El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
Presente, payador

El payador Hugo Gola.
Cierto es que fueron más los buenos que los malos. No quiero ni pensar en esos bestias que a mis padres les repartían reglazos y hasta bofetadas. (Mi padre alguna vez, con diez años, recibió una bien puesta de su profesor, misma que respondió con certera patada en la espinilla y carrera inmediata a la oficina del director, donde obtendría al cabo indulgencia plenaria.) Pasados los tres años en la asquerosa escuela lasallista donde la delación solía ser estimulada y recompensada, sólo padecí ya a uno que otro aburrido e hice cierta amistad con varios de ellos, incluso los que aún me reprobaban.
Me importaban bien poco, para entonces, los números de mi aprovechamiento escolar. Recibía para entonces cada mala nota con el talante de un enemigo de Batman. Ya en la universidad, los mejores maestros solían ser vetados por los alumnos más cuadrados, que preferían tomar el dictado a ser objeto de cuestionamiento alguno. Aunque al final aquella universidad -la Iberoamericana, cuya carrera de Letras tenía apenas unos cuantos matriculados, la mayoría desafectos a la escritura- ofrecía perspectivas inmejorables en los pasillos y la cafetería, donde las musas eran legión y ya eso me bastaba para colmar la vida de intensas perspectivas literarias. Hasta que conocí al poeta Hugo Gola.
Detestaba perderme una sola de sus clases, tanto que hasta dejaba alegremente la cafetería y olvidaba sus musas para acudir puntual a esa vibrante cita que era la clase de Poesía y Poética, misma que Hugo impartía en rigurosas minúsculas, pues detestaba tanto el academicismo que se reía de mi gusto por la poesía de Octavio Paz. ¡Vallejo!, contraatacaba con la sonrisa luminosa y voraz del niño que recién ha descubierto un tesoro debajo de una piedra. Tal era el tono de la clase entera: un hombre deslumbrado que habla, escucha y lee con los ojos de fuego y una sonrisa de amplio escaparate.
Se carcajeaba de esos lectores pudibundos que no se atreven a leer en voz alta, entendía la poesía como música y se refocilaba en sus ecos, resuelto a confundir a la enseñanza con el contagio. Una vez nos sacó de la clase para sentarnos en un jardín, frente al crepúsculo del cual, aseguró, recibiríamos las mejores lecciones de poesía; otra nos desafió a decir el nombre de un árbol cercano, que por supuesto nadie atinó a adivinar. ¿Y así queríamos hacernos poetas?
Algunos nunca lo pretendimos, pero Hugo ya insistía en la necesidad de escribir una prosa preñada de música, y esas solas palabras eran música para los oídos del narrador que yo quería ser. Por eso recibí como un regalo extraordinario su invitación a presentarme en dos de las sesiones de su club de poetas disfrazado de taller literario, que ocurrían de noche, en su casa invadida de payadores -así era como le gustaba llamarnos- a los que repartía consejos entusiastas y deslumbrantes. Fue gracias a su recomendación expresa, luego de que escuchó con atención quirúrgica la lectura de uno de mis embriones de novela, que leí Corrección, de Bernhard. Me haría bien, sentenció con ojo colmilludo, no sé si imaginando que sus observaciones me llevarían a dar tantos virajes como embriones dejé por el camino.
Cierto es que nunca antes me vi tan lejos y tan cerca de hacer literatura. Quedaba la impresión, luego de tantas risas compartidas, de que aquel profesor que parecía todo menos profesor era la encarnación de la escritura. Por eso aquí y ahora lo recuerdo a él, bueno entre buenos, y al hacerlo regresan los demás. El que en muy buena hora sugirió que dejara esa carrera de mierda y abrazara a la vida con todos sus riesgos. La que me soportó por simpatía y me bajó los humos por deber. El que me plantó un siete y me aclaró que merecía el diez, pero no se le daba la gana ponérmelo porque quería verme hacer algo más. Y aquella que, muy niño, me abrazó a medio llanto hasta que una sonrisa triste lo reemplazó. Es para ellos que aquí mismo me robo un trozo de poema de Hugo Gola (cuyo rastro he perdido desde entonces, pero jamás, sin duda, su memoria fresquísima):
y si el vuelo
blanco
fuera la mano de dios
y el mar
su alcoba?

