contaré una anécdota ocurrida en el edificio donde trabajo de portero y que puede ilustrar esta situación.
Hace un par de años regresó don Jaime de los Estados Unidos, donde había ido a realizar un Master en Marketing. Como ustedes saben, en mi portería, se tiene la costumbre de anteponer el don a todos los vecinos, restringiendo el tuteo a los niños. Digamos que cuando se fue era Jacinto, pero ahora que ha vuelto con un Master me ha parecido oportuno otorgarle el don, ustedes me entienden, el oficio de portero requiera mucha mano izquierda.
Fue doña Mónica, su madre, la vecina del tercero derecha la que me lo contaba aquella mañana.
— Pues sí, esta tarde iremos al aeropuerto a recoger a Jaime, ya ha finalizado su Master y fíjese usted, no ha llegado aún y ya se lo rifan varias empresas —me decía llena de orgullo.
No pasaron ni dos meses cuando el presidente de la comunidad me comunicó que iban a colocar un cartel publicitario sobre el tejado de la finca, se trataría de un panel de diez metros de ancho que anunciaría un conocido refresco de naranja.
— Hay que ver lo que sabe el hijo de doña Mónica, llevamos aquí más de veinte años y a ninguno se nos había ocurrido. Dice su madre que con lo que nos darán tendremos casi pagadas las cuotas de comunidad por un año. Está claro que hay que salir a estudiar fuera, que suerte hemos tenido…
Lo que no les habían dicho es que el cartel era de esos luminosos, de esos que destellan por las noches, con azules metálicos y rojos rabiosos parpadeando alternativamente. La calle cogió un aspecto… Americano… diría yo. No se sabía si habían llegado los bomberos o si estábamos en medio de una redada policial, según predominase el rojo o el azul pudiera pensarse una cosa u otra.
— Bueno, quizás moleste algo de noche, porque las luces se cuelan en los dormitorios y no dejan dormir… Pero hay que tener en cuenta que nos va a permitir ahorrarnos casi la comunidad de un año —me explicaba don Luís, el presidente de la comunidad, con algo menos de confianza en la decisión acordada que el día anterior.
La sorpresa la tuvimos una semana después, cuando vinieron a instalar un luminoso similar en el edificio de enfrente, en esta ocasión de una compañía de refrescos de naranja de la competencia. Según me pude enterar en el corrillo que se formó en la calle cuando una compañía se anuncia en un edificio, la otra en seguida hace lo propio en el edificio de enfrente, para no perder “cuota de mercado”, o algo así creí entender. Este nuevo cartel alternaba de noche entre fogonazos verdes y amarillos, de tal forma que entre los dos rótulos uno podía pensar que estaba en las Vegas o que el fin del mundo había llegado.
Por la mañana, aparecieron en la portería con gestos serios don Luís el presidente con don Jaime, nuestro flamante graduado americano.
— Quieren guerra, pues la van a tener —espetó don Jaime— no he estado yo dos años estudiando en Chicago para que vengan a tocarme las narices —terminó de decir mientras don Luís asentía.
— Don Jaime dice que se está librando una batalla entre multinacionales en nuestra calle, ha hablado con nuestra compañía y parece ser que para que nos paguen lo acordado tendremos que hacer un sacrificio extra. Hace falta “un hecho diferencial”, algo que “fije la marca” en los consumidores. A ver que le parece a usted la idea… Piense usted que es por el bien de la comunidad… Ya que usted pasa casi todo el día en la acera, junto al portal pues… Don Jaime ha pensado que podría usted cambiar su traje y su gorra por un traje tirolés y un sombrero con plumas, todo ello en rojo y azul, los colores corporativos de nuestra marca.
— Esto lo hicieron Gamble&Jhonson en Detroit en la decada de los setenta, no puede fallar —sentenció don Jaime sin apenas mirarme.
Me sentía ridículo, violado en mis principios, en mi profesionalidad, en mi ética. Siempre he pensado que un portero es la imagen de la finca, jamás acudí a la portería sin una camisa recién planchada y ahora me veía así.
Salí a la calle con precaución, mirando a ambos lados y me pegué a la pared intentando ofrecer un perfil mínimo a las miradas ajenas. Cuando intentaba detener las plumas de mi sombrero que el viento hacía ondear sobre mi cabeza me fijé en mi compañero del edificio de enfrente, salía de su portería muy sigilosamente.
— Pero… ¿Qué haces con esos colores verdes y amarillos, vestido de mexicano? —le pregunté desde mi acera.
— Me han obligado, me dijeron no sé que de Detroit y de los americanos. Pero, ¿tú de qué vas vestido?
