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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Xavier Velasco

Eclipse total en la mitad del mundo

Supón y haz suponer que ahora es la hora de contar ficciones. Has leído en la página web de la NASA que un eclipse total de luna ocurre solamente durante el plenilunio, una vez que el satélite queda del todo inmerso en la sombra del planeta. Hoy que recién dejaste la mitad de ti en la mitad del mundo te preguntas, aún dentro del avión que te tiene flotando en la zozobra sobre las nubes densas de Brasilia, qué consecuencias tiene un eclipse lunar, como otro se preguntaría cuándo ocurrirá el próximo terremoto. Nada que uno pudiera responder, sensatamente al menos, pero tampoco está el horno para bollos. Hará una media hora, o así te lo parece, que el avión sobrevuela esta ciudad horrendamente geométrica que una vez pretendió parecer del futuro, y de pronto el futuro, tu futuro, ya está en tela de juicio desde que la mujer atrás de ti se abrazó a su marido y empezó a sollozar.

     ¿Afectan los eclipses lunares a los aviones? La pregunta suena bastante estúpida, pero igual te conforta más que contemplar la tormenta en las ventanillas y seguir dando tumbos con todo y asiento. Van dos intentos de aterrizaje fallidos, cada vez se escucharon suspiros alarmados y se adivina el rechinar de dientes. Asimismo soportas el súbito fastidio de estar sentado a un lado del pasillo, no puedes ni aspirar a asomar la cabeza y comprobar si acaso hay otra cosa que bruma allí debajo. Así estaba la noche en Macapá, tanto como la madrugada en Belem. Es la segunda escala y la lluvia no para, siempre será más cómodo preguntarse si acaso hay algo raro con el eclipse, en lugar de tener que hacerse mala sangre calculando -la paranoia lo hace sin ayuda de nadie- si con este aguacero se puede aterrizar de alguna forma. "Que nadie se preocupe", afirma el capitán por el altavoz, "tenemos todo bajo control". Eso mismo decía la revista de abordo de Varig sobre la compañía, antes de la debacle que casi la borró del mapa. Además, el eclipse terminó. Era la medianoche en Macapá cuando la sombra estaba en su apogeo, de forma que la luna fue desapareciendo hasta volverse sombra entre las sombras.

     La señora de atrás ya llora abiertamente, mas casi no la escuchas. Sigues con la cabeza inmersa en la mitad del mundo, cierras los ojos y recorres de nuevo la costera mojada por el Amazonas, la avenida Fab, la Hildemar Maia, los semáforos antes del aeropuerto. Resuena en las paredes del cráneo la canción de Belle & Sebastian que día y noche salía de las bocinas del Toyota Corolla donde todas las tardes mudabas de hemisferio y ya sólo por eso creías acreditar la magia circundante. No debería estarse en la mitad del mundo sin consecuencias, menos aún en medio de un eclipse. Piensas por ocio, de un modo juguetón y ya sólo por eso tranquilizador, que si ahora mismo se cayera el avión, te pescaría la muerte con la cabeza en la mitad del mundo. Cosa linda ha de ser morir imaginando que se vive feliz e intensamente.

     El miedo es contagioso, se supone, aunque muy rara vez te lo han ocasionado los aviones y ésta no es la excepción. Es apenas algún desasosiego escurridizo, te incomoda el sollozo que aún repta desde el asiento trasero. Son ya más de las seis de la mañana en el avión de Tam, por la noche estarás en uno de Aeroméxico. Piensas, igual que tantos, que no vas a morirte en un avión. Sería ridículo, te dices luego de los últimos tumbos. Además tienes cosas por hacer. No imaginas la posibilidad de no volver a la mitad del mundo, o la de nunca más ver un eclipse ni fundirte en los ojos astrales de una genuina Princesa Amazónica.

     Aterriza el avión en Brasilia, dentro de unos minutos despegará de nuevo, camino de São Paulo. La señora de atrás todavía se abraza a su marido, que la ignora y se esmera en poner cara de tipo duro a toro pasado. Cierras los ojos sólo para instalarte en la imagen vivísima donde vuelves corriendo a la mitad del mundo y la luna persiste en esconderse y el avión no despega y se alarga el eclipse, noche tras noche. Quienes que más saben de esto le llaman saudade.

 

[Publicado el 22/2/2008 a las 14:22]

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Comentarios (10)

  • Uups, dicen que ha provocado un aluvión de partos, es increíble que tan lejana haga ese efecto a unas criaturas tan pequeñas, tanto las madres como los niños. Aunque es hermoso - y temible -pensar que algo dentro de mí responde a esa siempre misteriosa luna.
    Me hace algo lunática.

