El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
jueves, 20 de noviembre de 2008
Escape de Nahualópolis / VI

VI. El festín de los instintos.
Es más fácil meter a un centenar de monstruos en cintura que expulsar a un demonio del reparto; pero antes los echa uno a todos a la calle que meterse en cintura a sí mismo. Si los monstruos descienden de los demonios y los demonios vienen del interior convulso de la conciencia, debe entenderse así que no hay demonio más poderoso y temible que aquel que se ha encargado de cuidar y alimentar a tamaña manada de alimañas. Pero qué hacer, si a uno también le gusta tener sus animalitos, y eventualmente sacarlos a pasear. Vamos, no es que cosechen muchos amigos, menos con esos modos arrebatados, pero tampoco es cosa de tenerlos guardados entre catacumbas.
-Deja eso y vámonos, antes de que se empiecen a soltar los monstruos -me advirtió aún a tiempo el diablo del capricho, no bien me vio peleando a solas y en total desventaja contra el nahual de la página en blanco. Ver perder las maneras a un demonio impulsivo y temperamental es tan sencillo como hacerlo esperar. Odia las antesalas, los preludios, las sobremesas, los paréntesis y las listas de espera. No comparte, ni entiende, ni soporta argumentos independientes de su comezón.
Habemos quienes no sabemos conducirnos en la autopista recta del deber sin tomar unos cuantos atajos entre las numerosas brechas del capricho. ¿Cómo es que una vereda sinuosa y empedrada puede llegar a ser más expedita que el camino pavimentado y sin curvas? He ahí el poder secreto del capricho, cuyas antenas captan y traducen los mensajes cifrados del instinto que a la razón le pasan de noche. En su carácter de necesidad ilegítima, se asemeja el capricho a esas relaciones subrepticias que cualquier día despiertan exigiendo derechos patrimoniales. ¿Quién quiere ver la clase de monstruos que se desamarran una vez que se enoja el diablo del capricho y salta de las matas un tropel de pasiones indocumentadas, revanchas resurrectas y bestias cobradoras de todos los tamaños? Para qué iba a cantar el capricho, si no para que el mundo baile con él.
Cuando muy niño, me gustaba bucear en la basura. A menudo regresaba a la casa cargado de papeles y cartones que había rescatado del basurero, intuyendo que luego me servirían quién sabría para qué. Me recuerdo chillando del berrinche cada vez que a uno de mis padres se le ocurría echar a la basura lo que a mi entender no era basura, sino pertrechos para actividades futuras. Caprichitos, decían, aduciendo que no me enviaban a la escuela para que un día me hiciera pepenador. ¿Cómo explicarles que ya desde entonces incluso mis caprichos más arbitrarios tenían una fuerza que ya hubieran querido mis mejores propósitos? En vista, sin embargo, de que esa costumbrilla de hurgar en la basura tampoco me granjeaba el éxito social entre los de mi edad, debí aprender a someter a los propósitos a la orden de ciertos caprichos fundamentales. Dotarlos de motor, ruedas y combustible. Cargarlos de basura recobrada entre los tiraderos de la memoria.
De entonces hasta ahora, me sobran varios dedos para contar las veces que me ha jugado sucio el instinto, y me faltan cabellos para representar cada uno de los engaños de quien se presentó como el buen juicio. No me cuesta, por tanto, seguir la juerga con el diablo del capricho sin mirar ya el reloj, ni el mapa, ni la brújula. El capricho, me digo, tiene sus propios campos magnéticos. No sabe uno lo que hace cuando se encapricha, pero igual que los perros hambrientos aprende por olfato a procurarse eso que necesita, dondequiera que esté. ¿Malos instintos? Según opina el diablo del capricho, un aliado vital como el instinto sólo puede ser malo cuando funciona defectuosamente. Hasta donde recuerdo, mis mayores decían algo así de la basura que no era basura.
