El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
Blowin' in rewind

Ingresé al culto cuando ya era tarde, y para colmo lo dejé temprano. Supongo, sin embargo, que cuando lo escuché por primera vez era ya un dylaniano. Casi todo el mundo lo es por estos días, y el que no ya se esfuerza por parecerlo. Su influencia es tan inmensa que me cuesta trabajo pensar en gente inmune a ella, pero aún más difícil parece vivir soportando la cruz de ser Bob Dylan. ¿O es que alguien todavía lo considera persona?
Canta horrible, de pronto, y eso uno lo disfruta especialmente. Desentona a propósito, destroza sus canciones con tal de reventar las expectativas, pero si no lo hiciera no sería Bob Dylan. No saluda a su público, ni lo mima, es como si tuviera el placer de ignorarlo. Nunca, que yo recuerde, lo vi bailar. Hoy mismo, hace unas horas, con trabajos movía la pierna izquierda (las manos en las teclas, tieso, cool como sólo él consigue serlo). Tengo en momentos la impresión de que a gran parte de los que me rodean les interesa menos escucharlo que verlo, y ni siquiera sé si también sea mi caso.
Llegué, de cualquier forma, libre de expectativas. No esperaba siquiera que tocara una sola canción conocida, y si se le ocurría cantar I Want You la distorsionaría tanto que de seguro tardaría media canción en darme cuenta. O tal vez era esa la expectativa, que hiciera estrictamente lo que se le antojara. ¿No era tal la razón que a tantos nos llevó a seguirlo con una preferencia rayana en beatería? Y esta noche, tan lejos ya de aquellas veladoras, ese look de bandido de Las Vegas me parece sublimemente ridículo, y lo sería sin duda si no fuera Bob Dylan quien lo ostenta.
Se dice uno que vino a verlo y oírlo, pero ya entrado en gastos se da cuenta que basta con reconocerlo. La voz, la armónica, la pose, la ronquera, el estilo que casi nadie se ha librado de copiar un poco. Sus palabras barridas que apenas si se entienden, su actitud de lunático soberbio, de profeta undercover y poeta underground, patentada en los años en que ser subterráneo era un grave pecado social y no, como hoy, una medalla al mérito para crápulas wannabe. Lo reconozco para reconocerme, y acto seguido me desconozco porque a ratos me doy permiso de aburrirme, muy dylanianamente.
Ver en estos momentos a Bob Dylan es como darse cita con un amor de la adolescencia. Menudean las señas de identidad, pero ya ni uno ni otro son los que eran. Alguna vez coleccioné versiones de Just Like A Woman, casi todas de Dylan en diversos conciertos, casi ninguna similar entre sí. Y lo más lindo era que la despedazara, nadie nunca lo haría como él, aunque por eso mismo y por más que lo intente su maldición consiste en nunca poder dejar de ser el entrañable monstruo que creó. Dylan: fuimos legión quienes quisimos ser como él y tuvimos la suerte de que fuera imposible. Valdría preguntarse si varios de los tránsfugas del culto no cedimos a la comezón de ir a verlo sólo para acabar de entender que nadie más que Dylan es Dylan. Y en fin, amén.

[Publicado el 28/2/2008 a las 10:04]
Comentado por: Celestina Terciopelo el 01/3/2008 a las 20:31
Man!
El maldito trabajo no me había dado un espacio para entrar aquí, luego una bella mujer (que innegablemente pareciera sacada de una canción Dylaniana) me dijo que habìas escrito algo sobre EL CONCIERTO (no el concierto) y tuve que venir.
Porque leer esta entrada personalmente es como si uno tuviera 8 años y se chutara un crossover de Batman con Charlie Brown. It's weird but it rocks...
Creo que tienes razón, uno de los síntomas más comunes que presentamos quienes somos contagiados por Dylan consiste en buscar cuanta versión encontramos de la canción que nos mueve. Rodrigo Fresán colecciona versiones de Visions of Johanna, yo de 4th Time Around y Like a Rolling Stone.
