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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Xavier Velasco

Materia emocional

Cuando un camión transporta dinamita, lleva invariablemente un aviso de peligro. Si en un cierto lugar de trabajo se guardan materiales radiactivos, nunca falta uno o varios letreros de advertencia. Si acaso una botella contiene veneno, la calavera en la etiqueta se encargará de hacerlo tan claro como pueda. ¿Quién alerta, no obstante, al dichoso infeliz que en mala hora le tocó hacer lo suyo con trozos de materia emocional? ¿Quién previene a cada uno de los incautos que sin más profilaxis le hacen compañía? 

     Según las estadísticas, existe una dramática incidencia de suicidios entre los dentistas, la más alta entre todas las profesiones. Por más que los villanos se rían a carcajadas en extreme close up, nadie es del todo inmune al contagio del dolor causado. ¿Qué hace un endodoncista luego de abrir canales en siete muelas, llegando cada vez al nervio traicionero cuya mera anestesia se percibe en principio como rauda estocada en la entrepierna? Si uno sale del consultorio deseando sepultar esa hora de vivencias difíciles, el dentista se queda a seguir adelante con la carnicería. A sufrir, que es lo suyo.

     Desde niño creí que ganchos, pinzas, abatelenguas y el resto la parafernalia que se juntaba sobre la charola metálica no podía ser menos que una colección de refinados instrumentos de tortura; hasta que padecí el primer dolor de muelas y me pasé dos noches añorando al dentista con los ojos llorosos. Pensaba, de igual forma, que un narrador tenía el majestuoso poder de hacer sufrir o gozar a los personajes de acuerdo a su capricho más arbitrario, y además con la mano en la cintura; hasta que descubrí que un escritor impune es un tipo aburrido hasta para sí mismo, y que sólo quien tira los dados junto a los personajes puede salvar la historia y el pellejo.

     Trabajar con materia emocional equivale a vivir en un tobogán de espirales violentas e interminables, y lo que es peor: aficionarse a ello. Intenta uno lidiar con el mundo exterior simulando que adentro no pasa nada, al tiempo que pelea cuerpo a cuerpo con los monstruos que intentan salir a empujones. Nadie cuya materia de trabajo sean las emociones intensas y constantes puede evitar que monstruos y demonios se le reproduzcan sin control ni concierto, para luego crecer hasta, eventualmente, usurpar su lugar en el momento más comprometido. Pocas cosas encuentro tan vergonzosas como verme obligado a dar la cara por lo que unos demonios hicieron en mi nombre, con frecuencia impulsados por emociones vicarias y espurias que al volver la cabeza son ya las mías.

 

     Si, tal como sospecho, los personajes de una historia en proceso tienen vida propia y existen más allá de la opinión de quien los trajo al mundo, no dudo que los míos me contemplen con una desconfianza equiparable a la que siente el niño frente al dentista. Es más, yo en su lugar me temería lo peor, miraría a la pluma y al tintero como el paciente que de lejos se asoma a la charola tapizada de tirabuzoncitos cuya misión es arrancar los nervios de cuajo. ¿Qué vas a hacerme ahora?, preguntaría con la voz temblona y las palmas mojadas, maldiciendo la suerte que me llevó vivir en ese mamotreto insoluble -toda novela lo es, mientras no está completa- bajo la férula de un incubador profesional de monstruos y demonios infumables.

     Yo no sé decir qué quiere decir lo que voy a decir, afirma la canción-romance cuya entrada parecería describir el momento en que el narrador enfrenta a los primeros demonios del día y todavía cree, conmovedoramente, que al terminar sabrá lo que estuvo haciendo, cuando los materiales propios de su trabajo apenas le permiten decir cómo se llama, no así dónde termina su existencia y comienza la de sus monstruos y demonios.

     Intenta uno dejarlos en la casa, guardados bajo trancas y cerraduras subsecuentes, pero encuentran la forma de escaparse no bien una emoción intempestiva se cruza en el camino. Y aquí están, recordándome que narrar es un acto de amor con varias endodoncias involucradas y ni una sola gota de anestesia. De aquí a que me lo arranque, pobre de quien me toque el nervio susodicho.

 

[Publicado el 17/3/2008 a las 09:49]

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Comentarios (10)

  • Me recuerda esa escena en la película "Little Shop of Horrors" donde Steve Martin -que todavía tenía el cabello obscuro- es un sádico dentista. Dónde hay uno que te extirpe el corazón del juicio cuando mas te duele? anque sea como Steve Martin.

    Comentado por: jorgeluis el 04/4/2008 a las 11:08

  • El dentista me gusta, igual que el pequeño tormento ese que da el amor, cierto que a los dos deberían ponerles las calaveras esas de peligro o al menos una barra fosforescente colgando del cuello una en forma de muela o diente de algún animal salvaje y la otra en forma de corazón.
    Yo, con tal de que no se me olvidaran ambas me perfore la lengua. Que con el tiempo me tuve que quitar por que ya soy grande.
    Abrazo santificado.

    Comentado por: Dulce Geisha el 19/3/2008 a las 18:27

  • Es igual que cuando llueve a madres y estas atrapado dentro de tu casa. Inevitable asomarte a la ventana a ver como llueve, truena y relampaguea, con la certeza de que la nostalgía no tarda en aparecer. Las tardes de lluvia siempre me ponen a uno en un mod particularmente afilado, cargado de recuerdos que cuando la lluvia para no se detienen. El dolor se queda, ni los arcoiris en un día soleado lo reparan. Odio esos días en especial, no me gusta que mi saudade sea interrumpida por un hipócrita arcoiris, me pudre pensar que ni en mi dolor puede acompañarme el maldito clima. Equivale a estar de malas en un día en el que todos alrededor parecen haberse sacado la lotería. No hay anestesia que aligere esas penas.

    Comentado por: Kiddo el 18/3/2008 a las 23:26

  • La última vez que fui a un dentista el tipo puso como música de fondo Da Ya Think I’m Sexy? de Rod Stewart para taladrarme la muela...

    Obvio cuando tocó el nervio brinqué del dolor.

    -No se supone que debía ponerme anestecia?
    -Quería ver si te dolía...

    Fucking sadistic!

    Comentado por: yorkperry el 18/3/2008 a las 19:59

  • Creo que es lo interesante del escritor, mientras el dientologo carga con los dolores ajenos, el escritor viaja con sus demonios. Y digo que eso es lo interesante por la intensidad de su vida. Por mas que la media de ellos sean de cabello hirsuto, jorobados y debiluchos son intensos, su vida lo es. vivir tantas vidas como su imaginacion lo permita y ademas regalarla a sus lectores es un acto de amor y de eso estoy agradecido como esporadico lector, como el agradecimiento que le tengo al dientologo despues de sacarme una molesta muela del juicio, por regalarme sabiduria a la par de la experiencia le celebro las palabras que dibuja el buen escritor. Y aunque se diga que la obra siempre supera al autor, al final de cuentas el autor es quien nos hizo vivirla.

    Soy hombre: duro poco
    y es enorme la noche.
    Pero miro hacia arriba:
    las estrellas escriben.
    Sin entender comprendo:
    también soy escritura
    y en este mismo instante
    alguien me deletrea.
    O. P.

    Comentado por: abrome el 18/3/2008 a las 05:50

  • "El acto más radical
    Rafael Argullol: Y sin embargo no se habla jamás del suicidio.

    Delfín Agudelo: Guardan silencio aquellos que lo han vivido de cerca; los demás, a duras penas podrían decir algo.

    R.A.: Desde pequeño he estado rodeado de susurros suicidas: es decir, a veces oías el murmullo, el susurro, una conversación indirecta de que en tu familia o en otra hubo un suicidio, pero se ocultaba de manera muy celosa la verdad real del suicidio" <a hrelf="http://www.elboomeran.com/blog/2/rafael-argullol/20/">
    esto lo dice Rafael Argullol, y yo caasi diría prohibido suicidarse, o suicidar a alguien.<a>

    Comentado por: 000 el 18/3/2008 a las 03:25

  • "No vamos a estos lugares a morir. Vamos para poder vivir de otra forma". En esta frase, robada a un aventurero que gran parte de su vida ha caminado 'al filo de lo imposible', es dónde me apoyo, sabiendo que cualquier golpe de viento me puede empujar ladera abajo, para encontrar una explicación a este inexplicable asentamiento nómada -valga la contradicción-, que una ha hecho por estos lugares.

    En plena inmersión en tu aventura narrativa, susurras a 'la otra'- amante nocturna multitudinaria-, que no moleste mientras resuelves asuntos caseros, y eso es tanto, como invitarla a hacerlo sin miramiento alguno, sin piedad. Pero hay una cosa, que las amantes que alardean de tal nombre no pueden esconder, y esa cosa es su debilidad ante los actos de amor, aunque estos vayan dirigidos a su contrincante e incluso por eso mismo.

    Cada uno cuenta el cuento según le ha ido. A mí los dentistas siempre me han salvado de un suicidio seguro, lástima que a ellos no les cause el mismo efecto sus pacientes, y es que hay bocas que no deberían abrirse nunca. No es el caso de la tuya que se la nota fuerte y altamente incisiva y por eso mismo atractiva. Afirmación que sostengo no producto de mi imaginación calenturienta ni por una adulación gratuita, sino por una foto tuya colgada en este espacio nada íntimo, en que mordías con ganas tu libro "Este que ves".

    Trozos de materia emocional es la que una va encontrando hasta en el peor nervio dolorido, y como un auténtico tesoro los guarda en algún lugar de la memória.

    Bisous.

    Comentado por: Guada el 17/3/2008 a las 23:07

  • previo a irme de viaje y entregarme a la aventura, no podía leer mejor texto. necesitaba el impulso.

    la escritura, tan placentera, siempre tendrá cu contraparte asfixiante, y que bueno que fuera asì.

    Comentado por: gabriel revelo el 17/3/2008 a las 19:17

  • Peroooo que imagenes tan feaas!(la jeringa) El viernes pasado acudi a la dentista...antes de la mendiga cita tuve pesadillas y despues...tambien!!! No toquemos mas el tema de los dientes, porque es una experiencia de lo mas dolorosa, ademas me pasa que cada que me aniestesian y empiezan a taladrarme los dientes, y bajo la luz de la lampara, me da por pensar en "S..." y son pensamientos absurdos...mientras yo estoy ahi,abriendo mi boquita, padeciendo, el esta con su morenaza, pegandole tremendos besotes...no mas dentistas, por fa.

    Comentado por: Yo soy yo el 17/3/2008 a las 18:01

  • "...recordándome que narrar es un acto de amor..." Supongo que en eso precisamente consiste el arte, podría ser una buena definición.
    Siempre miente, para narrar bien tiene que doler en el momento en que se abre a los demás y muestra algo real. Este fin de semana me he ensarzado (y enredado) en un relato, un ejercicio, y sentí que efectivamente no queda uno impune en ese proceso, es algo que te deja casi des-almado, un trasiego de emociones que tratas de discernir y alcanzar para poder entregarlas; esa es la excusa, al menos, tal vez se trata sólo de conocerse y de desmadejar el lío nebuloso que nos ronda por la cabeza.
    Por cierto, sepa que algunos de sus personajes sí que se escapan: tengo a Afrodita resucitada en una página emborronada. Algún día igual se la traigo. ; )

    Comentado por: andy el 17/3/2008 a las 16:16

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Foto autor

Biografía

Oriundo y reincidente colono de San Ángel, al sur de la ciudad de México. Se inició a edad temprana en la escritura, sin sospechar que el juego llegaría tan lejos, y todavía hoy cree en él como una fechoría intensa y subyugante, comparable a vivir huyendo de la ley a bordo de una Suzuki 1100. Comparte hogar con dos gigantes de los Pirineos; vive un largo romance con la música brasileña; escribe semanalmente en el periódico mexicano Milenio la columna "Pronóstico del clímax". En el presente siglo ha publicado Diablo Guardián, Premio Alfaguara de Novela 2003, El materialismo histérico (fábulas cutrefactas de avidez y revancha), Luna llena en las rocas (crónicas de antronautas y licántropos), y recientemente la novela confesional Este que ves (Alfaguara, 2007), donde hurga en sus raíces narrativas y declara: "Los cobardes no escriben novelas, o cuando menos no deben escribirlas."

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