Aquella noche, cuando don Jaime volvió a casa le echamos una manta por encima y le metimos una tunda de palos. Luego subimos cada uno a nuestro tejado y nos liamos a patadas con los rótulos luminosos. Don Jaime parece que entendió el mensaje porque no ha vuelto a sacar el tema y los vecinos por fin pudieron dormir en blanco y negro.
http://la-porteria.blogspot.com/
la_porteria@yahoo.es
Comentado por: el_portero el 30/5/2007 a las 18:48
así va esta parte de la humanidad, saltando al compás de la flauta que sabe cómo hacer saltar y comprar al mono sin pensar: la mercadotecnia. felices todos. y un, dos, tres, vuelta. y un, dos, tres, vuelta. felices. ¿y el resto? alguien tiene que hacer de espectador, ¿no?. y un, dos, tres...
Comentado por: - el 30/5/2007 a las 14:29
Pues a mí me encanta dejarme seducir por la publicidad, cuando está bien hecha, incluso meterme en algún anuncio, a mi me encanta conducir, me encanta conducir cuando tu hija no vomita o va chillando, cuando los de atrás no discuten, cuando no tienes la suegra al lado, cuando tu marido no te pide a gritos que subas la ventanilla del coche –aunque tenga alergia al campo- , que subas la música o la bajes, cuando el aire entra por todos los rincones y está la carretera tan despejada que te parece flotar por el espacio. Ese anuncio me acompaña. A mí me encanta.
Comentado por: escarola el 30/5/2007 a las 13:15
Lo que me ha Marcado El Corazón ha sido la lectura de un libro Presentado en la Feria del Libro de Cartagena, se llama "La Guerra de Adres" de Francisco Moreno, oficial de la Armada que vivió durante unos años en Cartagena. L a empece a leer sobre las 9 de la mañana y a las 10 y media ya la tenia terminada. No la podia dejar de leer, Andres es un Pastor de Cabras que pastoreaba entre Perín y la Magdalena, no sabe leer ni escribir, y el cartero le entrega una carta que debe guardar hasta que venga su novia de la ciudad, donde trabaja de criada con unos señores, para saber lo que dice. Es de una humanidad nada previsible, pues estuvo en dos frentes durante la guerra civil española, los hechos ocurren entre el 1936 hasta el 1940. Vicente trate de localizarla y disfrutara de una fresca y limpia literatura, de la que no se encuentra entre las actuales.
Comentado por: Antonio Corbalan Sanchez el 30/5/2007 a las 12:36
Lo mejor de la publicidad era que iba de cara, identificándose como tal. Esto facilitaba hasta el extremo la autodefensa.
Y "Autocontrol" funcionaba perfectamente. Tanto, que la gente ni sabía que existía.
Desde que la publicidad es encubierta, el consumidor pasa a ser un pelele al servicio de esos iluminados que diseñan la ingeniería de las relaciones, los contactos y los mamoneos con todo tipo de editores.
Desde entonces se cuelan en películas, telediarios, editoriales, documentales, reportajes, abusando alevosamente de la credibilidad que conllevan los contenidos no publicitarios de los medios de comunicación, gracias a la inocencia y/o la ignorancia de la audiencia, que por otra parte, no tiene por qué saber, ni adivinar ni intuir cuándo se la están metiendo doblada.
Hoy día no hay un contenido informativo o editorial que no conlleve por detrás un interés económico tipo que sea.
Y lo curioso de todo esto, es que "Autocontrol" ha emitido recientemente una campaña de publicidad, cuando hace ya tiempo que no hace honor a su nombre. ¿Alguien lo entiende?
Comentado por: wallace el 30/5/2007 a las 12:30
En muchas series españolas, los personajes siempre beben leche Puleva, o consumen productos Pascual. Es un lunar abominable. ¿No fue Oriana Fallacci quien que recibió una cuantiosa suma por escribir una novela cuya temática girara en torno a un reloj Bulgari? La publicidad siempre es el espacio para ir al baño, servirse un poco de agua, ir a la cocina a comer algo. Pero cuando se mete dentro de la trama, complemento de la peli, se alcanza a ver la costura de la historia.
(rastreandoadedalo.blogspot.com)
Comentado por: CHG el 30/5/2007 a las 11:11
Vestidos, relojes, joyas, perfumes, coches, incluso las neveras, son objetos fácilmente asociables al corazón, pero ¿y los detergentes? Lo genial sería que idearan un anuncio de detergente que no ponga en guardia al espectador, vamos, que no moleste.Almodóvar casi lo consigue (creo que fue en Kika).
Comentado por: escarola el 30/5/2007 a las 10:27
Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008) y Passé Composé (Alfaguara, 2008).
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Condenas)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
05/7/2008 10:46
Publicado por: no-on
05/7/2008 09:29
Publicado por: maite
04/7/2008 22:36
Publicado por: no-on
04/7/2008 20:57
Publicado por: evocación
04/7/2008 20:32
Publicado por: a releer. El domingo comentadas.
04/7/2008 19:32
buenas queria saber si es legal...
Publicado por: fernando jose gil hernandez
04/7/2008 18:13
Hay que ver la tirria que le ha...
Publicado por: vaya
04/7/2008 18:01
Publicado por: escarola
04/7/2008 17:50
Publicado por: escarola
04/7/2008 17:31
Publicado por: escarola
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