No puedo esperar a que Dylan destroce mis percepciones mañana...
Comentado por: yorkperry el 01/3/2008 a las 17:55
en efecto xavier, de todos esos seres dueños de la música de generaciones, quizá nadie tan 'tocado por Dios' como Dylan. más allá de sus letras y obra músical está una persona de la que podrían escribirse enciclopedias enteras.
no sé si es lo que era, o si nunca ha dejado de serlo... al final, saberlo con él es imposible...
por cierto, la dylan-manía se sintió en la ciudad, todos hablan del concierto de ayer (aunque pocos sean los que en realidad fueron).
saludos!!!
http://gabrielrevelo.blogspot.com/
Comentado por: gabriel revelo el 29/2/2008 a las 05:39
A mi todavía no me da el virus Dylan pero caí hace varios años en la enfermedad de las puertas (the doors) en donde la estructura dionisiaca de la voz de jim morrison que va mezclada con las proteínas de un teclado manzakriano, las cuerdas ácidas de Robby y la coordinación de los sonidos estrambóticos de Desmore fueron reproduciéndose durante décadas dejando esa anormalidad de sus sonidos y sus letras encarnada en mis neuronas….
Comentado por: arros el 29/2/2008 a las 05:33
Comentado por: Dulce Geisha el 29/2/2008 a las 04:10
Comentado por: Dulce Geisha el 29/2/2008 a las 04:09
A veces una se lanza al teclado, después de estar durante horas dándole vueltas a tu post-nunca me acostumbro a este breve palabra- mientras va haciendo otros menesteres, creyendo que comenzará de una forma para luego a la hora de la verdad antojarseme comenzar de otra. ¿Porque?, supongo que después de ver unas fotos de este señor, Dylan, y leer algo más sobre él, poco lo confieso, me ha hecho dar un pequeño giro. Hay veces que basta con ver y oir no más de un par de canciones, y leer no más de dos páginas para cambiar el rumbo de una historia. Si uno no entiende la letra, da igual, pero escucha el tono y ve el rostro.
En realidad iba a comenzar diciendo que lo que a veces uno da por universal no lo es tanto. Quiero decir, que en España el fenómeno Dylan, estoy casi segura no se dió en su momento, no al menos en una mayoría de la población, puesto que por aquel entonces cuando él surgía como un mesías en su país, España permanecía hermética en su caparazón, y la casi inexistente cultura musical internacional se extendió cual epidémia en las inmediatas generaciones.
Pensaba hacer un comentario contundente a cerca de la conducta de Dylan con respecto a sus subditos seguidores, su público, pero termino como comenzé: se me antoja no hacerlo, quizás porque ya no sería tan contundente.
Hace poco, entre una lista de regalos a elegir, regalé una armónica. Ese sonido que se mueve entre la soledad y la alegría como en: I want you.
Besos.
Comentado por: Guada el 28/2/2008 a las 21:44
Pues sí, toda una fiebre de Dylan por estos días. Hasta me hice merecedora de mi propia dylanrola, según un experto en la materia.
Este señor se deconstruye a sí mismo. Cuánta soberbia. Me cae bién.
(Primerísima en comentar tu post de hoy.)
Comentado por: Celestina Terciopelo el 28/2/2008 a las 17:00
17/5/2008 01:47
Contestando a lo que dice rana,...
Publicado por: Dèmina Demiana
16/5/2008 20:24
Pues yo no puedo leer tu blogg...
Publicado por: Kiddo
16/5/2008 18:18
Publicado por: Zarema
16/5/2008 18:06
Dicen que Dios los hace, y ellos...
Publicado por: rana
16/5/2008 18:02
Publicado por: Fátima
16/5/2008 16:59
Yum-Yumbina.......Cuantas y de a...
Publicado por: Lilith
16/5/2008 16:52
Publicado por: Víctor
16/5/2008 05:18
Publicado por: ¨Goofy¨
16/5/2008 02:46
Publicado por: arros
16/5/2008 01:22
Oye por cierto, no quieres ser...
Publicado por: Dulce Geisha
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