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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

jueves, 20 de noviembre de 2008

Blog de Xavier Velasco

Flor de Lotto / XXII

XXII. Siga las instrucciones. 

-Buenos días, señor Andersón. ¿Durmió usted bien? -la cordialidad del doctor Suinaga contrasta con el gesto de disgusto del paciente, agobiado por verse de regreso entre tubos, jeringas y batas blancas. La enfermera, mujer adusta y de pocas palabras, entra y sale del cuarto sin volverse a mirarlo. Tendrá unos cuarenta años, agriamente llevados a juzgar por su escrupulosa asepsia emocional.

     -Tengo hambre -Segismundo ha clavado la cara en la almohada, gira apenas el maxilar de lado para que sus palabras se comprendan, si bien tampoco espera que sean atendidas.

     -Es natural -observa Suinaga- pero no se preocupe. Le estamos proveyendo todos y cada uno de los nutrientes que necesita para estar en su punto.

     -En mi punto, como si fuera un guiso... -ahora vuelve la cara, se incorpora hacia atrás sobre la almohada, sin tratar de vencer su indignación.

     Silencio. El doctor sale junto a la enfermera y en su lugar entra Mauricio Morazán. Trae una bolsa larga con el logo de Burger King.

     -¡Mauricio! -Segismundo se alegra, la perspectiva de una simple hamburguesa ilumina las zonas más ásperas de su ánimo, no sabe si por mero apetito o por el hecho de verse atendido. A estas alturas, cualquier gesto amigable en apariencia le cae como una larga visita familiar.

     -Se hace tarde, amiguito, ya va a venir la ambulancia por ti. ¿Recuerdas todo lo que tienes que hacer? -Mauricio se acomoda en el sillón, saca una enorme Whopper de la bolsa y le hinca el diente sin contemplaciones.

     -Recuerdo que tengo hambre y me duele la cabeza -Segismundo contempla con indignación fresca como la Whopper crece con cada nueva tarascada del facilitador.

     -Dos problemas esencialmente pasajeros. Por lo pronto, repíteme las instrucciones que declamaste anoche frente a todos nosotros -ahora Morazán saca una bolsa de papas francesas y les vacía sendos sobres con mostaza-. No querrás que se enoje tu Corleonetta, ¿o sí?

     -Ya se los dije ayer, ¿para qué quieres que los suelte otra vez?

     -Estoy esperando, amiguito. Si no te apuras, va a llegar Don Alex y no voy a poder echarte esta manita -habla mientras mastica y se le escapan dos pedazos de lechuga.

     -Uno -gruñe el paciente, con el rencor saltándole de las córneas-: Van a ingresarme a la clínica ésa con el nombre de Juan Manuel Moreira. Dos: No debo hacer una sola pregunta. Tres: Tampoco estoy autorizado a dar respuestas. Cuatro: Ay de mí si me muevo de mi cama o trato de enterarme de lo que no me incumbe. Cinco: Un par de días después de que me hayan quitado el riñón, esperaré a que llegue una señora vestida de azul con una caja de chocolates. Seis: Me dirigiré a ella como "Amorcito" y haré como si fuera mi mujer. Siete: Antes de irse, me dejará un reloj en el buró; de esas dos manecillas va a colgar mi vida. Ocho... -se atora al fin, puja por recordar.

     -¿Ya lo ves, amiguito? ¿A qué no sabes cuántas bofetadas te habría recetado nuestro amigo Don Alex por este simple olvido?

     -¿No sería mejor que lo apuntara todo?

     -Solamente si quieres volar en pedazos con el Barbas... ¿No te dejó bien claro la Corleonetta cuál iba a ser el precio del primer error?

     - Ocho: Voy poner la caja de los chocolates debajo de mi almohada en cuanto den las seis de la madrugada, al día siguiente. Nueve: Me subo a la camilla con rueditas, me hago el anestesiado y espero a que los enfermeros lleguen por mí. Diez: Dejo que ellos me lleven del hospital a la ambulancia sin abrir ni un instante los ojos o la boca...

     -Como muerto, dijimos.

     -Once: Cuando regrese aquí, me visto de paisano, tomo un taxi camino del aeropuerto y salgo del país con los papeles que me van a dar en la ambulancia.

     -Te falta uno, querido. Es el más importante.

     -Doce: No mencionar el nombre Fidel, ni el apellido Castro, ni la palabra Cuba, ni nada emparentado con bombas o explosivos. Menos voy a intentar salir de mi cuarto y averiguar quién está en el de junto, ni preguntarle a nadie por ese negocio. Aunque eso estaba claro en los puntos dos y cuatro.