Pelear contra el demonio del caos no es propiamente hurgar en el basurero, sino en el basural. De ahí, no obstante, a expulsarlo de la propia conciencia existe una distancia comparable a la que separa al analfabetismo de la erudición. Ya me verán cadáver y el demonio del caos apenas estará pensando en esfumarse, pero entre tanto me urge darle unas cachetadas. Ponerlo en su lugar, a él que tanto le irritan esas cosas. Y ya no por deber, ni pundonor, ni horror al qué dirán, sino por mero capricho guajiro. Se me antoja saber si como ronca, duerme. Se sabe, mientras tanto, que el cornudo caótico ha sobornado a todos los instintos, con excepción de uno: el de conservación. Será por eso que nadie sale sin él a un campo de batalla de los mil demonios.
¿Al demonio de caos se le mata, se le encierra, se le ahuyenta, se le orilla, se le quema, se le olvida?
¿Cómo se hace para vencer a un invasor que cada vez pelea en nuevos frentes?
¿Es factible mirarse cualquier día completamente corrompido por él?
Próximo desenlace: VII. Cállate y decapítalo.
[Publicado el 27/6/2008 a las 10:53]
...Y si alguien no tiene espada, mejor que venda su capa para comprarse una... "evangelio de Lucas 22 , 36 " +++ despues imagen y semejanza ?
Comentado por: superstiyscience el 01/7/2008 a las 08:52
¡Deliciosos caprichos! Sí, creo en los demonios, en mí no conviven varios, sólo tengo uno que se es casi igual a mí pero posee un nombre distinto. La mantengo con camisa de fuerza pero sabe de vez en vez deslizarse y revolver mis deseos. La maldita Camila Rivas demonio total.
Comentado por: Cecilia Muñoz Tostado. el 30/6/2008 a las 03:25
xav
en vista de que una alianza con el caos se presenta como imposible a estas alturas de la batalla, propongo que se le engañe por medio de la rutina. quitandole poco a poco su poderío, sin que se de cuenta... que pruebe un poco de su propio veneno.
en fin, presiento que es un alimaña dificil de exterminar.
saludos
http://gabrielrevelo.blogspot.com/
Comentado por: gabriel revelo el 28/6/2008 a las 07:27
Xavier: Mi comentario no es referente a Nahualopolis, justo hoy terminé de leer el libro "Este que ves", el cual me encantó y lo demuestra el que lo haya leido en 1 dia, lo cual es una hazaña para la mamá de un niño de año y medio. No encontré otro medio para felicitarlo y agradecerle el que me haya llevado a ver mi infancia a través de la suya, porque aunque soy mujer y fui niña de los '80 también necesitaba salvarme pero hasta hoy comprendo de qué. Y gracias también por hacerme reir, no se si era su intención pero me reia de mi misma también.
Soy neofita en la literatura de XAvier Velasco pero a partir de hoy seré una fiel seguidora.
Comentado por: Rocío el 28/6/2008 a las 06:11
Xavier.
Cualquier demonio que ande distrayendo tu atención de llenar esas páginas en blanco, merece ser fulminado a como de lugar. Seguro no es la primera ves que se ven las caras. Usted saldra victorioso, o no nos estaria dejando estas lecturas (también cuesta llenar un blogg en blanco), deles una lección a esa suerte de quimeras baratas, enseñeles quien manda.
Y si siente que no puede más, maldiga, bocifere y rompa cosas, eso nunca falla. Es por el bien de todos.
Comentado por: Kiddo el 28/6/2008 a las 00:16
Y no será que esta serie de "Escape de Nahualópolis " es la metàfora del adios y estas lanzando la moneda para ver si cargas con las alimañas que aquí nos engendramos?...
Si tengo que escoger alguno de los bodrios que aparecen a pie de pàgina, me inclino por el que va en su carrito ( camisa a cuadros ).
No sé por que, pero tambièn a mi la fealdad me encapricha.
Un abrazo.
Comentado por: Tamiris Lippl el 27/6/2008 a las 20:30
*_* ! Leo encantada toda esta serie del Escape de Nahualopólis .. Sr. Velasco, tiene ideas geniales ..
Ah! Miss Ruth..
Comentado por: Alicia* el 27/6/2008 a las 15:02
20/11/2008 03:12
HOLA XAVIER! Recientemente,...
Publicado por: Gregorio
19/11/2008 05:32
Somos unos hijos de la chingada,...
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19/11/2008 00:08
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18/11/2008 18:25
supongo que todos hemos padecido...
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Supongo que lo prohibido nos...
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...hemos salido de nuestro hogar...
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