[Publicado el 20/2/2008 a las 17:21]
Comentado por: ranahi66@gmail.com el 22/2/2008 a las 16:24
Mr. Bellos... mi maestro de historia del arte... me inspiro mas.. que por el.. decidi que mi major seria art hist...
me encanta... si, no soy una buena "artista" mejor de recordad dates, y pintores, pintoras... que yo estar haciendo el relajo ... jejeje... eeey, iv'e noticed my vocabulary changing .. i used, relajo.. im proud of myself...
hablando de maestros urgentemente tengo que ir a visitar a mi maestro...y mas, porque recien que me dijeron que ya estaba muy debil... no es que este viejo.. no en mis ojos es todo ahaha.. es, que tiene la enfermedad MS.. como muchos dicen.. los, mas super dotados por lo usual mente tienen una enfermedad .. ejemplo, kadinsky,synesthesia
cambio y fuera, lily!
Comentado por: Of Lillies and Remains el 22/2/2008 a las 04:54
el guasón je je...
yo tuve una maestra similar. aunque era de literatura universal en la prepa. podría decir que mi fijación por la literatura se la debo a ella. sus clases eran una delicia, nunca faltaba nadie y autenticamente querías que la clase fuera diario.
se llamaba verónica y daba clases en el instituto don bosco...
y xavier, tu profesor ya me cae bien sin conocerlo... debe estar orgulloso del mejor de sus alumnos.
saludos!
http://gabrielrevelo.blogspot.com/
Comentado por: gabriel revelo el 22/2/2008 a las 01:35
Mi gusto por los libros, o al menos, la conciencia de tenerlo, más bien comenzó tarde, hacia los catorce o quince años y, que yo recuerde no fue por ningún profesor sino por un programa didáctico que obligaba a leer X libros durante el curso escolar. Este podría ser uno de los pocos ejemplos en que algo obligatorio se convirtió en mi tabla de salvación y en una compañía eterna de viaje con algunas ausencias.
No es que una no quisiera leer, sino que no formaba parte de su entorno y los libros llegaban a cuenta gotas, las novelas se guardaban en lugares que aún no había descubierto. Pero me gusta pensar que cuando uno necesita algo de una forma u otra se le cruza en el camino.
Tuve un profesor de literatura que aparentemente parecía querer enseñarnos otra forma de aprender las cosas, quería emocionarnos. A mí, más bien, me emocionaba lo guapo que lo encontraba -al menos entonces me lo parecía- pero con la distancia siento que no, él no me trasmitió amor por los libros, no me llegó al alma. Sí he tenido profesores buenos, pero no en la universidad, entre otras cosas porque una no se puede entusiasmar con lo que la deja fría.
Los profesores más buenos, también por cercanos, fueron los de mi niñez, aunque en mi ensimismamiento no me diera cuenta. Después vinieron otros profesores buenos, no de la enseñanza reglada, sino agazapados en estanterías de las bibliotecas, en algún rincón de la vida cotidiana, y alguno que otro en este lugar llamado internet en el que no confiaba demasiado, todo sea dicho, pero que gratamente me ha sorprendido.
Me queda tanto por aprender, tan novata me siento, que es una delicia escuchar cosas como la que hoy me han contado Juan Cruz y Antonio Muñoz Molina. Este último me regaló una vista preciosa desde las 'Ventanas de Manhattan', y esos regalos no tienen precio. Y me quedo con ellos, me quedo con A.M.Molina cuando dice "Cuando la literatura se vuelve sobre la literatura se encanija, está condenada al raquitismo de la egolatría", y lo reproduzco literalmente porque no encuentro una mejor forma de expresar lo que comparto a pies juntillas. Y bueno, la entrevista que está aquí publicada, en el Boomerang, daría mucho para hablar, y eso me encanta, es un pozo sin fondo este mundo de las palabras, dónde una y otra vez uno se puede zambullir sin aburrirse, pero eso sí, para que las palabras tengan música hay que mirar alrededor de uno, hay que escuchar las voces de los otros, y ahí sigo, con A.M.Molina, que de pura buena persona apenas hace ruido pero se siente.
Besos, y agradecida querido Xavier.
Comentado por: Guada el 21/2/2008 a las 22:16
Xavier:
Muy cierto. Es un lindo quehacer el de llenar espacios con lecturas a voz alta.
Te cito en el post con fecha 16/10/2007
“ Còmo reconocer a un escritor malito
Síntoma No. 19
19. Abusa de sus invitados mediante la lectura en voz alta de decenas de miles de caracteres hechos en casa.”
Para nuestro encuentro del sàbado, te propongo que nos deleites con una probadita de tu nueva novela, o si estàs muy celoso aùn de mostrarla, podrìa ser un escrito que quieras compartirnos.
Ya sabes, por si quieres darle rienda suelta a ese síntoma. Siéntete libre de abusar en este caso de tus anfitriones. (It’s up to you)
Tambièn tenemos un juego preparado para tì. Se titula:
“ Pòngale jeta a sus lectores “. (Nada que ver con imitar la carita del guasòn intermitente. Pero si te vas a divertir profetizando quienes somos).
Comentado por: Tamiris Lippl el 21/2/2008 a las 20:50
Comentado por: Dulce Geisha el 21/2/2008 a las 20:44
Híjole, qué bonito debe haber sido tener a Hugo Gola por maestro. "Si el ave sin saber canta, el río sin saber ríe, el viento sin saber flitra su suave sonido entre las ramas, ¿sobre qué versa el saber?". Ya de por sí el poema cuestiona como una lección de la buenas.
Me hizo muy feliz este post.
Comentado por: Celestina Terciopelo el 21/2/2008 a las 18:33
He tenido maestros así, curiosamente ninguno me ha entregado el gusto por aprender, o conocimiento alguno, en un salón de clases, ninguno es o fue docente de profesión. Querer aprender fuera de la escuela es lo que me enseñaron, todos de diversas formas y muchos así sin quererlo, eran maestros por vocación, y no estoy seguro de que muchos lo supieran. Esa es mi definición de un buen maestro, alguien que por el simple gusto de hacer lo que hace – ser maestro, doctor, vago, etc. -, sin quererlo llega a poder enseñar, y lo mas importante, transmite el gusto por esa y otras actividades
El gusto por aprender y el despertarme la curiosidad son, de lo que he aprendido en mi vida, lo más valioso. No le puedo endilgar esto sólo a los buenos “maestros” que he tenido en la vida, también los malos hicieron lo suyo, eso servirá en cierto modo de consuelo a mis padres, dado el despilfarro de dinero que implico mi educación hasta la universidad, eso considerando que no estuvieran pagando por la exorbitante cantidad de 5’s, 4’s y los ocasionales 0’s que se estampaban en mi boleta mes a mes. Por las caras que ellos ponían cada que veían uno, se que no era así. Vive y deja reprobar, aprender así por obligación, difícilmente.
http://ryksz.wordpress.com/
Comentado por: Ryksz el 21/2/2008 a las 18:21
Comentado por: Cesar el 21/2/2008 a las 17:11
Claro! Atacar el maestro y correr con el Director! Es tan insensato que es lógico!
Jamás se me habría ocurrido!
Comentado por: yorkperry el 21/2/2008 a las 16:35
Estoy de haikus últimamente, me ha caído entre las manos un librito: El árbol de los haikus, edición de Albert Liebermann, Océano Ámbar (parece un título de Baricco, una de mis divinidades entre los escritores, poético).
Me encanta éste, Éste, este, éste:
Éste:
Se oscurece el mar.
Las voces de los patos
son vagamente blancas.
