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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Xavier Velasco

¿Reglas a mí?

Policías chilangos viajando en la cajuela.

Policías chilangos viajando en la cajuela.

Hay cínicos que dicen que esta ciudad no tiene arreglo. Basta, no obstante, con asistir a esas conversaciones tensas-pero-cordiales que día a día entablan ciudadanos y servidores públicos para entender que en estas calles todo puede arreglarse. Para eso existe la pregunta esencial de la autoridad correspondiente: ¿Y cómo va a querer que lo arreglemos?

     Una de las habilidades que definen y clasifican al estoico habitante de la ciudad de México tiene que ver con su capacidad de negociar con las autoridades correspondientes. Un chilango curtido en las artes retóricas del regateo sabe que el policía no es necesariamente un desalmado, sino a menudo lo contrario: un alma subalterna atormentada por la diaria metralla que supone fungir como guardián de todos en tierra de nadie.

     Pocas autoridades soportan tantos insultos y denuestos impunes como ese policía adolorido que en consecuencia exige ser tratado con el ungüento del respeto. Para entender mejor esta cuestión, observemos las exquisitas maneras de ese motociclista chilango que se quita los guantes como un dandy para hacer el alarde de civilidad que nos ubicará del lado de los bárbaros. Estamos ante un caballero, en el sentido medieval de la palabra, de manera que incluso después de recoger el óbolo correspondiente invertirá un par de minutos en sermonearnos sobre nuestra seguridad personal y el consiguiente bienestar de la familia. Todo este protocolo, incomprensible para el extranjero, nos permite asumir, a la hora de despedirnos del policía, que no fuimos lo que se dice chantajeados, sino en cierto tenor aleccionados por la módica suma de...

     A falta de literatura, estándares o tabuladores fidedignos, el chilango profesional se jacta de llegar a niveles de regateo tan escandalosos como la moneda en el aire: cien o nada. Sobran los policías prestos a probar suerte a costillas del infractor, y éste, por su parte, no conoce placer más deleitoso que el de ver a ambos patrulleros retirarse vencidos, sin un peso en la bolsa.

     Por más que, ya en la práctica, estas negociaciones nos resulten desde siempre familiares, cierto es que los chilangos gustamos de juzgarlas con un apego estricto a la teoría, según la cual se trata cada vez de un hecho extraordinario. Un favor personal, incluso, puesto que el oficial preferiría levantarnos la multa, y no se cansará de repetir que tal es su deber, pero tratándose de una persona tan decente está dispuesto a hacer una excepción. Así las cosas, el infractor no es un corruptor, ni el policía un extorsionador, sino que ambos son personas tan finas que comprenden a plenitud el carácter excepcional del entuerto, y por lo tanto están dispuestos a resolverlo con la parte más abierta del criterio, que en estas situaciones suele ser la cartera. Armados de impecable diplomacia, uno y otro despliegan los más nobles argumentos para entablar un sutil duelo entre voracidad y tacañería, mentiras y pretextos, ínfulas y complejos, halagos y cumplidos: una lección de esgrima entre gentiles. ¿Quién osaría creer que están regateando?

     Otros hacen vasijas, telas, platillos, muebles; los chilangos nos especializamos en hacer excepciones. Y ello no puede menos que reflejarse en la flexibilidad de un lenguaje a diario deformado por tribus inconexas de supervivientes. Por más que las autoridades se empeñan en echar a andar programas de Tolerancia Cero, el chilango es biológicamente incapaz de asumir semejante concepto: equivalente, según rancias costumbres locales, al grosero ejercicio de la mamonería. Pues sucede que aquí, entre los chilangos, un cerotolerante vive a merced del público pitorreo. ¿Por qué? Pues muy sencillo: por mamón.

     Rígidos en la forma y elásticos en el fondo, gastamos diez centavos en promulgar las leyes y cien pesos en eludirlas, básicamente porque a mí nadie me va a decir lo que tengo que hacer. Y ahí sí no hay arreglo: regla que no se tuerce a nuestro gusto no es derecha. Se entiende así la paradoja chueca del chilango: malo para la regla, bueno para la excepción.

     Se sabe que las reglas viven una existencia austera y recatada, mientras las excepciones son proclives a excesos y desenfrenos. Todo lo cual incide en la probada fertilidad de las unas, ante el estéril pasmo de las otras. De modo que al final sobreviven sólo las excepciones, y eventualmente desempeñan la función antaño reservada a las reglas: esas plebeyas cortas de criterio.

[Publicado el 31/1/2008 a las 00:41]

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Comentarios (16)

  • Tamiris tomaremos nota todos los chilangos de ir inmediatamete a la compra de un par de bolsas de popotes pa cuando nos digan: "joven(a) caígase pa'l chesco". Corro al super, sale mas bara.

