El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
jueves, 20 de noviembre de 2008
Flor de Lotto / XII

XII. Ofertas en carnes frías.
La casa de Fuente de Venus no está prácticamente cerca de nada. Para llegar allá, Segismundo Andersón ha de recorrer media ciudad llevado por taxistas que toman siempre diferente camino. Maldice cada vez que pretende orientarse, más todavía si mira para atrás y certifica que los dos infelices que hace diez días lo tenían encañonado vienen aún siguiéndolo, en el Cougar cuya cajuela conoce mucho más de lo deseable. Le gustaría tratar de perderlos, pero se teme que eso los enfurecería. Mexicanos de mierda, rumia casi en silencio, a espaldas del taxista, y en eso se pregunta si sus perseguidores son efectivamente mexicanos. Cómo podría saberlo, si ni los ha oído hablar. No bien llegue a la casa, se lo preguntará a la Corleonetta. No está de más, se dice, cuando menos saber la nacionalidad de quienes cualquier día podrían convertirse en sus matanceros.
Otros sueñan con vidas aventureras, no así Andersón. Hasta antes de caer en la red de Alejandro Zarur Medinacelli, todavía soñaba con una vida de asalariado feliz. Algo muy simple, sin pistolas ni sangre ni millones de dólares. Ahora, mientras espera junto al piano rosado, con la vista encajada en los peldaños altos de la escalera, a que aparezcan las divinas pantorrillas, se mira en el espejo y se pregunta cómo es que un hombre en tal modo sencillo puede hablarse de tú con ese mujerón. Lo inhibe, lo acompleja, le recuerda su rango. O en fin, su falta de él. Si los hombres del Cougar son peones y acostumbran mirarlo hacia abajo, ¿qué pieza será él? Cuando ya se ha aburrido de esperar y los párpados se le hacen pesados, un mozo se le acerca con un teléfono sin alambres.
-Hola, Tigre. Perdona que no pueda llegar, pero te tengo una sorpresita. Van a darte las llaves del Cougar de mis guardaespaldas, te lo vas a llevar al garage del motel y allí me esperas a que te llame.
-Es que no sé cómo llegar al motel... -lo dicho, ya se siente disminuido. Le gustaría ponerse cariñoso, hablarle como amante y no como empleadillo. De cualquier modo, la Corleonetta ya cortó la llamada. Lo que sigue es callarse y obedecerla.
El mozo lo acompaña a la puerta -viste uniforme blanco, mira hacia el suelo cuando tiene que hablar-, le da un llavero con la forma de una granada de mano y dos llaves colgando. "Family of fine cars." Las dos horas siguientes las emplea en salir de Tecamachalco. No quiere preguntar, se siente vulnerable. Cualquiera se da cuenta de que es extranjero, esas cosas se huelen a millas de distancia. Por la mañana sacó algún dinero de la cuenta de ahorros que le abrió Morazán. No ha querido siquiera preguntar el saldo, eso podría engreírlo o descorazonarlo. Le basta con saber que los pesos que trae equivalen a más de trescientos dólares, ya se hartó de comer en el hotel sólo porque no tiene que pagar la cuenta.
Ahora mismo Segismundo traería bien abierto el apetito, si no fuera por el olor a salami rancio del que está imbuido el interior del Cougar. Ya se detuvo, delizó los asientos, busco atrás y debajo los restos de comida, y nada. Ese par de matones debe de comer pizza todos los días. Prende después el aire acondicionado y el tufo crece en forma proporcional. Cuando por fin consigue llegar al motel -de noche, luego de pagarle a un taxista por hacerse seguir- ya la incomodidad se le hizo obsesión. Juraría que en todas estas horas ha empeorado el estado del salami. Mete el coche al garage, cierra la puerta y abre la cajuela, donde salta a la vista una carne distinta a la que busca. Cuatro piernas, dos torsos, cuatro brazos, todo perfectamente acomodado. Como si se tratara de ofrecerlos en venta. Presa de cierta náusea horrorizada, Segismundo Andersón no se molesta en buscar las cabezas, sabe bien quiénes son estos muertos por los anillos en la derecha de uno y el reloj y la esclava en la izquierda del otro. Todavía sin aliento, cierra de golpe la cajuela y se dice que al menos esos dos ya no van a seguirlo; aunque, de hecho, los siga trayendo detrás

[Publicado el 19/8/2008 a las 08:56]
"(...)se dice que al menos esos dos ya no van a seguirlo; aunque, de hecho, los siga trayendo detrás."
una manera tan particular de escribir, incrustada en cada oración que salda una punzada genial. no puedo evitar sonreír incluso en medio de las frases más grotescas, y entre las imágenes más crudas que pueden plasmarse en el interior de los párpados.
mi admiración para ti.
Comentado por: natalia méndez-ruiz el 01/11/2008 a las 04:25
Le paso un tip. señor Andrade. No es "Este que vez", sino "Este que ves". Velasco es un obseso de esas cosas (la mayoría de los novelistas lo son).
Comentado por: Corrector repentino el 20/8/2008 a las 07:45
No, nada de velorios. Sólo son dos peones encajuelados... mejor, ¿por qué no se hace una bacanal y se sirve salami con vino?
Un motel bien podría convertirse en todo, menos en una cosa de paso en la vida de Andersón.
Abrazos
Comentado por: Scarlett Sholén el 20/8/2008 a las 01:16
qué bueno se está poniendo esto, sobre todo este capitulo me ha dejado con ganas de más y más de una historia que tiene todo para seducir a propios y extraños...
saludos!
Comentado por: gabriel revelo el 20/8/2008 a las 00:54
Xavier, saludos, primeramente felicidades por el libro "Este que vez" me gustó bastante el tono de remembranza que constantemente manejas... una pregunta y una solicitúd enorme, acabo de terminar un libro y estoy por sacarlo al mercado de manera seria y digamos que mas en forma, me encantaría que -de serte posible y tener ganas y obviamente de gustarte la obra- esta nueva obra tuviera el enorme honor de llevar un prólogo tuyo... me encantaría si aceptaras, agradeceré tu respuesta aún siendo esta negativa.
Saludos.
Antonio Andrade
www.antonioandrade.net
Comentado por: Antonio Andrade el 19/8/2008 a las 20:56
Comentado por: Tamiris Lippl el 19/8/2008 a las 20:13
Ya me imagino la que se va a armar en el velorio !
Y hablando de velorios... por qué no encajuelamos a la Corleonetta ?
Comentado por: Marce el 19/8/2008 a las 18:27
¡Pero qué brutote eres!, ahora eso sí, esta ficción es tan delirante que me estoy riendo de lo lindo.
Insisto, ¡que brutote!. ¿Mañana nos ponemos de etiqueta para el velatorio?
Besazos.
Comentado por: Guada el 19/8/2008 a las 11:06
Comentado por: Ana Valesmil el 19/8/2008 a las 10:21
20/11/2008 03:12
HOLA XAVIER! Recientemente,...
Publicado por: Gregorio
19/11/2008 05:32
Somos unos hijos de la chingada,...
Publicado por: vanes
19/11/2008 00:08
Publicado por: Guada
18/11/2008 18:25
supongo que todos hemos padecido...
Publicado por: gabriel revelo
18/11/2008 18:20
Supongo que lo prohibido nos...
Publicado por: Natividad
18/11/2008 14:39
Publicado por: Tamiris Lippl
18/11/2008 09:19
Publicado por: enfind
18/11/2008 03:51
...hemos salido de nuestro hogar...
Publicado por: arros
18/11/2008 01:16
Publicado por: gabriel revelo
17/11/2008 10:15
Publicado por: Pablos
© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres