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sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Xavier Velasco

¿De qué se ríe el gordito?

Hermann Göring, en los inmerecidos zapatos de Mae West

Hermann Göring, en los inmerecidos zapatos de Mae West

Varias noches después de haberla visto, la escena continúa sobrevolándome. Al principio de una de las sesiones de los juicios de Nuremberg, tras la proyección de ciertas escenas que documentan la anexión de Austria al Tercer Reich, Hermann Göring divierte a Rudolf Hess y Joachim Von Ribbentrop narrando ciertas anécdotas pertinentes que por lo visto son de lo más graciosas. Se les ve muy contentos, carcajeándose juntos a medio juicio. Luego, a medida que avance la proyección y aparezcan algunas de las atrocidades filmadas en los campos de exterminio, la mayor parte de los jerifaltes nazis habrase derrumbado en el banquillo, excepto el propio Göring y Julius Streicher, amigos entusiastas del trabajo sucio. Ya de vuelta en la celda, Göring levantará la voz airadamente por la proyección de "toda esa propaganda". ¿Quién se cree el fiscal que es para echar a perder ese ambientazo?

     Hitler consiguió el puesto de canciller como parte de un colmilludo chantaje que incluyó una segunda condición: Hermann Göring sería jefe de policía. A partir de ese punto, el rollizo implacable de los gustos excéntricos y los lujos exóticos se encargaría de pacificar las zonas conquistadas. Solamente en Berlín, durante los primeros dos días en su puesto, el policía mayor habría hecho arrestar a más de cien mil enemigos reales o potenciales de los nazis, la mayoría de ellos detenidos en sótanos habilitados como mazmorras y cámaras de tortura, donde según se cuenta era común andar entre charcos de sangre y miembros mutilados. ¿Esperaba el jurado de Nuremberg que el fundador del primer campo de concentración se conmoviera viendo una vez más esas atrocidades que con seguridad conocía de memoria?

     Regresé varias veces la grabación. Había algo contagioso en esas carcajadas. Varios entre los peores criminales de la Historia son juzgados por millones de crímenes aberrantes y están ahí, risa y risa delante de las cámaras. Son las estrellas y no lo ignoran, ya varios de los guardias que los cuidan les han pedido autógrafos. "En cincuenta años esta firma va a valer una fortuna", se jacta el gordo, convencido de que tarde o temprano habrá quienes lo reivindiquen como héroe y mártir. ¿De qué pueden reírse varios de los más terminantes promotores del odio criminal durante el juicio que muy probablemente los llevará a la horca? ¿De qué se ríe el nihilismo absoluto? De cualquier cosa, literalmente. Supone uno que al verdadero nihilista tiene que parecerle muy gracioso narrar entre los suyos el último estertor de su mamá. Claro que ya llegados a ese nivel, solamente las bromas en verdad ácidas consiguen el aplauso del selecto público. Göring tiene que estarse luciendo.

     Según demuestran numerosos indicios, Hermann Göring se apoderó de la cápsula de cianuro de potasio con la que consiguió burlar a los verdugos gracias a su amistad con uno de los guardias, que contra el reglamento le ayudó a recobrar varios de sus efectos personales. Tal parece que el gordo sabía administrar tan bien su leyenda como su magnetismo personal, de manera que aun precedido por su fama de homicida masivo podía contar con la admiración fetichista de sus captores. Los habría hecho reír, más de una vez. Querrían atesorar esas anécdotas. Les daría ilusión poder contar después a amigos y parientes que habían tratado personalmente al antiguo Reichsmarschall.

     "Su culpa es única en su enormidad", dictaminó el jurado antes de condenarlo. Él por su parte estaba satisfecho. "Solamente los mártires son declarados héroes", se ufanó días antes de morder la cápsula que sin embargo no lo libró de ser fotografiado ya cadáver, al igual que los otros sentenciados. Pero al final un muerto no es mucho más que un muerto. Las imágenes de un asesino múltiple carcajeándose al lado de sus compinches me siguen pareciendo más perturbadoras. ¿De qué se reía Göring, con esa repelente simpatía digna de un enemigo de Batman? El demonio lo sabe, literalmente.

[Publicado el 09/4/2008 a las 10:54]

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Comentarios (6)

  • ¿Quién no desea la fama que da un papel protagónico?

    No hay santo sin pasado y pecador sin futuro…… sentencia dictaminada por la sacralizada iglesia al entregar aureolas y títulos santos a ciudadanos comidos por leones, bañado por escupitajos y abrazado a punta de látigos. El mariscal del reich sabía todas estas historias que llevarían su imagen a los libros de historia de escuelas alemanas y si le sumamos -la fama- la cobertura televisiva internacional donde familias inmensas (con los judíos a la cabeza en índice de audiencia) estarían pegadas a su televisor viendo enardecidos como se llevaba a cabo la lucha entre el bien y el mal en un tribunal de batalla, blasfemando cada vez que hablara un acusado en su defensa y elogiando las poses indiscriminadas de los jueces, magistrados y abogados que querían dar una imagen pulcra a sus televidentes. ¿Dónde queda el personaje cómico en esta serie televisiva? ¿Mr. Speer enfundado en un traje de remordimientos y culpas no seria digno para el personaje? ¿ Fritz Sauckel, Rudolf Hess u otro condenado estaría dispuesto a ser el creador de risas en sus televidentes? Ninguno de ellos tenia el cuerpo suficiente para hacer reír a un bebe y mucho menos a un espectador asiduo a la pantalla chica ¿entonces quién? Con la portentosa talla que se cargaba en su pantalón, su sonrisa y risotadas lo confundirían con un personaje bufonesco en los siglos dominados por reyes y reinas, así que también se porto esa medalla y se enfundo en el personaje carismático, titiritero, un saltimbanqui en el tribunal para terminar en un ultimo gran acto: el desenlace dramático: donde el personaje principal cae victima de un suceso que no se puede evitar.

    Comentado por: arros el 10/4/2008 a las 03:22

  • La risa de Goring debe producir la misma ternura que provoca el abrazo de Bush con el conejo de Pascua.

    Sólo el ser humano es capaz de crear escenarios de destrucción para su misma especie y sin embrago nos creemos superiores a los demas seres vivientes del planeta. Como dice Víctor Heredia "Vivimos sobreviviendo".

    Comentado por: El Justiciero el 09/4/2008 a las 18:42

  • En verdad el condicionamiento de una mente siempre sera un misterio, el gordito siempre creo que estaba haciendo un bien, nosotros creemos que estabieron mal; al fin los dos tenemos un concionamiento mental diferente, y esas diferencias son las que hacen (en ocasiones) los genocidios.

    Comentado por: A.A. Reyes el 09/4/2008 a las 18:03

  • Los hombres malsanos produces sonrisas malsanas...

    Sólo hizo falta el Ciudadano Kane...

    Siempre me he preguntado qué pensaba Bowie en el instante que le tomaron la foto de la portada de Aladdin Sane

    Comentado por: yorkperry el 09/4/2008 a las 17:33

  • Aja.
    Y yo que no comprendo porque llora Jorge W. Bush.
    http://www.elpais.com/articulo/internacional/BUSH/EMOCIONA/elppgl/20080409elpepiint_12/Tes

    Comentado por: Namor Adenip el 09/4/2008 a las 16:24

  • Yo creo que fue su esposa Emmy la que, con la ayuda de algun custodio adepto, entrego a Goring la pastilla de cianuro.
    Respecto a la risita de Goring durante su batalla legal en contra del Fiscal Robert H. Jackson es dificil encontrar su causa. Es casi lo mismo que tratar de dilucidar porque grintan los locos en el manicomio.

    Comentado por: Namor Adenip el 09/4/2008 a las 16:03

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Biografía

Oriundo y reincidente colono de San Ángel, al sur de la ciudad de México. Se inició a edad temprana en la escritura, sin sospechar que el juego llegaría tan lejos, y todavía hoy cree en él como una fechoría intensa y subyugante, comparable a vivir huyendo de la ley a bordo de una Suzuki 1100. Comparte hogar con dos gigantes de los Pirineos; vive un largo romance con la música brasileña; escribe semanalmente en el periódico mexicano Milenio la columna "Pronóstico del clímax". En el presente siglo ha publicado Diablo Guardián, Premio Alfaguara de Novela 2003, El materialismo histérico (fábulas cutrefactas de avidez y revancha), Luna llena en las rocas (crónicas de antronautas y licántropos), y recientemente la novela confesional Este que ves (Alfaguara, 2007), donde hurga en sus raíces narrativas y declara: "Los cobardes no escriben novelas, o cuando menos no deben escribirlas."

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