    Comentado por: Démina Demiana el 03/2/2008 a las 07:14

  • Con la inflacion todo sube y ultimamente los polis dejan la cuota lo menos en 200... que caro esta el refresco no?

    Comentado por: Yo soy yo el 03/2/2008 a las 06:25

  • Abro este blog de buena mañana, y qué poco sentido del humor tiene el que de él alardea. Creo que pocos en este blog pretenden ir dando lecciones de nada y menos de rectitud.

    Besos.

    Comentado por: Guada el 01/2/2008 a las 08:31

  • Me caen gordos mis amigos que se hacen los rudos e indignados por "tanta corrupción" con los polis gorditos. La onda es coquetear-regatear y ser cínico y sacar una anécdota chistosa y ya. Ni que fuéramos a cambiar al mundo (bueno, al Defe) con nuestra actitud recta e intachable.

    Comentado por: Plaqueta el 01/2/2008 a las 05:04

  • Quisiste decir "chescos" querida Tamiris.

    Comentado por: Námor Adenip el 01/2/2008 a las 04:53

  • En este post, soy la extranjera, y aunque no me ha sorprendido lo que cuentas, más aún viendo el medio de transporte tan aireado del que dispone la policia chilanga - !!¿toda?¡¡-, ciertamente, si aterrizara en México D.F. y tuviera un encontronazo con ella lo más probable es que durmiera más de una noche en el corralón de la mala leche con la que procedería. Tu post me has puesto sobreaviso: llevaré preparada la cartera y reservaré mi mala leche para ocasión más oportuna, no hay que alterar las costumbres locales, sería como llegar a casa ajena y tener la altanería de alterar sus 'reglas' de juego, perdón, sus 'excepciones', y eso siempre está muy, muy feo en una dama. Pero si viviera allí, ay, ay, ay, sería una gran mamona.

    Por lo demás, un bocado delicioso el de hoy.

    Besos, querido Xavier.


    PD. Esto para Mauligno: que sepas que ya no me imagino una ruta turística por México sin parada obligatoria en el monumento a 'La chica de la agenda'. Salu2222

    Comentado por: Guada el 31/1/2008 a las 22:03

  • Justo ayer, mientras estaba en clase, estaba pensando eso, y como no se lo pude decir a nadie lo escribí en la parte de arriba de mi hoja.
    Si ya se, idealizar cuesta caro, en un principio las risas de los de tu salón, en un final, el desengaño que produce crecer y darte cuenta de que las cosas no son así de fáciles, que está enorme maquina tiene mas que tuercas y engranajes (Tiene policías, y jefes de policías, microbuseros, maestros que son diputados, pejes que se salieron de sus lagunas, mortales que hacen excepciones y para terminarla de amolar, gente con vacas que regala leche en el monumento de la revolución, y descarados con tractores que pretenden paralizar a la mitad de los chilangos el día de hoy).
    Como sea, yo sigo pensando que mas haya de que soñar no cuesta nada, creo que si uno sueña mucho, (pero en serio mucho), cosa así de un millón de sueños, de menos uno debe de hacerse realidad. Por eso, ayer en clase, yo no paraba de soñar, con que una frase soltada al aire, pudiera cambiar a esta enorme maquina.
    Así que escribí: el mundo no cambia, por que los agentes de cambio siempre tienen excusas para no cambiarlo. ( Los agentes de cambio somos todos).
    De menos ahorita tengo una pequeña excusa para no ser pitorreada tan cruelmente, ni ser considerada una mamona sin excusas, tengo 20 años.

    Comentado por: rana el 31/1/2008 a las 17:20

  • Yo cargo con popotes en el auto para "sus refrescos" de los polis.

    Comentado por: Tamiris Lippl el 31/1/2008 a las 17:10

  • Que buen post!! En verdad está genial :-D!

    Circulaba por Río Churubusco y al llegar a una luz roja, ahí por el colegio Simón Bolivar, muy cerquita de lo que salía ser el Tepeyac del Valle, un oficial de tránsito me pidió que me orillara (a la orilla) dado que mi período de verificación había expirado (un día antes) y no tenía el engomado correspondiente.

    -Qué paso mi joven?, ya se le pasó la verificación eh!-, me decia un regordete y bigotón agente de tránsito (se han fijado que todos tienen bigote?).
    -Chale mi Comandante (es indispensable subir el rango del agente para suavizar la negociación) deme chance, ayer ya no pude ir.
    -No pus, esto es de multa y corralón jovenazo.
    -Bueno, pues ni modo. Lo sigo o qué onda? (también es indispensable hacer la pantomima de que uno está dispuesto a cumplir las leyes, ya que existe la leyenda urbana, que los agentes al ver el intachable civismo del conductor, pueden desistir de sacarle dinero).
    -Pues podría ser, pero es mucho tiempo, y se le retiene el vehículo, y se libera sólo hasta pagar la multa... pero si tiene prisa, lo podemos de arreglar de otra forma.
    -Una Sorjuanita (dícese del billete de 200 pesos que porta la imagen de Sor Juana Inés de la Cruz) y nos vamos a descansar.- le dije,entendiendo perfectamente que sólo quería pa'su chesco (ay!! Que caros refrescos se compran en esta ciudad).
    -Uy joven! Échele ganas... asi mejor nos vamos al corralón.
    -Sorjuanita y tostón (no se porque diablos le digan asi, pero son 50 pesos), no traigo más. Y si no se puede, pues vámonos de una vez al corralón.