    Comentado por: Selene el 25/2/2008 a las 17:02

  • El avión de la línea Aeroméxico ha despegado, esta vez te ha tocado ventanilla y el asiento de al lado lo ocupa una mujer que a buen seguro ha entrado en la cincuentena. Escribe en una libreta poco más grande que sus manos. De su letra, casi ilegible, sólo aciertas a leer una palabra que te resulta familiar, 'Canudos', te preguntas si eso no será una señal para regresar a la mitad del mundo, pero tus pensamientos no van acordes con tus movimientos, ninguno de ellos vislumbran una intención de giro.
    La señora, que ya no es princesa sino reina, no levanta la vista de la libreta, y eso, en cierta forma, te incomoda casi tanto como el recuerdo del sollozo de aquella otra mujer del asiento de atrás.
    Ya no llueve al otro lado del cristal, aunque sientes que la humedad te cala los huesos. Cierras los ojos en un afán de habitar de nuevo el hemisferio que vas dejando atrás irremediablemente y, te ayuda en ese vuelta imaginaria, el olor amazónico que desprende la cuidada piel de tu vecina de vuelo incondicionalmente inmersa en la tarea de escribir.
    Al abrir los ojos te das cuenta que la señora de la libreta coloca una foto a modo de señalador en la página que es de suponer ha escrito la última palabra. Aún viéndola de pasada tus ojos han captado la imagen de un hombre y una mujer, que por puro deseo la asocias a la idea romántica de ser él el amante de la mujer que te acompaña transitóriamente. Pero bien sabes que podría ser su padre, o su hermano o no ser ella la mujer de la foto, y que fueran sus padres.
    Giras de golpe la cabeza hacia la ventanilla y te percatas que se ha hecho de día, el eclipse que hace unas horas te acompañaba se ha esfumado, estás sobrevolando la otra mitad del mundo, una ciudad caótica te saluda a miles de pies por debajo de los tuyos y, en ese momento de desconcierto, por el altavoz una voz femenina te recuerda que debes abrocharte el cinturón de seguridad, en próximos minutos el avión tomará tierra. Es esa primera toma de contacto con el suelo, la que clava sin compasión, en tu costado izquierdo, lo que algunos dan en llamarlo 'saudade'.
    Por la noche, cuando estás dispuesto a dejarte arropar por las sábanas heladas, suena el teléfono, al otro lado te espera la otra mitad del mundo. Supón.

    Besos.

    Comentado por: Guada el 24/2/2008 a las 19:07

  • Hola Xavier, me da gusto saludarte. Me han gustado mucho tus libros y una charla que te escuche en la FIL de Gd. Tengo entendido que te llego mi libro por algun conducto, si te gusto dime, se llama "Luminosa o el Tiempo". Un amigo de mi hijo y de Jordi Soler te lo mando o algo asi. En fin, el unico libro tuyo que no he leido es el ultimo que pronto comprare y leere. Un abrazo:JCCF

    Comentado por: Juan Carlos Castillo Foncerrada el 24/2/2008 a las 01:52

  • Va un tequila a tú salud, Xavier, y otro por mis compañeros lectores, y otro ..., en fin, disfrutar, y besos, besos, besos.

    Mañana ficciono este post estrambótico, lleno de saudade, pero ojalá leas antes esta pequeña nota, y que sepas que mi corazón estará ahí, con vosotros, en ese lugar mágico dónde un día aterrizaré.

    Quién ha dicho besos, ... muá, muá, muá!.

    Comentado por: Guada el 23/2/2008 a las 18:30

  • ¿Hoy le veréis?
    Dadle un besazo de mi parte, con permiso de la genuina princesa amazónica -o sin él- ¿Alguna voluntaria?

    Comentado por: escarola el 23/2/2008 a las 16:58

  • Sin duda alguna el proximo temblor sera en Mexicali, ciudad a la que por trabajo viajo seguido. Hoy regrese de ahi y me tocaron dos temblores de los mas de 300 que van en las ultimas dos semanas. El dia se puso raro y yo un poco mas.
    A fuerza de leerte voy entendiendo que es aquello de saudade.
    Besos Sr.

    Comentado por: Dulce Geisha el 23/2/2008 a las 07:18

  • No sé si afecta a los aviones, pero (creo que muy probablemente) a los humanos: una amiga (muy cercana a mis noches de sueños frágiles y endebles) de tener una relación lista para un bodorrio abominable se separo la noche después del eclipse total de luna llena. Yo me encontraba listo para cobijar sus frases llenas de sollozos con palurdas palabras calidas y reconfortantes desde el auricular de mi celular, de cara a la almohada en una media noche alumbrada por la luz artificial de una lámpara publica que entraba por mi ventana, escuchando y escuchando todo lo que salía de su boca hablando de una relación fallida y la perdida de la fantasía de caminar directo al altar en vestido blanco y puro, se sentía mal con ella misma, nos quedamos de ver para desayunar al día siguiente yo con el plan de negociar unas caricias a base de guiños y besos apasionados para hacerla olvidar el olvido. Nos vimos, desayunamos y platicamos, no tenia ganas de separarme de ella y ella no quería que yo me fuera tan rápido, yo tenía que entrar a la escuela para entregar un trabajo de estética del arte antes de las doce, pero deje de ir para entrar con ella a la sala de un cine nauseabundo observando una película mexicana basada en una novela de leñero, en la sala todo iba con tranquila normalidad: nuestros dedos tenían grandes batallas cada vez que se encontraban en el molde de palomitas y mi hombro se llenaba de dicha cuando su cabeza se posaba con sus ojos grandes mirando hacia la pantalla. Salimos sin saber que hacer, pero no quería apartarme de ella y la invite a comer (por lo visto ella no tenia nada que hacer o dejo de hacer su rutina de un día para pasar el día conmigo o es lo que yo quería creer) pero me dijo que mejor ella hacia la comida para darle mi punto de vista acerca de su sazón, fuimos y compramos espagueti, carne y quesos y ya que estábamos en el súper una botella de tinto para amenizar la situación: llegamos a su departamento y la nostalgia melancólica originada por las invitaciones que presagiaban una boda estaban esparcidas a lo ancho de la sala, sus lagrimas volvieron a brotar con el solo hecho de verlas, me dijo que no pasaba nada y fue a hacer la comida mientras yo recogía las invitaciones de la sala. Comimos y pasamos largo rato escuchando música, nos quedamos dormidos sumidos en un sillón suave y bajo el sonido de los acordes silenciosos que escapaban de las bocinas de su sony génesis, era tarde y hora de despedirme sin que ella lo notase porque no tenía el valor de levantarla: se veía como una diosa. Salí silenciosamente del departamento y ella salio y se despidió de mí con un letal beso que me hizo retroceder sobre mis pasos.