     -Por algo el instructivo es redundante, ¿no lo crees, amiguito? Redundante como un millón de dólares -Morazán da el siguiente mordisco a su hamburguesa y la echa a la basura no bien escucha el eco de la voz de Don Alex. Tal parece que ya llegó la ambulancia.

Mañana en FLOR DE LOTTO: XXIII. ¿Estás ahí, Apolonia?

[Publicado el 03/9/2008 a las 22:15]

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Comentarios (6)

  • ya es "mañana", ¿dónde está la parte XXIII?
    Ya imagino tu risa mefistofélica al saber que estamos ansiosos por enterarnos de que pasó con Andersón... El morbo.

    ¿O será el vicio, Xavier?

    Besos.

    Comentado por: Scarlett Sholén el 04/9/2008 a las 23:32

  • Pero qué fácil la tiene Segis: sólo se queda calladito y luego se hace el muertito... facilito, jaja.
    A mi también se me antojó la hamburguesa...

    Comentado por: Evelyn el 04/9/2008 a las 19:24

  • Hacerse como el muerto es de muy buen rollo. Segis es como un niño pequeño y eso es lo que más enternece de él. Dan ganas de decirle, pero aún no te has dado cuenta que hasta las pistolas con balas de fogueo matan?, sin embargo, muchas veces, por no decir la mayoría uno está más guapo callado, y en todo caso, mejor escribir una nota: "Querido Segis, no sé si te has enterado del cuento, del cuento dónde tu vida pendía de un hilo, como la de todos. Yo diría que tienes suerte, pero me gusta más la expresión 'eres un suertudo', incluso te ha rondado el amor, que ya es mucho, porque Apolonia no es mujer de prestar la clase de atenciones que ha tenido contigo, por algo será, otra cosa es que se vuelva dulce y dócil, ahí es cuando tendrías que salir corriendo. Cuidado con la caja de bombones, el diablo las carga".

    Muchos besos, X.

    Comentado por: Guada el 04/9/2008 a las 15:57

  • La hamburguesa de entrada se me antojo. Tengo un hambre feroz, voy llegando del escuela...

    Por fin ha llegado la Hora de la Verdad. "Amorcito" no era la palabrita mágica y sentimental de los jefes a las secres según tu diccionario, Xavier? ¿Entonces Andersón ya es todo un "bisnero"?

    jajaja. Besucos.

    Comentado por: Scarlett Sholén el 04/9/2008 a las 01:29

  • Muy buen capítulo ! No sé por qué me imagino que "Amorcito", la de la caja de chocolates ( como que me acordé de la famosísima frase de la madre de Forrest Gump...) va a resultar ser Corleo-Apolonia.

    Ya casi se acaba el verano y esta historia parece que está llegando a la recta final. Y se pone cada vez mejor !!!

    Si se la vendes a la editorial, prometo comprar el libro.

    P.D.- Me encanta la hamburguesa tipo Lorenzo Parachoques.

    Comentado por: Marce el 04/9/2008 a las 00:34

  • como siempre, me encanta tu manera de escribir, la primera vez que tuve Diablo guardian en mis manos tenía 13, lo leí, y no te imaginas todo lo que influyo en mi vida, ayer lo términe de nuevo y sonreí más que la primera vez hoy tengo 18 y estoy enamorada de tu forma de escribir

    gracias por hacer imaginar a la gente y escribir de esa manera

    saludos

    Hilde

    Comentado por: Hilde el 04/9/2008 a las 00:13

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Foto autor

Biografía

Oriundo y reincidente colono de San Ángel, al sur de la ciudad de México. Se inició a edad temprana en la escritura, sin sospechar que el juego llegaría tan lejos, y todavía hoy cree en él como una fechoría intensa y subyugante, comparable a vivir huyendo de la ley a bordo de una Suzuki 1100. Comparte hogar con dos gigantes de los Pirineos; vive un largo romance con la música brasileña; escribe semanalmente en el periódico mexicano Milenio la columna "Pronóstico del clímax". En el presente siglo ha publicado Diablo Guardián, Premio Alfaguara de Novela 2003, El materialismo histérico (fábulas cutrefactas de avidez y revancha), Luna llena en las rocas (crónicas de antronautas y licántropos), y recientemente la novela confesional Este que ves (Alfaguara, 2007), donde hurga en sus raíces narrativas y declara: "Los cobardes no escriben novelas, o cuando menos no deben escribirlas."

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