    El agente se va hacia la patrulla investigando mi licencia y tarjetón vehicular. Regresa a mi auto con un reglamento de tránsito y muy sutilmente, abre el libro por el medio para que ahi deposite lo negociado, justo en el regazo de la estampita de la virgen de guadalupe que bendice lo conseguido con el sagrado trabajo. Yo sigo en mi coche esperando que me devuelvan mis cosas. El agente se agacha y me dice, listo mi jovén, llévelo a verificar mañan. Tendrá que pagar multa, pero bueno, ya no se va al corralón.
    El oficial finalmente me dice, miré le voy a dar una clave. Si otra patrulla lo llega a parar, dígale este número, asi ya no va a tener broncas. Nosotros respetamos el trabajo entre colegas, y pus pa'que ya no se manchen sacándole su dinero.

    Comentado por: Mauligno el 31/1/2008 a las 16:53

  • Lo siento, pero a este texto le cambio la palabra "chilango" por "guayaco" y queda, (salvo aquel concepto de la caballerosidad y diplomacia, porque el guayaco es cualquier cosa menos sutil) pintado para mi Guayaquil!

    No somos tan distintos, Xavier!

    Comentado por: Mayté el 31/1/2008 a las 16:29

  • Como lo dijo alguna vez la corriente filosófica fobiana:
    Me pateo el trasero, y desapareció,
    Me dejo en calzones, y se fue.

    http://es.youtube.com/watch?v=P8RZtIBee-A
    http://es.youtube.com/watch?v=sWe9_oUJ9cg

    Comentado por: arros el 31/1/2008 a las 04:57

  • SORRY.... COINCIDO!

    Comentado por: Tamiris Lippl el 31/1/2008 a las 03:31

  • Eres tan divertido.

    Coinsido contigo entre risas y pena que la artesanía urbana del D.F. es la excepción..

    PD: Don Chipote y Sancho Tranza, en la cajuela de Rocinante...

    Comentado por: Tamiris Lippl el 31/1/2008 a las 03:30

  • Los federales de caminos son mis favoritos en mis regresos y recorridos terrestres. Hay un oficial, Carlos V que es muy educado y no pide dinero. Estaba en la carretera Hualahuises-Linares y me pescó rebasando en el operativo carrusel. Yo traía placas del D.F. en aquel momento y le dije -no me detiene por rebasarlos, sino por vieja y chilanga... poli... -no soy poli sino el oficial Carlos V.
    Yo le dije que tampoco era chilanga y mi castigo fue que me escoltó hasta Monterrey a 60 u 80 kms por hora según la señalización. Eso si fue peor que pagar la multa.

    Comentado por: Corina el 31/1/2008 a las 03:02

  • 2x1!?
    Creo que traigo el horario extraviado...En paz lo leere en casa.

    Comentado por: Dulce Geisha el 31/1/2008 a las 02:59

  • Dificil decir que no, poder arreglarse.
    Van 2 veces que la grúa, del gran programa vial, se lleva mi auto.
    Y duelen los 500 varos de multa aunados a las 2 o 3 horas formado para pagar.
    Pero prefiero vivir con la chaqueta mental de que aportando uno, algún día cambiará esta madre.

    Comentado por: Rob el 31/1/2008 a las 02:03

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Biografía

Oriundo y reincidente colono de San Ángel, al sur de la ciudad de México. Se inició a edad temprana en la escritura, sin sospechar que el juego llegaría tan lejos, y todavía hoy cree en él como una fechoría intensa y subyugante, comparable a vivir huyendo de la ley a bordo de una Suzuki 1100. Comparte hogar con dos gigantes de los Pirineos; vive un largo romance con la música brasileña; escribe semanalmente en el periódico mexicano Milenio la columna "Pronóstico del clímax". En el presente siglo ha publicado Diablo Guardián, Premio Alfaguara de Novela 2003, El materialismo histérico (fábulas cutrefactas de avidez y revancha), Luna llena en las rocas (crónicas de antronautas y licántropos), y recientemente la novela confesional Este que ves (Alfaguara, 2007), donde hurga en sus raíces narrativas y declara: "Los cobardes no escriben novelas, o cuando menos no deben escribirlas."

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