Otro:
Este camino
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo
Y el último:
Los crisantemos
se incorporan, etéreos,
tras el chubasco.
Me encanta. Los tres son de Basho.
También tiene, el libro, al final, 50 koans, preguntas que el maestro de zen hace al discípulo para que éste alcance la iluminación. No tienen, la mayoría, respuesta desde la lógica racional sino desde la intuición. Debe, el alumno, meditar el sentido. Vienen sin la respuesta, claro: ¿Cuál es el sonido de una sola mano?
Comentado por: alicedd el 21/2/2008 a las 12:30
Cualquiera de los maestros a los que usted se refiere debieran sentirse bien emocionados. A los ellos se les agradece bien poco el trabajo que hicieron y siguen haciendo.
Los maestros son una de las claves. Y ni modo!
Otras veces lo he dicho, gusto en leerle.
Comentado por: elena el 21/2/2008 a las 09:45
Hierba buena siempre se queda en la memoria….
No he comprendido porqué paso lo que paso: eran las mañanas mas atroces que mi mamá me hacia pasar: levantarme a las seis de la mañana para desayunar y no llegar tarde a la escuela, sentarme en las bancas mas heladas que existían en todo el estado sintiéndome preso por muchas horas en mi vida para esperar a un profesor dispuesto a reprendernos: la primera clase convencional de la semana era educación física siempre con la mima rutina: correr muchas vueltas a un campo de futbol desértico, hacer lagartijas sintiendo la rigurosa textura mutiladora de manos, saltar entre un palo agarrado por dos alumnos y caer en un colchón de hule espuma mas rígido que el propio terreno arenoso. Así pasábamos las semanas rabiando al más no poder y jurando venganza por las acciones cometidas por el docente. Durante los torneos escolares de futbol él era el referí de todos los encuentros: le tocaba al “E” enfrentarse con su acérrimo y odiado rival “F” que era consentido por el mismo maestro y no les hacia pasar lo que a nosotros nos hacia pasar: en la euforia del partido (de los distintos partidos que disputamos) se llevo distintos disparos que los delanteros, medios, defensas y el mismo portero le propino en distintas partes de su cuerpo, nunca objetaba el silbante por lo que hacíamos y el capital castigaba con dignas palabrotas por meterse en el camino del esférico y no dejarnos pasar, llegábamos a la final en los tres años reglamentarios pero nunca ganamos un torneo y a los ganadores les tocaba disputar el torneo interestatal de secundarias que nuestra secundaria nunca ganaba, en el ultimo año consiguió meternos a un partido de la federación mexicana de futbol, solo a los jugadores del “E” como recoge balones a nivel de cancha: sentir el fresco aroma del pasto recién mojado, ver a los jugadores posar para paparazzis y esperar que alguno de ellos tratara de golpear con un disparo al arbitro. Fuimos los alumnos mas envidiados de la secundaria por unas semanas, aun recuerdo tomar el balón con las manos y lanzarlo a los pies de unas chivas y unos zorros dispuestos a patearse hasta matarse.
Comentado por: arros el 21/2/2008 a las 05:43
Pense que esta alucinando con al Guason en la esquinita, ah ya me tengo que ir a la casa y leerte con calma.
Comentado por: Dulce Geisha el 21/2/2008 a las 04:17
17/5/2008 01:47
Contestando a lo que dice rana,...
Publicado por: Dèmina Demiana
16/5/2008 20:24
Pues yo no puedo leer tu blogg...
Publicado por: Kiddo
16/5/2008 18:18
Publicado por: Zarema
16/5/2008 18:06
Dicen que Dios los hace, y ellos...
Publicado por: rana
16/5/2008 18:02
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16/5/2008 16:59
Yum-Yumbina.......Cuantas y de a...
Publicado por: Lilith
16/5/2008 16:52
Publicado por: Víctor
16/5/2008 05:18
Publicado por: ¨Goofy¨
16/5/2008 02:46
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16/5/2008 01:22
Oye por cierto, no quieres ser...
Publicado por: Dulce Geisha
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