    Los movimientos bruscos de mi madre me hicieron despertarme de un sueño para irme a la escuela…Podría jurar que fue real y lo peor es que se casa el próximo fin de semana.

    Comentado por: arros el 23/2/2008 a las 03:52

  • LA SAUDADE!

    Xavier:

    Es terrible llegar de cualquier parte del extranjero (así sea de Calcuta). Y ser visualmente confrontado por la vista aérea y terrestre de del DF.

    Aterrizar y esperar a ser vomitado hacia la banda del equipaje.
    Tomar un taxi que te transporta rumbo a tu hogar, yendo por terribles calles que poco a poco te van desconectando de tu ensueño.

    Llegas a tu casa, con la nostalgia recuperada de encontrarte con tu mundo y por otro lado la “saudade” incrustada de un bellísimo recuerdo.

    No sé tu, pero a mi, lo que primero me viene a la mente, es mentarle la madre a los que han hecho de esta ciudad un mal refugio para melancólicos.

    TE ENTIENDO!!!
    Mañana nos veremos y ahogaremos esa saudade a punta de tequilazos Defeños.

    Si de eso no se trata la vida, entonces de que?

    Comentado por: Tamiris Lippl el 23/2/2008 a las 01:00

  • Querido Xavier:
    Bienvenido a Ciudad Caótica.

    Comentado por: Démina Demiana el 22/2/2008 a las 20:54

  • Despertar al otro día…
    …después de haber llorado toda la noche.
    …después de haberte comido un aceite.
    …después de haberte mojado en la lluvia, y ponerte ropa seca y limpia.
    …después de que la psilocibina se fundiera con tu sangre y en tus pensamientos.

    O también escuchar a los Beatles, con el aire en la cara, en una carretera que se encuentra entre montañas y árboles.
    O acordarte de amigos que hace mucho no ves.
    O Tomar un café con leche (más leche que café), cuando hace mucho frío.

    Acordarte de un amor profundo que evoluciono y se acabó.
    Acordarte de tus pensamientos cuando eras niño, de tus juguetes, de tus rodillas y de tus amigos del kinder.

    Tomar el avión de regreso a “casa” después de pasearse por playas y ciudades en bicicleta. (Andar en bicicleta a toda velocidad y sentir el aire frío en la cara).

    Vivir noches de longevidad, dejando que los colores hagan lo suyo en tu hoja de papel cremoso.

    Sentirse enamorado de la vida. Hacer una fiesta de la vida. Bailar de la vida. Sonreír, mientras se puso en el shuffle de tu ipod la canción perfecta para caminar, en un día soleado con mucho aire, por Reforma.

    Susurrar a son de grito: Estoy viva!!!!. (Y no se por que, ni para que, pero tampoco querérnoslo preguntar.)

    En pocas palabras, y como Cerati lo describe bien: Volver al origen del principio.

    Comentado por: rana (a-a-a-a) el 22/2/2008 a las 17:04

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Biografía

Oriundo y reincidente colono de San Ángel, al sur de la ciudad de México. Se inició a edad temprana en la escritura, sin sospechar que el juego llegaría tan lejos, y todavía hoy cree en él como una fechoría intensa y subyugante, comparable a vivir huyendo de la ley a bordo de una Suzuki 1100. Comparte hogar con dos gigantes de los Pirineos; vive un largo romance con la música brasileña; escribe semanalmente en el periódico mexicano Milenio la columna "Pronóstico del clímax". En el presente siglo ha publicado Diablo Guardián, Premio Alfaguara de Novela 2003, El materialismo histérico (fábulas cutrefactas de avidez y revancha), Luna llena en las rocas (crónicas de antronautas y licántropos), y recientemente la novela confesional Este que ves (Alfaguara, 2007), donde hurga en sus raíces narrativas y declara: "Los cobardes no escriben novelas, o cuando menos no deben escribirlas."

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